diumenge, 10 de febrer del 2013

Un gordo anda suelto

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A medida que se acerca el final de Mestalla mis recuerdos se vuelven más absurdos y menos épicos. Igual es la ensaladilla del verano o este tiempo ocioso anclado en las ruinas del viejo solar donde se fundó el CD Cuenca, histórico vivero del Mestalla. Recuerdo por ejemplo el verano del 90, con el regreso de Roberto y el siete trágico que nos hizo el Madrid en el Naranja. La temporada empezó mal y ya en la tercera jornada un apagón contra el Castellón resucitó el carácter excéntrico de Mestalla. Nadie animaba pero fue hacerse el apagón y desde el viejo Yomus comenzaron a encenderse bengalas y a entonarse cánticos a cada cual más extraño y fuera de contexto. Con el regreso de la luz Enric Cuixart marcó el gol de la victoria y la mediocridad quedó aplazada una jornada más. El gran Enric Cuxart.

Todavía en septiembre nos visitó el Mallorca, en otra jornada nocturna y calurosa. El partido era malo, anticipo claro de la última temporada de Espárrago en Valencia. Mediada la segunda parte se organizó un tumulto en la Numerada, hacia el sector 20 ó 21. Entonces todavía eran habituales las trifulcas y los enfrentamientos entre vecinos de localidad. En aquella ocasión la voz cantante de la refriega la llevaba un gordo de tripa indecente que pronto se ganó las antipatías del resto de la grada. El gordinflis amedrentaba a un hombrecillo de mediana edad ante el estupor generalizado. Por momentos el interés del partido se desplazó hacia la Numerada. Desde el viejo Yomus alguien soltó la voz de alarma y como siempre que la anécdota toma cuerpo el cántico se hizo tumultuoso y coral. A ritmo de Guantanamera la tropa comenzó a bramar "es un baboso el gordo es un baboso". El cántico se hizo fuerte como una ola y ni siquiera el gol de Fenoll consiguió esa noche tantos adeptos.

La generalización del cántico sorprendió al Gordo bíblico en un reparto nada equitativo de insultos y empujones. Todo Mestalla se puso en su contra. El Gordo se vio superado ante tanta presión. Como si de un tarado televisivo se tratara no aguantó el tipo con las tablas necesarias y empezó su guerra conta todos. Llevándose las manos a su gorda huevera de gordo seboso y desquiciado se giró hacia el fondo norte y continuó su show con aspavientos escatológicos y desafiantes. No hizo sino aumentar el griterío y sus altavoces. Es un baboso, el gordo es un baboso. Esa misma noche se puso a dieta.
 

Rafa Lahuerta Yúfera
Socio del Valencia CF 
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divendres, 25 de gener del 2013

Los pasos olvidados

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ORFANATO/REFORMATORIO INTERNADO SAN FRANCISCO JAVIER
AVENIDA DE CAMPANAR
DOMINGO 11 DE ABRIL DE 1954 

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Serían poco más de las dos de la tarde, y la luz grisácea del frío mediodía dominical, asomaba por la vieja ventana que tenía más cerca, tratando de vencer al hambre, hice el esfuerzo de dormir un poco en la escasa media hora de siesta, agazapado en mi cama, con los ojos cerrados, sin poder dormir, pero mentalmente despierto, era capaz de visualizar la amplitud de toda la sala, la pesadez somnolienta del ambiente, se vio alterada, por un lejano eco, eran unos pasos que se iban acercando hacia la estancia, eran firmes y acompasados, en pocos segundos se detuvieron delante de la vieja puerta de madera, un  giro al pomo y la enérgica apertura de la puerta, hizo aparecer la corpulenta figura del celador, Navarro.

Se detuvo ante la puerta, casi todos los niños nos incorporamos al mismo tiempo, sentándonos  sobre las camas, entonces, el celador levantó la mano y extendió su dedo índice y apuntando hacia el resto de la estancia, fue señalando aleatoriamente, uno a uno, a varios niños.

El celador era un hombre fuerte y corpulento, no en vano había servido en la Legión, las malas lenguas decían que había renegado, o más bien, lo habían devuelto, porque tenía un carácter demasiado blando, para el servicio al que pertenecía.
-    Tú, tú, tú… - así hasta completar trece niños. - Vendréis esta tarde conmigo de paseo.

Cuando ya se marchaba, me miró fijamente, y dejando escapar una leve sonrisa, que creí interpretar de complicidad, me dijo:
-    Toni, hoy te vienes también de paseo. - Trece me parece mal número.

A todos los elegidos se nos quedó cara entre, angustiados y asustados, puesto que era la primera vez que nos elegía y no sabíamos exactamente que iba a sucedernos, yo, en concreto me quedé helado, sobre todo de que supiera mi nombre, pues éramos muchos como para acordarse en particular del mío.

Antes de cerrar la puerta, Navarro se giró sobre sus pasos y con tono amenazante nos dijo:
-    Recordad, que tenéis que estar impecablemente vestidos y aseados, os espero formados en el patio de juego, en quince minutos, el que venga un segundo tarde, pagará las consecuencias, pues no vendrá de paseo ni él, ni los compañeros que tenga inmediatamente delante y detrás.

Esta última advertencia, hizo  que los más mayores fuesen solidarios con los más pequeños, con el fin de poder estar todos a la hora exacta en el patio de juegos y en formación.

Aún recuerdo el primer día que entré en el internado, estaba sentado en un banco de cemento, merendando un bocadillo de tortilla de patatas, cuando se me acercaron varios chicos que estaban jugando al fútbol, y uno de ellos, el más mayor me dijo:
-    Si me das el bocadillo te doy esta pelota.

Yo accedí, y le di el bocadillo, lo devoró en poco más de dos minutos, entonces comprendí, que iba a pasar mucha hambre, al final jugamos todos con el balón y yo hice de portero, ese día me gané su amistad.
-    Rápido, Toni, tienes que vestirte con el uniforme limpio, hoy es un día grande – me dijo mi nuevo amigo, mientras me ayudaba a abotonarme la camisa blanca.
-    ¿Tú sabes a donde vamos? – le dije mientras me ajustaba el suéter rojo.
-    Sí, pero no te lo voy a decir, sólo sé que no olvidarás nunca este día – dijo mirándome a los ojos, justo donde a mi me pareció observar cierto brillo en los suyos.

