dilluns, 23 de març del 2009

Fernando al rescat

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A menudo, lo más urgente es tener paciencia.

JL Borges

Hui es complixen 25 anys del primer gol de Fernando a Mestalla. Va ser en la porteria del gol Xicotet. Una volea marca de la casa que Pereira, un altre símbol del valencianisme llavors en l'Atleti, a penes va olorar. Després van arribar molts més, quasi 150, fins a conformar una de les trajectòries més emblemàtiques i senyeres de la història del club. No és una efemèride menor, encara que puga passar inadvertida per a molts. Fernando va ser bandera generacional d'un València en reconstrucció, o el que és el mateix: la primera anella de l'Edat d'Or recentment liquidada. Ja és casualitat, ara que tenim certa distància, que les seues irrupcions a Mestalla siguen sempre en períodes convulsos i delicats, com si més enllà de ser el jugador que més vegades hi ha vestit la blanca, el seu destí consistira a encapçalar l'exèrcit de salvació cada quart de segle.

De manera injusta, l'estigma dels seus 15 anys en primera línia sense alçar un títol ha creat entorn de la seua figura una falsa i immerescuda aurèola de conformisme. En futbol, com en la vida, els estereotips fàcils solen prendre en els que fan de la peresa intel·lectual la seua manera de viure. I este, per desgràcia, és un d'ells. D'altra banda, Fernando mai va ser l'"alegria de la huerta". El seu futbol, cartesià i sense concessions demagògiques, sempre va tindre detractors. I el seu caràcter, tan poc valencianero, no va acabar d'atorgar-li el plus sentimental que altres tribuneros de tall més afable si van tindre. Va ser, ja de jugador, una rara avis. Una beneida rara avis. Un valencianista poc comú. Un home realista.

Ara, com llavors, el VCF travessa moments difícils. I ara, de nou, Fernando apareix al rescat. Amb matisos i circumstàncies distintes. Però al rescat de nou. Fa un quart de segle, el de Sant Marcel·li era només un juvenil prometedor incapaç encara de projectar la seua maduresa als distints òrgans del club. Salvat per la campana en el 83, ningú pensava en realitat que el VCF baixaria a segona. El miraculós gol de Tendillo va tindre un efecte narcotitzant. Va fer pensar que el pitjor ja havia passat quan en realitat era al revés. El club no va assumir el desastre i la grada tampoc: només 16.000 socis en 1985 expliquen la dimensió del bac social que va haver-hi.

25 anys després algunes coses han canviat. Fernando representa la visió més realista i sensata del planeta Mestalla. Ja no és un juvenil imberbe, sinó un dirigent amb comandament en plaça. Al seu costat, un exèrcit major. Possiblement 35.000 o 40.000 irreductibles que no deixaran sola a l'entitat. I una cosa fonamental: la certesa que el descens a segona en les dos o tres pròximes temporades és una possibilitat real a la vista dels números. Ja ningú s'enganya respecte d'això. I eixa possibilitat ajustada i gens complaent és la base del nou València. Per això, és tan important afrontar este cicle amb entusiasme, compromís i responsabilitat. S'acabaren els temps del triomfalisme fanfarró. I, malgrat tot, això no implica entregar-se al solatge funest del fatalisme o la melancolia. Tot al contrari. És hora d'assumir que necessitem un equip que en els pròxims anys garantisca la permanència sense renunciar a res. Compromís, entrega, humilitat i respecte. Amb Fernando al front serà més fàcil no perdre peu.

El més important: recuperar com més prompte millor l'impuls competitiu que ens faça tornar a tindre fam de glòria. En definitiva, preparar-se per al pitjor per a evitar el pitjor. O dita d'una altra manera: no fer-se massa il·lusions. Ahí, com sempre, comencen realment totes les il·lusions.


Últimes vesprades a Mestalla
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divendres, 20 de març del 2009

Le llamaban Zulú

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La historia del Zulú es la historia del viejo Yomus, aquella grada ácrata, gamberra y plural de los años 80'. El Zulú era un heavy de Burjassot. Un tipo carismático y singular. Alto, delgado, pálido, de melena ensortijada y tocha prominente. Venía a Mestalla en un vespino blanco, disfrazado de Rambo y cargado de banderas, muñequeras y todo tipo de abalorios valencianistas. Era barroco y tierno. De una ternura profunda y en ocasiones ingenua que pretendía ocultar con su disfraz hecho uniforme. No lo conseguía, y en las distancias cortas afloraba su verdadera personalidad: un niño grande. Un muy buen tío.

En aquellos tiempos difíciles donde el VCF languidecía, el Zulú era un islote de pasión y buen rollo. Inventaba canciones, arrastraba a sus fieles acólitos y enarbolaba la bandera del entusiasmo más sincero. Todo en él remitía a cierto surrealismo, como si la excentricidad lo hubiera elegido su representante en Mestalla. Era lo más parecido a una estrella de rock. Un icono de la general de pie atravesado por mil contradicciones. Humano: demasiado humano. Y siempre al quite. Todos le queríamos. Entre otras cosas, porque él se hacía querer.

