diumenge, 14 d’agost de 2022

MESTALLA (LA INTRAHISTORIA)


¡Eso era, eso era!

Acababa de localizar el origen de un recuerdo intenso, casi punzante, de olor a higuera que toda mi vida he tenido en algún lugar no muy escondido de mi memoria y que nunca supe ubicar en mi infancia.

Pero gracias a las muchas conversaciones que había tenido con mi madre aquellas últimas semanas sobre su vida dentro de un estadio de fútbol, por fin lo he conseguido:

¡Era Mestalla!


Foto: Mi padre y mi hermana Mariló junto al yayo debajo de una de las higueras junto a la casa que tuvieron después de 1957, junto a la hípica.


Pero creo que voy a rebobinar esta historia para ubicarnos mejor desde el principio.

Los años vividos en casa de mis yayos maternos dentro del estadio fueron una parte del relato de la vida que por la naturaleza humilde de los hechos nunca fue ensamblado.

Un recuerdo aquí, unas fotos allá, algunas historias sueltas que mamá y papá nos contaban a mí y a mis hermanas, eran todo lo que tenía de aquellos maravillosos años.

Sin embargo, con motivo de la publicación de la primera camiseta del Valencia C.F. para la temporada 2022-2023, cuyo escudo está basado en uno de los primeros diseños, por la celebración del centenario de Mestalla, publiqué un tweet con una foto del yayo entre las sillas de enea de tribuna y un texto en el que sugería que podía ser buen momento para contar la historia de los 30 años de la vida de esta familia en las entrañas de esa mole de cemento y hormigón.

Las reacciones a la publicación fueron extraordinarias por parte de todos.

De inmediato se pusieron en contacto conmigo desde la Fundación del club para conocernos y conocer todo acerca de aquella intrahistoria, que en los archivos del club estaba en blanco.

La prensa y los aficionados también se volcaron al conocer que hubo mucho más que fútbol en el templo del Valencia pero sobre todo, Jesús Roig fue el que me animó a “coser” los retales de la memoria para recuperar el relato más o menos completo de la historia de la familia Pons-Miguel; ahí va:

Corría el año 1939, año muy difícil para España, el final de una guerra atroz que la había dejado destrozada y cuyo bando ganador imponía una dictadura y se disponía a pasar factura a los que no lucharon en sus filas.

Era el caso del yayo Constantino (permitidme anteponer lo de yayo, siempre le llamé así), que como a tantos valencianos le tocó luchar en el bando republicano, por lo que fue despedido de su anterior empleo público en Renfe.

La situación era dramática, una familia con dos niños pequeños al principio de la posguerra y sin un sueldo con el que poder sobrevivir.

Pero apareció un ángel, la prima Paquita, cuya relación siempre había sido muy cercana, era pareja de D. Antonio Cotanda, a su vez presidente de la Federación Valenciana de Fútbol.

D. Antonio sabía que el Valencia buscaba un conserje para Mestalla, que durante la guerra había servido como campo de concentración y al que había que devolver a la normalidad.

Y así fue como el yayo y el club llegaron a un acuerdo de mínimos, vivienda por trabajo, hasta que la economía le devolviera la capacidad de pagar un sueldo más, como pasó pocos años después.

La familia se instaló en la vivienda en la que estuvieron hasta la riada de 1957, situada bajo la grada de tribuna, frente al acceso principal del estadio.

La vivienda había servido antes de la guerra como hogar a la familia de Wenceslao, el antecesor de Constantino, y constaba de tres dormitorios, un aseo, una cocina, un trastero y la lavandería, estos últimos abuhardillados, pues la inclinación de la grada que tenía encima hacía necesaria esta forma.


Foto: Lola en la actualidad, indicando el lugar por dónde se accedía a la vivienda.




El dibujo del plano es mío con las indicaciones de mi madre (pido perdón).

