divendres, 27 de gener de 2023

LA DÉCADA OMINOSA: METAFÍSICA, CONTEXTO Y REBELIÓN


En 2023 se va a cumplir un decenio desde que Peter Lim apareciera en nuestras vidas y cambiara radicalmente nuestra experiencia valencianista. Tiempo superior al que dispusieron, por ejemplo, los insignes Ramos Costa y Jaime Ortí. Tiempo más que suficiente para sacar ya conclusiones inequívocas y dejar de jugar a las patéticas y acomplejadas elucubraciones acerca de qué pensará el infame (con la asistencia de su socio Jorge Mendes) sobre el Valencia desde su torre de marfil.

Y, en el marco de la ignominiosa opacidad que caracteriza a este periodo, una gran certeza: Peter Lim es el primer mandatario al que el valencianismo le pide, por activa y por pasiva, que se marche y no facilita el traspaso de poderes. Por lo tanto, teniendo claro que no es el aprecio por los valencianistas -basta con leer sus declaraciones- lo que le anima a seguir “rigiendo” el club, el único objetivo de su empecinamiento resulta obvio: el afán de lucro a costa de la entidad.

Largo y tendido se ha hablado, desde un penoso y genuflexo ejercicio colonial de empatía con los sátrapas, sobre la compatibilidad entre esta finalidad (al sumidero, por consiguiente, la divisa del “servir y no servirse”…) y la existencia del VCF como un club de fútbol al uso.

Huelga decir que, a estas alturas, ese precario equilibrio se ha revelado como inviable. Al menos si consideramos que el VCF debe ser algo más que un escaparate para que los agentes de futbolistas mercadeen y unos especuladores foráneos se lo lleven calentito mientras esquilman hasta el tuétano un club histórico.

Por eso, ha llegado el momento de volver a recapitular. En especial, para que la responsabilidad de esta humillación sistemática recaiga sobre las cabezas de los que, compra de voluntades mediante (en metálico o en especies), han facilitado que quienes se habían hecho acreedores del CORDÓN SANITARIO disfruten de otra oportunidad más (y van…).

Como, brillantemente, sintetizó Vicent Molins: “El valencianismo se enfrenta rutinariamente con la necesidad de disimular que las cosas que le suceden al equipo sobre el campo, importan”. Y, en el marco de este Pantomima Full endémico en el que Peter Lim ha convertido la entidad, reside la metafísica de esta desnaturalización. Por primera vez en su historia, el VCF tiene unos dirigentes para los que la buena marcha del club no solo no es una prioridad, sino que incluso puede resultar contraproducente para el antimodelo deportivo que han perpetrado.

Somos numerosos los valencianistas con una trayectoria jalonada de lustros de abonos y docenas de desplazamientos que ya hace tiempo que apostatamos de conceder importancia a los resultados. Sentimos pecar de un exceso de lucidez, pero hemos desconectado de esa retórica porque nos percatamos de que es la coartada mediante la que Meriton pretende mantenernos en la alienación más absoluta.

Como en todo mecanismo especulativo, su estafa consiste en proyectar una constante promesa: el próximo partido, el siguiente fichaje, otro renderizado del Nou Mestalla… Spoiler: al VCF ya no lo va a salvar ningún gol en el descuento. Su condena es de otra naturaleza.

¿Cómo no vamos a relativizar lo que pasa en el terreno de juego (poco pan y pésimo circo, por otra parte) cuando es la propia dirigencia del club la que nos ha demostrado, una y otra vez, que la competitividad no es parte de su “proyecto”? Han preferido cuatro temporadas sin Europa a una estructura deportiva homologable. No hay más preguntas señorías…

Sí, estáis en lo cierto. No hemos superado las destituciones de Alemany y Marcelino (que ese era el orden inicial del oprobio, no lo olvidéis…). Y es que, además, por sentido común, no queremos superarlas. No vamos a olvidar por qué lo hicieron y cómo lo hicieron. Es el carbono 14 de la malignidad intrínseca de la trama de Mendes y Lim. Porque la incompetencia es disculpable, pero lo que se hace con malas intenciones (propio de sujetos con un sesgo sociópata significativo) no tiene perdón*.

Y esa es la esencia de la trama Meriton, que permanece más vigente que nunca y en un estadio de degeneración cada vez más terminal (lo de tirar de cedidos por sistema y no como parches, de hecho, es una martingala de estos iluminados que ha venido para quedarse).

Comprenderéis que algunos no transijamos con que nos tomen flagrantemente el pelo a costa de nuestra pasión. Por eso, ningún partido de fútbol nos va a despistar del único objetivo relevante, precisamente, para volver a disfrutar de los encuentros del VCF: la desaparición de Meriton de Mestalla y, con ella, la de la traición que su nociva idiosincrasia representa para el cumplimiento de la voluntad de querer llegar que hizo grande a esta institución.

Sin embargo, el actual estado de degradación contrasta, hasta que el elefante en la habitación ya mute en brontosaurio y derribe sus tabiques a trompazos, con el distópico clima de ilusionismo que, a modo de contraprestación, determinados medios han inducido en el estado de ánimo del valencianismo. Un valencianismo a cuya alienación contribuyen, por ejemplo, concediendo estatus de normalidad a procederes ultraopacos que ningún ciudadano de una democracia occidental asumiría en entornos público-privados convencionales. A saber:

- Una presidenta que no se sabe expresar en las lenguas cooficiales y cuya dedicación a un menester que mueve decenas de millones de euros al año es parcialísima y, en ocasiones, ni siquiera ha justificado su residencia permanente en la ciudad. Además, sin conocimiento alguno sobre la parcela que “gestiona”.

- Una estructura de “comunicación” indigna de ser calificada como tal, pues únicamente emite mensajes unidireccionales y apenas se presta a un mínimo ejercicio de escrutinio público. Decisiones de la más alta enjundia para la afición y el accionariado se ventilan sin una transparencia que debería suponer un requisito de respeto.