No insistí más, me quedé más tranquilo con sus palabras, no me pareció que pudiera ser nada malo.

Los elegidos hicimos cola para lavarnos la cara, las manos con jabón, y el que tenía cepillo de dientes, se los limpiaba, mientras el resto terminábamos de peinarnos.

 Íbamos a toda prisa por los pasillos, pasamos por delante de las aulas, presididas como no, por los crucifijos, y donde se podían ver encima de los pupitres, las Enciclopedias Álvarez.


Un vez formados todos en fila de a dos, y de que nos hubieron revisado, salimos del recinto por la puerta principal, situada en la Avenida de Campanar, en fila de a dos, con el Director en cabeza, y Navarro el celador, vigilando detrás, para que no hubiera ningún desorden en la fila.


Todo alrededor nuestro era huerta, pequeños ribazos y ramales de acequias, el inmediato destino era atajar atravesando las serpenteantes sendas, que teníamos justo enfrente del internado (lo que hoy sería el hospital La Fe antigua), hasta alcanzar el comienzo de la Avenida de Burjasot (así es como se escribía entonces), junto al viejo cauce del río Turia, el cual nos iba acompañando todo el camino, con el suave murmullo del agua, avanzando hacia su irremediable final, la desembocadura al mar. Que poco nos imaginábamos, la tragedia que aconteció algunos años después.


A la altura del Llano de Zaidía, hacía su aparición el tranvía, el nº23 llamado Godella, la ruta única era Torres de Serranos, Puente de Serranos, Orilla del Río, Llano de la Zaidía, Avenida Burjasot, Benicalap, Burjasot, Godella.


El Llano de la Zaidia, dejó paso a la Calle Sagunto, una zona que conocía bien, pues era donde me había criado y en el cual estaban los amigos de mi infancia (de la otra vida fuera de los muros del internado), así que hice un exhaustivo reconocimiento visual a la plaza Santa Mónica, a ver si podía avistar algún amigo, y poder saludarlo, pero no, lo intempestivo del horario lo hacía imposible. En ese instante, me imaginé cuando jugaba al fútbol con los amigos del barrio, allí nos imaginábamos que éramos figuras del balompié como Gento, Di Stéfano, Kubala, César, Basora, Carmelo, Zarra, Gaínza, Pahíño, Luis Suárez, Puchades, Pasieguito, Seguí, Fuertes y como no Wilkes, para ello, unas veces utilizábamos unas pequeñas pelotas de trapo que nosotros fabricábamos, y otras veces con pelotas de goma, a las cuales les hacíamos un agujero con un alambre al rojo vivo, así la pelota perdía su aire y dejaba de botar, con lo que eliminábamos el riesgo de que cruzase a las vías y nosotros tras ella, ya que el desnivel del terreno hacía que se fuera a la zonas de tránsito del tranvía, que bajaban del Puente de Serranos hacia la Calle Sagunto, o a la Estacioneta, donde los trenes, salían hacia los poblados marítimos… en definitiva, allí perdíamos la noción del tiempo, el futbol era nuestra pasión.

A la otra parte del río, justo enfrente, emergían las Torres de Serranos, la puerta de entrada por excelencia, a la Valencia medieval, allí seguían vigilantes, firmes e imponentes, testigo de excepción de una época lejana.

 Mientras avanzábamos, Navarro llamó nuestra atención.
-    A ver, chicos, escuchadme.
-    El que resuelva el  acertijo, estará cerca de  adivinar hacia donde nos dirigimos.
-    ¿Qué animal contiene las 5 vocales?
Todos a la vez empezábamos a repetir en voz baja varios nombres de animales, hasta que saltó uno y dijo:
-    Ya lo sé, es el rinoceronte.
-    No, es el hipopótamo, dijo otro.
Navarro se tronchaba, a la vez que movía la cabeza con un claro gesto de negación.
-    En efecto, tienen cinco vocales, pero debe contener las 5 vocales. Seguid pensando un poco más.

Después venía el puente de madera…

… y al lado la estación, con el campo de Vallejo detrás,

 …los Jardines del Real…


…hasta llegar al Palacio de Ripalda, que era un edificio neogótico de toque romántico, coronado por una elegante torre redonda, que le hacía concebir el aspecto  de un chateau francés, sin precedente en Valencia, su construcción se situaba entre los años 1889 y 1891, y su demolición en 1967, en su lugar se construyó el edificio conocido como La Pagoda.

No habíamos avanzado ni doscientos metros cuando, al fondo vi aparecer un trozo de edificio extraño y pintoresco, no parecía la Plaza de Toros, ni tampoco un mercado, ni un edificio oficial, lo que sí que se apreciaba con claridad era el continuo movimiento de personas de un lado para otro, era como un hormiguero.

A medida que nos acercábamos, sentí un escalofrío, acompañado de un dolor abdominal, eran los nervios, cuando me di cuenta de donde estábamos y donde íbamos…. a Mestalla. A ver a mi Valencia C.F.

El estadio continuaba en fase de remodelación, aún así, el aspecto era espectacular y majestuoso.

Miré a los demás chicos que venían, tenían una cara entre sorprendidos y alegres, me vi reflejado en ellos, tiritábamos todos de los nervios y la emoción.

En las afueras del estadio habían “paraetas” ambulantes, en los cuales habían castañas, panochas de maíz, boniato, cucuruchos de chufas, de altramuces, y de pipas, también había regaliz y trozos de coco rancio, y las castañeras, con su delantal blanco voceando -¡a la rica castaña calentita!

Sin perder la formación, Navarro nos guió hacia una de las puertas de acceso al campo, de su abrigo extrajo un fajo de entradas, que se las enseñó al portero, este preguntó si teníamos todos 12 años, después de la afirmación del director, comenzó el recuento de entradas, las contó dos veces, y en ambas el número se repetía, dieciséis, acto seguido fuimos entrando uno a uno, mientras el portero nos contaba en voz alta.

El Director, esperó a que todos entráramos y se puso en cabeza, nos fue guiando con cierta soltura por dentro del estadio.

