diumenge, 25 de novembre del 2012

Los hermanos Panero y Mestalla

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En toda convención chotofriki hay siempre un momento álgido donde se hace balance de la nómina de fiascos, chascarrillos y casos únicos que jalonan los arrabales del relato Mestallí. Como todo el mundo sabe, ser del Valencia es una cuestión menor. Una religión anodina y de clase media. Los héroes, ya se sabe, eligen otras opciones. El choto no, el choto, como se deja llevar y es un ser blando y sin carácter, acaba sus días en la barra del bar de la esquina poniendo a prueba a otros chotos sobre quién es capaz de mear más lejos en la recuperación de momentos cumbres de la futbolería local. Es la estampa suprema del fin de la historia, muy similar a aquella otra del café donde Fontanarrosa novelaba las efervescencias de "El mundo ha vivido equivocado". En este escenario de mediocridad ambiental, el choto suelta su retahíla de anécdotas ya manidas y mil veces repetidas donde a veces se cuela un nuevo detalle que hace gimotear a los más lagrimitas. Ya se sabe: la moneda al aire, el accidente de Walter, la casa donde vivía Vicente Peris, la irrupción del Gitano González en un Valencia-Athletic de la 72-73, el banderín de la Recopa del 80 que pende en un anaquel de La Salamandra, el caso Gallolo... o el momento cumbre de la confusión de Vicente Asensi en 1941 cuando se alivió en el videt y no en la correspondiente taza. Todo ello por no recurrir al día en que recién salido de la ducha y con la toalla enrollada sobres sus partes púdicas le preguntó a la camarera del hotel: Señorita, ¿usted conoce Nueva York? No, contestó la muchacha. Pues mire la estatua de la libertad, dispuso el procaz Asensi mientras la toalla se deslizaba con suavidad hacia el suelo. Un guiño inocente que de forma malévola hace pensar en el tipo de nombre impronunciable que dirigía el FMI.

Puede que el chotofriki haya alcanzado ya el nirvana futbolístico o una madurez subsidiaria y algo cínica que le remite a cierta lucidez del abandono de todo exhibicionismo militante en el mercado de las militancias. Quizás el chotofriki ha comprendido que hacer bandera de una identidad futbolera es tan estúpido como hacerlo de cualquier sistema de creencias más o menos organizado. Y que, en realidad, no hay manera seria de hablar de fútbol porque la subjetividad y la militancia impiden todo acuerdo razonable y ajustado a la realidad de lo que pasó y no al heroísmo intuido de lo que nos hubiera gustado que pasara. A fin de cuentas, el creyente es siempre un enfermo cuya tara es la incapacidad para asimilar con ironía las contradicciones de su doctrina. Quizás por ello, y parafraseando a Onetti, el chotofriki prefiere perder una discusión “banal” que perder el tiempo “real”. El dilema para el chotofriki es la evidencia de su condición de burgués. Bendito dilema, claro, porque nada mejor en el mundo que permitirse el honor de la desidia y el suave discurrir de los acontecimientos desde la atalaya del poder bendecido por los dioses y Bankia. Gran suerte, por tanto, ser burgués y del Valencia. Suerte poder hablar de la propia decadencia a la manera de los hermanos Panero en El desencanto, con las espaldas cubiertas y la mueca entre pija y condescendiente de quien sabe que toda gloria es finita e inútil. Suerte, en suma, ser miembro de una religión blanda y nada heroica. Suerte saber que el premio a nuestra propia inconsistencia nos libra de caer en la superioridad moral... ese purgatorio de cándidos ególatras.


Rafa Lahuerta Yúfera
Socio del Valencia CF
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dimarts, 6 de novembre del 2012

Mestalla, el nacimiento de un mito

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Cada vez que se oyen rumores sobre la posible reanudación de las obras del nuevo Mestalla, se me pone un nudo en el estómago, tengo sentimientos encontrados, el nuevo estadio está más cerca de donde resido, y en diez minutos andando estaré allí, pero como animal de costumbres, mi mapa de movimiento humano, es sencillo y reproducible, la proximidad del nuevo estadio, suplantará a las tertulias pre-partido en coche, a la satisfacción de encontrar aparcamiento legal a la primera, al peregrinaje originario desde la zona de la Mezquita y posterior desde el Paseo de la Alameda, a la llegada hasta los aledaños del viejo Mestalla, allí donde se respira el ambiente y el sonido inconfundible de la afición, la excitación antes del partido, los cánticos, el trago a la rubia, la caballería con su innegociable rastro, el asalto al monumento a la afición, la llegada de los contendientes, y siempre a un cuarto de hora del comienzo, el inicio de las rampas del particular Alpe D’Huez, por su vertiente más dura, por la Torre B, luego acceso a Vomitorio 469, bajada de vértigo a la tercera fila, con el campo de batalla de color verde como fondo, saludos a mis compañeros de armas, hasta encontrar el refugio de mi trinchera, el asiento nº140.  “THE SHOW CAN BEGIN”.