La actividad diaria consistiría en que el yayo Constantino se encargaría de cuidar el terreno de juego (líneas del campo, cortar y regar el césped) y cuidaría de la entrada y salida de público y empleados.


Foto: El yayo Constantino con su uniforme de conserje


Por otro lado, la yaya Lola se ocuparía de que la ropa de los jugadores estuviese siempre limpia.

El yayo (como así le llamaré en adelante) hacía todas las labores de cuidado del campo totalmente a mano. Cortaba el césped con cortadora manual, una labor que requeriría de paciencia pues la dimensión del área del terreno de juego era demasiado grande para una persona con semejante pequeño artilugio. El riego lo hacía con manguera, utilizando el agua de la acequia de Mestalla que pasaba a pocos metros de la zona sur del estadio. Y las líneas de juego, un misterio para nosotros, pues usaba la cal que amontonaba detrás de una de las gradas y a través de una regadera la iba dejando caer hasta completar el dibujo. Un misterio, porque las líneas quedaban perfectamente trazadas, y lo hacía tan solo con una regadera! Las rectas las hacía ayudado de piquetas y cuerdas que marcaban el camino, pero los semicírculos y el círculo central nunca supimos cómo.

Por otra parte, la yaya se ocupaba de tener siempre a punto la ropa de entrenamiento y la de los partidos de todos los jugadores y cuerpo técnico.

La pequeña lavandería estaba al final de la vivienda, donde había dos pilas, una más grande para la ropa de color y otra más pequeña para la blanca.


Foto: La yaya Lola frente a la casa con Mariló


Era tan minucioso el trabajo de limpieza de las camisetas, que debido a la diferencia de texturas con el escudo, antes de lavar había que descoserlos, para volver a coserlos una vez limpios uno a uno. Recuerda mi madre con agrado los ratos que pasaba con la yaya ayudándole a recoserlos, presumiendo de lo perfectos que llegaban a quedar para que los jugadores los lucieran en el partido del domingo.

En aquellos tiempos los jugadores aprovechaban los uniformes cada domingo hasta el final de la temporada. Desde la perspectiva de un aficionado del siglo XXI, no cabe en la cabeza pensar en un equipo ganador de Ligas y Copas de España, plagado de estrellas como la mítica “Delantera Eléctrica” formada por Epi, Amadeo, Mundo, Asensi y Gorostiza, sin poder intercambiar las camisetas con los jugadores rivales, ni mucho menos echarlas a la grada donde un enjambre de manos se deja la piel por conseguir el “trofeo” de su ídolo… sin duda eran otros tiempos.

Entre aquellos recuerdos destaca uno de ellos: cuenta la mamá, que Mundo era un jugador con tendencia a engordar. Por esto, el Valencia encargó la instalación de una sauna individual en la enfermería, aquellas en las que la cabeza del paciente quedaba fuera, para tratar al delantero al final de cada entrenamiento.

Todo era trabajo, trabajo y trabajo a cambio de la vivienda, una hipoteca difícil de asumir por la ausencia de ingresos, y sin embargo “nunca pasamos hambre”, asegura orgullosa.

El yayo utilizó terrenos en desuso alrededor del estadio para cultivar todo tipo de frutas y verduras en pequeños huertos, pues la tierra de l’Horta Nord era muy fértil y el espacio de Mestalla lo había sido durante siglos. También criaba gallinas, por lo que conseguía el objetivo fundamental en aquella época de cartilla de racionamiento: comida para toda la familia.

Aquellos primeros años, cuando el Valencia decidió acometer reformas para actualizar el estadio, Constantino se incorporó también a la plantilla de albañiles, por lo que en la familia pudieron entrar por fin los primeros salarios.


Foto: el yayo con 2 trabajadores de la colla en la obra de ampliación


Una gran alegría que aliviaría la economía de la familia, pero una gran carga para él, pues las tareas de cuidados del campo y conserjería debería continuar haciéndolas después de los trabajos en la reforma del estadio. Se podría decir que el yayo se dejó la piel de sol a sol por el Valencia C.F.

