divendres, 28 d’agost del 2026

A PROPÓSITO DE KEMPES

                                              


Medio siglo ha transcurrido desde que Mario aterrizara, se vistiera de blanco, fallara hasta lo no permitido, conociera la irritación de aquel Mestalla y tan solo unos días después, comenzara a crear esa especie de mito hermoso e infalible,  que hoy pervive en la memoria de aquellos afortunados que lo disfrutamos,  en la de los herederos de estos a través de la persistente docencia de su maravillosa historia y en la del valencianismo en pleno, en forma de añoranza. 

Medio siglo para concluir que pese al paso de grandes jugadores por el club, nadie como Kempes fue capaz de unirnos acerca del orgullo, admiración o pertenencia a una entidad, defendida entonces de forma unánime y cada uno con la cuota de posesión  que le otorgaba su abono. Para no resultar injustos, vivencias repetidas posteriormente con el espectacular equipo en manos de Ranieri, Cúper y sobre todo Benítez. Mario fue mucho más que el “pichichi” repetido de la liga española o del mundial de Argentina, que el mejor futbolista del mundo del momento, que el artífice principal de los tres títulos alcanzados en aquel fútbol por el Valencia o que el autor de aquel antológico gol al Sevilla de “Súper Paco”, tras recorrerse el campo de derecha a izquierda y soltar aquel inolvidable zurdazo antes de pisar el área. Incluso resultó mucho más que los beneficios que lograba el club con la explotación de su imagen. Si el valencianista de entonces pudiera ponerle cara a la adolescencia, al ejemplo, a la celebración compartida, a la humildad, al respeto, a la Transición o a la devoción, esta sería la de Mario Kempes. 

Medio siglo  pasó en el que muchos íbamos al campo porque jugaba él,  rodeado de grandes futbolistas y luciendo nuestro escudo por entonces inviolable. Asistimos a sus años de esplendor, a sus goles imposibles y al mismo tiempo previsibles, al ritual de cada falta con el imborrable cántico de aquel estadio rendido a su héroe en espera de su final feliz, ¡Keeeeempes Keeeeempes! También a su decaimiento, al dolor que sentíamos asociado a sus lesiones, a su hombro, a su malhumor. A Jena. A la exigencia desmedida de un público al que le costó entender que Mario era humano. Al impacto de verlo en su ciudad jugar al futbol sala solo seis años después de ser el mejor jugador del mundo cuando como luego demostró, aún le quedaba por delante tanto fútbol. Eso sí, con otras camisetas. Alejado de Mestalla. Siguiendo a distancia el descenso del 86 y el ascenso un año después, el resurgimiento económico y deportivo de manos de entusiastas valencianos,  la innecesaria e injusta conversión del club en SAD y con ella el primer brote de especulación previa al expolio en colaboración con la mercantilización de un periodismo surgido de aquel brote. Si quisieran identificarlo es fácil, recurran al “Arturo suelta los duros”, al tiempo del perezoso homenaje que le dispensamos a nuestro protagonista. Tal vez , Mario pudo atenuar la sensación de incomprensión y agravio de su salida, tras ser testigo posterior de las consecuencias de aquel gol de Pauleta y la caída del “Valencia Campió”, del volteo del coche del entrenador que nos llevó a dos finales de “Champions” con su familia dentro, de los pitos en el discurso de presentación al presidente de un equipo campeón, este sí de verdad, del “Quique me aburro” o de aquella advertencia presidencial del mandatario que año tras año consentía las ventas de los mejores futbolistas, dirigida al entrenador que  consiguió tres terceros puestos de forma continuada y que decía algo parecido a “ser terceros era algo necesario pero no suficiente”. Así hasta llegar a la degradación primero y la rendición después, escenificada en el bochornoso “benvingut Peter”.  

Medio siglo para la reflexión, la primera la nuestra. La de la comparación, háganlo y cotejen dos fotos, una la de Kempes y otra la de Kiat Lim. Repónganse. La de la impotencia, deportiva, política o social. Siete, son las temporadas que lleva el equipo sin competir en Europa, no hace falta nada más para entender el frustrante momento futbolístico. Los políticos devolvieron riqueza contra nada en el mes de julio del 24 y en diferido,  se estableció cancelar el riesgo con Caixabank, se adjudicó un suelo terciario y se fijó un “derecho de cobro” como garantía de una financiación hasta la venta de otro suelo, el de todos, aquel donde goleó Mario, el único Mestalla. Estaría bien que el partido político más votado del Ayuntamiento de Valencia, nos contara el motivo por el cuál centró su actuación en concluir las obras del  nuevo estadio en vez de someter y acabar conforme a derecho, con quien incumplió, humilló o destrozó al club, a su ciudad o a sus ciudadanos. De igual forma, invitamos a aquellos partidos opositores al más votado, a no volver a argumentar, al menos ante nosotros, que el día 3 de agosto de 2024 era la fecha donde LIM recuperaba la edificabilidad sin condiciones y sin garantías para posicionarse. Ridículo razonamiento convertido en miseria, tan solo entendible desde el engaño. Por agotamiento, por rendición, exhaustos de un comportamiento inesperado y dividido, debemos reconocer que el contrapeso social es inexistente y que no hemos sabido detener el deterioro ni a su causante.     

