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dijous, 18 de juliol del 2013

¡Adiós, Mestalla!

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Hui fa un més que es consumà la desaparició de la UD Salamanca. Amb eixa desafortunada circunstància hem volgut demanar-li un text al nostre col·laborador Ángel Martín Fuentes, editor del blog Desde mi grada vieja y autor del text El 10 de Kempes publicat al nostre blog i al nostre llibre. Des d'ací volem expressar la nostra solidaritat als qui, com Ángel, es troben davant una situació tan inimaginable com és la desaparició del seu equip: una forta abraçada.
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Once de la U.D.Salamanca que se enfrentó al C.D.Mestalla en la temporada 51-52. 
Forman de pie de izq a dcha: Goyo, Gutiérrez, Tomás, Torres, Noreña, Paquito, Larrarte. Agachados de izq. a dcha: De la Mata, Fausti, Uroz, Urre y Herrero.
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Siempre imaginé que en el interior de todo aquello (cosas, lugares, entidades…) que no tienen vida; descansan alojados sentimientos.

Sentimientos, seguro, que fueron contagiados a esas cosas por todas aquellas personas que formaron parte o se relacionaron de alguna forma con ellas a lo largo de los años y cuyas experiencias y situaciones vividas juntos, les fueron calando, igual que nos sucede a las personas con el paso del tiempo.

Así, las cosas “inertes” del fútbol no iban a ser menos, y pienso que los estadios y los equipos acumulan “dentro” sentimientos y hablan entre ellos, se cuentan cosas…

Estoy convencido, por tanto, que en este último mes, desde el pasado 18 de Junio en el que se dio el paso definitivo para la liquidación y por tanto muerte de la Unión Deportiva Salamanca, (equipo que siento mío y del que he sido socio desde niño) ésta, se ha ido despidiendo de todos y cada uno de aquellos equipos, estadios…a los que se enfrentó y por los que paseó su escudo durante los 90 años que la dejaron vivir…y que duró su historia.

Despedida a su manera, despedida desde ese corazón de lo inmaterial, transmitiendo el cariño trasladado por las personas, jugadores, socios y unionistas de corazón que la integraron desde 1923... y que acumularon su cariño en ella.

Gracias a los responsables de este Blog y con la oportunidad que hoy me brindan; a través de mi persona y modestamente; hoy le doy forma con este texto, a esa despedida que imagino de la Unión Deportiva Salamanca al estadio de Mestalla:

En ocasiones; la relación histórica entre un equipo grande y uno modesto, puede parecer escasa, incluso insignificante; una gota diluida en la descomunal historia y el descomunal número de partidos que de primera división y de competición europea contemplasteis los aficionados valencianistas; frente a las sólo doce temporadas que la Unión vivió en campos de primera.

Pero yo soy de los que piensa que en la historia todo tiene importancia y que cualquier suceso del pasado tiene su influencia en el futuro, por muy pequeño que el gesto parezca, incluso en la historia de un equipo grande.

Así, el vínculo histórico de la UDS con el estadio ché, más o menos relevante pues, según se mire; sumó 18 encuentros.

Los que reunió la UD Salamanca para medirse al CD Mestalla en cuatro ocasiones y otras 14 para enfrentarse al Valencia CF.

Fue allá por los lejanos 40 en tercera división cuando la Unión pisó por primera vez el estadio valencianista; junto con otras tres temporadas consecutivas en los años 50 en segunda división para enfrentarse al CD Mestalla; que como filial valencianista disputaba sus partidos en el estadio de la Avenida de Suecia.

Uno de los mejores equipos de la historia unionista, el de la 50-51, fue el primero que consiguió sacar algo positivo del estadio y el primero que batió las redes del mismo; con un gol obra de Loren; en el empate a uno final de aquel encuentro. Del mismo modo; que un año después, en la temporada 51-52; la coincidencia de grupo hizo que la UDS tuviera el privilegio de medirse en el mismo verde con el mejor equipo filial valencianista de todos los tiempos; aquel que sólo su condición de vinculado le impidió subir a primera.