Años después, el Valencia le asignó un sueldo por los trabajos de Conserje del estadio, por lo que pudo prescindir de los trabajos de albañilería.

La década de los 50 trajo cierta normalidad para todos, una época en la que la juventud de los dos hijos se pudo desarrollar en relación con los vecinos del barrio de Exposición, siendo Lola una flamante fallera, en la que conoció a Pepe, mi padre, gran aficionado al fútbol en general y al Valencia C.F. en especial, y donde Luis, su hermano, se hizo futbolista, que hasta llegó a jugar en el Mestalleta.


Foto: la mamá y una amiga de la Falla Exposición


Pero algo terrible iba a cambiar sus vidas, la riada de 1957.

“Era un 13 de octubre, sobre las 23:30 h., estábamos durmiendo ya, cuando vino la primera acometida del Turia.

-¡Constantino, Constantino, que se ha desbordado el Turia!, ¡salid todos, id subiendo, arriba, corred!!!”

Era el vigilante que tenía Mestalla por las noches, enseguida escucharon el terrible rumor del agua, que empujaba un aire húmedo muy poco común, que les hizo comprender que aquellas advertencias iban muy en serio.

Cuando relata aquellas horas de angustia, a la mamá todavía se le encoge el corazón recordando las sensaciones de angustia interminables de aquella noche.

Enseguida huyeron a las partes altas del estadio, ayudando a subir a los vecinos de las casas bajas de la calle General Pando desde los tejados hasta la rampa de anfiteatro a través de tablones.

La yaya entró en pánico cuando, por la oscuridad de la noche, confundió las sillas de tribuna flotando con cadáveres. Fue dantesco, tuvo que irse a casa de su familia de Ruzafa unas semanas para recuperarse.

En la segunda venida, cuando abrieron las compuertas para evitar males mayores, la mañana siguiente, recuerda Lola ver desde el balcón de la fachada frente a la calle Mícer Mascó, un torrente de agua a toda velocidad en dirección al estadio.


Foto: el agua en la calle General Pando con Mestalla al fondo


Fue entonces, cuando el club decidió construir una nueva vivienda para que estuviesen más cómodos por los destrozos que el agua había originado en la de tribuna.

Se trasladaron poco después a la que a la postre sería la casa donde estarían hasta la jubilación de Constantino.


Foto: plano hecho por mí según las indicaciones de mi madre (pido disculpas)


La casa tenía tres dormitorios, cocina, aseo y comedor, y anexo una lavandería donde la yaya seguiría con sus tareas. Frente a la puerta de acceso, un arco con vegetación y un espacio de césped. A la derecha, algún pequeño huerto y un par de higueras que desprendían un intenso aroma a campo y a libertad.


Foto: mi hermana y yo frente a la nueva vivienda algunos años después


Los últimos años de la década de los 50, estuvieron marcados por los matrimonios de Lola y de Luis. Ambos se casaron con sus respectivas parejas allá por el año 1960. Mi madre presume de haber sido “la novia de Mestalla”, pues nunca antes y tampoco después, un coche de novios entró en el estadio para recogerla e ir a casarse a la cercana parroquia de San Pascual Bailón.


Foto: los papás y la yaya Lola entes de ir a la Iglesia donde se casaron.


Aquello supuso que durante la última década, los yayos continuasen trabajando y viviendo en Mestalla solos, aunque ya iban haciéndose mayores los dos.

No obstante, en el club hacía ya años que habían contratado una lavandería externa que había cerca para que realizasen las tareas de limpieza, por lo que la yaya tenía una mayor calidad de vida.

Mientras tanto, entre 1962 y 1965 nacimos Mariló y yo, y dado que la mamá iba al puesto de charcutería que tenían en el Mercado de Colón (y que seguimos teniendo), a nosotros nos dejaba con los yayos en Mestalla, del que hicimos nuestro espacio natural de vida y juegos, donde comíamos, donde nos cambiaban los pañales, entre lavado y lavado, entre riego y corte.