Mi consciencia sobre Mestalla y el fútbol nació a golpe de transistor, escuchando la cruel adversidad de un triste y anunciado descenso, los inicios parten del lastre de creerse mago inexperto e ilusionista en sueños de campeón, comprados a golpe de talonario, e impagados con economías quebrantadas, para mayor gloria de la ambición, de la dictadura fanfarrona y del ego desmesurado.

No os faltará razón para decirme que visteis a algunos de los mejores jugadores europeos y sudamericanos del momento, pero yo desde mi perspectiva inmadurez, os contesto, que esos éxitos si no tienen un equilibrio económico, se vuelven simiente en campos de fracasos futuros.

Al ritmo de timbales de Segunda División, empezaron los pobres de espíritu a abandonar el barco del Valencia CF, con la misma intensidad y a la voz de “El Valencia será lo que los valencianos quieran”, se subieron los valientes, a manadas, como nunca antes había sucedido, un ejército de optimistas, dispuestos a recuperar el orgullo perdido, y renacer de nuestras cenizas, cual Ave Fénix.

Crecí con la esperanza de un temprano regreso a la élite, forjado en la disciplina y austeridad económica, del primero de nuestros valientes, Don Arturo, que quiso, supo y pudo sacar la espada clavada de lo más profundo de nuestro escudo, rellenándolo de economías malabares, equilibrados presupuestos y amortizadas deudas.

Para redirigir el rumbo, continuamos confiando en la sapiencia de una leyenda del fútbol mundial, un argentino de los de tango de Gardel, un viejo amigo del Valencia CF, Don Alfredo y su ayudante Jesús Paredes, sus señas de identidad, trabajo, honestidad, parquedad en palabras, y ocurrentes respuestas, nunca dijo una palabra de más, no vino a ganar títulos,  pero con él conseguimos posiblemente el más trascendental del club “El Ascenso”, después en el retorno a primera, se sufrió como cualquier equipo recién ascendido, sin la suficiente experiencia, y afectado por las lesiones, llevó al equipo a desfondarse en el segundo tercio de la Liga de 1987-88, así que se hizo cargo del equipo, un valencianista de los de antes, de los de siempre, D. Roberto Gil, que consiguió mantenerlo en la máxima categoría.

Después del asentamiento en la categoría y en plena pubertad, apareció un uruguayo rígido, serio y trabajador, Víctor Espárrago (el antecesor del homo-Cúper), junto a su inseparable Modesto Emir Turrén “El Jefe”, su fútbol basado en el rigor táctico-defensivo y en la racanería de un fútbol escaso, amante del cuerpo a cuerpo y de la combatividad, pero efectivo. Un increíble 3º puesto, nos daba acceso (justo seis años y medio después) a lo impensable, el retorno a las competiciones europeas.

En lo deportivo se recurrió a una cantera igual de productiva que antaño, aderezado con exóticos fichajes, que elevaron al club, pese a la estrechez monetaria, a cotas insospechadas, hicimos nuestro el lema “nunca con tan poco se consiguió tanto…” añadiendo “…y especialmente en tan corto espacio de tiempo”.

Mi adolescencia se fue con Guus Hiddink, un holandés errante, de ida y vuelta, un exquisito cafetero de juego preciosista y escaso botín, que nos dejó duelos de altura entre el Dream Team de Cruyff, y la Naranja Mecánica, y… por desgracia de 2 noches de tren europeo, dos humillantes descarrilamientos en la Copa de la UEFA, el nombre de las estaciones, Nápoles y Karlsruher. Después, llegó el caos institucional y deportivo.

