dilluns, 30 de març del 2009

Els nostres primers campions

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Un xicotet homenatge a les nostres desaparegudes seccions esportives


Final del Campionat de Copa d’hoquei herba, disputada a Mestalla (La Semana Gráfica, 4 d’abril de 1931)

Mestalla, enguany serà per última vegada escenari de la final del campionat de copa. Al llarg de la seua història, el nostre camp, ha sigut escenari de moltes finals de futbol: 1926, 1929, 1936, 1990, 1993, 1998 i l’última l’any 2000.

El que ja no es tan conegut és el fet que també el nostre estadi ha sigut escenari de finals d’altres disciplines esportives.

Per altra part, segurament, si preguntem a quansevol dels nostres aficionats per quin va ser el primer títol nacional guanyat pel nostre club, tots diran sense dubtar que la Copa de l’any 1941, guanyada pels: Pío, Alvaro, Juan Ramón, Sierra, Bertolí, Lelé, i la “Elèctrica” dels Epi, Amadeo, Mundo, Asensi i Gorostiza.

I tindrien raó, si parlarem de futbol. Però, afortunadament, fins al temps del “València campió” de Paco Roig, el nostre club contava amb diferents seccions esportives que trobaven caliu baix les ales del rat penat.

Precisament, una d’estes seccions va ser la primera en aconseguir per a la nostra entitat un Campionat d’Espanya, l’any 1931 i davant un dels nostres grans rivals esportius: el FC Barcelona. La secció no era altra que la d’hoquei herba, creada pocs anys després de la fundació del club.

Eixe any, després d’una brillant temporada, el nostre equip es va classificar per a jugar la final del campionat d’Espanya, que es va disputar a Mestalla el dia 29 de març.

A la premsa de l’època podem llegir la següent crònica:

La final del campeonato de España de hockey fué una cosa soberbia. ¡Palabra que no sospechábamos que el Valencia H.C. jugara tanto!”. (La Semana Gráfica, 4 d’abril de 1931).

El partit finalitzà amb empat a un gol. Uns dies més tard, el partit es va repetir a Borriana. Millor dit hauria d’haver-se jugat, ja que l’equip català no es presentà al·legant que al ser entre setmana els seus jugadors no podien desplaçar-se per la seua condició d’amateurs.

Este fet, provoca un allau de reaccions i sancions per part de la Federació Espanyola d’Hoquei, i la decisió d’otorgar-li el títol al nostre equip, convertint-lo en el primer equip valencià que guanyava un campionat esportiu a nivell estatal.

Desgraciadament, hui possiblement ningú recordarà esta gran fita esportiva i segurament este fet serà desconegut fins i tot per al propi club.

Així que, modestament, aprofite este blog per rendir, amb estes breus línies, un xicotet homenatge a tots els nostres esportistes que han quedat en l’oblit i als qui el pas del temps ha esborrat els seus èxits.

A tots ells: Gràcies per fer del nostre club un gran entre els grans.


Josep Bosch
Soci del València CF

http://www.rfeh.com/web/rfeh/historia/palmares_clubes/coparey.htm

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divendres, 27 de març del 2009

El gol de Forment (28-03-1971)

·Hui volem agrair tots els nostres lectors i col·laboradors haver fet possible arribar a este post #100 d'¨Últimes vesprades a Mestalla".
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Yo no estuve aquella tarde en Mestalla pero como tantos otros soy hijo de aquel delirio del 28 de marzo de 1971. Lo supe definitivamente 31 años después, cuando el Pipo Baraja remontó con 2 golazos el partido clave contra el Espanyol de abril de 2002 y un estallido de locura colectiva inundó el viejo campo. Como todos los que estuvimos en Mestalla aquel sábado por la noche me vi preso de la congoja; envuelto en lágrimas y babas ajenas, con la certeza casi palpable de que por fin veríamos ganar una liga a nuestro equipo, la liga que llevábamos esperando más de 30 años y cuyo impacto emocional se me antoja como el más contundente de cuantos como hincha he vivido y creo que viviré: nada en la vida se espera y se desea durante tantos años. Pero más allá de odiosas e innecesarias comparaciones, creo que el de Forment contra el Celta de 1971 es el gol más celebrado de la historia de Mestalla. Más incluso que el de Tendillo al Madrid de 1983, el de Roberto a Buyo en 1992 o el ya comentado de Baraja al Español en abril de 2002. A favor del tanto de Forment juega el crono, la tensión de 90 minutos agónicos, la falta de costumbre. El gol de Forment reformuló un anhelo colectivo, el del gol milagroso que cambia la historia y sacia años y años de sequía.