Pasaron casi 25 años hasta la vuelta del conjunto charro al campo de la ciudad del Turia; y en aquella ocasión fue entonces por la puerta grande; aquel regreso al césped valenciano se produjo en 1975 para enfrentarse por primera vez de forma oficial al Valencia CF, en primera división y con las cámaras de TV en directo.

Salida al terreno de juego de la UDS, con Rezza y Sánchez Barrios a la cabeza, en la temporada 74-75 
para medirse al Valencia CF por primera vez en su historia en Mestalla con las cámaras de TV en directo.

Fueron catorce partidos en total en los que Mestalla recibió al club charro desde ese lejano 1975 hasta el día de hoy; catorce partidos que tristemente no aumentarán en número porque la Unión Deportiva Salamanca dejó de existir para siempre…dejando para el recuerdo muchos pasajes que quedarán en la historia, anhelada ya hoy por los unionistas, de un equipo pequeño, pero de corazón grande que tuvo el honor de jugar en Mestalla…

Así, los dos goles de Pepín en el debut charro en Mestalla en primera que contrarrestó en diez minutos los de Claramunt y Quino Sierra, el partidazo de Keita y Rep en la 75-76 y el gol de Planelles a D’Alessandro, el empate a cero en día de resaca fallera en el 77 y el gran partido de Juanjo, Alves y Pérez, el extraño penalti anotado por Albadalejo en el 3-1 de la temporada siguiente y el primer doblete de Kempes, el diluvio de Enero de 1979 con un Mestalla anegado que presenció un pobre 0-0 bajo aquel “Tambor de lluvia” y con TV, el gol de Diarte a sus ex en el 2-2 de la 79-80 y el empate final de Bonhof de golpe franco, el fallo de Antonio y el gol de Saura en el 80, el gol de Brizzola en el 82 en la goleada por 4-1, los dos partidos de vuelta en Copa del Rey en 1987 y 1995, el gol de Biota que metió el miedo en el cuerpo al estadio y que acercó a aquel equipo de 2ªB a la prórroga, los goles de Poyatos y Viola en el 96, la única victoria en Mestalla vestidos de morado en el 97 el día que se estrenaba el PPV con aquel cabezazo de Pauleta y el adiós de Roig a la presidencia del club o aquel último partido en el 98 y el gol de Angulo a Stelea… muchos y más, formarán juntos un capítulo en ese libro imaginario póstumo de la UDS dedicado a sus devenires en uno de los templos del fútbol español; en Mestalla.

Pero desgraciadamente la Unión no volverá a pisar vuestro estadio. Con la desaparición de un club que este año cumplió 90 años, se marcha un poco de mí, un poco de todas y cada una de aquellas personas y aquellas cosas que aportaron su granito de arena para forjar su historia y lamentablemente a los unionistas sólo nos quedará la memoria para honrarla. Nada ni nadie podrá sustituirla, aunque lo estén intentando tristemente sobre sus cenizas.

Dieciocho trozos de Mestalla, en forma de partidos, en forma de vivencias, en forma de sentimientos, también se fueron con la Unión hoy hace un mes, con la firma de su liquidación definitiva.

Hoy sólo me queda el consuelo de saber que la Unión desde ese cielo de los equipos donde ya descansa; se sigue despidiendo…hoy de ti; con un sentido:

—¡Adiós Mestalla!…

Y sí, sé que sigue recibiendo respuestas…hoy también de ti; con un hermoso:

—¡Adiós Unión Deportiva Salamanca!


Ángel Martín Fuentes
Socio de la UD Salamanca
FOTOS: Archivo de Loren Ruano, Libro Temporada 74-75 de Carlos Gil Pérez
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dilluns, 22 d’octubre del 2012

20 de Octubre de 1982

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Fecha por todos recordada, sobretodo en la comarca de La Ribera, debido a la rotura de la presa de Tous tras la impresionante tromba de agua que cayó durante la jornada. Ahora que se cumplen 30 años y se han hecho reportajes varios, yo también he empezado a recordar y, como casi nadie recuerda que aquella noche el Valencia jugó en Mestalla (para entonces Luis Casanova) partido de UEFA y yo es lo que viví pues también me he decidido a contar lo que recuerdo.