- Un poder de decisión deslocalizado y despótico que se revela como un absoluto lastre para el futuro de la entidad, aunque, por supuesto, no para los intereses de Peter Lim y Jorge Mendes (comisiones, enchufismo con amiguetes, utilización espuria de la imagen y los recursos del club…). Tan difuso, por otro lado, que nadie ha visto la sede de la fantasmagórica empresa pantalla cuyo infame nombre todos repetimos como un mantra.

Pero la relativización de estos desmanes, siendo altamente cuestionable, resulta menos escandalosa que la propagación de los siguientes relatos falsarios:

- La leyenda del hijo del pescador (¡gracias por tamaña compasión de filántropo desde el Financial Times!).

- La profesionalización del organigrama y la internacionalización que modernizarán un club anquilosado (hasta que, en un alarde de periodismo de investigación, se constató que eran unos chandaleros crujiéndose en La Deportiva).

- El amable y simpático diplomático Anil Murthy (curiosamente, así se nos vendió, de inicio, en contraposición a Layhoon Chan).

- La amable y simpática gran gestora Layhoon Chan (ahora en contraste con Anil Murthy y pese a que nunca superó la 12ª posición en la tabla).

- Gattuso: el Simeone che (como ya han pasado los Reyes Magos, os voy a contar un secreto: el entrenador, tras Marcelino, es siempre cooperador necesario del pérfido bucle del ilusionismo que maquina Meriton cada campaña).

La responsabilidad de la opinión publicada a la hora de inocular en la agenda estas narrativas, hasta que la realidad, periódicamente, las arrumba, está en el meollo de la complejidad extra que, para el valencianismo crítico y combativo, implica enfrentarse en una guerra de desgaste de posiciones a largo plazo y, ya de por sí, desigual contra quienes están destrozando la entidad hasta dejarla exánime.

Se trata de una responsabilidad, como en el amañado, torticero y viciado proceso de venta, compartida. Pero esa naturaleza colectiva en ningún caso es inocente. Si Mestalla asiste al deterioro del club abúlico, apático e incluso, en ocasiones, esquizofrénico (haciendo la ola con un cúmulo deslavazado de cedidos sobre el verde), se debe, en gran parte, al efecto sedante de una exposición mediática que, aunque también ha contado con notables ejemplos de anteposición de la dignidad de la institución (eterno agradecimiento), ha preferido, en líneas generales, priorizar SU show business.

Hablando en plata: habéis vuelto a infantilizar a la afición con cuentos chinos (desde #ElValencianismoQuiereARandom al Tiro al canterano rata, pasando por El árbitro me tiene manía). Habéis perdido una nueva oportunidad, quizá ya la última, de tratar a los valencianistas como adultos, contarles la verdad (en lugar de ocultar la basura que hay en el club) y poneros del lado de quienes sufrimos por el secuestro de la institución. Habéis vuelto, en definitiva, a abonar el terreno para el beneficio de los tahúres, charlatanes y equidistantes para los que el VCF es mera carroña que parasitar. Y, de paso, habéis ninguneado y despreciado a los valencianistas de base que se están dejando el alma para revertir el latrocinio. En resumidas cuentas: entre VCF y Meriton, habéis elegido Meriton.

Este estado de las cosas contribuye a perpetuar una entidad ya no solo desustanciada (hasta la memoria es objeto de banalización por parte de los oportunistas suplantadores de una identidad en la que nunca creyeron), sino también inmersa en un proceso paralelo de promoción por meritocracia inversa. Molt sensillo: como la gente más competente no se va a dejar manipular por los sátrapas, se produce una incesante cooptación de mediocridad y carencia de escrúpulos que sume al VCF en un empequeñecimiento que tiende a infinito. Los mejores directivos, entrenadores, futbolistas, exfutbolistas, empleados, periodistas, intelectuales, hinchas… no quieren saber nada de esa máquina que tritura tanto la carne humana como el material del que se hacen los sueños y todos llaman Meriton. Pero recordemos que disponen del presupuesto del VCF para, aprovechando las muy personales debilidades, comprar escudos humanos, propagandistas, palanganeros y chivatos.

¿Qué podemos esperar ante este panorama de devastación deportiva y moral? No se trata de recetas mágicas, sino de que cada cual haga todo lo que esté en su mano para que a Meriton se le vuelva incómoda su presencia por estos lares (es decir, justo lo contrario que irte de aperitivo con ellos e intercambiar prebendas).

- Por una parte, cabe esperar que, cuando la tozuda realidad vuelva a atropellar, una campaña más, a los providenciales exégetas de Lim, se produzca una primavera, también mediática, como la que vivimos en 2022 y, por un momento, nos hizo soñar con ese CORDÓN SANITARIO que nos habría dignificado como afición y sociedad civil y puesto en la senda del empoderamiento y de la solución.

- Por otra parte, conviene apelar al buen juicio del valencianista para que se movilice junto a las asociaciones, los colectivos y las personas que, verdaderamente, han antepuesto la dignidad del VCF sobre intereses particulares. No hace falta decir cuáles son, ya que los hechos siempre hablan con más rotundidad que las palabras. Los que SIEMPRE Y COHERENTEMENTE están en primera línea de esta causa.

Frente a los que van a utilizar el atenazador mecanismo psicológico del miedo, opongamos la determinación de quienes ya no tenemos nada que perder. Desengañémonos: el Valencia, con Meriton, ya está muerto. Lleva nuestro escudo y nuestra camiseta, pero, en manos de Lim o sucedáneos principescos, son meras carcasas vacías mediante las que, taimadamente, nos chantajean para que unos especuladores sigan haciendo negocio.

Y distingamos: nosotros somos y hacemos el Valencia. Lim y Meriton, simplemente, son los que tienen la llave de la caja, que es lo único que les interesa de nosotros. No lo olvidemos nunca. Salte del rebaño y ¡a por ellos!