Medio siglo para entender que Mario Kempes se encuentra ante su jugada más complicada: hablar sobre su Valencia desde su celebrada independencia  ya que nunca se adaptó a este disparate. La consecuencia es la conocida. Fuera del club pero dentro de nuestro corazón, donde nunca el abuso se convertirá en costumbre.

Plataforma “Espíritu del 86” 

dimecres, 12 d’agost del 2026

HOMENATGE PELS 50 ANYS DEL DEBUT DE KEMPES A MESTALLA


Fa ara 50 anys, el 16 d'agost de 1976, Mario Alberto Kempes jugà el seu primer partit amb el Valencia C.F. a Mestalla. Amb motiu d'esta efemèride i per un objectiu solidari, llancem una revista commemorativa pel primer partit de Kempes que servix, a més, per a retre homenatge a l'astre argentí.


Somos muchos los que formamos parte de una generación que tuvo la fortuna de que su devoción valencianista coincidiera con la llegada del mejor jugador del Valencia C. F. en toda su historia. No caben aquí los debates, no. Grandes jugadores han pasado por las filas de nuestro equipo, pero solo uno puede ser el mejor y fue, es y será Mario Alberto Kempes Chiodi.

Existen jugadores que cambian el rumbo de un club, jugadores cuya sola presencia justifica la compra de una entrada para un partido o de un abono de temporada. Son esos jugadores de los que siempre se espera algo, a sabiendas de que estando ellos en el campo siempre pasan cosas favorables para su equipo. Kempes era un jugador de esa entidad. Potente, rápido, listo, humilde, jugador de equipo y goleador impenitente. Durante sus siete temporadas en el Valencia logró dos trofeos "Pichichi", una Copa del Rey, una Recopa de Europa y una Supercopa de Europa (la primera lograda por un equipo español), fue campeón del mundo con Argentina y logró los dos trofeos unipersonales del mundial: bota de oro (mejor jugador del torneo) y balón de oro (máximo goleador del torneo), una triada virtuosa de casi imposible repetición (solo Paolo Rossi en 1982 logró el mismo hito).

Hace cincuenta años, en un típico verano mediterráneo caluroso e impío, llegó a Mestalla de la mano de Bernardino Pérez "Pasieguito" un joven jugador argentino del cual casi nadie sabía nada. Cuenta la leyenda que lo hicieron debutar aún con desfase horario, que en la revisión médica aparecieron unos perdigones en su estómago, restos de la batalla gastronómica habida en Motilla del Palancar contra una perdiz en escabeche, que tampoco sabía demasiado de cómo era la ciudad y que su debut en el Trofeo Naranja fue un absoluto desastre.

Todo eso es verdad, como también lo fue el hecho de que dos semanas después, con el comienzo de la Liga, todas las brumas se disiparon y nos dejaron a un jugador mayúsculo, descomunal, carismático y admirable. La savia del valencianismo siempre se nutrió de futbolistas sobresalientes y fueron estos los que llevaron al club a sus grandes conquistas marcando con sus nombres épocas doradas de fútbol y triunfos. Kempes es de esa estirpe y, dentro de ella, el más destacado. Su impacto en la vida del club, de sus aficionados y de la ciudad fue completa. Como un icono pop, Kempes nos dejó su imagen sobre el césped, melena al viento, rumbo a la portería contraria y goleando.

Este programa de mano quiere conmemorar esta efeméride y celebrar la vida y obra deportiva del más grande jugador de la historia del Valencia C. F.: ¡Kempes!


Últimes vesprades a Mestalla

dilluns, 1 de juny del 2026

DEL RIGOR TÉCNICO A LA PROPAGANDA INTERESADA EN TIEMPO RÉCORD

Respuesta de úvaM al artículo de Amunt Mestalla sobre el nuevo estadio del Valencia CF

La página web y cuenta de X conocida como Amunt Mestalla ha publicado recientemente un artículo titulado Del mejor estadio del mundo al peor estadio del mundo en tiempo récord, en el que se pretende reducir la crítica al nuevo estadio del Valencia CF a una mezcla de ruido, catastrofismo, nostalgia y resistencia emocional al cambio.