En aquella maldita fecha hablar de fútbol parece grotesco pero al Valencia le tocó jugar a pesar de que no debió hacerlo. El colegiado parecía desconocer la tragedia que estaba formándose en la provincia de Valencia y decidió no suspender el encuentro y ceder a las presiones de los checos que querían seguir jugando. Sí que recuerdo que la segunda parte se demoró unos 40 minutos porque la tromba de agua era increíble. En la primera parte también estuvo cayendo lo suyo aunque dio una pequeña tregua. Pero el campo estaba ya impracticable y sólo Welzl a un pase de Kempes a trompicones luchando contra los charcos pudo marcar antes de terminar la primera parte. Alguna gente de la tribuna se fue a casa en ese momento de la suspensión y por lo que decía la radio sobre la situación.
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En la segunda parte, Solsona y Carrete centrando balonazos a Kempes y Saura porque la pelota ya no podía ni rodar por el césped. Yo creo que fue una de las victorias más tristes en la historia de Mestalla. Cabe decir que seríamos unos 8000 0 9000 en el estadio, gente de la capital porque la jornada se puso muy fea para los aficionados que debían llegar en coche desde los pueblos.

Yo vivía entonces en Cirilo Amorós casi esquina con Ruzafa y a la vuelta estuvimos escuchando el transistor pero ya no hablaban del partido pues las programaciones se interrumpían dando alertas de emergencia para los habitantes de La Ribera diciendo que la presa estaba cediendo y la verdad es que era escalofriante sólo escucharlo. Por la calle árboles y señales de tráfico arrancados por el fortísimo temporal. Incluso el semáforo que estaba en Sorní con Plaza América. Y ni un alma caminando, lógicamente. No quiero ni pensar el miedo que pasaría toda la gente de Alzira, Carcaixent, Sumacàrcer, Gavarda etc. También te paras a pensar en la vida en sí.

Allí estábamos en estadio viendo un partido de fútbol sin saber del todo bien la tragedia que estaba iniciándose a apenas 40 kilómetros. También piensas en los escasos medios que entonces disponíamos para catástrofes de esta magnitud y que, milagrosamente, no se perdieron más vidas en aquel desastre. Sin duda, para muchos valencianos aquella fecha está marcada por razones obvias. Para mi, aquel encuentro fue "el partido de la Pantanada de Tous".


Fernando Belda Sóller
Socio del Valencia CF
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dilluns, 22 d’agost del 2011

Nits d´adéus

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La meua memòria recorda amb una nitidesa acceptable tres d'elles. Jo les entenia com aquell homenatge que el club només rendia als més grans, a aquells que havien deixat una emprenta important en la gespa de Mestalla.

Sincerament, en l'última dècada, el futbol no ha sigut un fidel company de viatge de la meua vida i desconec si s'ha perdut la tradició. Però sí recorde perfectament aquells comiats u homenatges a 3 dels més destacats futbolistes de la història recent del València CF.

Recorde amb afecte aquella nit d'Agost del 85, 12 dies després del meu aniversari. De fet va ser la segona sorpresa perque la primera va ser una equipació de la senyera: samarreta, pantalons i mitjanes de Ressy que quasi tots els xavals voliem. Abans de traspassar el vomitori de l'amfiteatre vaig poder vore la famosa lluminositat que donava pas a un verd com els tapissos aquells de les taules de jocs d'atzar. És com si aqueixa experiència que tots hem tingut la tornarem a reviure com un fotograma quan traspassem el llindar de la mort. Bé, l'homenatge en qüestió era a Enrique Saura, el capità que havia alçat la Recopa en Heysel i jo havia escoltat tantes vegades.. Repassant algunes cròniques ara sé que Saura encara estava en actiu en el Castelló en aquella temporada 85/86 que anava a començar i que seria d'autèntic malson per a la parròquia valencianista. Poca gent en l'estadi i xiulets per a un mal joc d'un València apagat davant el gran Peñarol dels 80 que campeonaba a Uruguai any rere any. Tot un presagi del que significaria aquella temporada que anava a començar.