En 1970 falleció la yaya Lola y el yayo vino a vivir a casa donde estaría hasta su fallecimiento allá por el año 1980.

En 1971, al tiempo que el Valencia ganaba la Liga con Di Stefano y los hermanos Claramunt, el árbitro inexorable que es el tiempo hacia sonar tres veces su silbato, dando por finalizado el partido más largo de la historia de Mestalla, el partido de la vida. Constantino cumplía 65 años y, por tanto, alcanzaba el derecho a su jubilación, un descanso merecido después de tantos años de trabajo y de entrega a una vida dedicada al Valencia C.F. y a la que fue y sigue siendo la casa de ambos, la casa de todos los valencianistas: MESTALLA.

Lo que vino después, como bien dice mi madre, fue un idilio entre él y el pueblo de Mestalla. Sus tertulias, sus partidos, sus visitas, cada día de su vida, hasta el final de sus días.


Foto: Lola con Mariló (su hija) y María (su nieta) en la sala de trofeos de Mestalla, en la actualidad



José Manuel Manglano Pons.

Nieto de Constantino, último conserje del Camp de Mestalla.

@Manglanopons

dissabte, 6 d’agost de 2022

L'HOME TRANQUIL


A ROBERTO GIL ESTEVE, 1938-2022 In Memoriam

Entre los fastos del centenario del Valencia CF de la temporada 18/19 quien esto escribe tuvo la ocasión de conocer y charlar con diversos personajes de la historia del club a quien uno ama desde niño.

Fue la ocasión perfecta, el club se abrió a nosotros y la sensación de estar viviendo algo histórico fue la excusa para acercarse a mitos como Kempes, Arias, Tendillo, Sol, Guillot, Claramunt, Paquito o al mago del centenario Fernando Giner. También fuera del ámbito del terreno de juego conocí a ilustres glosadores de nuestra historia como Paco Lloret, Luis Furio, Alfonso Gil, Rafa Lahuerta, Jose Ricardo March o a la inigualable Merchina Peris.

Pero esto va de Roberto.

Era el año 2003 cuando me instalé a vivir en Ribarroja del Turia desde Torrent por amor.

Al poco tiempo un día paseando con mi mujer por lo que iba a ser la futura ciudad deportiva del Valencia CF nos cruzamos con un señor que nos espetó un “hola” tras cruzarnos entre caminos de campos de naranjos, recuerdo la sorpresa que me llevé y emociónado le pregunte a mi mujer que si sabía quién era, ella que es abstracta en lo deportivo me dijo “un vecino del pueblo“.

Así fue como vi y me enteré por vez primera de que Roberto Gil, uno se los grandes capitanes de nuestro club, vivía no solo en el mismo pueblo que yo sino apenas dos calles más abajo de nosotros. En esos momentos (años) estaba pasando por una de las varias desconexiones que he tenido del mundo del fútbol por circunstancias y en esa época era de las más duras y agudas.

Pero la publicación allá por el 2014 de “La Balada del Bar Torino” de Rafa Lahuerta y su apasionante lectura encendió de nuevo la llama de mi pasión dormida. De las muchas cosas que he aprendido de Rafa es el significado de la palabra ”cultura de club”, que debería ser un eufemismo de la palabra AMOR, ramificada en cosas tan variopintas como libros, celebraciones, onomásticas y detalles que se escapan a la mayoría de los valencianistas más pendientes de los fichajes o de vivir la vida, que por otra parte para eso está.

Roberto Gil estuvo muy activo en todas las actos del centenario del club: Forum Algiros, Tertulia Torino, Paraninfo, la marcha cívica, el partido de leyendas... radio, prensa etc., y nunca quise interrumpirle en esos momentos. No lo veía oportuno, pero caducada mi vergüenza y animado por la grandeza y lo histórico de esos tiempos me puse como objetivo conocerlo.