Simón Alegre (socio 4453)


*Por favor, que no nos digan ahora que se trató de decisiones para rebajar la deuda, puesto que los estados contables y los sueldazos que cobran los sátrapas, desconociendo lo que se funden con las tarjetas, por parasitar el club hablan por sí mismos.


divendres, 23 de desembre de 2022

MESTALLA ÉS UNA CERTESA

Presentació de la serigrafia commemorativa del centenari del Camp de Mestalla d’últimes vesprades a Mestalla



Benvinguts estimats amics i gràcies a tots vosaltres per assistir.

En primer lloc, voldria agrair tots els qui han fet possible que hui estem ací.

Gràcies al Col·legi Major Rector Peset, en la figura del seu director Carles Xavier López i de Trini Quixal, per deixar-nos estes magnífiques instal·lacions, així com a Vicent Flor, Director de l’Institut Alfons el Magnànim, que no ens ha pogut acompanyar, per facilitar-nos les gestions.

Gràcies als membres d’úvaM, en especial a Jesús Roig, que han dut endavant esta iniciativa en un temps rècord i amb una dedicació admirable.

I, per descomptat, gràcies molt especials als 34 patrons que han confiat en nosaltres, en el nostre criteri i en el nostre valencianisme, i que sense haver vist ni tan sols un esbós del disseny han aportat els diners per fer-ho possible: gràcies per la confiança i per el vostre invencible valencianisme.

Ens ajuntem hui per presentar la darrera de les nostres iniciatives, esta magnífica il·lustració realitzada per Virginia Lorente amb el precís assessorament valencianista de Salva González. Estem molt orgullosos de la col·laboració que hem establit amb Virginia, molt satisfets de que Mestalla també forme part d’eixa sèrie de magnifiques il·lustracions que Virginia ha produït i que tant posen en valor el patrimoni urbà i emocional de la ciutat de València. Pensem que la il·lustració ret un autèntic homenatge al Camp de Mestalla en el seu centenari, capturant en una imatge no només la significació urbana del recinte, sinó també la seua condició de contenidor d’emocions, singular per a cadascú dels que ens estimem Mestalla.

Com he dit, la nostra intenció quan ens plantejarem esta iniciativa era retre un homenatge al Camp de Mestalla en una data tan significativa com és el seu centenari. Nosaltres vam nàixer com a col·lectiu precisament davant la perspectiva de que Mestalla no arribaria complir 100 anys, com una forma de reacció davant la perplexitat que ens provocava vore com el club (ja aquell club de 2008) semblava afrontar un fet tan traumàtic sense a penes cap iniciativa mínimament a l’alçada.

Conseqüentment, entendreu que esta iniciativa va nàixer, com totes les iniciatives que amb major o menor encert hem posat en marxa des d’úvaM al llarg de tots estos anys, com un acte d’amor: un acte d’amor incondicional.

És, per descomptat, un acte d’amor a Mestalla, un escenari fonamental en les nostres vides, un referent físic del que significa el València i un vincle entre la nostra adhesió valencianista i la resta del món. Mestalla sempre ha estat ahí, i sempre ha estat ahí per a la següent vegada: fonamentalment, Mestalla és una certesa.

Òbviament també es un acte d’amor cap al València que estic segur no cal explicar-vos. El València forma part de les nostres vides d’una manera simbiòtica, intrínseca, essencial...

I, naturalment i en conseqüència, és un acte d’amor cap a Elvira Roda Llorca i la seua família: Elvira, en la seua condició de neta de José Llorca, fundador del València, representa un vincle entre eixe club que va nàixer farcit d’ambició i atreviment i allò que el València hui representa, i ens dóna l’oportunitat de retornar amb amor la gratitud que tenim pels qui ens precediren.

Però és un acte d’amor que també es materialitza com un acte obertament polític, un acte de resposta davant la situació en que es troba el nostre club i una manera d’alçar la mà i dir a tot el valencianisme que no estem d’acord.

Algú pot haver-se equivocat amb nosaltres pensant que som un grup de nostàlgics que es complaem en la investigació històrica o la rememoració afectiva del passat: no som això. El nostre amor pel València ens du a valorar la seua història però no com una finalitat en ella mateixa, sinó com una manera de comprendre’ns com a subjecte històric i exigir-ne (exigir-nos) en conseqüència; ens du a posar en valor el nostre passat però no com un camí color sèpia a la impotència, sinó com un reconeixement de la nostra forçà i la nostra significació social.

Ho diré ben clar: nosaltres estem en contra, i esta iniciativa és una materialització del nostre posicionament.

La ja llarga i penosa trajectòria de Meriton Holdings, el seu propietari i els seus empleats al front de la gestió del València ha demostrat que el València per a ells només és un mitjà, un instrument: trobem esta veritat autoevident, i que negar-ho només pot fer-se des d’interessos particulars (econòmics o en forma de reconeixements) o des de la falta d’autocrítica i de capacitat de reconéixer que s’estava equivocat o que vam ser enganyats.

I nosaltres estem en front de tot allò que no siga tractar el València com una finalitat en ell mateix. Ho hem estat des de sempre: com he dit, el nostre origen està en eixa actitud. I, òbviament, en la situació actual estem encara més en front.

Per tant la nostra postura es d’absoluta oposició, una oposició esfèrica, igual des de qualsevol punt de vista, de complet no-conformisme, de total non-appeasement.

Estem en contra de reconéixer cap de les seues actuacions com a positiva, en contra del “cuando hacen algo bien se dice”: la veritat és que no fan res bé per al València. Els seua actes ens han demostrat que tot té una altra finalitat, la seua finalitat, i per tant la motivació de tots els seus actes naix corrompuda. Dóna igual que siga parlar en valencià en un acte que fer un reconeixement a un jugador històric: tot allò que fan té una finalitat diversa i contrària al que el València representa. En eixe sentit em ve al cap allò que, aproximadament, va dir Sant Pau “encara que jo parle la llengua dels àngels, si no tinc amor no sóc més que metall buit”.