El título tiene intención. Como también la tiene el propio nombre del medio digital: un Amunt Mestalla empleado desacomplejadamente para defender el relato que conduce a la desaparición del que ha sido nuestro hogar durante más de un siglo.

En consecuencia, nuestra respuesta también debe ser intencionada. Porque el verdadero salto que debería preocupar al valencianismo no es el que va de una ilusión inicial convenientemente idealizada al rechazo actual, sino el que pretende convertir argumentos técnicos, informes periciales, advertencias jurídicas y una demanda contencioso-administrativa en una simple caricatura de redes sociales.

Desde úvaM consideramos necesario responder de forma directa. No para situar una pieza de opinión en el centro del debate, sino porque la demanda presentada frente al Ayuntamiento de València, y el trabajo técnico y jurídico que la sustenta, nos obligan a denunciar cualquier intento de reducir esta cuestión a ruido, nostalgia o catastrofismo.

El trabajo que hay detrás de nuestras denuncias ha sido realizado por valencianistas sin otro interés que proteger el patrimonio del Valencia CF, denunciar el uso instrumental que Meriton hace del club y exigir rigor y rendición de cuentas a las instituciones. Por respeto a ese esfuerzo, a los informes que lo sustentan y a todos los valencianistas que no aceptan que el futuro del club se decida mediante hechos consumados, debemos responder. Especialmente cuando se intenta convertir una cuestión técnica, normativa, económica, urbanística y patrimonial en una caricatura de redes sociales.

No es ruido: son informes, hechos y responsabilidad

El artículo de Amunt Mestalla utiliza un recurso recurrente: mezclar comentarios de redes sociales, críticas estéticas y opiniones dispersas con objeciones técnicas y jurídicas formalmente documentadas. Se citan ejemplos supuestamente exagerados para presentar toda oposición al nuevo estadio como ruido o catastrofismo.

Esa confusión no es inocente. Sirve para evitar el fondo.

úvaM no responde por cada comentario publicado en redes sociales. úvaM responde por lo que ha denunciado formalmente: deficiencias técnicas, normativas, presupuestarias, urbanísticas y patrimoniales relativas al proyecto del nuevo estadio y a la actuación municipal que ha permitido su avance.

Vivimos tiempos en los que parece necesario recordar que, en determinados asuntos, no todas las opiniones tienen el mismo peso. Una pieza de opinión no equivale a un informe técnico. Una valoración interesada no sustituye a un análisis jurídico. Una comparación superficial no desactiva una demanda contencioso-administrativa. Una obra que avanza físicamente no queda automáticamente convalidada desde el punto de vista técnico, urbanístico o legal.

Al contrario: si las deficiencias denunciadas se confirman, quienes hayan permitido que la obra avanzara pese a estar advertidos deberán asumir las responsabilidades que correspondan.

Lo que se oculta al hablar de la fachada

El artículo de Amunt Mestalla admite que la fachada del nuevo estadio resulta decepcionante, pero intenta limitar ahí la crítica razonable. Todo lo demás lo presenta como exageración.

Ese enfoque empobrece deliberadamente el debate. Y resulta tremendamente significativo que el artículo no haga ninguna mención a las gravísimas deficiencias denunciadas por úvaM, en este caso literalmente ante un juzgado, que hasta ahora no han sido rebatidas por quienes defienden públicamente el nuevo estadio.

La fachada es solo lo que se ve. Lo relevante está también en lo que no se ve: estructura, seguridad, resistencia, durabilidad, protección frente al fuego, cubierta, instalación fotovoltaica, definición de unidades ejecutables, suficiencia presupuestaria, cumplimiento de la licencia, control municipal y responsabilidad patrimonial.

Reducir la discusión a si el estadio es más o menos atractivo exteriormente es una forma de no hablar del fondo. El problema no es si el estadio gusta. El problema es si lo que se está ejecutando, y el modo en que se está ejecutando, cumple con lo exigible y protege adecuadamente al Valencia CF y al interés general de la ciudad; o si, por el contrario, responde a otros intereses.

El cumplimiento de la norma frente a un relato que parece una burla

El artículo presenta a los arquitectos como simples ejecutores de un encargo cambiante y desvía la atención hacia una supuesta “antipatía” que, según su planteamiento, condicionaría cualquier crítica.