Fue mi mujer la que me animo a dar el paso de intentar visitarlo en su casa. Yo lo veía todos los días al recoger a mis hijos del colegio andando con su muleta haciendo rehabilitación callejera tras romperse la cadera en mayo de 2019 al ir a recoger las entradas para la final de Copa contra el FC Barcelona.

A principios del año 2020 ya sabiendo que estaba un poco mejor lo vi de nuevo y me paré un momento a saludarlo y a proponerle una visita a su casa. Muy amable me aconsejó unas horas de la tarde en las que sin problema, me podría atender.

La tarde del día 6 de febrero fue la elegida y allí me planté delante de su puerta con mi hijo Dario, mis camisetas, fotos y demás. Entramos.

Hacia dos dias que el Granada había eliminado de la Copa al Valencia CF y Roberto decía “no hi ha dret, apenes he pogut dormir esta nit…“

Hablar de fútbol con él fue fácil, tenia una gran memoria del club de Mestalla. Entre fotos de alineaciónes históricas de la entidad le pregunté que quién era según su opinión el mejor jugador que él había visto jugar en el club; “…la leyenda y el sentimiento mítico nos dice que Antonio Puchades fue magnifico pero como Pep Claramunt no hubo nadie, fue un crack, el jugador total”. Prosiguió, “..recuerdo cuando llegaron al equipo él y Juanito Sol…nos dieron una inyección brutal de energía y calidad que los mismos rivales me decían, como capitán que yo era , ¿de donde habéis sacado a estos dos? y es que iban como motos, enseguida me di cuenta que probablemente marcarían una época en el club como así fue “. Una lástima que en esos años y por circunstancias esa plantilla “solo” pueda presumir de una Copa (1967) y la mítica liga de Sarria ( 1971), había plantilla para haber picado algo más en ese intervalo, le dije, me dio la razón. Aunque en su palmarés consta así, no consideraba la liga del 71 como propia, cosas de los jugadores y sus códigos. Sin embargo el orgullo de ser capitán tantos años y de haber levantado la Copa se notaba en la grandiosa foto que abarcaba una buena parte de la pared de su hall, en la que banderín en mano, se dispone a ir en busca de su destino la tarde del 2 de julio de 1967 contra el Athletic Club de Bilbao.

De lo que más sé enorgullecía era de haber sido el capitán del Valencia CF y presumía de haber disfrutado de la inauguración como tal de tres estadios, el mítico Estadio Azteca de México y el Manzanares (Vicente Calderón) en 1966, amén del Ciutat de Valencia del Levante UD en 1969.

Fue inevitable en la conversación la crisis institucional del club, a la cual me señaló una foto de Vicente Peris como ejemplo de lo que fue y será siempre la cultura de club y el amor a unos colores ; “ llastima d’home, amb ell les coses eren mes facils“. Merchina, la hija de Peris aparecia con el y con el periodista Paco Lloret en otra foto que Roberto apreciaba “ella es una mujer maravillosa, un referente del valencianismo puro y sincero” ¿de Paco Lloret que decir? “..un gran tipo honesto, amigo y una enciclopedia del Valencia CF...”

Me encantaba el detalle cuando en actos o entrevistas le preguntaban y él contestaba en valenciano, sin caer en el amable detalle de si sus interlocutores u oyentes le entendian, yo me reía por dentro porque era un acto amable e inocente pero lleno de orgullo de un valenciano y de un idioma.

Su mano derecha un poco temblorosa tuvo la amabilidad de inmortalizar su firma en varias camisetas, fotos e incluso en un lienzo que le llevé. Estaba cansado, pero se que en el fondo le enorgullecía el reconocimiento y el respeto. El era un referente, casi el decano de los ex-futbolistas tras Daniel Mañó. Se lo comenté pero le restó importancia, “fui y lo dí todo por el Valencia CF“, eso es lo que él valoraba de verdad.