El paso a mi juventud, en la antesala de lo antiestético, trajo el rumor de lo incierto, la Ley de Sociedades Anónimas, la oportunidad de mentes ávidas de protagonismo, por hacerse con el poder accionarial del Valencia CF, desde la distancia en el tiempo, me resulta más fácil de entender, pero lo cierto es que todo pasó muy deprisa, y sin más, nos vimos con Paco Roig de presidente, creí que su incontinencia verbal sería transitoria, sí, no lo voy a omitir, le hizo un lavado de cerebro a una afición aletargada y anclada en la monotonía, y nos hizo ser partícipe de su Valencia campeón, nos hizo subir la autoestima, nos lo creímos y casi lo consiguió, un extraño e injusto subcampeonato de Copa y un excepcional subcampeonato de Liga, pero el peaje se me antojó excesivo, a nuestro D. Arturo, lo empujamos a marcharse por la puerta de atrás, la vorágine de las SS.AA. dejó obsoleto el viejo sistema, como antigua forma de club de fútbol, y se tragó a todo aquel que no quiso competir, utilizando como método, la chabacanería y el “bocachanclismo”. Las SS.AA nos dejaron para la posteridad, que el fútbol ya nunca sería lo mismo.

La era de Paco Roig (nada que ver con la de Aquarius), la recuerdo como una “mascletà” de sucesión de noticias extradeportivas, bochornosas la mayoría de ellas, el tiempo se me pasó rápido, tal vez por la continua retahíla de fichajes, no en vano, en dos temporadas nos trajimos a medio Logroñés, a casi una cuarentena de jugadores fichados en 4 temporadas, y en el mismo espacio de tiempo, se fichó a Parreira y su estilo de juego “El Parabrisas”, al tío Luis Aragonés con sus amiguetes, Patxi Ferreira, Moya, Otero y Engonga; a Jorge Valdano, el estilista del verbo, y su filosofía “Las perchas o la utilidad de las derrotas”, que vino aquejado de graves problemas de incontinencia verborreica, una trajeada variedad del mal que padecía su presidente.

Pero para mí, lo peor fue ver, uno tras otro, a jugadores como Quique, Giner, Robert, Penev, Eloy, Tomás, Sempere, luego Arroyo, y en otros períodos, Fernando, y finalmente Camarasa, dejar de pertenecer al club, y pasar a ubicarse para siempre en el “Hall of Fame” de mi memoria, pues con ellos el club fue creciendo y buscando su lugar, una búsqueda paralela a la mía, era como si mis hermanos mayores se fueran de casa, sabes que ya nada será igual, no en vano habían permanecido junto a mí, muchos años.

La Copa del 99, con el guiño a Camarasa, levantando la copa junto a Mendieta y el Piojo López, guarda un significado especial para mí, pues Camarasa no sólo estaba alzando la Copa, estaba en cierto modo, haciendo un homenaje generacional, los que no consiguió ganar ningún título, y los que ya empezaban a triunfar. Eso o, que en mi acusada bondad, creí conveniente repartir emocionalmente un trozo a Copa con ellos, se lo debía. Ostras, hubiera sido increíble ver a Fernando levantar un trofeo, y no menos increíbles las celebraciones del cachondo de Giner, o ver a Sempere cantar.

Parece un poco extraño, ahora que lo pienso, pero en aquella etapa, cuando el club sufrió más, y la máxima aspiración era entrar en UEFA, cuando se esfumaban las Ligas antes de llegar a Navidades, y conseguir un título, era una quimera, fue entonces cuando fui más del Valencia CF que nunca.

Al final la hoguera de las vanidades, exhumó su particular venganza, y donde antes el populacho aclamó al emperador, después pidió su cabeza hasta destronarlo. El resto, y lo que sucedió después, hasta el día de hoy, ya lo conocemos, todavía está muy reciente y pertenece a otra etapa de mi vida.

Si alguna vez vuelven los buenos tiempos económicos se abrirá la veda para que cualquier flautista de la palabra nos hipnotice y, con su melodía de la abundancia, nos confunda y vuelva a birlarnos nuestra dignidad y sentimiento: he llegado a la confusa conclusión de que es normal, cíclicamente necesitamos caer al fondo del abismo, y saber dónde estamos, para volver a resurgir. Deber ser el espíritu fallero que impregna esta tierra, que nos hace parecer como un monumento fallero, quemar y rehacer. Ahora que, como nos descuidemos, en una de estas no nos rehacemos.

Es por esto, que en el momento que se puso la primera piedra para el nuevo estadio, esa piedra tenía grabada la caducidad del viejo Mestalla, se podrá tardar más o menos tiempo, pero una verdad es inescrutable, su desalojo y derribo final.