Pero un encargo cambiante no rebaja la exigencia esencial de cualquier actuación de esta naturaleza: el proyecto debe cumplir la normativa aplicable, estar técnicamente justificado y no presentar las graves deficiencias que han sido denunciadas, relativas a la estructura, la seguridad, la resistencia, la durabilidad, la protección frente al fuego, la cubierta, la instalación fotovoltaica, la definición real de unidades ejecutables y la suficiencia presupuestaria.

Por otra parte, la crítica estética a una obra arquitectónica es legítima. También lo es denunciar el intento de construir un relato para presentar como mejora lo que son renuncias del proyecto: presentar como gran valor urbano un estadio supuestamente “abierto a la ciudad” por no poder costear el cerramiento previsto inicialmente de unas balconadas orientadas hacia zonas de paso de tráfico urbano, o exhibir como valor añadido la posibilidad de celebrar bodas, bautizos y comuniones, solo puede interpretarse como una burla a la inteligencia del valencianismo. Nadie debería sorprenderse de las reacciones que ese relato ha provocado.

El valencianismo no necesita que le expliquen como virtud lo que percibe como pérdida, y menos aún que lo haga quien ha realizado el trabajo. Y las administraciones públicas no pueden valorar una actuación de esta magnitud desde el relato, sino desde la normativa, la legalidad urbanística, la suficiencia técnica del proyecto y la protección del interés público.

No es low cost: es peor, muy caro con resultado low cost

Otro argumento recurrente es que el nuevo estadio no puede considerarse low cost porque su coste anunciado es elevado. Hay que reconocer que, en esto, el artículo tiene razón, aunque por desgracia para sus autores e inductores no por el motivo que pretenden: la realidad es que el estadio es caro y el resultado está muy por debajo del proyecto original.

Que una obra sea cara no demuestra que sea buena, ni suficiente, ni adecuada a lo comprometido. Puede ser cara precisamente porque arrastra años de mala gestión, una estructura concebida para otro proyecto, paralizaciones, rediseños, costes hundidos, compromisos financieros o una operación urbanística que parece diseñada más en beneficio de un tercero que del propio club.

El problema, por tanto, no es si el estadio es “barato” o “caro”. El problema es que el Valencia CF puede acabar asumiendo un coste muy elevado para recibir un estadio degradado respecto del proyecto original, con prestaciones recortadas, dudas técnicas relevantes y un impacto patrimonial enorme.

Si el sacrificio económico, urbanístico e histórico que se exige al club no se corresponde con el resultado final, el coste elevado no desmiente la crítica: la confirma.

Los ingresos extraordinarios: el cuento de la lechera de Meriton, otra vez

El relato favorable al nuevo estadio descansa también sobre la expectativa de nuevos ingresos: explotación comercial, hospitality, eventos, conciertos y modernización de la experiencia de estadio.

Pero esas previsiones deben tratarse con extrema cautela porque el Valencia CF ya ha conocido planes de negocio de Meriton que no se han cumplido. Sin ir más lejos, el plan presentado durante el proceso de venta planteaba la eliminación de la deuda en un plazo breve de tiempo, una promesa desmentida por los hechos. Ese incumplimiento, auténtico pecado original de Meriton, debería haber puesto en cuestión ante las instituciones públicas, si no la legalidad, sí la legitimidad de su control accionarial sobre el club.

Desde entonces, su gestión ha estado marcada por promesas de recuperación deportiva y económica que la realidad ha desmentido reiteradamente. Por eso, cualquier previsión de ingresos futuros debe ser auditada, contrastada y sometida a escenarios prudentes, sin depender de estimaciones realizadas por partes interesadas y presentadas como certezas.

También la venta del terciario a Atitlan encaja en esa lógica: un activo llamado a generar valor recurrente para el club se transforma en un ingreso puntual de alrededor de 30 millones, con renuncia a ingresos futuros. Otro relato de ingresos estructurales reducido a una operación de necesidad inmediata.

El propio mercado de eventos obliga además a ser prudente: si un recinto como el Santiago Bernabéu, promovido por el Real Madrid y dotado de una capacidad económica e institucional incomparable, ha encontrado problemas relevantes para explotar conciertos por cuestiones acústicas, no resulta difícil imaginar qué podría ocurrir con el tholos mediterráneo de las balconadas abiertas a la ciudad.

Y Valencia cuenta ya con el Roig Arena: un recinto cubierto, moderno, profesionalizado, dimensionado para el mercado local y con una estructura comercial claramente orientada a captar eventos. Cualquier proyección económica del nuevo estadio que ignore esa competencia, las restricciones acústicas, los costes operativos y la capacidad real de gestión del club es incompleta e interesada.