No recuerdo si subí o bajé escaleras, ni cuantas, que creo que fueron muchas, ni por donde, las piernas me iban solas, estaba flotando, lo único que conscientemente mi cerebro podía controlar eran los ojos, los cuales no se perdían ningún detalle de aquel laberinto, finalmente llegamos a la última escalera, y al asomarnos, nos quedamos petrificados y boquiabiertos, ninguno de nosotros estaba preparado para ver una imagen de aquella alfombra verde, era hipnótico, yo no había visto nada igual en mi vida.

 Mientras avanzábamos por el frío cemento, hasta nuestra ubicación en la General de Pie Sur, me fije en otro detalle que me llamó mucho la atención, era la visera que le estaban construyendo a la Tribuna, aquel voladizo de hierro era enorme, una auténtica obra de ingeniería, aunque todavía estaba por terminar.

Y bueno, allí estaba yo, dentro del Mestalla, por primera vez, apenas podía creer que yo formara parte de aquel partido, con mi equipo el Valencia C.F., era como un sueño, que en la época que me tocó vivir, se hacía inalcanzable.

El partido se jugaba pronto, sobre las 4 de la tarde, puesto que había que aprovechar la luz natural, al no existir la luz artificial.

El duelo era un Valencia-RCD Español, jugaban por el Valencia, López, Díaz, Paquito, Sócrates, Pasieguito, Puchades, Seguí, Wilkes, Gago, Fuertes y Buqué. La jornada era la número 28 de 30, eran las postrimerías de la Liga de la temporada 1953-54, y ambos equipos luchaban por la tercera plaza de la Liga.

Ni que decir tiene, que me sentía un afortunado de poder ver jugar juntos a un grupo de jugadores extraordinarios, y de reconocido prestigio. El sistema de juego seguía siendo un 1-3-2-2-3, conocido en la época como la WM, una copia del sistema de juego que había puesto de moda el San Lorenzo de Almagro, que lo utilizó en su gira de partidos amistosos por toda la geografía española, allá por el año 47.


 Cuando el Valencia, de un blanco inmaculado, hizo su aparición, toda la Tribuna se puso en pie aplaudiendo a rabiar, igual que el resto del estadio, los que estábamos en la General de Pie, no nos incorporamos, puesto que era una evidencia, que ya lo estábamos. Yo estaba nervioso, pero cuando vi aparecer a mi equipo, mi corazón parecía que iba a salirse del pecho, fue algo inolvidable que recordaré mientras viva.

Del partido, no lo recuerdo todo, lo que sí recuerdo, es que fue un partido vibrante, de ida y vuelta, lo más importante para nosotros, era distinguir a los jugadores favoritos de cada uno, el rubio era Tonico Puchades, ese era inconfundible, hay que ver lo que imponía en el campo, estaba en todas partes, a su lado siempre Pasieguito, en la parte de arriba cinco jugadores de lujo, Fuertes, Buqué, Gago, Seguí y Wilkes.

Yo sólo tenía ojos para un jugador, Servaas Wilkes, alto, fino, que iba al trote cuando no tenía la pelota, pero, ay amigos, cuando le llegaba la pelota a sus pies, el público lo acompañaba con un murmullo de admiración, eso era lo que le diferenciaba de los demás, que era un jugador distinto, único e irrepetible, se pasaba la pelota de un pié a otro con una rapidez endiablada, el público contaba los driblings que hacía en cada jugada, sentaba a los defensas que salían a su paso, uno… dos… tres…. cuatro…, un regate en seco, una finta, un centro, un chut, su juego de cintura era un desafío a las leyes de la física.

 En el descanso, el estadio parecía que iba a arder, venga a fumar puros, nosotros lo aprovechamos para escuchar las opiniones de los más mayores.

El último gol del partido fue imborrable, faltando unos minutos para acabar el partido y con 3-1 en el marcador, Wilkes cogió la pelota y avanzó como una flecha hacia la portería rival, empezó a regatear rivales, hasta tres o cuatro, se paraba, arrancaba, avanzaba, los defensas no sabían cómo pararlo sino era con faltas, definitivamente enfiló hacia la portería, y de tiro colocado puso el 4-1 en el marcador.

 El público, como un resorte se levantó de sus asientos, y comenzó a sacar pañuelos blancos agitándolos al aire, era algo insólito en la época, pues el flamear de pañuelos estaba reservado para los toreros en las tardes de gloria.

Cuando marcó el gol todos sus compañeros fueron a abrazarlo, y una vez lo dejaron libre, me pareció que miraba hacia donde estábamos nosotros, y creí por un instante, que nos dedicaba el gol, fueron un par de segundos mágicos.


 Uno de los chicos preguntó que quien era ese, y yo le dije que era el holandés Wilkes, entonces el chico, en voz clara dijo:
-    Pues es como un mago, el Mago de “Holandia”.
Creo que nos pasamos un par de minutos riendo todos a carcajada limpia.

Al acabar el partido, la ovación pues atronadora para los dos equipos, pero especialmente para nuestro Valencia.

El viaje de regreso, pese a las continuas indicaciones de Navarro de ir en formación, fue un jolgorio, estábamos extasiados, contentos, no parábamos de comentar y gesticular las incidencias y situaciones del partido, con las piedras con las que nos íbamos topando por el camino, intentábamos copiar los imposibles regates de Wilkes.

En un momento del viaje, los ojos de Navarro se encontraron con los míos, quería darle las gracias, pero no me salían las palabras, él se dio cuenta, y con una satisfecha sonrisa, entrecerrando los ojos, asintió con la cabeza, un gesto que fue su forma de expresar, que sabía lo que quería decirle.

La verja del orfanato se cerró detrás de mí, volvía a la dura realidad del internado, giré la cabeza, con la única e ingenua idea de que la puerta se volvería a abrir, y escapar de mi realidad, pero ya no se abrió, necesitaba que pasaran quince días más, para que, con un poco de suerte, estuviera entre los elegidos para otro paseo en domingo por la tarde.

Todos los demás niños que no fueron al partido, se arremolinaban alrededor nuestro y nos preguntaban cómo había sido el partido, nosotros contábamos muchas cosas del partido, las jugadas, los goles, los remates, las paradas, y que por supuesto las exagerábamos, así nos hacíamos los importantes, por unos momentos éramos el epicentro de sus sueños.