Ricardo Arias es va acomiadar de Mestalla una nit de Juny de 1992. Amb la lliga acabada i les vacances d'estiu molt a la vora, vaig anar amb el meu pare qui em va portar de nou a aquell amfiteatre per a veure l'adéu del 4 valencianista durant 16 anys (també Arias acabaria els seus dies com a jugador en el CE Castelló). Sincerament tampoc recorde massa expectació en aquella trobada però alguna cosa se m'ha quedat gravada en la ment: la cançó que l´antic Yomus li va dedicar "al rey del àrea", un bonic gest que tot l'estadi va aplaudir. El rival era d'entitat, el Barça del "dream team" recentment proclamat campeó d'Europa un mes abans en l'antic Wembley. L'espectacle va ser de bó, sis gols en total encara que el segon de Roberto no el vaig vore perquè estava contemplant com un grapat d´energumens dels "boixos nois", situats al sector 28 havien començat el seu particular "partit" amb els espectadors de la general Sud. L'ovació de l'estadi fou per als antidisturbis quan els varen fer córrer numerada cap a baix.. Trista anècdota per a gran moment però supose que tot forma part dels nostres records..Paco Camarasa va heretar el dorsal 4 que Arias li cediria cavallerosament en la seua substitució.

Just un any després, un altre ídol de l'època daurada del València dels 70 va rebre el seu merescut homenatge. Mario Kempes tornava a xafar la gespa de Mestalla i l'afició va respondre malgrat la fresca nit d'Abril que varem tindre. Recorde que havia plogut durant tota la vesprada i el cel va concedir una treva abans del partit com si vullguera respectar la nit del Matador. Kempes havia demanat durant la setmana que no hagueren pancartes en l'estadi i açò es va complir. Va haver-hi un lliurament de regals i records abans de l´encontre, amb un Mario vestit de nou de blanc i un poc nerviós, prop de l'eixida de vestuaris. La veritat és que el temps semblava haver-se detingut. Kempes no havia canviat massa, l'estadi tampoc i la indumentària blanca no oferia variacions importants. Crec que va ser un comiat molt emotiu. Allí varen estar quasi tots, Don Arturo Tuzón, el president de la RFEF, un representant de l´AFA, les penyes, jugadors que havien coincidit amb ell i estaven encara en actiu com Roberto, Fernando o Sempere... etc... Jo no recordava el joc de Kempes però em va encantar la frase que va dir abans del partit a un mitjà local: "..Yo en los entrenamientos me mataba y en la cancha me divertía..". Em va semblar que els prolegomens del partit fòren una mica extranys. La temporada l'estava sent, haviem començat prou malament i la presència del PSV de Romario no ajudava molt. Realment havien dos protagonistes en aquella trobada, l'homenatjat i el brasiler al que quasi es donava per fet que lluiria l'escut valencianista al pit la pròxima temporada. Les ovacions més fortes de la nit fòren per a Kempes i Romario quan la megafonia va anunciar les alineacions i quan marcaren 3 gols cadascun. Si no recorde malament, el Matador marcaria un d'ells de falta i un altre amb una classe impressionant en retirar el peu en l'últim instant per a no colpejar la cara del porter holandés. Quan Romario marcava un, la tribuna es girava a la llotja i quan Kempes feia el propi, l'estadi va començar a cridar "fíchalo, fíchalo"...Tot molt faller, com quasi sempre que tinc records de Mestalla..cal dir que no he presenciat més partits homenatges i ni tan sols sé si s'han produït en el vell Mestalla...Ell i jo ens hem anat separant sense saver molt bé per qué, com alguns vells matrimonis que en el fons s´estimen. Sempre em quedaran els records perque formen i formaran part de la meua vida.