La viabilidad del Valencia CF no puede apoyarse en otro cuento de la lechera. Debe apoyarse en análisis independientes, prudentes y contrastables.

Mestalla no es el problema: es la solución

El artículo intenta contraponer Mestalla como emoción y el nuevo estadio como racionalidad. Esa contraposición es falsa.

Mestalla tiene un valor emocional evidente, y ese valor importa: estamos hablando de un club de fútbol, y no de un club de fútbol cualquiera. La identidad, la memoria colectiva, la centralidad urbana, la continuidad histórica y el arraigo social forman parte del patrimonio real del Valencia CF y de la propia ciudad de Valencia.

Pero Mestalla no es solo emoción. Es también una respuesta racional al problema que el nuevo estadio ha generado. Desde el punto de vista económico, patrimonial, urbanístico y deportivo, la permanencia en Mestalla debería haberse estudiado con rigor como alternativa real frente a una operación que exige al club asumir más deuda, más riesgo, más dependencia de ingresos futuros inciertos y una pérdida irreversible de su hogar histórico.

Nadie serio plantea dejar Mestalla como está. La alternativa es reformarlo, adaptarlo y modernizarlo. Eso exige análisis técnico, urbanístico y económico; exige decisiones complejas; y exige actuar también sobre el suelo del nuevo estadio. Pero complejo no significa imposible. En urbanismo, las situaciones difíciles se estudian, se tramitan y se resuelven cuando existe voluntad política y defensa del interés general.

Presentar la continuidad de Mestalla como algo justificable únicamente desde la nostalgia es una forma de no afrontar el verdadero problema: que el nuevo estadio puede no ser necesario, puede no ser conveniente y puede comprometer aún más la viabilidad del Valencia CF.

La exigencia selectiva: dureza con las iniciativas desinteresadas, indulgencia con el encargo profesional millonario

Resulta especialmente revelador que el artículo examine con tanta severidad una iniciativa ciudadana como Sempre Mestalla, impulsada por aficionados valencianistas, mientras evita aplicar el mismo nivel de exigencia al proyecto profesional del club, encargado durante años a un estudio internacional y con un coste millonario.

Una propuesta ciudadana no tiene por qué tener el grado de desarrollo de un proyecto de ejecución. Su función puede ser otra: abrir un debate, plantear una alternativa, movilizar al valencianismo y exigir que se estudie con rigor una opción distinta a la resignación ante los hechos consumados.

Lo que resulta moralmente inaceptable es descalificar con dureza el esfuerzo voluntario de aficionados que intentan proteger el patrimonio del club, mientras se normalizan y omiten las deficiencias denunciadas en un proyecto profesional que sí debía estar plenamente justificado desde el punto de vista técnico, económico, normativo y administrativo.

Si existen dudas sobre las cifras de Sempre Mestalla, lo razonable es contrastarlas mediante una comparación independiente. Pero esa comparación debe ser completa y simétrica: coste real de terminar el nuevo estadio, coste real de reformar Mestalla, efectos sobre la deuda, ingresos prudentes, riesgos técnicos, cargas urbanísticas, alternativas sobre el suelo del nuevo estadio, impacto patrimonial y protección del interés del Valencia CF.

Exigir perfección al ciudadano voluntarioso y consentir insuficiencias al encargo millonario no es rigor. Es una forma interesada de cerrar el debate.

Irreversible: la ley de la selva frente a las obligaciones de la administración pública

La tesis final del relato favorable al nuevo estadio es que ya no hay marcha atrás. Se invocan el inmovilizado contable, los contratos, la financiación, las parcelas, el convenio, la licencia y los compromisos institucionales para concluir que solo queda terminar.

Esa es la lógica de los hechos consumados. Y aceptar esa lógica equivale a sustituir las garantías propias de una sociedad democrática por la ley de la selva: avanzar lo suficiente, comprometer lo suficiente, gastar lo suficiente y firmar lo suficiente para que cualquier control posterior parezca imposible o irresponsable.

Pero ni el inmovilizado contable ni los contratos privados convierten la operación en irreversible. Pueden exigir ajustes, análisis patrimoniales y consecuencias entre partes, pero no sustituyen el cumplimiento de la legalidad ni eliminan la obligación de control municipal.

Lo mismo ocurre urbanísticamente: habría que revisar usos, cargas, aprovechamientos, convenios y compensaciones. Difícil, sí; imposible, no. En democracia, las dificultades se tramitan y se someten a control; no se usan para imponer hechos consumados.