La darrera prova la tenim en l’esperpent del partit de divendres passat, que òbviament em negue a qualificar com a homenatge a Mestalla, com molt bé ha dit Miquel Nadal en la seua columna de hui.

Després de citar San Pau citaré de nou Miquel Nadal, em permetrà, quan diu que la situació actual és com quan en les pel·lícules de zombies el protagonista es troba a la seua nóvia de l’institut, que ja ha sigut ja mossegada per mort vivent: Johnny, eixa xica ja no és la Mary Jane que dugueres al ball de graduació...

Per tant la nostra postura, la postura que volem manifestar en este acte, la que volem demanar a tot el valencianisme és una postura de radical no col·laboració: eixe club que et fa un vídeo amb música èpica o emotiva, amb una història absurda de japonesos i bonsais, amb un homenatge a Mestalla buit com una campana, eixe club ja no és el teu club: eixe club l’ha mossegat un zombi.

Per això hui no hi ha ací cap persona del club, perquè també amb esta iniciativa volem mostrar la potència del valencianisme i denunciar l’evident i vergonyós procés d’apropiació indeguda que Meriton Holdings està tractant de fer del capital sentimental, social i cívic del València. Volem que es sàpiga que sabem el que estan fent, que ens hem adonat d’esta nova trampa.

Per acabar, en conseqüència del que he dit, volem demanar a tots els valencianistes que donen el seu suport a totes les iniciatives d’oposició que compartixen la nostra visió de no transigir, de no col·laborar, de no trobar justificacions per a esta gent i els que els ajuden: per desgràcia s’ha demostrat inviable fins al moment dur una línia única d’oposició, però tractem de fer de la necessitat virtut i de convertir eixa aparent feblesa en una lluita en múltiples fronts a favor del València.

Gràcies de nou per la vostra presència i pel vostre valencianisme irreductible, i amunt València...


Josep González Vidal

Soci del València CF

diumenge, 14 d’agost de 2022

MESTALLA (LA INTRAHISTORIA)


¡Eso era, eso era!

Acababa de localizar el origen de un recuerdo intenso, casi punzante, de olor a higuera que toda mi vida he tenido en algún lugar no muy escondido de mi memoria y que nunca supe ubicar en mi infancia.

Pero gracias a las muchas conversaciones que había tenido con mi madre aquellas últimas semanas sobre su vida dentro de un estadio de fútbol, por fin lo he conseguido:

¡Era Mestalla!


Foto: Mi padre y mi hermana Mariló junto al yayo debajo de una de las higueras junto a la casa que tuvieron después de 1957, junto a la hípica.


Pero creo que voy a rebobinar esta historia para ubicarnos mejor desde el principio.

Los años vividos en casa de mis yayos maternos dentro del estadio fueron una parte del relato de la vida que por la naturaleza humilde de los hechos nunca fue ensamblado.

Un recuerdo aquí, unas fotos allá, algunas historias sueltas que mamá y papá nos contaban a mí y a mis hermanas, eran todo lo que tenía de aquellos maravillosos años.

Sin embargo, con motivo de la publicación de la primera camiseta del Valencia C.F. para la temporada 2022-2023, cuyo escudo está basado en uno de los primeros diseños, por la celebración del centenario de Mestalla, publiqué un tweet con una foto del yayo entre las sillas de enea de tribuna y un texto en el que sugería que podía ser buen momento para contar la historia de los 30 años de la vida de esta familia en las entrañas de esa mole de cemento y hormigón.

Las reacciones a la publicación fueron extraordinarias por parte de todos.

De inmediato se pusieron en contacto conmigo desde la Fundación del club para conocernos y conocer todo acerca de aquella intrahistoria, que en los archivos del club estaba en blanco.

La prensa y los aficionados también se volcaron al conocer que hubo mucho más que fútbol en el templo del Valencia pero sobre todo, Jesús Roig fue el que me animó a “coser” los retales de la memoria para recuperar el relato más o menos completo de la historia de la familia Pons-Miguel; ahí va:

Corría el año 1939, año muy difícil para España, el final de una guerra atroz que la había dejado destrozada y cuyo bando ganador imponía una dictadura y se disponía a pasar factura a los que no lucharon en sus filas.

Era el caso del yayo Constantino (permitidme anteponer lo de yayo, siempre le llamé así), que como a tantos valencianos le tocó luchar en el bando republicano, por lo que fue despedido de su anterior empleo público en Renfe.

La situación era dramática, una familia con dos niños pequeños al principio de la posguerra y sin un sueldo con el que poder sobrevivir.

Pero apareció un ángel, la prima Paquita, cuya relación siempre había sido muy cercana, era pareja de D. Antonio Cotanda, a su vez presidente de la Federación Valenciana de Fútbol.

D. Antonio sabía que el Valencia buscaba un conserje para Mestalla, que durante la guerra había servido como campo de concentración y al que había que devolver a la normalidad.

Y así fue como el yayo y el club llegaron a un acuerdo de mínimos, vivienda por trabajo, hasta que la economía le devolviera la capacidad de pagar un sueldo más, como pasó pocos años después.

La familia se instaló en la vivienda en la que estuvieron hasta la riada de 1957, situada bajo la grada de tribuna, frente al acceso principal del estadio.

La vivienda había servido antes de la guerra como hogar a la familia de Wenceslao, el antecesor de Constantino, y constaba de tres dormitorios, un aseo, una cocina, un trastero y la lavandería, estos últimos abuhardillados, pues la inclinación de la grada que tenía encima hacía necesaria esta forma.


Foto: Lola en la actualidad, indicando el lugar por dónde se accedía a la vivienda.




El dibujo del plano es mío con las indicaciones de mi madre (pido perdón).

La actividad diaria consistiría en que el yayo Constantino se encargaría de cuidar el terreno de juego (líneas del campo, cortar y regar el césped) y cuidaría de la entrada y salida de público y empleados.