Asumido el hechizo, volvamos a ese domingo de primavera de 1971. Llevaba el VCF 24 temporadas sin ser campeón de liga y faltaban 4 jornadas para el final. Un empate en casa era perder demasiado. El partido había sido áspero, duro, a cara de perro. Entonces llegó el corner en la portería del gol Xicotet, la de la épica. Minuto 92. 1-1. "Para la cinta" en ese momento. El rumor ansioso de Mestalla, los corazones desbocados, el sí o sí recorriendo las 4 esquinas del campo. Sergio se acerca al banderín del córner más cercano al marcador del gol norte, jaleado por la hinchada, sin apenas espacio entre el césped y la grada. "Ara sí", se dice a si mismo mientras ejecuta el saque. Esos segundos del balón en el aire lo explican todo. En esos segundos se esconde la verdad del fútbol. Todo pasa tan rápido que las cábalas, los dedos cruzados, las invocaciones a la virgen de los creyentes, la mano del padre siempre cálida o el susurro de "ara sí" contenido en miles de gargantas se quedan en el limbo de las cosas que hacemos sin saber que las hacemos. Las que nos definen. "Ara sí" vuelves a pensar. Lo piensan todos. Los presentes, los ausentes, los que casi 40 años después intentaran recrear el instante justo en que Forment se adelanta al portero vigués para, in extremis, peinar la pelota al fondo de la red ante el frenesí desatado de un Mestalla en estado de máxima excitación. GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOL. El rugido es tan potente que se oye al otro lado del río.

Por momentos el tiempo queda suspendido, en un globo de felicidad expansiva y extática. Un paroxismo emocional sin medida. Mucho más que un orgasmo. 2-1. Los abrazos con desconocidos, los desmayos, la rabia contenida durante tantos y tantos años son sólo una pequeña muestra del sufrimiento acumulado. 24 años de expectativas no siempre satisfechas reducidas al clamor de un instante único. La parroquia lanza almohadillas al terreno de juego, en pie, fuera de sí; algunos incluso, como me contará años después mi padre, se lanzan al campo en un estado de enajenación absoluta. Hay que saber lo que está en juego. Y sólo ellos lo saben realmente. Los presentes, los ausentes, los que ahora intentamos recrear ese día a partir de unas cuantas fotos y un puñado de testimonios. Ese gol. Un hito fundacional de tertulias familiares, el icono de una tarde imborrable en el marco de un año mágico. 1971. Un estallido de alegría inexplicable, nuevo, histórico. Ese gol convertido en hilo conductor de un programa de televisión 20 años después, con Forment explicando la jugada para absoluta conmoción de quien firma este escrito, apenas unos meses después de enterrar a la persona que me hizo partícipe de ese sentimiento irrenunciable, mi padre. Lo que hay detrás de ese gol es la primera liga del Gran Mestalla; la primera vez que más de 60.000 valencianistas se funden en un solo grito y ven más cerca la epopeya del título. Lejos queda la liga del 47' y aquel Mestalla de gradas de madera y caminos embarrados de la postguerra. Estamos en el presente, en la España predemocrática de 1971 y vamos a volver a ganar una liga. Sólo quedan 3 jornadas. Y este gol de Forment es algo más que una señal. Es la culminación de un sueño largamente acariciado.

Casi 40 años después, la perspectiva del tiempo transcurrido y las ligas de la factoría Benítez no pueden hacernos cambiar de criterio. La de 1971 es posiblemente la más meritoria del palmarés. Por la fisonomía del equipo, por lo inesperado, por la dificultad añadida de la coyuntura sociopolítica, por la tensión máxima con que se desarrollan las últimas jornadas del campeonato. Diría, incluso, que por la literatura generada durante los siguientes 30 años de travesía en el desierto.