Lo verdaderamente irresponsable sería aceptar que una actuación se vuelve incuestionable simplemente porque ha avanzado lo suficiente. Si esa tesis se acepta, cualquier mala gestión puede convertirse en irreversible por acumulación de errores. Precisamente para evitarlo existen el control administrativo, la responsabilidad pública, la rendición de cuentas y la tutela judicial.

Conviene recordarlo ahora, porque probablemente será el siguiente desplazamiento del debate: señalar una deficiencia no crea el problema. Lo crea, en su caso, quien la provoca, quien la ignora o quien permite que la actuación avance pese a estar advertido. Si las objeciones formuladas carecen de fundamento, deberán rebatirse con informes, datos y resoluciones motivadas. Pero si se confirman, el debate no podrá desplazarse hacia quien las señaló, sino hacia quienes tenían la obligación de comprobarlas, corregirlas o impedir que produjeran consecuencias.

Por eso este debate trasciende el ámbito del Valencia CF y Mestalla, y adquiere un valor cívico y ciudadano muy relevante.

Preguntas incómodas

Llegados a este punto, es el momento de que el valencianismo y la sociedad valenciana en su conjunto se hagan una serie de preguntas incómodas: ¿sirve esta operación al Valencia CF, a su viabilidad y a su patrimonio? ¿Sirve a la ciudad y al interés general? ¿O sirve a la necesidad de cerrar un problema político, financiero y urbanístico generado durante años por una gestión profundamente dañina para el club?

Resulta significativo que una operación de esta naturaleza haya sido capaz de generar consensos políticos difíciles de imaginar en casi cualquier otro ámbito. En un clima público marcado por la confrontación, que alrededor del nuevo estadio se haya construido una convergencia tan amplia debería invitar a una reflexión serena, no a la aceptación automática.

úvaM no pide adhesiones emocionales ni actos de fe. Pide responsabilidad, rigor, transparencia y control. Que se contesten los informes. Que se expliquen las deficiencias denunciadas. Que se auditen las previsiones de ingresos. Que se analice la viabilidad económica real. Que se justifique cada decisión urbanística. Que el Ayuntamiento ejerza plenamente su responsabilidad. Que no se sustituya el cumplimiento de la ley por la velocidad de una obra.

El nuevo estadio no debe imponerse como una fatalidad. Debe justificarse como una decisión legal, segura, viable, rentable y beneficiosa para el Valencia CF y para la ciudad. Y en estos momentos no lo es.

Si todo se hubiera hecho técnica y administrativamente bien, el debate podría limitarse al terreno estético, sentimental o de oportunidad. Pero eso implicaba un proyecto completo, un análisis riguroso, un presupuesto realista y unos tiempos incompatibles con los plazos del Mundial de 2030, utilizado como excusa para validarlo todo. Y también chocaba con las urgencias de una operación urbanística en la que el papel del Valencia CF parece ser el de servir como garantía.

El relato y los hechos

Después de todo lo anterior, la cuestión queda reducida a una diferencia esencial entre relato y hechos. El artículo de Amunt Mestalla no desmonta los argumentos técnicos, jurídicos, económicos, urbanísticos y patrimoniales planteados; intenta rodearlos, relativizarlos o presentarlos como inevitables.

No rebate las deficiencias denunciadas, sino que las omite. No analiza con rigor la viabilidad económica, sino que confía en previsiones interesadas. No afronta el coste patrimonial de la operación, sino que lo presenta como inevitable. No explica por qué el nuevo estadio es necesario, conveniente y administrativamente admisible, sino que insiste en que ya no hay alternativa.

Por eso la diferencia es sencilla: hay quien defiende el interés del Valencia CF con rigor, independencia y responsabilidad, y hay quien viste de normalidad decisiones que favorecen la continuidad del relato de Meriton, aunque el club siga asumiendo el riesgo, el coste y las consecuencias.

En realidad, como casi siempre, todo se reduce a lo que dijo el añorado Vicente Peris: “Al Valencia se viene a servir, no a servirse.

 

últimes vesprades a Mestalla 

 

 

divendres, 29 de maig del 2026

ÚVAM FORMALITZA LA DEMANDA CONTRA L’AJUNTAMENT PER PERMETRE L’AVANÇ DEL NOU ESTADI MALGRAT LES DEFICIÈNCIES ADVERTIDES

ÚVAM FORMALITZA LA DEMANDA CONTRA L’AJUNTAMENT PER PERMETRE L’AVANÇ DEL NOU ESTADI MALGRAT LES DEFICIÈNCIES ADVERTIDES

La demanda incorpora un informe pericial que acredita greus deficiències tècniques, normatives i pressupostàries en el projecte presentat pel Valencia CF

València, 29 de maig de 2026

últimes vesprades a Mestalla ha formalitzat davant la jurisdicció contenciosa administrativa la demanda contra l’Ajuntament de València per la seua actuació en relació amb el projecte del nou estadi del Valencia CF.