Foto: El yayo Constantino con su uniforme de conserje


Por otro lado, la yaya Lola se ocuparía de que la ropa de los jugadores estuviese siempre limpia.

El yayo (como así le llamaré en adelante) hacía todas las labores de cuidado del campo totalmente a mano. Cortaba el césped con cortadora manual, una labor que requeriría de paciencia pues la dimensión del área del terreno de juego era demasiado grande para una persona con semejante pequeño artilugio. El riego lo hacía con manguera, utilizando el agua de la acequia de Mestalla que pasaba a pocos metros de la zona sur del estadio. Y las líneas de juego, un misterio para nosotros, pues usaba la cal que amontonaba detrás de una de las gradas y a través de una regadera la iba dejando caer hasta completar el dibujo. Un misterio, porque las líneas quedaban perfectamente trazadas, y lo hacía tan solo con una regadera! Las rectas las hacía ayudado de piquetas y cuerdas que marcaban el camino, pero los semicírculos y el círculo central nunca supimos cómo.

Por otra parte, la yaya se ocupaba de tener siempre a punto la ropa de entrenamiento y la de los partidos de todos los jugadores y cuerpo técnico.

La pequeña lavandería estaba al final de la vivienda, donde había dos pilas, una más grande para la ropa de color y otra más pequeña para la blanca.


Foto: La yaya Lola frente a la casa con Mariló


Era tan minucioso el trabajo de limpieza de las camisetas, que debido a la diferencia de texturas con el escudo, antes de lavar había que descoserlos, para volver a coserlos una vez limpios uno a uno. Recuerda mi madre con agrado los ratos que pasaba con la yaya ayudándole a recoserlos, presumiendo de lo perfectos que llegaban a quedar para que los jugadores los lucieran en el partido del domingo.

En aquellos tiempos los jugadores aprovechaban los uniformes cada domingo hasta el final de la temporada. Desde la perspectiva de un aficionado del siglo XXI, no cabe en la cabeza pensar en un equipo ganador de Ligas y Copas de España, plagado de estrellas como la mítica “Delantera Eléctrica” formada por Epi, Amadeo, Mundo, Asensi y Gorostiza, sin poder intercambiar las camisetas con los jugadores rivales, ni mucho menos echarlas a la grada donde un enjambre de manos se deja la piel por conseguir el “trofeo” de su ídolo… sin duda eran otros tiempos.

Entre aquellos recuerdos destaca uno de ellos: cuenta la mamá, que Mundo era un jugador con tendencia a engordar. Por esto, el Valencia encargó la instalación de una sauna individual en la enfermería, aquellas en las que la cabeza del paciente quedaba fuera, para tratar al delantero al final de cada entrenamiento.

Todo era trabajo, trabajo y trabajo a cambio de la vivienda, una hipoteca difícil de asumir por la ausencia de ingresos, y sin embargo “nunca pasamos hambre”, asegura orgullosa.

El yayo utilizó terrenos en desuso alrededor del estadio para cultivar todo tipo de frutas y verduras en pequeños huertos, pues la tierra de l’Horta Nord era muy fértil y el espacio de Mestalla lo había sido durante siglos. También criaba gallinas, por lo que conseguía el objetivo fundamental en aquella época de cartilla de racionamiento: comida para toda la familia.

Aquellos primeros años, cuando el Valencia decidió acometer reformas para actualizar el estadio, Constantino se incorporó también a la plantilla de albañiles, por lo que en la familia pudieron entrar por fin los primeros salarios.


Foto: el yayo con 2 trabajadores de la colla en la obra de ampliación


Una gran alegría que aliviaría la economía de la familia, pero una gran carga para él, pues las tareas de cuidados del campo y conserjería debería continuar haciéndolas después de los trabajos en la reforma del estadio. Se podría decir que el yayo se dejó la piel de sol a sol por el Valencia C.F.

Años después, el Valencia le asignó un sueldo por los trabajos de Conserje del estadio, por lo que pudo prescindir de los trabajos de albañilería.

La década de los 50 trajo cierta normalidad para todos, una época en la que la juventud de los dos hijos se pudo desarrollar en relación con los vecinos del barrio de Exposición, siendo Lola una flamante fallera, en la que conoció a Pepe, mi padre, gran aficionado al fútbol en general y al Valencia C.F. en especial, y donde Luis, su hermano, se hizo futbolista, que hasta llegó a jugar en el Mestalleta.


Foto: la mamá y una amiga de la Falla Exposición


Pero algo terrible iba a cambiar sus vidas, la riada de 1957.

“Era un 13 de octubre, sobre las 23:30 h., estábamos durmiendo ya, cuando vino la primera acometida del Turia.

-¡Constantino, Constantino, que se ha desbordado el Turia!, ¡salid todos, id subiendo, arriba, corred!!!”

Era el vigilante que tenía Mestalla por las noches, enseguida escucharon el terrible rumor del agua, que empujaba un aire húmedo muy poco común, que les hizo comprender que aquellas advertencias iban muy en serio.

Cuando relata aquellas horas de angustia, a la mamá todavía se le encoge el corazón recordando las sensaciones de angustia interminables de aquella noche.

Enseguida huyeron a las partes altas del estadio, ayudando a subir a los vecinos de las casas bajas de la calle General Pando desde los tejados hasta la rampa de anfiteatro a través de tablones.

La yaya entró en pánico cuando, por la oscuridad de la noche, confundió las sillas de tribuna flotando con cadáveres. Fue dantesco, tuvo que irse a casa de su familia de Ruzafa unas semanas para recuperarse.

En la segunda venida, cuando abrieron las compuertas para evitar males mayores, la mañana siguiente, recuerda Lola ver desde el balcón de la fachada frente a la calle Mícer Mascó, un torrente de agua a toda velocidad en dirección al estadio.


Foto: el agua en la calle General Pando con Mestalla al fondo


Fue entonces, cuando el club decidió construir una nueva vivienda para que estuviesen más cómodos por los destrozos que el agua había originado en la de tribuna.