Pero, ¿y el futuro? “Eso que tanto nos preocupa pasa por la salida de la entidad de los gestores de Singapur“, Roberto, con la educación correcta pero firme me dijo “esta gent ni pot, ni sap ni mereix estar açi“. No me di cuenta pero estaba viviendo un momento histórico e inolvidable con una persona increíble que me ofreció su casa de nuevo “quan vullgues xiquet açi estic“ así que bien hallado y sin abusar más nos despedimos deseándole suerte y salud. No fue así, apenas dos dias después y en su propia casa volvía lamentablemente a tropezar y de nuevo su cadera salió mal parada. Empezar de cero de nuevo, como cualquier lesión de su época gloriosa de jugador. Apenas un mes después la pandemia, la tristeza, el encierro…y meses después las desapariciónes de Españeta, Sol o Abelardo fueron golpes anímicos que seguro que minaron su salud y su moral.

Hace alrededor de un año se le dedicó un Forum Algiros y una exposición en Ribarroja del Turia sin contar con el cariño de la afición y el amor que le hubiésemos podido demostrar, el mismo o mas que el de ahora que se ha marchado para siempre.

No podrá vivir el centenario de Mestalla por unos meses. Su casa, nuestra casa.

El club que amo y respeto se cuartea, se me va cayendo a pedazos y cada día hay menos baldosas en la fachada de mi corazón.

A él, a su familia, y a toda la gente que ama al Valencia CF va dedicado este texto. Fins sempre Roberto i gracies per tot. 🦇





Tirant Lo blanc i negre.
@Espiritu_del_79

dimecres, 9 de març de 2022

ESPÍRITUS DE MESTALLA



Desde que habito en el piso de la promoción de viviendas que construyeron en los terrenos de Mestalla mi existencia no es la misma.

No tiene la culpa la calidad de los pisos, no. Creo que está acorde con la publicidad con que los vendieron.

Buenas vistas, amplios, bien orientados, dotados de servicios adecuados. Hasta la zona recreativa para los más pequeños que rememora el campo hace que quieran pasar el mayor tiempo posible en ella, disfrutando, jugando, corriendo…

Soy yo.

Noto que una nostalgia blanquinegra se ha apoderado de mí.

Ya me lo dijo Jesús, “yo no podría comprarme un piso sobre Mestalla”.

No soy al único que le pasa. Somos bastantes los que deambulamos por los pasillos, los que nos cruzamos en los patios, nos miramos y nuestro saludo nos arranca por un instante una sonrisa.

¡Amunt! dice uno.

¡Sempre! responden los otros.

Muchas veces me descubro a mí mismo mirando por las ventanas hacia donde debería estar el GolGran.

Otras tantas, voy al centro social habilitado para los vecinos que se encuentra donde estaban los vestuarios y hasta puedo oler las victorias, las derrotas, el sudor de los jugadores extenuados, eufóricos, cansados. El linimento lo impregna todo. Oigo sus voces, sus quejas, la charla del míster, los gritos con que se infunden ánimos. Hasta el utillero se ríe con las bromas y yo con ellos.

La afición, la joven, la que ha ido rellenando el espacio dejado por los mayores, los que quedan, se trasladó al nuevo campo.

Sólo los melancólicos nos reunimos los días de partido.

Quedamos en la plaza que hicieron en lo que era el centro del campo.

En ese sitio ahora una placa te recuerda lo que allí se vivió, las tardes de ilusión, el jolgorio de los niños, los reniegos de los viejos, los cánticos de los más jóvenes a los que se unen el resto, las noches gloriosas, los días de malos resultados, los pañuelos hacia la presidencia, el ánimo con el que empezaban las temporadas, los “enguany si”, los goles que nos llevaron a triunfos, los encajados recibidos con dolor, el silencio triste de descensos…

Hasta nos parece oír los cánticos de la grada.