Sólo una semana después es Antón quien marca en Sabadell el gol de la victoria, también de manera agónica, a falta de cinco minutos. La penúltima jornada es de trámite, con un Mestalla entregado y un ambiente festivo, con globos y pólvora a raudales. La victoria es cómoda y abultada, 3-0 al Elche. Finalmente, y para añadir más zozobra y tensión, la no menos angustiosa tarde de Sarrià. 18-04-1971. No hace falta insistir. 20.000 valencianistas en Barcelona, toda una afición movilizada. Perdemos 1-0 pero somos Campeones de Liga por cuarta vez. El recibimiento es apoteósico desde el momento en que se cruza el rio de la Sénia hasta la llegada al Cap i Casal. La emoción se desborda. Hemos vuelto. No importa que vayamos a tardar 31 años en volver: siempre lo hacemos. En el camino, una certeza: el gol de Forment inventó un género. El "forner d'Almenara" puso la cabeza, Mestalla el corazón. Posiblemente, el gol más celebrado de nuestra historia. Llamen al marmolista e inmortalicen el testarazo. Para que nadie olvide jamás el material con el que se construyen las gestas, los mitos, la memoria, el compromiso, la lealtad.

Rafa Lahuerta Yúfera
Socio del Valencia CF
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dimecres, 25 de març del 2009

Un pato en Mestalla

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No era la primera vegada que anava a Mestalla, però si la primera que anava amb tota la meua família i també la primera que no vaig veure guanyar el meu València.

Es jugava la temporada 85-86 i era un diumenge assoleiat. El València anava mal però encara quedava molta lliga per davant i ningú pensava que poguérem acabar descendint (tot i el que havíem viscut dos temporades enrere; gràcies Tendillo).

L'equip visitant era el Atlético de Madrid dels Fillol, Marina, Landáburu, etc. De blanc vestien els Sempere, Quique, Subirats o Sánchez Torres entre d'altres.

Com sempre que anàvem a València al futbol vaig convéncer els meus pares per anar a dinar a Barrachina, en aquella època al meu poble no hi havia cap lloc on posaren galetes dins les natilles.
Després de dinar, amb el Renault 6 blanc cap al Luís Casanova. Entrades del sector 9, molt prop d'on anys després tindria el meu primer passe. Les entrades les recorde d'un color rosat i amb una formació del València difuminada com a fons (la meua memòria reconeix encara hui en ella el bigoti de Manzanedo).

Olor a pólvora, dones amb abrics elegantíssims que es miraven de reüll, l'home del davantal i la gorra venent pipes i refrescs, l'olor a puro que venia de la zona de tribuna, aquelles revistes on tractava de memoritzar quin logotip publicitari corresponia a cada partit de la jornada per enterar-me després de qui marcava... I allà baix el somni verd, èpic als meus ulls d'onze anys, pur, inaccessible, màgic, acaronat pel sol.

Comença el partit, bé el València, molt bé, encara hui recorde pocs partits on el meu equip haja mimat d'eixa manera la pilota, fins i tot Sánchez Torres (a qui odiava perqué algú havia dit que faria oblidar a ELL) estava fent el partit de la seua vida. Una ocasió darrere d'una altra i sempre amb el mateix resultat: intervenció espectacular del Pato Fillol.

A mi aquest home em queia francament bé, els meus records l'associaven indefectiblement amb aquella albiceleste del 78 on jugava ELL, però aquella vesprada va acabar per desesperar-me.

Avançada la segona part vam aconseguir marcar (si no recorde mal ho va fer Wilmar Cabrera). Cinc minuts després, els del Manzanares, que no s'havien acostat a la nostra porteria, van empatar de forma tan fàcil com injusta. El Pato va continuar parant-ho tot i el partit es va acabar.

Per a mi va ser terrible vore com sense fer soroll van empatar els visitants, com ho va ser mesos més tard veure al meu equip baixar a segona, però hui estic segur de que eixe dia El Pato em va començar a mostrar el que és ser valencianiste (almenys pel que al meu valencianisme respecta).