Se trasladaron poco después a la que a la postre sería la casa donde estarían hasta la jubilación de Constantino.


Foto: plano hecho por mí según las indicaciones de mi madre (pido disculpas)


La casa tenía tres dormitorios, cocina, aseo y comedor, y anexo una lavandería donde la yaya seguiría con sus tareas. Frente a la puerta de acceso, un arco con vegetación y un espacio de césped. A la derecha, algún pequeño huerto y un par de higueras que desprendían un intenso aroma a campo y a libertad.


Foto: mi hermana y yo frente a la nueva vivienda algunos años después


Los últimos años de la década de los 50, estuvieron marcados por los matrimonios de Lola y de Luis. Ambos se casaron con sus respectivas parejas allá por el año 1960. Mi madre presume de haber sido “la novia de Mestalla”, pues nunca antes y tampoco después, un coche de novios entró en el estadio para recogerla e ir a casarse a la cercana parroquia de San Pascual Bailón.


Foto: los papás y la yaya Lola entes de ir a la Iglesia donde se casaron.


Aquello supuso que durante la última década, los yayos continuasen trabajando y viviendo en Mestalla solos, aunque ya iban haciéndose mayores los dos.

No obstante, en el club hacía ya años que habían contratado una lavandería externa que había cerca para que realizasen las tareas de limpieza, por lo que la yaya tenía una mayor calidad de vida.

Mientras tanto, entre 1962 y 1965 nacimos Mariló y yo, y dado que la mamá iba al puesto de charcutería que tenían en el Mercado de Colón (y que seguimos teniendo), a nosotros nos dejaba con los yayos en Mestalla, del que hicimos nuestro espacio natural de vida y juegos, donde comíamos, donde nos cambiaban los pañales, entre lavado y lavado, entre riego y corte.

En 1970 falleció la yaya Lola y el yayo vino a vivir a casa donde estaría hasta su fallecimiento allá por el año 1980.

En 1971, al tiempo que el Valencia ganaba la Liga con Di Stefano y los hermanos Claramunt, el árbitro inexorable que es el tiempo hacia sonar tres veces su silbato, dando por finalizado el partido más largo de la historia de Mestalla, el partido de la vida. Constantino cumplía 65 años y, por tanto, alcanzaba el derecho a su jubilación, un descanso merecido después de tantos años de trabajo y de entrega a una vida dedicada al Valencia C.F. y a la que fue y sigue siendo la casa de ambos, la casa de todos los valencianistas: MESTALLA.

Lo que vino después, como bien dice mi madre, fue un idilio entre él y el pueblo de Mestalla. Sus tertulias, sus partidos, sus visitas, cada día de su vida, hasta el final de sus días.


Foto: Lola con Mariló (su hija) y María (su nieta) en la sala de trofeos de Mestalla, en la actualidad



José Manuel Manglano Pons.

Nieto de Constantino, último conserje del Camp de Mestalla.

@Manglanopons

dissabte, 6 d’agost de 2022

L'HOME TRANQUIL


A ROBERTO GIL ESTEVE, 1938-2022 In Memoriam

Entre los fastos del centenario del Valencia CF de la temporada 18/19 quien esto escribe tuvo la ocasión de conocer y charlar con diversos personajes de la historia del club a quien uno ama desde niño.

Fue la ocasión perfecta, el club se abrió a nosotros y la sensación de estar viviendo algo histórico fue la excusa para acercarse a mitos como Kempes, Arias, Tendillo, Sol, Guillot, Claramunt, Paquito o al mago del centenario Fernando Giner. También fuera del ámbito del terreno de juego conocí a ilustres glosadores de nuestra historia como Paco Lloret, Luis Furio, Alfonso Gil, Rafa Lahuerta, Jose Ricardo March o a la inigualable Merchina Peris.

Pero esto va de Roberto.

Era el año 2003 cuando me instalé a vivir en Ribarroja del Turia desde Torrent por amor.

Al poco tiempo un día paseando con mi mujer por lo que iba a ser la futura ciudad deportiva del Valencia CF nos cruzamos con un señor que nos espetó un “hola” tras cruzarnos entre caminos de campos de naranjos, recuerdo la sorpresa que me llevé y emociónado le pregunte a mi mujer que si sabía quién era, ella que es abstracta en lo deportivo me dijo “un vecino del pueblo“.

Así fue como vi y me enteré por vez primera de que Roberto Gil, uno se los grandes capitanes de nuestro club, vivía no solo en el mismo pueblo que yo sino apenas dos calles más abajo de nosotros. En esos momentos (años) estaba pasando por una de las varias desconexiones que he tenido del mundo del fútbol por circunstancias y en esa época era de las más duras y agudas.

Pero la publicación allá por el 2014 de “La Balada del Bar Torino” de Rafa Lahuerta y su apasionante lectura encendió de nuevo la llama de mi pasión dormida. De las muchas cosas que he aprendido de Rafa es el significado de la palabra ”cultura de club”, que debería ser un eufemismo de la palabra AMOR, ramificada en cosas tan variopintas como libros, celebraciones, onomásticas y detalles que se escapan a la mayoría de los valencianistas más pendientes de los fichajes o de vivir la vida, que por otra parte para eso está.

Roberto Gil estuvo muy activo en todas las actos del centenario del club: Forum Algiros, Tertulia Torino, Paraninfo, la marcha cívica, el partido de leyendas... radio, prensa etc., y nunca quise interrumpirle en esos momentos. No lo veía oportuno, pero caducada mi vergüenza y animado por la grandeza y lo histórico de esos tiempos me puse como objetivo conocerlo.

Fue mi mujer la que me animo a dar el paso de intentar visitarlo en su casa. Yo lo veía todos los días al recoger a mis hijos del colegio andando con su muleta haciendo rehabilitación callejera tras romperse la cadera en mayo de 2019 al ir a recoger las entradas para la final de Copa contra el FC Barcelona.