Yo no sé si estaré preparado para ese día, el de su destrucción, pero procuraré estar cerca, no quiero que nadie me lo cuente, lo quiero ver con mis propios y seguramente vidriosos ojos, ese será el trozo de objeto que me lleve de él, su recuerdo de las tardes y noches allí vividas.

Cuando ya haya sido aniquilado, y en su espacio mortal, se realicen edificios, jardines o lo que urbanísticamente se decida, las generaciones de ayer y de hoy, sabremos que estuvo allí, con todos nosotros, gritando, animando, llorando, riendo, sufriendo, todos juntos, y será un deber de valencianista, no olvidar, y recordar a las generaciones de mañana, que y quien fue nuestro Mestalla, pues ese será el momento del nacimiento del mito, el lugar donde se reunió, al sufridor perenne de bufanda, al aficionado de bocata y pinganillo, al contertulio de lo blanco o negro, al come-pipas en envoltorio de opiniones maleables, al socio-accionista de alegres lágrimas, solemnes tardes y gloriosas noches, …  es ahora, cuando echando la vista atrás, me doy cuenta de cuánto te voy a echar de menos. “THE SHOW MUST GO ON”


José Luís Aguilar, “Pepelu”
Socio del Valencia CF
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dilluns, 22 d’octubre del 2012

20 de Octubre de 1982

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Fecha por todos recordada, sobretodo en la comarca de La Ribera, debido a la rotura de la presa de Tous tras la impresionante tromba de agua que cayó durante la jornada. Ahora que se cumplen 30 años y se han hecho reportajes varios, yo también he empezado a recordar y, como casi nadie recuerda que aquella noche el Valencia jugó en Mestalla (para entonces Luis Casanova) partido de UEFA y yo es lo que viví pues también me he decidido a contar lo que recuerdo.

En aquella maldita fecha hablar de fútbol parece grotesco pero al Valencia le tocó jugar a pesar de que no debió hacerlo. El colegiado parecía desconocer la tragedia que estaba formándose en la provincia de Valencia y decidió no suspender el encuentro y ceder a las presiones de los checos que querían seguir jugando. Sí que recuerdo que la segunda parte se demoró unos 40 minutos porque la tromba de agua era increíble. En la primera parte también estuvo cayendo lo suyo aunque dio una pequeña tregua. Pero el campo estaba ya impracticable y sólo Welzl a un pase de Kempes a trompicones luchando contra los charcos pudo marcar antes de terminar la primera parte. Alguna gente de la tribuna se fue a casa en ese momento de la suspensión y por lo que decía la radio sobre la situación.
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En la segunda parte, Solsona y Carrete centrando balonazos a Kempes y Saura porque la pelota ya no podía ni rodar por el césped. Yo creo que fue una de las victorias más tristes en la historia de Mestalla. Cabe decir que seríamos unos 8000 0 9000 en el estadio, gente de la capital porque la jornada se puso muy fea para los aficionados que debían llegar en coche desde los pueblos.

Yo vivía entonces en Cirilo Amorós casi esquina con Ruzafa y a la vuelta estuvimos escuchando el transistor pero ya no hablaban del partido pues las programaciones se interrumpían dando alertas de emergencia para los habitantes de La Ribera diciendo que la presa estaba cediendo y la verdad es que era escalofriante sólo escucharlo. Por la calle árboles y señales de tráfico arrancados por el fortísimo temporal. Incluso el semáforo que estaba en Sorní con Plaza América. Y ni un alma caminando, lógicamente. No quiero ni pensar el miedo que pasaría toda la gente de Alzira, Carcaixent, Sumacàrcer, Gavarda etc. También te paras a pensar en la vida en sí.

Allí estábamos en estadio viendo un partido de fútbol sin saber del todo bien la tragedia que estaba iniciándose a apenas 40 kilómetros. También piensas en los escasos medios que entonces disponíamos para catástrofes de esta magnitud y que, milagrosamente, no se perdieron más vidas en aquel desastre. Sin duda, para muchos valencianos aquella fecha está marcada por razones obvias. Para mi, aquel encuentro fue "el partido de la Pantanada de Tous".