Ataviados con nuestra bufandas que hacemos girar al viento, cantamos los himnos que unen a los congregados, desafiando a los rivales, identificándonos como tribu.

Muchas veces me parece ver la fila de banderas que marcaban la posición en la clasificación.

Los marcadores se reflejan en los cristales de los ventanales de las viviendas. Y gritamos. Y cantamos. Y animamos.

Luego volvemos a nuestros nuevos hogares.

Tratamos de contarles a los que conviven con nosotros lo grandes que fuimos, lo importante que somos.

Ellos no lo escuchan, parecen ignorarnos.

Pero insistimos hasta que, hartos de que no nos hagan caso, arrastramos alguna silla, descolgamos algún cuadro, golpeamos la pared.

Todo para que sepan que SOM EL VALENCIA.

Que no olviden que de aquí, nuestra casa, no nos tirarán. Algunos vecinos han empezado a quejarse. Tienen miedo.

Alguien dice haber visto a seres que como alma en pena vagan por las zonas comunes. Comentan que que creen que alguno lleva una peluca naranja, otro bajito y regordete lleva un chandal del equipo, otros van vestidos de jugadores, otros visten de traje… Murmuran que han oido voces cantando, vituperando, animando. Todo ello en los días de partido.

No sé si llegaran a entender lo que significa ser del Valencia, pero han empezado a saber lo que es vivir junto a los espíritus de Mestalla.

Diego E.

diumenge, 13 de febrer de 2022

50 ANYS SENSE VICENTE PERIS (III)

GALLETAS PARA O ARTILHEIRO O QUÉ ES EL VALENCIA.


El Valencia es una mujer que hace cincuenta años cumplía doce, el mismo número de camiseta con el que se suele identificar la fidelidad y lealtad de una afición a un club. Una mujer de luz heredada, de vela que prende en vela y no hay viento, por mucho que sople en contra, que logre apagarla por verdadera y constante.

En su luz hay una niña que colecciona cromos de jugadores de fútbol que a la hora de comer se sientan en su misma mesa y una chica pionera, valiente y libre, que en Mestalla marca goles que agitan redes y rompen roles.

Es invierno en Burjassot y en la vida de aquel hombre de piel morena y pelo de nieve que en su silla de ruedas apura los rayos del sol y la vida.

No recuerda que en otro tiempo fue inmenso, fuerte, poderoso. Tampoco la arena de la playa de Río de su niñez, ni el césped del área en la que reinó en Mestalla. Ni siquiera el desayuno que hace apenas dos horas le sirvieron en la residencia donde vive.

Las hojas secas hace muchos años que dejaron de ser el arte que practicaba en el golpeo del balón con sus dos piernas, ahora solo son el pasar de página que algunos árboles del jardín en el que esa mañana se encuentra, dejan caer por el suelo y su calendario.

Sus ojos ya no ven, como su memoria, también quedaron ciegos.

Ella se sienta a su lado, en un banco de piedra, le coge el brazo, le abre la mano y le da una galleta, la más dulce que existe. El viejo sonríe, se la lleva a la boca, la paladea detenidamente con la inocencia y el deleite de un niño, con sus ojos entornados dejándose acariciar por el sol, intentando eternizar el momento.

Sus hijos, Vicky y Walmar, llevan contemplando la escena desde el principio, en silencio, sin querer interrumpir el ritual tantas veces repetido. Con cariño le preguntan a su padre:

-¿Sabes quién ha venido a verte?

Y vuelve a ocurrir el milagro de todos los meses, cuando ella le trae galletitas y hace sol.

-¿Cómo está mi hija blanca? ¿Cómo estás, Mey?

-Hola Waldinho – Le contesta acariciando su espalda - ¿Vas a jugar el domingo?

-Tengo molestias en el menisco, pero juego seguro - contesta orgulloso - Con Guillot.

-Muy bien, Waldinho. ¿Y de mi padre? ¿Te acuerdas de mi padre?