La demanda es dirigix contra la resolució municipal que va desestimar expressament les sol·licituds d’úvaM relatives a la caducitat de la llicència urbanística, l’adopció de mesures per a evitar l’inici de les obres i el pronunciament sobre les deficiències tècniques denunciades en el Projecte d’Execució presentat pel Valencia CF l’11 d’octubre de 2024.

Amb esta actuació, úvaM fa un pas més en l’àmbit judicial en formalitzar la demanda del recurs contenciós administratiu que es va interposar en maig de 2025, en relació amb allò que denuncia des de desembre de 2024: que el document presentat pel club no reunia les condicions exigibles a un verdader Projecte d’Execució i que l’Ajuntament, malgrat haver sigut advertit de manera expressa, concreta i tècnicament fonamentada, va permetre l’avanç de les obres sense abordar materialment el fons de les qüestions plantejades ni realitzar una comprovació tècnica suficient.

A esta falta de comprovació material se suma l’actuació processal de l’Ajuntament, ja denunciada per úvaM, després que el jutjat haja hagut de requerir fins en tres ocasions la remissió completa de l’expedient administratiu.

La demanda s’acompanya d’un informe tècnic pericial elaborat per dos enginyers de Camins, Canals i Ports, que confirma deficiències rellevants en aspectes essencials del projecte, entre elles:

  • el seu manifest caràcter d’“edició preliminar”, incompatible amb un Projecte d’Execució complet i tancat;
  • la improcedència del procediment emprat (certificació ECUV sobre el Projecte Bàsic i declaració responsable) per a iniciar les obres quan, segons sosté úvaM, el Projecte d’Execució incorporava modificacions substancials respecte del Projecte Bàsic certificat;
  • la indefinició de la coberta de l’estadi i de les seues implicacions estructurals, econòmiques i funcionals;
  • l’ús de normativa estructural derogada;
  • l’absència d’una anàlisi suficient sobre la durabilitat i vida útil residual d’una estructura abandonada durant més de quinze anys;
  • deficiències en matèria de resistència al foc, recobriments i seguretat;
  • la falta de definició i pressupost complet de la instal·lació fotovoltaica obligatòria;
  • i l’omissió de partides essencials que impedixen conéixer el cost real de l’obra.

El nucli del procediment és clar: determinar si l’Ajuntament podia mantindre l’eficàcia de la llicència i permetre l’avanç de les obres malgrat les advertències documentades que el suposat Projecte d’Execució no complia els requisits mínims exigibles.

Per a úvaM, el que ha ocorregut ha permés que una estructura susceptible d’adaptació a la normativa vigent, encara que amb més termini, més pressupost i una definició tècnica rigorosa, avance ara cap a una situació cada vegada més difícil de corregir, amb més cost econòmic i més risc per al futur del club. Cap pressió per arribar a determinats terminis, tampoc la vinculada al Mundial de futbol de 2030, pot justificar que es reduïsquen costos, s’acurten temps o es rebaixe el control administratiu en una infraestructura destinada a albergar desenes de milers de persones.

Si el procediment confirma que les advertències tècniques van ser ignorades i que es va permetre avançar l’obra sense les comprovacions exigibles, úvaM promourà les actuacions legalment procedents per a depurar responsabilitats.

Des d’últimes vesprades a Mestalla reiterem que esta demanda respon a la voluntat de defensar el Valencia CF i el seu patrimoni material i immaterial, però també a una exigència cívica elemental de legalitat, transparència i responsabilitat institucional.

Davant d’una operació d’alt risc, basada en un projecte incomplet, en previsions econòmiques incertes i en mans d’una gestió que porta més d’una dècada arrossegant el Valencia CF a la irrellevància i la decadència, úvaM continua defensant que la millor opció per al club és romandre a Mestalla: una alternativa viable tècnicament, convenient econòmicament i posa en valor un patrimoni urbà, sentimental i esportiu únic en la ciutat i en el futbol europeu.

El Valencia CF i la ciutat de València mereixen garanties, rigor tècnic i una Administració que actue com a defensora de l’interés general, no com a simple receptora de les explicacions del promotor.