Fernando Tomás Puchades
Antic soci del Valencia CF
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divendres, 15 de maig del 2009

Sábado, sabadete, partido bueno y polvete

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Hace ahora medio siglo Mestalla vio la luz por primera vez. La artificial, la que irradian los focos y permite jugar partidos nocturnos sin que el espectador pierda detalle. Poco después de aquel avance tecnológico, el Valencia instauró la sana costumbre de disputar sus partidos, en verano, primavera y principios del otoño, a las diez y media de la noche de los sábados. Mestalla se convirtió, gracias a aquella medida, en el único estadio del mundo en el que los partidos comenzaban un día y acababan al día siguiente, aunque el margen de tiempo que traspasaba el umbral de los días fuera digno de “Los cronocrímenes”.

Tan curioso horario ha gozado de un gran predicamento entre los aficionados valencianistas. Un encuentro a esa hora era equiparable a ir al cine con la pareja. Con una diferencia: al fútbol, en la mayoría de los casos, no se va con la pareja, sino con los amigos. Así que el plan era el perfecto. Comenzaba a las ocho de la tarde, hora prudente para salir de casa, y continuaba con la tradicional ingesta de alimentos ricos en colesterol (bocadillos de blanco y negro con habas y patatas, de calamares con all-i-oli o de sepia con chorreante mayonesa) regada con vino peleón o cerveza a granel, el imperdonable carajillo y un purito barato para experimentar la sensación de ser un ocupante de la tribuna del estadio. El partido venía después, con la bochornosa noche valenciana cayendo con toda su humedad sobre las gradas y el espíritu vivo de creer que esa temporada podríamos ganar algo.

Los partidos a las diez y media de la noche crearon alrededor de Mestalla una infraestructura de ocio singular. No en vano, los avispados empresarios valencianos entendieron muy pronto que cada dos semanas se reunían en el coliseo valencianista más de 30.000 personas ávidas de diversión. Bastaba esa cita quincenal para amortizar la inversión. Primeros fueron los bares, luego las tabernas y cafeterías, más tarde los restaurantes y ahora hay también locales donde ofrecen cenas para llevar. No tengo ninguna evidencia empírica, pero me atrevería a afirmar que ese horario nocturno también propició la apertura de locales donde se podía disfrutar del sexo a cambio de dinero.

Los puticlubs forman parte del paisaje de Mestalla desde que la noche se hizo valencianista. Si los clientes habituales de esos locales son casados insatisfechos, separados con poca suerte, jóvenes con pocas ganas de perder el tiempo ligando, noctámbulos enfarlopados, ejecutivos con canas voladoras, viajantes solitarios y pandillas de amigos con ansias de aventuras fugaces, ¿por qué no podían serlo también quienes salían de ver un partido de fútbol? Si el Valencia había ganado, la mejor forma de celebrarlo era con unas copas en el cuerpo y un polvo como reedición de los goles del equipo. Si había perdido, el aficionado buscaría el calor y la comprensión de una mujer anónima que no preguntaba y ayudaba a olvidar las penas con su cuerpo.

Durante años, las calles adyacentes a Mestalla acogieron dos o tres locales de alterne dispuestos a acoger a aquellos aficionados que buscaban diversión y sexo después de los partidos. Para muchos valencianistas, nombres como Las Divinas, Isa Divina o Bunny's han estado tan ligados al recuerdo de las noches de fútbol como los goles de Kempes, las carreras por la banda de Valdez o la templanza de Pepe Claramunt. Y mucho más que los resbalones de Welzl, las patadas de Aliaga o la desesperación que provocaban las “voltetas” de Castellanos.

La Liga de Fútbol Profesional y las televisiones mataron el sexo cerca de Mestalla. Los absurdos e impredecibles horarios de los partidos que se juegan ahora han fulminado una tradición que hacía buena aquella máxima popular de que el sábado es el día indicado para liberar los impulsos seminales. Sólo queda un local, el Bunny's, que ni siquiera abre muchos de los días en que hay partido.