-¡Cómo no me voy a acordar, con lo que nos queríamos!

Y Merchina, emocionada, enlaza sus blancas manos con las manos negras de Waldo.

(A la memoria de Don Vicente Peris en el 50 aniversario del día en que su corazón dejó de latir en el mismo corazón de Mestalla. A Merchina Peris por ser el Valencia Club de Fútbol. Te queremos, bonica.)



JOSE CARLOS FERNÁNDEZ HABA.

ÚLTIMES VESPRADES A MESTALLA.







divendres, 11 de febrer de 2022

50 ANYS SENSE VICENTE PERIS (II)


LO QUE ESPERAMOS DE NUESTRO PUBLICO.

Publiquem hui la editorial escrita per Vicente Peris per al Programa del partit València CF - Club Atlético de Madrid disputat el 13 de febrer de 1972, el mateix dia de la seua mort. Les paraules son tot un homenatge en elles mateixa al compromís i a la visió d'un club, legitimada pel compromís constant, lluny de les fanfàrries que, posteriorment, s'han instal·lat en el missatge institucional del Club.


Hemos recibido de nuestro público numerosas e impresionantes pruebas de adhesión a los colores de nuestro club. Todavía vive en la memoria de todos nosotros el gran recibimiento que se tributó a nuestro equipo con ocasión de la visita del UD Las Palmas. Aquel recibimiento exaltó de tal manera el entusiasmo de nuestros jugadores, que se consiguió una de las más brillantes victorias de la temporada.

La identificación de la gran familia valencianista con las inquietudes deportivas del club es siempre importante. Lo es muchísimo más en los momentos amargos. Los aplausos de nuestros seguidores, su ilusión y su perseverante apoyo nos obligan a todos a superarnos, a no dejarnos ganar por el desaliento y a mantener en alto las banderas de las más ambiciosas aspiraciones. Hemos de repetir lo que tantas y tantas veces hemos proclamado con legítimo orgullo: que nuestro público, el público valencianista, es el mejor de cuantos fichajes hemos realizado.

Luego de nuestro desafortunado partido en Gijón hemos de recibir al At Madrid. Esta connotación, teniendo en cuenta la calidad y el prestigio de nuestro adversario, es de mucho compromiso para nosotros.

Para resolver favorablemente este encuentro confiamos en el esfuerzo y en el pundonor de nuestros jugadores y en la habilidad estratégica del director técnico del equipo. Pero confiamos también en nuestro público. No dudamos de que generosamente sabrá medir las circunstancias del partido y, dejando a un lado el disgusto que a todos nos ha producido nuestra visita a el Molinón, contribuirá a que los hombres que visten el glorioso uniforme del Valencia C de F se empleen sin otras preocupaciones que la de alcanzar el triunfo.

Por anticipado, queridos consocios y amigos, agradecemos los aplausos que vais a dedicar a nuestros jugadores en este dificilísimo partido. El encuentro con el Atlético de Madrid, como nadie ignora, entraña una indiscutible trascendencia para el porvenir del Valencia C de F en la liga actual. Vuestros aplausos recordarán a los jugadores de nuestro equipo, deseosos todos ellos de borrar el mal efecto de su actuación en Gijón, que tienen el deber ineludible de emplearse a fondo, con la más firme e insobornable voluntad de victoria.

EL GERENTE.


ÚLTIMES VESPRADES A MESTALLA.

dimecres, 9 de febrer de 2022

50 ANYS SENSE VICENTE PERIS (I)


Coincidint amb el 50è aniversari de la dolorosa i sobtada desaparició del que va ser gerent i "alma mater" del club, recuperem part de l'humil i xicotet homenatge que el col·lectiu d'Últimes vesprades a Mestalla li va fer a l'any 2012, per recordar l'empremta que deixà D. Vicente Peris a la història del València C.F.

Imatgens 1939 - 1972














ÚLTIMES VESPRADES A MESTALLA.