Después de la cena, y cuando apagaron las luces del internado, me acurruqué en la cama, y no tengo reparos en contar que lloré en silencio, mis pequeñas manos, secaban las lágrimas, no en vano había sido el mejor día de toda mi corta vida, y necesitaba dar las gracias a quien fuera, pero no sabía muy bien a quien dárselas, si al caprichoso destino o azar de un celador legionario, a la escasez económica de mi padre zapatero de profesión, que le hizo internarme, o tal vez a mi madre, a la que nunca llegué a conocer, pero me gustaba pensar que me guiaba, cual Ángel de la Guarda.

Abrí muchas veces más, junto a Navarro, la verja de la entrada del internado, los domingos por la tarde, para volver al Mestalla, repitiendo el mismo camino, exactamente hasta 1960, año en que a la edad de 16 años, se acababa nuestra formación, así que lo de entrar gratis al Mestalla se acabó, y fui yendo de vez en cuando a ver a mi equipo, no todo lo que me hubiera gustado, pero ahorraba para verlo varios partidos al año.

Los Puchades, Pasieguito, y Wilkes, dejaron paso a los Waldo, Guillot, Sánchez Lage, Paquito, Roberto Gil, y estos dejaron paso a Claramunt, Abelardo, Sol, Valdez, y estos a Roberto, Saura, Solsona, Bonhoff, Kempes… y así cíclicamente, hasta tres décadas. Que se solapaban con mi boda, el nacimiento de mis hijos y un trabajo estable y absorbente.

Hoy, ya casi han pasado 58 años de aquel primer partido en Mestalla, y aunque la vida inevitablemente se me va escapando, entre hojas de calendarios, casi puedo respirar aquel día, el ambiente de Mestalla, la salida de los jugadores, la celebración de los goles, en aquel partido en el cual Faas Wilkes se vistió de “Mago de Holandia”, y de cómo fui testigo en primera persona de la calidad de un único y extraordinario jugador.

Curiosamente el último partido al que acudí al viejo Mestalla (en un trofeo Naranja contra el FC Barcelona, justo en el verano del 87), fue el primero de mi hijo, que tenía la misma cara que yo, entre alegría y sorpresa, que en aquel frío y lejano abril de 1954.

A nosotros, que llegamos tarde a todo: a la infancia,
a la adolescencia, al sexo, al amor, a la política…
A nosotros, que nos quitaron, año tras año,
el significado de cuanto nos rodeaba,
aunque fueran las cosas más pequeñas,
menos importantes…
Y a quienes nos hicieron así: nuestros
padres, que también llevaron lo suyo; (José Luis Garci)

A Roberto Alcázar y Pedrín,
al Guerrero del Antifaz,
el Capitán Trueno, El Jabato,
a los seriales radiofónicos,
a las anónimas cantantes de copla
de patios y plantas bajas.

A los desconcertantes y terribles secretos de familia,
a Navarro, a la hermana Pilar, y a mi tío María,
a la banda de cornetas y tambores,
a Luis, Matías, Bartolo, Pepín,
Clemente, Lucio, Zúñiga, Faustino
y Caballero, los últimos del internado.

A las Revistas Musicales con sus “varietés” en el Teatro Alkazar,
al cine Boston, y en verano a la terraza Rosaleda.
a los ansiados domingos por la tarde,
a los guateques y los discos de vinilo,
a los primeros bailes agarrados, gracias al son de
Los Milos,  Dúo Dinámico, Pantalones Azules,
Antonio Machín, Gelu, Lita Torelló, Los 5 Latinos,
Juan Pardo, Adriano Celentano, Enrique Guzmán, Adamo,
Los Beatles, el gran Elvis y por supuesto a Bruno Lomas.

A los primeros amores, y todo lo que ello conlleva.
A la juventud….la mejor época de nuestras vidas.
A la peseta, el céntimo y los duros.

A Abel, Onsurbe y Luisito, y el significado de la amistad.

A los que luchamos en silencio por la libertad,
y a los que silenciaron por luchar por ella.

A mi Valencia Club de Fútbol, y a los jugadores que
nos hicieron disfrutar, Wilkes, Puchades,
 Waldo, Guillot, Claramunt, Paquito, Roberto Gil,
 Kempes…y mi Liga del 71. Esa no me la quita nadie.

Y por  supuesto a mi esposa y nuestros descendientes,
que recuerden y no se olviden de sus pasos,
 pues también forman parte de los míos.

A mi cuñado Toni, nos vemos en tu montaña.
ANTONIO AGUILAR FERRER, el padre de PEPELU.

José Luís Aguilar, “Pepelu”
Socio del Valencia CF 
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dijous, 10 de gener del 2013

Carta de Carmel Roda Llorca, germà d'Elvira Roda Llorca



Hui tenim el gust de publicar el text que Carmel Roda, germà d'Elvira Roda, va escriure per al nostre llibre "Últimes vesprades a Mestalla". 



En homenatge, en testimoni de coratge i agraïment:
Amunt!


En agraïment voldria encetar estes paraules. A tots els qui heu fet possible este llibre i haveu volgut fer-lo instrument d’ajuda a Elvira Roda Llorca, ma germana, més coneguda com a “xica bambolla o chica burbuja de València”.

Elvira és una jove valenciana de 37 anys que patix en grau extrem una malaltia denominada Sensibilitat Química Múltiple (SQM), que des de fa vora 9 anys l’ha anant aïllant de tot: treball, amistats… i fins i tot de la seua família. Elvira no tolera multitud d’agents químics que a la resta de gent no ens afecten en el nostre quefer diari. I això fa que la seua vida siga la de una lluita constant per la supervivència i una fugida continuada de moltíssims perills que van des d’un perfum, a una fumigació, a un detergent, o un xampú… A més, en tractar-se d’una malaltia no reconeguda encara pel sistema sanitari públic, queda abandonada diàriament de tota ajuda pública sanitària i assistencial, i ha de lluitar a soles junt a la seua gent per a sobreviure.