Eixa sensació s'ha repetit més vegades al llarg de la meua vida. Recorde l'avinguda de Concha Espina a Madrid plena de gent però buida de vida tornant cap a l'autobús després del gol d'Alfredo en la final de Copa. Recorde la Nit del Foc més fosca vagant de Mestalla cap al Passeig de l'Arbereda després que el Shalke 04 (i Valdano fent jugar a Fernando Gómez Colomer de lliure, millor dedicat a parlar amb paraules de sucre, Jorge Alberto) feia esclatar els nostre somni europeu que en aquells anys era la Copa de la UEFA. Recorde una nit de maig del meu any de mestre a Formentera (tan lluny de Milà, tan lluny de Mestalla, tan lluny dels meus, tan lluny de tot) sense poder dormir, tota la nit en vela tirant aquell penalti, ara a l'esquerra, ara a la dreta, sempre dins.

En certa forma, és en eixos moments quan més valencianiste m'he sentit, i no quan l'he vist guanyar una lliga a Màlaga o una Copa a Madrid. Igual que l'amor no depén de la raó, els meus sentiments cap al València van més enllà de guanyar o perdre títols. Eixe sentiment té a veure amb la forma en que el sol enlluernava el verd de Mestalla quan jo era un xiquet, té a veure amb un gol d'ELL i el masclet que esclatava immediatament després.

Em fa por que part d'eixes sensacions i d'eixos sentiments desapareguen juntament amb Mestalla (o Luis Casanova, que així és com es deia quan jo somiava en jugar allí algun dia). Evidentment el nou estadi en generarà de noves (això espere) que ompliran els somnis infantils del meu fill. Però res serà el mateix, probablement ell l'associarà a una marca comercial que durà per nom, pot ser algun dia fins i tot l'equip canvie de nom per necessitats econòmiques (fa quaranta anys tampoc imaginava ningú que acabaria lluint publicitat a les camisetes -o als pantalons-). Quan tot això ocòrrega no sé si seré capaç d'explicar-li tot e que jo sentia quan anava a Mestalla. En qualsevol cas li contaré que allí vaig vore un gol d'ELL, i també que una vesprada hi hagué un Pato a Mestalla que ho va parar tot.


Albert Carda Serch
Soci del València CF

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dilluns, 23 de març del 2009

Fernando al rescat

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A menudo, lo más urgente es tener paciencia.

JL Borges

Hui es complixen 25 anys del primer gol de Fernando a Mestalla. Va ser en la porteria del gol Xicotet. Una volea marca de la casa que Pereira, un altre símbol del valencianisme llavors en l'Atleti, a penes va olorar. Després van arribar molts més, quasi 150, fins a conformar una de les trajectòries més emblemàtiques i senyeres de la història del club. No és una efemèride menor, encara que puga passar inadvertida per a molts. Fernando va ser bandera generacional d'un València en reconstrucció, o el que és el mateix: la primera anella de l'Edat d'Or recentment liquidada. Ja és casualitat, ara que tenim certa distància, que les seues irrupcions a Mestalla siguen sempre en períodes convulsos i delicats, com si més enllà de ser el jugador que més vegades hi ha vestit la blanca, el seu destí consistira a encapçalar l'exèrcit de salvació cada quart de segle.

De manera injusta, l'estigma dels seus 15 anys en primera línia sense alçar un títol ha creat entorn de la seua figura una falsa i immerescuda aurèola de conformisme. En futbol, com en la vida, els estereotips fàcils solen prendre en els que fan de la peresa intel·lectual la seua manera de viure. I este, per desgràcia, és un d'ells. D'altra banda, Fernando mai va ser l'"alegria de la huerta". El seu futbol, cartesià i sense concessions demagògiques, sempre va tindre detractors. I el seu caràcter, tan poc valencianero, no va acabar d'atorgar-li el plus sentimental que altres tribuneros de tall més afable si van tindre. Va ser, ja de jugador, una rara avis. Una beneida rara avis. Un valencianista poc comú. Un home realista.