Paco Gisbert
Socio del Valencia CF
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dilluns, 3 de novembre del 2008

La foto sin Antón

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Mi madre prepara los bocadillos para mi padre y para mí y los envuelve en papel de periódico. Nos da un beso y al coche, corriendo. Nos acercamos con el Gordini hasta el Mestalla, nadie lo llama Luís Casanova, qué difícil encontrar aparcamiento, al fin un hueco, vamos al bar de Micer Mascó en el que hemos quedado con los amigos de siempre. Un doble para mí y una Mirinda de limón para mi hijo, por favor. Bueno, ya estamos todos, vamos ya. La marea de gente nos comprime y nos empuja, todos queremos entrar al mismo tiempo, a última hora, tradición local. El portero nos revisa los pases, entramos y subimos por las escaleras que suben hasta el cielo. Al fin la grada, sector 28, las luces de los focos que lo iluminan todo, el perfume maravilloso de la hierba, de los bocadillos que lleva todo el mundo para la cena en el descanso, nos sentamos entre los demás, la almohadilla está casi tan dura como el cemento de la grada. La voz de siempre canta la alineación y nosotros la jaleamos, con las gargantas estremecidas, Abelardo... ¡bien!, Sol... ¡bien!... El Valencia sale por fin al son del pasodoble, la hinchada ruge, yo rujo, yo uno más, mi grito uno más.

Mi padre me dice que no me entretenga. Ya me he quitado el pantalón que he traído y bajo corriendo por las gradas hasta llegar al campo. Busco a Finezas, el fotógrafo del club, mi padre lo conoce y ya ha hablado con él, es mentira que el corazón no alcance las mil pulsaciones. Ponte aquí, chaval, en este lado, así, no os mováis que el chiquillo tiene mucha ilusión, es un momento. Abelardo me pone la mano en el hombro, nos ilumina el flash de la cámara, los jugadores me sonríen y se preparan para la foto oficial, la que saldrá en los periódicos de mañana. Corro otra vez por las escaleras. La gente me aplaude y me dice cosas mientras subo otra vez a mi asiento, me dirá más tarde mi padre; yo estoy, sin embargo, en otro mundo. Tengo nueve años, tendré nueve años desde ese momento y para siempre en esa foto, y aún creo que la vida va a ser eternamente así, que esa emoción, esa sensación embriagadora, se irá repitiendo misteriosamente a lo largo de los años. Qué tonto. Qué niño.

Septiembre del 71. No era un partido cualquiera. Mestalla asistía, por primera vez en su larga historia, a un encuentro de la Copa de Europa, contra un equipo luxemburgués. Hubo goleada del Valencia, 6-0 o 6-1, no estoy seguro. Ya sé que los conocéis, pero me encanta nombrarlos. De pie: Abelardo, Sol, Aníbal, Martínez, Videgany y Claramunt. De rodillas: Sergio, Lico, Forment, Paquito y Valdez. No jugó Antón, mi ídolo de entonces, estaba lesionado, qué pena la foto sin él.

Javier Cerdán San Pedro
Socio del Valencia CF
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divendres, 24 d’octubre del 2008

“Animeu, animeu, que el món s’acaba”

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Tinc molt mala memòria. Sóc incapaç de recordar els fets concrets que he viscut, així que el meu cervell ha decidit amuntonar-los en grans sacs informes sense més especificació que una etiqueta on hi ha diversos noms de llocs, persones i períodes de temps, acompanyada d’una qualificació determinada de sensacions: bons records, mals records, normalets, tristos, feliços, amargs, alegres, vergonyants... El sac que posa “Mestalla, Fons Sud, General de Peu, Gol Gran, València CF, Jorge, Rafa Lahuerta, Cherokee, Adolescència” també hi diu “Felicitat”.