Gràcies per deixar fer-me ressò de la seua situació de necessitat, però també del seu coratge. Voldria transmetre-vos tota la seua força i espenta. Elvira és un testimoni constant i permanent de ganes de viure. No li agrada el més mínim donar pena, i tan sols pensa en millorar-se el omés prompte possible per a posar a disposició de malalts com ella tota la seua experiència, per tal de fer-los el camí més fàcil i més curt cap a la seua millora. Per tant, tota la vostra ajuda en donar a conèixer les circumstàncies de la seua situació en este llibre es un pas més cap a la seua recuperació i per a trencar entre tots la seua bambolla d’aïllament i abandonament. Gràcies a la vostra ajuda ella podrà ajudar a molts malalts com ella de SQM a lluitar per una vida més digna i millor.

I al fil del València FC, tal volta a Elvira, la seua capacitat de lluita li vinga de sang, ja que un dels seus iaios, José Llorca Rodríguez, fon un home ple d’espenta, de coratge i d’il·lusió... i fundador del València FC. Gràcies també per poder aprofitar estes pàgines per a fer un xicotet i particular homenatge al nostre iaio.

Desconec quasi tot de mon iaio, ma mare (la seua filla) també. Va nàixer en 1904 i en 1919, als seus 15 anys, va estar al front de la fundació del club, de la qual estic convençut que sense ell no hi haguera segut possible. Caldria que es revisara rigorosament la figura d’este gran home, tant en allò referent al nostre club com també en moltes més vessants, a qui com a molts la Guerra Civil va truncar la vida, canviant-li-la per complet. A penes ningú sap (o millor, ningú apenes ha fet públic) no res dels seus mèrits, principalment d’abans de la Guerra. Però fins a eixe moment al menys el meu iaio es va dedicar apassionadament a moltes activitats a més de cofundar el València FC i dedicar-se a ell en cor i ànima.

Va cursar la carrera de Filosofia i Lletres que li valgué el seu ingrés a l’Ajuntament de València en la secció d’Arxius i Museus. Des d’esta posició va ser pioner i va estar al front de l’arqueologia valenciana (per cert, fon defensor de la fundació ibera i no romana de la ciutat de València), i del Museu d’Etnologia de València. Militant blasquiste i valencianiste, fotògraf, pintor, i periodiste multifacètic. Va treballar en diversos periòdics esportius de València i com a corresponsal per a premsa forastera tant espanyola com internacional, i arribà a ser redactor en cap del diari El Pueblo i corresponsal de l’agència United Press. Molts dels seus escrits i cròniques figuraven signades amb el pseudònim de “Kritic” en allò esportiu, i com a “Guillem Sorolla” (nom del famós cap agermanat valencià) en allò extra deportiu.

Creguem que va pertànyer a un dels primers clubs de futbol de la ciutat anterior al València FC. També tenim entés que va organitzar la primera Volta a Peu i la primera Volta Ciclista de València, i també va estar al capdavant de la introducció del hockey en la nostra terra, gràcies a aconseguir el patrocini dels diaris on treballava. Va pertànyer a una lògia maçònica, on era conegut com Guillem Sorolla, i va ser promotor de projectes d’infraestructures com el del ferrocarril exprés València-Madrid per Conca, i un gran i enorme i llarg etcètera...

Es casa el 14 de desembre de 1935. La seua esposa, Elvira Ortega Baeza, és filla d’un treballador i prestigiós comerciant, membre del partit blasquista i vicepresident de la Diputació de València, En Tomás Ortega. El seu avenir és molt esperançador: funcionari municipal, redactor de El Pueblo, membre d’un bufete a càrrec de grans projectes d’infraestructures... Però el 18 de juliol de 1936 irrumpix la Guerra Civil i tot s’afonà. Quasi tot això s’ho endú la guerra, on el pobre home primer quasi és afusellat pel bàndol republicà, i després ha de passar un tribunal de depuració per part del bàndol nacional.

La família es refugia en la casa de la Malva-rosa (prop de la sèquia de Vera, seguint l’estela de Blasco Ibáñez), relativament apartada de la ciutat on consideraven podien estar més segurs (just la mateixa casa on ara es refugia ma germana). Però en un trajecte de València a Alboraia el confonen per “vestir” a la manera feixista (d’alguns se n’havien amagat en la zona de la paperera) i uns milicians el detenen, junt al seu sogre, i els porten davant d’un Comitè (vulgo comissaria o checa) on tingueren la fortuna de trobar un ex-militant del Partit Republicà Autonomista que havia abraçat el bàndol revolucionari, que intercedix per ells. Cal dir ací que els membres del Partit Republicà Autonomista van ser perseguits durant la guerra pels “rojos” i en acabant la guerra pels “azules”. Per tal motiu Pepe Llorca Rodríguez va ser “depurado” (expulsat) de l’Ajuntament. A més, certs líders maçons per a salvar-se van fer entrega a Franco d’un registre d’afiliats a distintes lògies, raó per la qual el nostre iaio també fon jutjat i condemnat pel conegut “Tribunal contra la Masoneria y el Comunismo” que l’imposà 12 anys i un dia de reclusió i inhabilitació absoluta. La pena de presó queda en suspensió gràcies a la intervenció d’un jesuïta però no la de inhabilitació, de manera que quedà confirmada la depuració.

Per tot açò en acabar la guerra passà a un segon terme en tot, adaptant-se a les circumstàncies però sense renunciar en el seu interior a les seues conviccions. El València FC va estar present des de la seua fundació en tota la seua vida fins al final, acudint puntualment a les oficines del club a fer humilment mil i una tasques. El seu treball constant i meticulós escrivint les memòries de les temporades del club segurament ha sigut fonamentals per a escriure la història del València FC. Va faltar el 2 de juliol de 1978, acabada la lliga, de manera que els jugadors no pogueren lluir el braçalet de dol.

En homenatge a mon iaio Pepe, que per ell ma germana i jo som valencianistes. En reconeixement a ma germana, pel seu coratge i lluita, esperant tornar-la a vore tan feliç com en aquella final de la Copa, en Sevilla, on poguérem anar junts. En agraïment de tots els qui l’ajuden.
Amunt!