Ara, com llavors, el VCF travessa moments difícils. I ara, de nou, Fernando apareix al rescat. Amb matisos i circumstàncies distintes. Però al rescat de nou. Fa un quart de segle, el de Sant Marcel·li era només un juvenil prometedor incapaç encara de projectar la seua maduresa als distints òrgans del club. Salvat per la campana en el 83, ningú pensava en realitat que el VCF baixaria a segona. El miraculós gol de Tendillo va tindre un efecte narcotitzant. Va fer pensar que el pitjor ja havia passat quan en realitat era al revés. El club no va assumir el desastre i la grada tampoc: només 16.000 socis en 1985 expliquen la dimensió del bac social que va haver-hi.

25 anys després algunes coses han canviat. Fernando representa la visió més realista i sensata del planeta Mestalla. Ja no és un juvenil imberbe, sinó un dirigent amb comandament en plaça. Al seu costat, un exèrcit major. Possiblement 35.000 o 40.000 irreductibles que no deixaran sola a l'entitat. I una cosa fonamental: la certesa que el descens a segona en les dos o tres pròximes temporades és una possibilitat real a la vista dels números. Ja ningú s'enganya respecte d'això. I eixa possibilitat ajustada i gens complaent és la base del nou València. Per això, és tan important afrontar este cicle amb entusiasme, compromís i responsabilitat. S'acabaren els temps del triomfalisme fanfarró. I, malgrat tot, això no implica entregar-se al solatge funest del fatalisme o la melancolia. Tot al contrari. És hora d'assumir que necessitem un equip que en els pròxims anys garantisca la permanència sense renunciar a res. Compromís, entrega, humilitat i respecte. Amb Fernando al front serà més fàcil no perdre peu.

El més important: recuperar com més prompte millor l'impuls competitiu que ens faça tornar a tindre fam de glòria. En definitiva, preparar-se per al pitjor per a evitar el pitjor. O dita d'una altra manera: no fer-se massa il·lusions. Ahí, com sempre, comencen realment totes les il·lusions.


Últimes vesprades a Mestalla
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divendres, 20 de març del 2009

Le llamaban Zulú

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La historia del Zulú es la historia del viejo Yomus, aquella grada ácrata, gamberra y plural de los años 80'. El Zulú era un heavy de Burjassot. Un tipo carismático y singular. Alto, delgado, pálido, de melena ensortijada y tocha prominente. Venía a Mestalla en un vespino blanco, disfrazado de Rambo y cargado de banderas, muñequeras y todo tipo de abalorios valencianistas. Era barroco y tierno. De una ternura profunda y en ocasiones ingenua que pretendía ocultar con su disfraz hecho uniforme. No lo conseguía, y en las distancias cortas afloraba su verdadera personalidad: un niño grande. Un muy buen tío.

En aquellos tiempos difíciles donde el VCF languidecía, el Zulú era un islote de pasión y buen rollo. Inventaba canciones, arrastraba a sus fieles acólitos y enarbolaba la bandera del entusiasmo más sincero. Todo en él remitía a cierto surrealismo, como si la excentricidad lo hubiera elegido su representante en Mestalla. Era lo más parecido a una estrella de rock. Un icono de la general de pie atravesado por mil contradicciones. Humano: demasiado humano. Y siempre al quite. Todos le queríamos. Entre otras cosas, porque él se hacía querer.

Cuando el Valencia marcaba un gol se lanzaba desde el paravalanchas “calamariano” sobre la peña arremolinada al grito de MOSH. Por entonces, las avalanchas eran aludes de tarados en las que milagrosamente nunca pasaba nada. A veces, el Zulú rodaba 15 ó 20 filas abajo. "Se ha matao, se ha matao" gritaba el acólito de turno. En esas, aquel personaje tocado por el magnetismo del liderazgo natural emergía entre un amasijo de bufandas, banderas y petardos. Primero se oía su risa. Una risa contagiosa y expansiva. En cascada. Después veíamos su nariz. La mítica tocha enorme que él siempre comparaba con su polla. Porque el Zulú estaba muy pagado de su polla y de su éxito con las mujeres. No por guaperas, sino por su aura: ese halo que convierte en especial todo lo que toca. El Zulú.