Fernando Belda Sóller
Socio del Valencia CF
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divendres, 12 d’octubre del 2012

Traca va

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De todas las peñas que han pasado por Mestalla mi preferida siempre fue la "Traca va". Su periplo fue efímero y no creo que contara con más de 10 miembros pero su filosofía era posiblemente la más mestallística de todas: disparar una traca a la salida del equipo y otra con cada gol del Valencia. Se ubicaban en la esquina de la general norte con tribuna, bajo la cabina de los periodistas, y se hicieron fuertes en la segunda vuelta de la 86-87, con el equipo en segunda división. Sólo el día del Jerez, 6-0, incumplieron su plan. A partir del quinto gol se limitaron a aplaudir. Con la prohibición de entrar tracas en el otoño de 1987 la peña se desintegró.

Hemos hablado poco de ese asunto, asunto capital para entender lo que era Mestalla cuando las 4 esquinas del campo retumbaban por acción y efecto de la pólvora festiva. Desde entonces el mestallismo vive de la nostalgia de la pirotecnia que es otra forma suicida y autodestructiva de ejercer el forofismo che. Hubo grandes pirotécnicos en las generales del viejo graderio. Algunos acabaron indultados. Otros volaron por los aires. Después llegaron las bengalas. Pero las bengalas eran ya un signo de uniformidad al estilo Burguer King y lo mismo las veías en una curva italiana que en una grada griega. Capitalismo pirotécnico. Nunca me convencieron.

Rafa Lahuerta Yúfera 
Socio del València CF 
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diumenge, 23 de setembre del 2012

Llámenme Lubo


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Creo que esa fue la frase que más nos caló a todos pues, a partir de ese momento, así fue como llamaríamos a aquel búlgaro desconocido con melena un tanto gitanesca recién aterrizado desde uno de los países miembros del pacto de Varsovia. Recuerdo que el Valencia meditó bastante el fichaje pues la alternativa de Polster, de similares características físicas y técnicas, estuvo presente hasta que las cartas se repartieron adecuadamente. Penev al Valencia, Polster al Sevilla y el compatriota del búlgaro, Stoichkov, otro en la agenda del gran Pasieguito, acabó en el Barça. Pasiego ya había traído a Kempes después de verlo jugar en Rosario Central tras una gira por aquellas tierras. Lubo fue el segundo grandísimo acierto (el tercero sería Mijatovic) de ese hombre que tanto dio por el Valencia. Penev no pudo ser partícipe en la vuelta del Valencia a Europa pues ya había empezado esta competición con su anterior club. Así pues disfrutamos de él con los goles ante el Barça en la eliminatoria copera.  Siempre recordaré  un penalti que le hizo Koeman en ese partido donde el búlgaro cayó como un plomo. Sus altura y su portento físico le hacían blanco fácil, aunque sudando lo suyo para derribarlo, de los defensas “killers” españoles (como al atlético súper López que casi lesionaría de por vida a Nando en un partido en el Calderón de la 91/92.

Lubo Penev fue, sin duda alguna, el ídolo de todos los chavales de principios de los 90. Todos queríamos ser Penev cuando jugábamos partiditos de patio de colegio, de igual manera que los chiquillos de finales de los 70 querían emular a Kempes o, hasta hace poco a Villa. Todos necesitamos ídolos. Yo no estoy muy seguro de esto pero diría que Lubo Penev fue el ídolo más mediático que tendría el Valencia desde la marcha de Kempes. Fue el hombre que necesitaba Mestalla. El que hacía que la afición coreara su nombre y que, prácticamente, toda la ciudad conociera su nombre, y no sólo por sus proezas en los terrenos de juego. Transmitía una seguridad en sí mismo que se salía del césped. Era lo que llamaríamos un tanto chulo. Pero nos gustaba tener un jugador así. Respecto al posible fichaje de Romario, Lubo se limitó a decir “conociendo este club sólo me lo creeré cuando lo vea con el escudo del Valencia en el pecho”.

Después vino su caída en picado a raíz del cáncer que le apartó del equipo durante casi un año. Pero Lubo lo superó. Su físico le ayudó a ello. Durante su ausencia, Mijatovic ocuparía el corazón de la afición ché. Aquí siempre hemos necesitado tener un ídolo, un líder, alguien al que admirar e idolatrar, lo cual ha sido un craso error bajo mi opinión.

Su despedida fue triste. A mí no me gustó lo que pasó. Una historia de enfrentamientos personales y peleas con sabor barriobajero con el presidente de aquel momento. Después visitó Mestalla con dos camisetas diferentes pero ya nadie coreó su nombre ni agradeció sus servicios. Cosas del fútbol. Amor y odio, fina línea en los sentimientos futbolísticos.