Carmel Roda i Llorca
Soci del València CF 
Germà d'Elvira Roda, afectada por el síndrome de la Sensibilidad Química Múltiple
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dilluns, 10 de desembre del 2012

Agradecimiento

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Amb motiu de la eixida a la venda del llibre Últimes vesprades a Mestalla, amb textos del nostre blog, tenim la satisfacció de publicar hui el text que ha escrit Elvira Roda Llorca, "la chica burbuja". Recordem que tots els beneficis de la venda del llibre es destinaran a donar suport a la seua lluita contra la síndrome de la Sensibilitat Química Múltiple, i que esta iniciativa ha estat possible gràcies a participació del València CF i la Fundació València CF, que han sufragat la edició, i a l'editorial Carena.
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Elvira Roda (a l'esquerra en la foto) amb unba amiga 
en la final de Copa del Rei disputada entre el València CF i l'Atlético de Madrid 
a l'Estadio de La Cartuja de Sevilla el 26 de juny de 1999. 
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Alejandro, Carolina, Isabel, Josep y todos los que habéis colaborado.


Agradezco muchísimo vuestro gran esfuerzo para conseguir que este libro salga a la luz, os doy gracias por intentar ayudarme a dejar atrás esta enfermedad, este aislamiento que durante años me ha tenido apartada de las personas y acontecimientos más queridos.

También quiero agradecer de un modo muy especial al Valencia CF, a la Fundació València CF y a la editorial Carena su desinteresada colaboración: sin ella no hubiera sido posible hacer realidad esta iniciativa.

Como este libro se dedica al Valencia CF os diré que desde muy pequeña, no solo por mi abuelo sino por toda mi familia, he sentido como mío este equipo. Son tantos recuerdos compartidos con los más queridos en torno a este Valencia CF... Quizás uno de los mejores la final de la Copa del Rey en Sevilla, donde fui con mi hermano y amigos: recuerdo que pinté a alguno que otro la cara en aquel viaje de tren... Fue un día tan lleno de júbilo, de emoción... Luego en el estadio los saltos, los besos, los abrazos... Tan cerca de quienes yo quería, tan fácil y tan felices...

Ahora quizás creo entender mejor el propósito de aquellos hombres que junto a mí abuelo, quisieron hacer realidad algo que sería más que un equipo, mucho más que un club: un grupo humano que fomentara los mejores principios. Creo que sentían de verdad que aquello con lo que soñaban y trabajaban en crear día a día era en verdad una buena razón para compartir más y mejor la vida con las personas que más quieres y exaltar esos valores humanos: compañerismo, generosidad, esfuerzo, entrega, unión, amistad...

Supongo que el balón y el juego era una excusa para despertar la pasión en nuestros corazones y compartir en familia y amigos un todo.

Doy gracias al Valencia por existir y a esos hombres que lo hicieron posible y a los que hasta hoy continúan para que siga esa esencia.

Estos años supongo que aprendí a priorizar ciertas cosas y a restar importancia a tantas. Parece que con tantos problemas en el mundo... hay tantas cosas sin sentido...

Estos años que viví en soledad mi cabeza y corazón lo ocupaban personas con problemas... y es curioso que, ya quedando tan lejos aquellos días en los que podía entrar al estadio, cuando escuchaba de lejos gritar "gol" en la calle, mientras yo respiraba cerca de la orilla del mar, me seguía alegrando como si el tiempo no hubiera pasado.

Por unos instantes ese "gol" me emocionaba porque me recordaba a cuando saltaba, reía o abrazaba a los míos. Son esos instantes que llevan a recuerdos del corazón que te ligan a otros más profundos y tan cargados de felicidad que es increíble, porque te mueve tanto, te reactiva tanto te dan tantas ganas de vivir...

Ahora sé que el propósito de mi abuelo y aquellos hombres se cumplió y se cumple cada día en cuanto a compartir el amor.

Lo dicho, mil gracias al Valencia CF y a todos los que lo hacéis realidad. Gracias por tantos momentos dulces y felices.

Gracias a todos los que estáis ahí y me ayudáis. Repito gracias por emplear tantísimo tiempo, tantísima dedicación, por demostrarme tanto y tan bien vuestro cariño. Vuestro libro es un gran regalo y vuestro mérito increíble.

Gracias también por dar a conocer mi enfermedad, la Sensibilidad Química Múltiple, enfermedad nueva, emergente, y ojala que con los esfuerzos de todos sea reconocida y tratada en España por la Sanidad Pública, como medida urgente de justicia y necesidad para los enfermos que la sufren.


Elvira Roda Llorca
Aficionada al Valencia CF
Afectada por el síndrome de la Sensibilidad Química Múltiple

diumenge, 25 de novembre del 2012

Los hermanos Panero y Mestalla

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En toda convención chotofriki hay siempre un momento álgido donde se hace balance de la nómina de fiascos, chascarrillos y casos únicos que jalonan los arrabales del relato Mestallí. Como todo el mundo sabe, ser del Valencia es una cuestión menor. Una religión anodina y de clase media. Los héroes, ya se sabe, eligen otras opciones. El choto no, el choto, como se deja llevar y es un ser blando y sin carácter, acaba sus días en la barra del bar de la esquina poniendo a prueba a otros chotos sobre quién es capaz de mear más lejos en la recuperación de momentos cumbres de la futbolería local. Es la estampa suprema del fin de la historia, muy similar a aquella otra del café donde Fontanarrosa novelaba las efervescencias de "El mundo ha vivido equivocado". En este escenario de mediocridad ambiental, el choto suelta su retahíla de anécdotas ya manidas y mil veces repetidas donde a veces se cuela un nuevo detalle que hace gimotear a los más lagrimitas. Ya se sabe: la moneda al aire, el accidente de Walter, la casa donde vivía Vicente Peris, la irrupción del Gitano González en un Valencia-Athletic de la 72-73, el banderín de la Recopa del 80 que pende en un anaquel de La Salamandra, el caso Gallolo... o el momento cumbre de la confusión de Vicente Asensi en 1941 cuando se alivió en el videt y no en la correspondiente taza. Todo ello por no recurrir al día en que recién salido de la ducha y con la toalla enrollada sobres sus partes púdicas le preguntó a la camarera del hotel: Señorita, ¿usted conoce Nueva York? No, contestó la muchacha. Pues mire la estatua de la libertad, dispuso el procaz Asensi mientras la toalla se deslizaba con suavidad hacia el suelo. Un guiño inocente que de forma malévola hace pensar en el tipo de nombre impronunciable que dirigía el FMI.