Su año de gloria fue en segunda división, cuando una tropa de melenudos se hizo fuerte en las últimas filas del gol norte. El Tamama, Cheroki, Javi el Heavy, Sebas, Llargui, el Indio, Moncada, Auriculares, el Pirotécnic, Benito y los que sin ser heavies compartíamos escena: su primo Pere, Lino, el Culebro, Liante, Calavera, Pulmones, Tino, Mortadelo, Esponja... quizá fuera la temporada más divertida. La última en que la pólvora se desparramaba en la grada con absoluta libertad y aún se podía entrar de todo sin que la policía se tomara muy en serio el control.

El día del ascenso frente al Recreativo de Huelva el Zulú parecía un nuevo Mesías. Aquella noche, bajo la densa humareda provocada por decenas de tracas anudadas en un hueco central de la general comandado por el Berga y su lugarteniente el Bigotes, más otro buen puñado de bengalas distribuidas anárquicamente, el gol norte vivió una de sus jornadas más extremas y felices. Se hace difícil explicarlo desde la rigidez del presente pero las cosas eran así: caóticas, pelín salvajes, imprevisibles. Un barullo apasionante y colorista donde nadie ponía orden y todo estaba siempre a punto de estallar. Fue la última noche sin barrotes.

Tras el ascenso llegaron las prohibiciones. Primero las tracas, después las banderas y más tarde las bengalas. Ese corte motivó cambios. Y de alguna manera, el Zulú fue uno de los grandes damnificados. Todo jugó en contra. El nuevo clima de vigilancia, con la policía siempre encima y sus propias circunstancias familiares: tan peculiares como difíciles de afrontar para alguien como él. Poco a poco fue espaciando sus visitas a Mestalla. Y sólo algunos años después, con motivo de la final de copa contra el Depor, volvió a sacar las viejas pinturas de guerra. Prometió sacarse el pase para la temporada 95-96, ya en el Gol Gran, pero no hubo opción. Dos semanas después de la famosa final del agua un accidente de coche lo dejó en la cuneta. Sólo tenía 28 años.

En cada título, en cada momento de gloria vivido en los últimos años nunca he dejado de pensar en lo feliz que hubiera sido aquel heavy único y singular al que todo el mundo llamaba Zulú. Para los más íntimos, José Luis.


Rafa Lahuerta Yúfera
Socio del Valencia CF
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dimecres, 18 de març del 2009

Manifiesto de la Tertulia Torino en el 90º aniversario del Valencia CF

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"Últimes vesprades a Mestalla" vol afegir-se a la celebració del 90 aniversari del nostre Club fent-nos ressò del manifest que la Tertulia Torino ha publicat en esta data, i ens sumem a la crida a la responsabilitat i la unió que proclama.

El Valencia CF cumple hoy noventa años. El 18 de marzo de 1919 se fundó en el desaparecido Bar Torino ubicado en el corazón del “Cap i Casal” una sociedad deportiva que cuenta en la actualidad con el apoyo entusiasta y el respaldo incondicional de miles de seguidores. Desde sus inicios, el club valencianista logró ganarse el afecto de numerosos aficionados que, con el transcurso de los años, transmitieron su sentimiento de amor y cariño a las siguientes generaciones que han tomado el relevo hasta nuestros días. Al volver la vista atrás se impone el emocionado reconocimiento a aquellos precursores que con un enorme sacrificio personal contribuyeron a que el Valencia pudiera salir adelante en sus primeros años de existencia. Sin su decidido entusiasmo y sin su labor abnegada, la entidad no habría sido lo que, con el paso del tiempo, ha llegado a ser en la actualidad: uno de los grandes referentes del fútbol que trasciende fronteras.

El Valencia nació como un sentimiento deportivo a principios del siglo XX cuando el fútbol era una pasión incipiente. No tardó demasiado en ganar adeptos para su causa y en extenderse como un fenómeno social de primer orden. El club valencianista no fue ajeno a este movimiento imparable y supo, en todo momento, situarse en la vanguardia. La Historia del Valencia demuestra su protagonismo creciente a lo largo de las décadas desde su nacimiento. Tampoco se puede obviar la dimensión cívica del club que ha traspasado los límites estrictamente deportivos. Los inevitables avatares del fútbol también han provocado en estos noventa años de vida la alternancia de situaciones: se han vivido etapas fecundas en las que se han logrado numerosos éxitos y, también, ha habido sinsabores y amargas experiencias, algo inherente al deporte, pero el valencianismo siempre ha sabido sobreponerse con entereza y salir adelante con renovadas energías.