Fernando Tomás Puchades
Antiguo socio del Valencia CF
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dijous, 30 d’agost del 2012

Tele-Mestalla

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Mestalla representa un insòlit cas d´amor platònic que al remat es consagra.

I és que el primer contacte amb Mestalla de molts valencianistes arriba mitjançant la televisió. Parle, en este cas, de televisió a color, i a més a més, autonòmica, puix els meus començaments com a seguidor coincidixen amb els inicis de Canal 9.

Així que millor escriure d´este tema abans que la radiotelevisió autòctona desaparega o la intervenguen i sols retransmeta partits del Reial Madrid.

I com la visió del món sempre depén de les ulleres que gasta cadascú, he redactat este article en valencià, la llengua que escoltàrem en eixes primeres retransmissions a Mestalla.

No tinc la intenció de fer l´anàlisi dels mitjans tècnics usats per a televisar un partit al nostre estadi, doctors tenen els mass media per a això. Volia expressar com recorde haver fet el seguiment primerenc de la meua passió valencianista a Mestalla, associada llavors al filtre de la xicoteta pantalla.

La sensació era de màxima intensitat i d´una ansietat agreujada pel fet de no poder assistir encara freqüentment a l´estadi. El dia es feia llarg esperant la nit del partit, perquè el nostre equip tenia vocació noctàmbula i l´encontre, si no s´emmarcava en eixes jornades extraordinàries de Copa o competició europea, sempre es disputava el dissabte per la nit, dos hores abans de qualsevol film durant el qual Steven Seagal o Chuck Norris ajusticiaven a galtades una colla d´inoperants.

Em posava dels nervis i de tant en tant arribava a l´hora del partit amb maldecap. Tota la meua atenció es concentrava just després de l`autèntic preàmbul del partit. Eixe rondo que jugaven les lletres de Bancaixa (partit oferit per Bancaixa; sí, els valencians encara contàvem amb sistema financer propi, explicarem als nostres néts) sense deixar caure la pilota i que, amb remat de xilena de la a, donava pas a l´emoció de l´encontre.

Lo primer que apareixia sempre era un plànol de Mestalla gravat des del fons sud que confirmava que l´estadi estava de nou ple. Les graderies es podien vore ennegrides, com si de formiguers es tractaren, llevat del fons nord, que dibuixava algun dels primers tifos de cartolines o rotllos de paper, o simplement un compacte bufandeig de llana dels d´abans, colorejat amb el blanc de l´equipació i el blau, groc i roig de la nostra senyera.

El partit televisat per les cadenes de la FORTA representava l´ocasió per a que les aficions desplegaren les seues millors gales i els fons s´encarregaven de l´atrezzo.

Les narracions dels inseparables Miquel Àngel Picornell i Jordi Carrascosa deparaven divisió d´opinions. Allunyats dels romanços de l´actual escena, a mi m´agradava el seu estil “bronco y copero”, tradicional. Implacables amb l´àrbitre i indissimuladament indignats amb tot lo que perjudicara al nostre equip. Amb ells aprenguérem metàfores com “l´estadi està ple de gom a gom” o “la pilota ha fet un ciri”. I si alguna paraula no sonava vernàcula, al sendemà tenia registre d´entrada al Cabinista de Las Provincias.

L´adolescència tancà esta etapa amb la consecució del primer abonament, quan no coneixíem encara l´actual saturació d´encontres. Amb els de Canal + dels diumenges aplega la introducció de les prèvies i el controvertit concepte d´infotaintment i amb l´apocalíptic “volvemos en 7 segundos” de JJ Santos a Karlsruhe el malson d´unes privades estatals que mai dissimularen la seua antipatia (no one likes us and we don´t care, van cantar els Sex Pistols), tot això adobat per l´infame partit dels dilluns, musicat amb el merescut Puta A3 de rigor, símptoma de cinc lustres sense cap èxit que paladejar, com si vivírem en un etern 92, també en lo futbolístic.

La sentència de tot este model de retransmissions la signà el Pay Per Beer (et fas una cervesa i veus el partit amb els amics), obrint un període d´especulació i horaris intempestius que he patit com un dels aficionats que acudixen religiosament a Mestalla, els últims micos d´esta passió de la que alguns han fet negoci.

Tot i això, davant de la xicoteta pantalla preservaré el record d´uns temps de fidel comunió valencianista i d´un Mestalla ple, majestuós i en tecnicolor.


Simón Alegre
Soci del Valencia CF
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