Puede que el chotofriki haya alcanzado ya el nirvana futbolístico o una madurez subsidiaria y algo cínica que le remite a cierta lucidez del abandono de todo exhibicionismo militante en el mercado de las militancias. Quizás el chotofriki ha comprendido que hacer bandera de una identidad futbolera es tan estúpido como hacerlo de cualquier sistema de creencias más o menos organizado. Y que, en realidad, no hay manera seria de hablar de fútbol porque la subjetividad y la militancia impiden todo acuerdo razonable y ajustado a la realidad de lo que pasó y no al heroísmo intuido de lo que nos hubiera gustado que pasara. A fin de cuentas, el creyente es siempre un enfermo cuya tara es la incapacidad para asimilar con ironía las contradicciones de su doctrina. Quizás por ello, y parafraseando a Onetti, el chotofriki prefiere perder una discusión “banal” que perder el tiempo “real”. El dilema para el chotofriki es la evidencia de su condición de burgués. Bendito dilema, claro, porque nada mejor en el mundo que permitirse el honor de la desidia y el suave discurrir de los acontecimientos desde la atalaya del poder bendecido por los dioses y Bankia. Gran suerte, por tanto, ser burgués y del Valencia. Suerte poder hablar de la propia decadencia a la manera de los hermanos Panero en El desencanto, con las espaldas cubiertas y la mueca entre pija y condescendiente de quien sabe que toda gloria es finita e inútil. Suerte, en suma, ser miembro de una religión blanda y nada heroica. Suerte saber que el premio a nuestra propia inconsistencia nos libra de caer en la superioridad moral... ese purgatorio de cándidos ególatras.


Rafa Lahuerta Yúfera
Socio del Valencia CF
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dimarts, 6 de novembre del 2012

Mestalla, el nacimiento de un mito

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Cada vez que se oyen rumores sobre la posible reanudación de las obras del nuevo Mestalla, se me pone un nudo en el estómago, tengo sentimientos encontrados, el nuevo estadio está más cerca de donde resido, y en diez minutos andando estaré allí, pero como animal de costumbres, mi mapa de movimiento humano, es sencillo y reproducible, la proximidad del nuevo estadio, suplantará a las tertulias pre-partido en coche, a la satisfacción de encontrar aparcamiento legal a la primera, al peregrinaje originario desde la zona de la Mezquita y posterior desde el Paseo de la Alameda, a la llegada hasta los aledaños del viejo Mestalla, allí donde se respira el ambiente y el sonido inconfundible de la afición, la excitación antes del partido, los cánticos, el trago a la rubia, la caballería con su innegociable rastro, el asalto al monumento a la afición, la llegada de los contendientes, y siempre a un cuarto de hora del comienzo, el inicio de las rampas del particular Alpe D’Huez, por su vertiente más dura, por la Torre B, luego acceso a Vomitorio 469, bajada de vértigo a la tercera fila, con el campo de batalla de color verde como fondo, saludos a mis compañeros de armas, hasta encontrar el refugio de mi trinchera, el asiento nº140.  “THE SHOW CAN BEGIN”.

Mi consciencia sobre Mestalla y el fútbol nació a golpe de transistor, escuchando la cruel adversidad de un triste y anunciado descenso, los inicios parten del lastre de creerse mago inexperto e ilusionista en sueños de campeón, comprados a golpe de talonario, e impagados con economías quebrantadas, para mayor gloria de la ambición, de la dictadura fanfarrona y del ego desmesurado.

No os faltará razón para decirme que visteis a algunos de los mejores jugadores europeos y sudamericanos del momento, pero yo desde mi perspectiva inmadurez, os contesto, que esos éxitos si no tienen un equilibrio económico, se vuelven simiente en campos de fracasos futuros.

Al ritmo de timbales de Segunda División, empezaron los pobres de espíritu a abandonar el barco del Valencia CF, con la misma intensidad y a la voz de “El Valencia será lo que los valencianos quieran”, se subieron los valientes, a manadas, como nunca antes había sucedido, un ejército de optimistas, dispuestos a recuperar el orgullo perdido, y renacer de nuestras cenizas, cual Ave Fénix.

Crecí con la esperanza de un temprano regreso a la élite, forjado en la disciplina y austeridad económica, del primero de nuestros valientes, Don Arturo, que quiso, supo y pudo sacar la espada clavada de lo más profundo de nuestro escudo, rellenándolo de economías malabares, equilibrados presupuestos y amortizadas deudas.

Para redirigir el rumbo, continuamos confiando en la sapiencia de una leyenda del fútbol mundial, un argentino de los de tango de Gardel, un viejo amigo del Valencia CF, Don Alfredo y su ayudante Jesús Paredes, sus señas de identidad, trabajo, honestidad, parquedad en palabras, y ocurrentes respuestas, nunca dijo una palabra de más, no vino a ganar títulos,  pero con él conseguimos posiblemente el más trascendental del club “El Ascenso”, después en el retorno a primera, se sufrió como cualquier equipo recién ascendido, sin la suficiente experiencia, y afectado por las lesiones, llevó al equipo a desfondarse en el segundo tercio de la Liga de 1987-88, así que se hizo cargo del equipo, un valencianista de los de antes, de los de siempre, D. Roberto Gil, que consiguió mantenerlo en la máxima categoría.

Después del asentamiento en la categoría y en plena pubertad, apareció un uruguayo rígido, serio y trabajador, Víctor Espárrago (el antecesor del homo-Cúper), junto a su inseparable Modesto Emir Turrén “El Jefe”, su fútbol basado en el rigor táctico-defensivo y en la racanería de un fútbol escaso, amante del cuerpo a cuerpo y de la combatividad, pero efectivo. Un increíble 3º puesto, nos daba acceso (justo seis años y medio después) a lo impensable, el retorno a las competiciones europeas.

En lo deportivo se recurrió a una cantera igual de productiva que antaño, aderezado con exóticos fichajes, que elevaron al club, pese a la estrechez monetaria, a cotas insospechadas, hicimos nuestro el lema “nunca con tan poco se consiguió tanto…” añadiendo “…y especialmente en tan corto espacio de tiempo”.