Cuando el Valencia marcaba un gol se lanzaba desde el paravalanchas “calamariano” sobre la peña arremolinada al grito de MOSH. Por entonces, las avalanchas eran aludes de tarados en las que milagrosamente nunca pasaba nada. A veces, el Zulú rodaba 15 ó 20 filas abajo. "Se ha matao, se ha matao" gritaba el acólito de turno. En esas, aquel personaje tocado por el magnetismo del liderazgo natural emergía entre un amasijo de bufandas, banderas y petardos. Primero se oía su risa. Una risa contagiosa y expansiva. En cascada. Después veíamos su nariz. La mítica tocha enorme que él siempre comparaba con su polla. Porque el Zulú estaba muy pagado de su polla y de su éxito con las mujeres. No por guaperas, sino por su aura: ese halo que convierte en especial todo lo que toca. El Zulú.

Su año de gloria fue en segunda división, cuando una tropa de melenudos se hizo fuerte en las últimas filas del gol norte. El Tamama, Cheroki, Javi el Heavy, Sebas, Llargui, el Indio, Moncada, Auriculares, el Pirotécnic, Benito y los que sin ser heavies compartíamos escena: su primo Pere, Lino, el Culebro, Liante, Calavera, Pulmones, Tino, Mortadelo, Esponja... quizá fuera la temporada más divertida. La última en que la pólvora se desparramaba en la grada con absoluta libertad y aún se podía entrar de todo sin que la policía se tomara muy en serio el control.

El día del ascenso frente al Recreativo de Huelva el Zulú parecía un nuevo Mesías. Aquella noche, bajo la densa humareda provocada por decenas de tracas anudadas en un hueco central de la general comandado por el Berga y su lugarteniente el Bigotes, más otro buen puñado de bengalas distribuidas anárquicamente, el gol norte vivió una de sus jornadas más extremas y felices. Se hace difícil explicarlo desde la rigidez del presente pero las cosas eran así: caóticas, pelín salvajes, imprevisibles. Un barullo apasionante y colorista donde nadie ponía orden y todo estaba siempre a punto de estallar. Fue la última noche sin barrotes.

Tras el ascenso llegaron las prohibiciones. Primero las tracas, después las banderas y más tarde las bengalas. Ese corte motivó cambios. Y de alguna manera, el Zulú fue uno de los grandes damnificados. Todo jugó en contra. El nuevo clima de vigilancia, con la policía siempre encima y sus propias circunstancias familiares: tan peculiares como difíciles de afrontar para alguien como él. Poco a poco fue espaciando sus visitas a Mestalla. Y sólo algunos años después, con motivo de la final de copa contra el Depor, volvió a sacar las viejas pinturas de guerra. Prometió sacarse el pase para la temporada 95-96, ya en el Gol Gran, pero no hubo opción. Dos semanas después de la famosa final del agua un accidente de coche lo dejó en la cuneta. Sólo tenía 28 años.

En cada título, en cada momento de gloria vivido en los últimos años nunca he dejado de pensar en lo feliz que hubiera sido aquel heavy único y singular al que todo el mundo llamaba Zulú. Para los más íntimos, José Luis.


Rafa Lahuerta Yúfera
Socio del Valencia CF
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dimecres, 18 de març del 2009

Manifiesto de la Tertulia Torino en el 90º aniversario del Valencia CF

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"Últimes vesprades a Mestalla" vol afegir-se a la celebració del 90 aniversari del nostre Club fent-nos ressò del manifest que la Tertulia Torino ha publicat en esta data, i ens sumem a la crida a la responsabilitat i la unió que proclama.

El Valencia CF cumple hoy noventa años. El 18 de marzo de 1919 se fundó en el desaparecido Bar Torino ubicado en el corazón del “Cap i Casal” una sociedad deportiva que cuenta en la actualidad con el apoyo entusiasta y el respaldo incondicional de miles de seguidores. Desde sus inicios, el club valencianista logró ganarse el afecto de numerosos aficionados que, con el transcurso de los años, transmitieron su sentimiento de amor y cariño a las siguientes generaciones que han tomado el relevo hasta nuestros días. Al volver la vista atrás se impone el emocionado reconocimiento a aquellos precursores que con un enorme sacrificio personal contribuyeron a que el Valencia pudiera salir adelante en sus primeros años de existencia. Sin su decidido entusiasmo y sin su labor abnegada, la entidad no habría sido lo que, con el paso del tiempo, ha llegado a ser en la actualidad: uno de los grandes referentes del fútbol que trasciende fronteras.