A principios del año 2020 ya sabiendo que estaba un poco mejor lo vi de nuevo y me paré un momento a saludarlo y a proponerle una visita a su casa. Muy amable me aconsejó unas horas de la tarde en las que sin problema, me podría atender.

La tarde del día 6 de febrero fue la elegida y allí me planté delante de su puerta con mi hijo Dario, mis camisetas, fotos y demás. Entramos.

Hacia dos dias que el Granada había eliminado de la Copa al Valencia CF y Roberto decía “no hi ha dret, apenes he pogut dormir esta nit…“

Hablar de fútbol con él fue fácil, tenia una gran memoria del club de Mestalla. Entre fotos de alineaciónes históricas de la entidad le pregunté que quién era según su opinión el mejor jugador que él había visto jugar en el club; “…la leyenda y el sentimiento mítico nos dice que Antonio Puchades fue magnifico pero como Pep Claramunt no hubo nadie, fue un crack, el jugador total”. Prosiguió, “..recuerdo cuando llegaron al equipo él y Juanito Sol…nos dieron una inyección brutal de energía y calidad que los mismos rivales me decían, como capitán que yo era , ¿de donde habéis sacado a estos dos? y es que iban como motos, enseguida me di cuenta que probablemente marcarían una época en el club como así fue “. Una lástima que en esos años y por circunstancias esa plantilla “solo” pueda presumir de una Copa (1967) y la mítica liga de Sarria ( 1971), había plantilla para haber picado algo más en ese intervalo, le dije, me dio la razón. Aunque en su palmarés consta así, no consideraba la liga del 71 como propia, cosas de los jugadores y sus códigos. Sin embargo el orgullo de ser capitán tantos años y de haber levantado la Copa se notaba en la grandiosa foto que abarcaba una buena parte de la pared de su hall, en la que banderín en mano, se dispone a ir en busca de su destino la tarde del 2 de julio de 1967 contra el Athletic Club de Bilbao.

De lo que más sé enorgullecía era de haber sido el capitán del Valencia CF y presumía de haber disfrutado de la inauguración como tal de tres estadios, el mítico Estadio Azteca de México y el Manzanares (Vicente Calderón) en 1966, amén del Ciutat de Valencia del Levante UD en 1969.

Fue inevitable en la conversación la crisis institucional del club, a la cual me señaló una foto de Vicente Peris como ejemplo de lo que fue y será siempre la cultura de club y el amor a unos colores ; “ llastima d’home, amb ell les coses eren mes facils“. Merchina, la hija de Peris aparecia con el y con el periodista Paco Lloret en otra foto que Roberto apreciaba “ella es una mujer maravillosa, un referente del valencianismo puro y sincero” ¿de Paco Lloret que decir? “..un gran tipo honesto, amigo y una enciclopedia del Valencia CF...”

Me encantaba el detalle cuando en actos o entrevistas le preguntaban y él contestaba en valenciano, sin caer en el amable detalle de si sus interlocutores u oyentes le entendian, yo me reía por dentro porque era un acto amable e inocente pero lleno de orgullo de un valenciano y de un idioma.

Su mano derecha un poco temblorosa tuvo la amabilidad de inmortalizar su firma en varias camisetas, fotos e incluso en un lienzo que le llevé. Estaba cansado, pero se que en el fondo le enorgullecía el reconocimiento y el respeto. El era un referente, casi el decano de los ex-futbolistas tras Daniel Mañó. Se lo comenté pero le restó importancia, “fui y lo dí todo por el Valencia CF“, eso es lo que él valoraba de verdad.

Pero, ¿y el futuro? “Eso que tanto nos preocupa pasa por la salida de la entidad de los gestores de Singapur“, Roberto, con la educación correcta pero firme me dijo “esta gent ni pot, ni sap ni mereix estar açi“. No me di cuenta pero estaba viviendo un momento histórico e inolvidable con una persona increíble que me ofreció su casa de nuevo “quan vullgues xiquet açi estic“ así que bien hallado y sin abusar más nos despedimos deseándole suerte y salud. No fue así, apenas dos dias después y en su propia casa volvía lamentablemente a tropezar y de nuevo su cadera salió mal parada. Empezar de cero de nuevo, como cualquier lesión de su época gloriosa de jugador. Apenas un mes después la pandemia, la tristeza, el encierro…y meses después las desapariciónes de Españeta, Sol o Abelardo fueron golpes anímicos que seguro que minaron su salud y su moral.

Hace alrededor de un año se le dedicó un Forum Algiros y una exposición en Ribarroja del Turia sin contar con el cariño de la afición y el amor que le hubiésemos podido demostrar, el mismo o mas que el de ahora que se ha marchado para siempre.

No podrá vivir el centenario de Mestalla por unos meses. Su casa, nuestra casa.

El club que amo y respeto se cuartea, se me va cayendo a pedazos y cada día hay menos baldosas en la fachada de mi corazón.

A él, a su familia, y a toda la gente que ama al Valencia CF va dedicado este texto. Fins sempre Roberto i gracies per tot. 🦇





Tirant Lo blanc i negre.
@Espiritu_del_79

dimecres, 9 de març de 2022

ESPÍRITUS DE MESTALLA



Desde que habito en el piso de la promoción de viviendas que construyeron en los terrenos de Mestalla mi existencia no es la misma.

No tiene la culpa la calidad de los pisos, no. Creo que está acorde con la publicidad con que los vendieron.

Buenas vistas, amplios, bien orientados, dotados de servicios adecuados. Hasta la zona recreativa para los más pequeños que rememora el campo hace que quieran pasar el mayor tiempo posible en ella, disfrutando, jugando, corriendo…

Soy yo.

Noto que una nostalgia blanquinegra se ha apoderado de mí.

Ya me lo dijo Jesús, “yo no podría comprarme un piso sobre Mestalla”.