Mi adolescencia se fue con Guus Hiddink, un holandés errante, de ida y vuelta, un exquisito cafetero de juego preciosista y escaso botín, que nos dejó duelos de altura entre el Dream Team de Cruyff, y la Naranja Mecánica, y… por desgracia de 2 noches de tren europeo, dos humillantes descarrilamientos en la Copa de la UEFA, el nombre de las estaciones, Nápoles y Karlsruher. Después, llegó el caos institucional y deportivo.

El paso a mi juventud, en la antesala de lo antiestético, trajo el rumor de lo incierto, la Ley de Sociedades Anónimas, la oportunidad de mentes ávidas de protagonismo, por hacerse con el poder accionarial del Valencia CF, desde la distancia en el tiempo, me resulta más fácil de entender, pero lo cierto es que todo pasó muy deprisa, y sin más, nos vimos con Paco Roig de presidente, creí que su incontinencia verbal sería transitoria, sí, no lo voy a omitir, le hizo un lavado de cerebro a una afición aletargada y anclada en la monotonía, y nos hizo ser partícipe de su Valencia campeón, nos hizo subir la autoestima, nos lo creímos y casi lo consiguió, un extraño e injusto subcampeonato de Copa y un excepcional subcampeonato de Liga, pero el peaje se me antojó excesivo, a nuestro D. Arturo, lo empujamos a marcharse por la puerta de atrás, la vorágine de las SS.AA. dejó obsoleto el viejo sistema, como antigua forma de club de fútbol, y se tragó a todo aquel que no quiso competir, utilizando como método, la chabacanería y el “bocachanclismo”. Las SS.AA nos dejaron para la posteridad, que el fútbol ya nunca sería lo mismo.

La era de Paco Roig (nada que ver con la de Aquarius), la recuerdo como una “mascletà” de sucesión de noticias extradeportivas, bochornosas la mayoría de ellas, el tiempo se me pasó rápido, tal vez por la continua retahíla de fichajes, no en vano, en dos temporadas nos trajimos a medio Logroñés, a casi una cuarentena de jugadores fichados en 4 temporadas, y en el mismo espacio de tiempo, se fichó a Parreira y su estilo de juego “El Parabrisas”, al tío Luis Aragonés con sus amiguetes, Patxi Ferreira, Moya, Otero y Engonga; a Jorge Valdano, el estilista del verbo, y su filosofía “Las perchas o la utilidad de las derrotas”, que vino aquejado de graves problemas de incontinencia verborreica, una trajeada variedad del mal que padecía su presidente.

Pero para mí, lo peor fue ver, uno tras otro, a jugadores como Quique, Giner, Robert, Penev, Eloy, Tomás, Sempere, luego Arroyo, y en otros períodos, Fernando, y finalmente Camarasa, dejar de pertenecer al club, y pasar a ubicarse para siempre en el “Hall of Fame” de mi memoria, pues con ellos el club fue creciendo y buscando su lugar, una búsqueda paralela a la mía, era como si mis hermanos mayores se fueran de casa, sabes que ya nada será igual, no en vano habían permanecido junto a mí, muchos años.

La Copa del 99, con el guiño a Camarasa, levantando la copa junto a Mendieta y el Piojo López, guarda un significado especial para mí, pues Camarasa no sólo estaba alzando la Copa, estaba en cierto modo, haciendo un homenaje generacional, los que no consiguió ganar ningún título, y los que ya empezaban a triunfar. Eso o, que en mi acusada bondad, creí conveniente repartir emocionalmente un trozo a Copa con ellos, se lo debía. Ostras, hubiera sido increíble ver a Fernando levantar un trofeo, y no menos increíbles las celebraciones del cachondo de Giner, o ver a Sempere cantar.

Parece un poco extraño, ahora que lo pienso, pero en aquella etapa, cuando el club sufrió más, y la máxima aspiración era entrar en UEFA, cuando se esfumaban las Ligas antes de llegar a Navidades, y conseguir un título, era una quimera, fue entonces cuando fui más del Valencia CF que nunca.

Al final la hoguera de las vanidades, exhumó su particular venganza, y donde antes el populacho aclamó al emperador, después pidió su cabeza hasta destronarlo. El resto, y lo que sucedió después, hasta el día de hoy, ya lo conocemos, todavía está muy reciente y pertenece a otra etapa de mi vida.

Si alguna vez vuelven los buenos tiempos económicos se abrirá la veda para que cualquier flautista de la palabra nos hipnotice y, con su melodía de la abundancia, nos confunda y vuelva a birlarnos nuestra dignidad y sentimiento: he llegado a la confusa conclusión de que es normal, cíclicamente necesitamos caer al fondo del abismo, y saber dónde estamos, para volver a resurgir. Deber ser el espíritu fallero que impregna esta tierra, que nos hace parecer como un monumento fallero, quemar y rehacer. Ahora que, como nos descuidemos, en una de estas no nos rehacemos.

Es por esto, que en el momento que se puso la primera piedra para el nuevo estadio, esa piedra tenía grabada la caducidad del viejo Mestalla, se podrá tardar más o menos tiempo, pero una verdad es inescrutable, su desalojo y derribo final.

Yo no sé si estaré preparado para ese día, el de su destrucción, pero procuraré estar cerca, no quiero que nadie me lo cuente, lo quiero ver con mis propios y seguramente vidriosos ojos, ese será el trozo de objeto que me lleve de él, su recuerdo de las tardes y noches allí vividas.

Cuando ya haya sido aniquilado, y en su espacio mortal, se realicen edificios, jardines o lo que urbanísticamente se decida, las generaciones de ayer y de hoy, sabremos que estuvo allí, con todos nosotros, gritando, animando, llorando, riendo, sufriendo, todos juntos, y será un deber de valencianista, no olvidar, y recordar a las generaciones de mañana, que y quien fue nuestro Mestalla, pues ese será el momento del nacimiento del mito, el lugar donde se reunió, al sufridor perenne de bufanda, al aficionado de bocata y pinganillo, al contertulio de lo blanco o negro, al come-pipas en envoltorio de opiniones maleables, al socio-accionista de alegres lágrimas, solemnes tardes y gloriosas noches, …  es ahora, cuando echando la vista atrás, me doy cuenta de cuánto te voy a echar de menos. “THE SHOW MUST GO ON”


José Luís Aguilar, “Pepelu”
Socio del Valencia CF
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