Desde los épicos inicios en el desaparecido campo de Algirós hasta llegar a nuestro entrañable Mestalla, el Valencia no ha cesado de crecer. Una prueba palpable del arraigo de la entidad que mantiene sólidas sus raíces. Esta efeméride que hoy celebramos gozosos coincide en el tiempo con un momento crucial para nuestro querido Valencia CF. La entidad no goza de la estabilidad institucional necesaria para vivir un presente sosegado y para poder encarar el futuro con garantías. No es por desgracia una novedad. En realidad, desde su forzada transformación en sociedad anónima deportiva, el club ha padecido todo tipo de intrigas y de luchas intestinas que han perjudicado sus legítimos intereses y han afectado su buena imagen. El Valencia es una institución alterada por un constante movimiento especulativo que margina y olvida su verdadera esencia: la de la identificación incondicional de miles de personas de la más variada condición que sienten el club como algo propio, que forma parte importante de sus vidas desde lo más hondo de sus corazones.

Sabemos perfectamente que en la época que nos ha tocado vivir adquieren prioridad algunos valores alejados de los vigentes en aquellos lejanos tiempos del nacimiento del Valencia FC, esa era su denominación original, pero por eso más que nunca se hace necesario ahora defender el espíritu fundacional del club adaptándolo a la realidad del presente pero sin quebrar el sueño legítimo de los valencianistas. Al sentimiento no se le puede imponer el silencio ni tampoco límites. Por ello queremos compartir con la opinión pública esta reflexión en voz alta en una fecha tan relevante y hacer un llamamiento para preservar el buen nombre del Valencia CF y garantizar su futuro. Este es un día entrañable en el que se mezclan la nostalgia por los recuerdos vividos y la esperanza de luchar por un porvenir a salvo de los peligros que se ciernen sobre la entidad. No son figuraciones imaginadas, se constata que el club está amenazado por una grave crisis financiera. Nos estimula vencerla con el empecinamiento de los utópicos. Consideramos que el club es nuestro, de todos los valencianistas, una propiedad legítima que va más allá del sometimiento a una ley que se ha demostrado nefasta.

A quienes dirigen el Valencia en la actualidad, a quienes tienen una responsabilidad de manera directa o indirecta en el devenir de la entidad, les pedimos con todo el respeto el mejor gobierno, la máxima transparencia en la gestión y toda la eficacia posible en sus acciones. Puede que se hayan de adoptar medidas traumáticas y antipopulares, pero eso no ha de implicar una renuncia a luchar por el lugar que le corresponde al club, siempre entre los mejores, condición ganada con gran esfuerzo a lo largo de los años. Los valencianistas estaremos siempre a su lado y no les daremos nunca la espalda pero, a su vez, apelamos al compromiso contraído por quienes tienen el privilegio de dirigir los pasos del Valencia para que antepongan siempre el bien común. Esa es su obligación. No están solos. El valencianismo ya ha demostrado en tiempos difíciles su madurez y capacidad sacrificio, sin los cuales habría sido imposible superar momentos de extrema dificultad. En este momento tan complicado hacemos una llamada a la unidad de todos los valencianistas, es la hora de cerrar filas, la entidad está por encima de personalismos. Esa es la fuerza del Valencia que nos permite mantener, a pesar de las adversidades, intacta la ilusión por nuestros amados colores.

Amunt València per sempre!


Tertulia Torino

La Tertulia Torino està integrada per Alfonso Gil, Antonio Birlanga, Antonio Egea, Aurelio Martinez, Carlos Pascual, Félix Crespo, Héctor Villalba, Ismael Quintanilla, Joaquín Martínez, José Emilio Cervera, José Luis Zaragozá, José Mª Tomás, Joserra Garcia-Fuster, Pablo Salazar, Paco Lloret, Pep Doménech, Vicente Ferrer i Vicente Montesinos.
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