No soy al único que le pasa. Somos bastantes los que deambulamos por los pasillos, los que nos cruzamos en los patios, nos miramos y nuestro saludo nos arranca por un instante una sonrisa.

¡Amunt! dice uno.

¡Sempre! responden los otros.

Muchas veces me descubro a mí mismo mirando por las ventanas hacia donde debería estar el GolGran.

Otras tantas, voy al centro social habilitado para los vecinos que se encuentra donde estaban los vestuarios y hasta puedo oler las victorias, las derrotas, el sudor de los jugadores extenuados, eufóricos, cansados. El linimento lo impregna todo. Oigo sus voces, sus quejas, la charla del míster, los gritos con que se infunden ánimos. Hasta el utillero se ríe con las bromas y yo con ellos.

La afición, la joven, la que ha ido rellenando el espacio dejado por los mayores, los que quedan, se trasladó al nuevo campo.

Sólo los melancólicos nos reunimos los días de partido.

Quedamos en la plaza que hicieron en lo que era el centro del campo.

En ese sitio ahora una placa te recuerda lo que allí se vivió, las tardes de ilusión, el jolgorio de los niños, los reniegos de los viejos, los cánticos de los más jóvenes a los que se unen el resto, las noches gloriosas, los días de malos resultados, los pañuelos hacia la presidencia, el ánimo con el que empezaban las temporadas, los “enguany si”, los goles que nos llevaron a triunfos, los encajados recibidos con dolor, el silencio triste de descensos…

Hasta nos parece oír los cánticos de la grada.

Ataviados con nuestra bufandas que hacemos girar al viento, cantamos los himnos que unen a los congregados, desafiando a los rivales, identificándonos como tribu.

Muchas veces me parece ver la fila de banderas que marcaban la posición en la clasificación.

Los marcadores se reflejan en los cristales de los ventanales de las viviendas. Y gritamos. Y cantamos. Y animamos.

Luego volvemos a nuestros nuevos hogares.

Tratamos de contarles a los que conviven con nosotros lo grandes que fuimos, lo importante que somos.

Ellos no lo escuchan, parecen ignorarnos.

Pero insistimos hasta que, hartos de que no nos hagan caso, arrastramos alguna silla, descolgamos algún cuadro, golpeamos la pared.

Todo para que sepan que SOM EL VALENCIA.

Que no olviden que de aquí, nuestra casa, no nos tirarán. Algunos vecinos han empezado a quejarse. Tienen miedo.

Alguien dice haber visto a seres que como alma en pena vagan por las zonas comunes. Comentan que que creen que alguno lleva una peluca naranja, otro bajito y regordete lleva un chandal del equipo, otros van vestidos de jugadores, otros visten de traje… Murmuran que han oido voces cantando, vituperando, animando. Todo ello en los días de partido.

No sé si llegaran a entender lo que significa ser del Valencia, pero han empezado a saber lo que es vivir junto a los espíritus de Mestalla.

Diego E.

diumenge, 13 de febrer de 2022

50 ANYS SENSE VICENTE PERIS (III)

GALLETAS PARA O ARTILHEIRO O QUÉ ES EL VALENCIA.


El Valencia es una mujer que hace cincuenta años cumplía doce, el mismo número de camiseta con el que se suele identificar la fidelidad y lealtad de una afición a un club. Una mujer de luz heredada, de vela que prende en vela y no hay viento, por mucho que sople en contra, que logre apagarla por verdadera y constante.

En su luz hay una niña que colecciona cromos de jugadores de fútbol que a la hora de comer se sientan en su misma mesa y una chica pionera, valiente y libre, que en Mestalla marca goles que agitan redes y rompen roles.

Es invierno en Burjassot y en la vida de aquel hombre de piel morena y pelo de nieve que en su silla de ruedas apura los rayos del sol y la vida.

No recuerda que en otro tiempo fue inmenso, fuerte, poderoso. Tampoco la arena de la playa de Río de su niñez, ni el césped del área en la que reinó en Mestalla. Ni siquiera el desayuno que hace apenas dos horas le sirvieron en la residencia donde vive.

Las hojas secas hace muchos años que dejaron de ser el arte que practicaba en el golpeo del balón con sus dos piernas, ahora solo son el pasar de página que algunos árboles del jardín en el que esa mañana se encuentra, dejan caer por el suelo y su calendario.

Sus ojos ya no ven, como su memoria, también quedaron ciegos.

Ella se sienta a su lado, en un banco de piedra, le coge el brazo, le abre la mano y le da una galleta, la más dulce que existe. El viejo sonríe, se la lleva a la boca, la paladea detenidamente con la inocencia y el deleite de un niño, con sus ojos entornados dejándose acariciar por el sol, intentando eternizar el momento.

Sus hijos, Vicky y Walmar, llevan contemplando la escena desde el principio, en silencio, sin querer interrumpir el ritual tantas veces repetido. Con cariño le preguntan a su padre:

-¿Sabes quién ha venido a verte?

Y vuelve a ocurrir el milagro de todos los meses, cuando ella le trae galletitas y hace sol.

-¿Cómo está mi hija blanca? ¿Cómo estás, Mey?

-Hola Waldinho – Le contesta acariciando su espalda - ¿Vas a jugar el domingo?

-Tengo molestias en el menisco, pero juego seguro - contesta orgulloso - Con Guillot.

-Muy bien, Waldinho. ¿Y de mi padre? ¿Te acuerdas de mi padre?

-¡Cómo no me voy a acordar, con lo que nos queríamos!

Y Merchina, emocionada, enlaza sus blancas manos con las manos negras de Waldo.

(A la memoria de Don Vicente Peris en el 50 aniversario del día en que su corazón dejó de latir en el mismo corazón de Mestalla. A Merchina Peris por ser el Valencia Club de Fútbol. Te queremos, bonica.)



JOSE CARLOS FERNÁNDEZ HABA.

ÚLTIMES VESPRADES A MESTALLA.