últimes vesprades a Mestalla

ultimesvespradesamestalla@gmail.com


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ÚVAM FORMALIZA LA DEMANDA CONTRA EL AYUNTAMIENTO POR PERMITIR EL AVANCE DEL NUEVO ESTADIO PESE A LAS DEFICIENCIAS ADVERTIDAS

La demanda incorpora un informe pericial que acredita graves deficiencias técnicas, normativas y presupuestarias en el proyecto presentado por el Valencia CF

Valencia, 29 de mayo de 2026

últimes vesprades a Mestalla ha formalizado ante la jurisdicción contencioso-administrativa la demanda contra el Ayuntamiento de València por su actuación en relación con el proyecto del nuevo estadio del Valencia CF.

La demanda se dirige contra la resolución municipal que desestimó expresamente las solicitudes de úvaM relativas a la caducidad de la licencia urbanística, la adopción de medidas para evitar el inicio de las obras y el pronunciamiento sobre las deficiencias técnicas denunciadas en el Proyecto de Ejecución presentado por el Valencia CF el 11 de octubre de 2024.

Con esta actuación, úvaM da un paso más en el ámbito judicial al formalizar la demanda del recurso contencioso-administrativo que se interpuso en mayo de 2025, en relación con lo que viene denunciando desde diciembre de 2024: que el documento presentado por el club no reunía las condiciones exigibles a un verdadero Proyecto de Ejecución y que el Ayuntamiento, pese a haber sido advertido de forma expresa, concreta y técnicamente fundada, permitió el avance de las obras sin abordar materialmente el fondo de las cuestiones planteadas ni realizar una comprobación técnica suficiente.

A esta falta de comprobación material se suma la actuación procesal del Ayuntamiento, ya denunciada por úvaM, después de que el juzgado haya tenido que requerir hasta en tres ocasiones la remisión completa del expediente administrativo.

La demanda se acompaña de un informe técnico pericial elaborado por dos ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, que confirma deficiencias relevantes en aspectos esenciales del proyecto, entre ellas:


  • su manifiesto carácter de “edición preliminar”, incompatible con un Proyecto de Ejecución completo y cerrado;
  • la improcedencia del procedimiento empleado (certificación ECUV sobre el Proyecto Básico y declaración responsable) para iniciar las obras cuando, según sostiene úvaM, el Proyecto de Ejecución incorporaba modificaciones sustanciales respecto del Proyecto Básico certificado;
  • la indefinición de la cubierta del estadio y de sus implicaciones estructurales, económicas y funcionales;
  • el uso de normativa estructural derogada;
  • la ausencia de un análisis suficiente sobre la durabilidad y vida útil residual de una estructura abandonada durante más de quince años;
  • deficiencias en materia de resistencia al fuego, recubrimientos y seguridad;
  • la falta de definición y presupuesto completo de la instalación fotovoltaica obligatoria;
  • y la omisión de partidas esenciales que impiden conocer el coste real de la obra.

El núcleo del procedimiento es claro: determinar si el Ayuntamiento podía mantener la eficacia de la licencia y permitir el avance de las obras pese a las advertencias documentadas de que el supuesto Proyecto de Ejecución no cumplía los requisitos mínimos exigibles.

Para úvaM, lo ocurrido ha permitido que una estructura susceptible de adaptación a la normativa vigente, aunque con mayor plazo, mayor presupuesto y una definición técnica rigurosa, avance ahora hacia una situación cada vez más difícil de corregir, con mayor coste económico y mayor riesgo para el futuro del club. Ninguna presión por llegar a determinados plazos, tampoco la vinculada al Mundial de fútbol de 2030, puede justificar que se reduzcan costes, se acorten tiempos o se rebaje el control administrativo en una infraestructura destinada a albergar a decenas de miles de personas.

Si el procedimiento confirma que las advertencias técnicas fueron ignoradas y que se permitió avanzar la obra sin las comprobaciones exigibles, úvaM promoverá las actuaciones legalmente procedentes para depurar responsabilidades.

Desde últimes vesprades a Mestalla reiteramos que esta demanda responde a la voluntad de defender al Valencia CF y su patrimonio material e inmaterial, pero también a una exigencia cívica elemental de legalidad, transparencia y responsabilidad institucional.

Frente a una operación de alto riesgo, basada en un proyecto incompleto, en previsiones económicas inciertas y en manos de una gestión que lleva más de una década arrastrando al Valencia CF a la irrelevancia y la decadencia, úvaM sigue defendiendo que la mejor opción para el club es permanecer en Mestalla: una alternativa viable técnicamente, conveniente económicamente y que pone en valor un patrimonio urbano, sentimental y deportivo único en la ciudad y en el fútbol europeo.

El Valencia CF y la ciudad de València merecen garantías, rigor técnico y una Administración que actúe como defensora del interés general, no como simple receptora de las explicaciones del promotor. 

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