A l’interior del sac hi ha una sèrie de records rebolicats que combinen fets concrets relacionats amb l’equip i evocacions personals viscudes sempre a la mateixa grada. Per una banda, les carreres de Mazinho, les pujades del xufa Giner, els llançaments de falta de Pedja, les celebracions de Zubi, les entrades de Poyatos, les eixides espectaculars de Gálvez, els penals de Mendi, les pujades d’Angloma, el gol de vaselina d’Illie, els esprints del Piojo, els centres de Farinós, les derrotes contra el Barça, el gol de Pauleta, les mocadorades, les victòries contra el Madrid o el Bayern de Münich... I, per l’altra banda, les llargues i volgudes esperes a la grada una hora i mitja abans que començara el partit, els entrepans del descans, els ratpenats sobrevolant l’estadi a poqueta nit, els habituals del Fons i sobretot, sobretot, la festa que suposava l’animació continua.

“Animeu, animeu, que el món s’acaba” era un dels lemes repetits cada dos setmanes en el fullet que repartia la Penya Gol Gran. I així ho recorde, com si el món s’haguera d’acabar i no ens importara una altra cosa que animar el nostre València. No enteníem per què la resta de Mestalla no feia el mateix, però no ens importava. Érem incansables i amb Rafa Lahuerta al micròfon cantàvem i cantàvem. Els fets no els recordaré massa bé, però els càntics no se m’esborraran mai, potser perquè no els conserve al cervell sinó que els tinc gravats al cor amb tinta indeleble: del mític “Camino Soria” (“si Fernando brilla esto será un festival...”) als més simples “Lubo, Lubo”, “Uh ah, Viola” o “Mi amigo Patxi Ferreira”, passant per “Blanc i negre tenim el cor” o totes les formes possibles dels “València”, “Forza València” i “Ale València” (la nostra passió).

Després, tot just quan es va acabar la General de Peu (i tot just quan començàrem a guanyar títols), vaig deixar d’anar al camp. M’he limitat a patir o a alegrar-me des de casa, allà on fóra. En tot cas, d’haver tornat al Mestalla, tampoc crec que ho haguera gaudit com vaig fer-ho aquells tres o quatre anys inoblidables. Sóc dels que no entén anar al futbol sense animar constantment. Com li vaig llegir a un dels millors periodistes esportius d’estes contrades si de mi depenguera rehabilitaria la General de Peu, els partits a les 22:30 h. i el vell Mestalla que ara se’n va. En qualsevol cas, ell se n’anirà, però el meu sac de records al cervell i de càntics al cor persistirà. Com se sol dir, el vell Mestalla continuarà existint fins que el darrer dels nostres, els que l’hem xafat, l’hem viscut i l’hem estimat, se’n vaja d’este món. Mentrestant, ja sabeu: “Animeu, animeu, que el món s’acaba”.


Vicent Baydal
Accionista del València CF
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dijous, 2 d’octubre del 2008

Una banda sonora

·El que un podia o no podia fer als catorze o quinzes anys estava marcat per la festa de les Falles. Cada nou any implicava un progrés addicional en la llibertat lligat a la maduresa. Potser fóra l'any 1977. El carrer de Cadis, des de Trànsits i el Bar “La Pèrgola” fins a arribar a la Gran Via de Germanies, ja va tindre per sempre, amb aquella xica al meu costat, una banda sonora per a una primera eixida nocturna a vore el castell de focs artificials. Potser fóra la música de “Saturday night fever”, amb els Bee Gees i Tavares que vam vore d’estrena en el Cine Oeste el meu cosí Pepito Alonso i jo, perquè u, en el fons, no va tindre en casa la Col•lecció Austral de l'Editorial Espasa, la Deutsche Gramophon no es va adquirir per genètica sinó per hàbit, i durant alguns anys Albert Hammond, Fórmula V o Camilo Sesto guanyaven per golejada a la Nova Cançó. En aquells temps, quan acompanyava mon pare per les obres de Castellar, la Fonteta, el Tremolar o el Forn d'Alcedo, el que escoltàvem era “Música mientras trabaja”, en Radio Popular, amb els Piscis recordant les Virgos “en una tarde de domingo en la discoteca Bony de Torrente”, a Boney M amb “My Baker”, a Barry White i el so Filadèlfia, encara que pitjor haguera sigut decidir-se per Pablo Abraira, “Gavilán o Paloma”.

Potser aquell modest èxit, acostar-se fins al cine Júnior, i a pesar del terror, ser capaç d'agafar de la mà a una xica, va tindre a vore amb la decisió de comprar el paquet complet de les tres entrades del Trofeu Taronja, quedar-me a València i esperar que aquell detall de qualitat fallera em proporcionara algun èxit en les meues aproximacions femenines. Secretament vaig reservar per al segon partit, el que enfrontaria als equips invitats, la possibilitat d'absentar-me cas d'aconseguir alguna eixida emocionalment productiva.

Com el València vaig sestejar durant aquells quatre mesos i vaig acabar la temporada escolar sense cap indici de color. Aquella primera eixida estiuenca, disposar de les claus de casa i quedar-me sol a València es va saldar amb el fracàs. Mentres els meus pares i els meus germans estaven a Monserrat em vaig engolir els tres partits del Trofeu Taronja, els tres entrepans abans de començar el partit, les tres anades i tornades a Mestalla, sense cap oferta de partit sentimental. Per això, quan els estetes del futbol lamenten determinades temporades, em recorde d'aquell segon partit estúpid del Trofeu Taronja, en el que vaig aprendre que en el meu cas l'èxit sentimental vindria per la casualitat i no per complicats treballs lligats a l'estratègia o l’astúcia, i en els que em vaig iniciar sense remei a la rutina i a la resignació. Res podia passar en un partit Borussia Möenchengladbach-Vitoria de Setúbal d'un diumenge del mes d'agost de 1977. No va haver banda sonora més enllà de la salmòdia de la propaganda en la megafonia i dels pollastres de Casa Cesáreo: “Después de este partido, merendará, cenará, o tomará un estupendo resopón en Casa Barrachina”. Tot es va reduir simplement a triar un trajecte per a l'immens cansament de la tornada, i aquell va ser per Cardenal Benlloch, Eduardo Boscá, Peris Valero i Carrera de Sant Lluís: el retorn solitari amb la por a ser atracat en la ciutat buida, en els llavis un nom desgastat, la convicció que encara haurien de passar molts anys, moltes corbates nugades, centenars de trajectes en aquell autobús circular de les grans vies, quatre vegades vint, per a meréixer les mirades, eixes que presidirien el retorn dels llavis amables, l'assumpció dels rostres, la paraula que serviria per a acostar les mirades, el sabor de la nostàlgia que tindria per sempre el gust dels cigarrets llavors innocents, el pressentiment que hi hauria un dia, amb vesprades dolces, paraules inventades, nous blaus en un cel que de sobte voríem tendre, amb el cor eixamplat, i la brisa agitaria les banderes, i esta vegada sí que hi hauria banda sonora, sense motiu definit i sense raons per a justificar una alegria íntima i recuperada.

Ho recordava trenta-un anys després, en el partit contra el Saragossa. Parafrasejant a aquell altre, darrere de cada símbol, de cada himne, bandera o peluca taronja pot haver un signe d'humiliació i barbàrie, o un signe de civilització, un detall d'emocionada i íntima alegria. Aquell dia, una vegada guanyat el partit i mentres tot el món fugia molt de pressa, li vaig dir al meu fill que ens quedàrem per a disfrutar uns moments en silenci de Mestalla: les banderes, els programes de mà, restes de la batalla, els tècnics lluitant amb els cables, els somriures i els núvols en el cel. Vam poder dir com Josep Pla quan va acudir a la Conferència dels aliats en San Remo en els anys 20. Va visitar el cap de premsa del ministre d'Assumptes Exteriors de França, va escoltar desenes d'explicacions de política exterior, de diplomàcia contumaç i experts discursos estratègics. I va titular la seua primera crònica com a corresponsal: “El cielo de San Remo es demasiado azul”. Després d'aquell 1 a 0, Mestalla olia a pits adolescents en una “verbena” de barri en falles. I la banda sonora tornà a ser, potser com en 1977, una cançó de Chicago, “If you leave me now”.


Miquel Nadal
Soci del València CF
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