El Valencia nació como un sentimiento deportivo a principios del siglo XX cuando el fútbol era una pasión incipiente. No tardó demasiado en ganar adeptos para su causa y en extenderse como un fenómeno social de primer orden. El club valencianista no fue ajeno a este movimiento imparable y supo, en todo momento, situarse en la vanguardia. La Historia del Valencia demuestra su protagonismo creciente a lo largo de las décadas desde su nacimiento. Tampoco se puede obviar la dimensión cívica del club que ha traspasado los límites estrictamente deportivos. Los inevitables avatares del fútbol también han provocado en estos noventa años de vida la alternancia de situaciones: se han vivido etapas fecundas en las que se han logrado numerosos éxitos y, también, ha habido sinsabores y amargas experiencias, algo inherente al deporte, pero el valencianismo siempre ha sabido sobreponerse con entereza y salir adelante con renovadas energías.

Desde los épicos inicios en el desaparecido campo de Algirós hasta llegar a nuestro entrañable Mestalla, el Valencia no ha cesado de crecer. Una prueba palpable del arraigo de la entidad que mantiene sólidas sus raíces. Esta efeméride que hoy celebramos gozosos coincide en el tiempo con un momento crucial para nuestro querido Valencia CF. La entidad no goza de la estabilidad institucional necesaria para vivir un presente sosegado y para poder encarar el futuro con garantías. No es por desgracia una novedad. En realidad, desde su forzada transformación en sociedad anónima deportiva, el club ha padecido todo tipo de intrigas y de luchas intestinas que han perjudicado sus legítimos intereses y han afectado su buena imagen. El Valencia es una institución alterada por un constante movimiento especulativo que margina y olvida su verdadera esencia: la de la identificación incondicional de miles de personas de la más variada condición que sienten el club como algo propio, que forma parte importante de sus vidas desde lo más hondo de sus corazones.

Sabemos perfectamente que en la época que nos ha tocado vivir adquieren prioridad algunos valores alejados de los vigentes en aquellos lejanos tiempos del nacimiento del Valencia FC, esa era su denominación original, pero por eso más que nunca se hace necesario ahora defender el espíritu fundacional del club adaptándolo a la realidad del presente pero sin quebrar el sueño legítimo de los valencianistas. Al sentimiento no se le puede imponer el silencio ni tampoco límites. Por ello queremos compartir con la opinión pública esta reflexión en voz alta en una fecha tan relevante y hacer un llamamiento para preservar el buen nombre del Valencia CF y garantizar su futuro. Este es un día entrañable en el que se mezclan la nostalgia por los recuerdos vividos y la esperanza de luchar por un porvenir a salvo de los peligros que se ciernen sobre la entidad. No son figuraciones imaginadas, se constata que el club está amenazado por una grave crisis financiera. Nos estimula vencerla con el empecinamiento de los utópicos. Consideramos que el club es nuestro, de todos los valencianistas, una propiedad legítima que va más allá del sometimiento a una ley que se ha demostrado nefasta.

A quienes dirigen el Valencia en la actualidad, a quienes tienen una responsabilidad de manera directa o indirecta en el devenir de la entidad, les pedimos con todo el respeto el mejor gobierno, la máxima transparencia en la gestión y toda la eficacia posible en sus acciones. Puede que se hayan de adoptar medidas traumáticas y antipopulares, pero eso no ha de implicar una renuncia a luchar por el lugar que le corresponde al club, siempre entre los mejores, condición ganada con gran esfuerzo a lo largo de los años. Los valencianistas estaremos siempre a su lado y no les daremos nunca la espalda pero, a su vez, apelamos al compromiso contraído por quienes tienen el privilegio de dirigir los pasos del Valencia para que antepongan siempre el bien común. Esa es su obligación. No están solos. El valencianismo ya ha demostrado en tiempos difíciles su madurez y capacidad sacrificio, sin los cuales habría sido imposible superar momentos de extrema dificultad. En este momento tan complicado hacemos una llamada a la unidad de todos los valencianistas, es la hora de cerrar filas, la entidad está por encima de personalismos. Esa es la fuerza del Valencia que nos permite mantener, a pesar de las adversidades, intacta la ilusión por nuestros amados colores.

Amunt València per sempre!


Tertulia Torino

La Tertulia Torino està integrada per Alfonso Gil, Antonio Birlanga, Antonio Egea, Aurelio Martinez, Carlos Pascual, Félix Crespo, Héctor Villalba, Ismael Quintanilla, Joaquín Martínez, José Emilio Cervera, José Luis Zaragozá, José Mª Tomás, Joserra Garcia-Fuster, Pablo Salazar, Paco Lloret, Pep Doménech, Vicente Ferrer i Vicente Montesinos.
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dilluns, 16 de març del 2009

I es va fer la llum (17.03.1959)

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Perquè el València fóra el València de manera definitiva va fer falta que s'encenguera la llum a Mestalla. D'eixa manera, el club va assumir com propi el caràcter noctàmbul i fester de bona part de la seua tropa. Va ser fa 50 anys, el 17 de març de 1959 i l'efemèride va servir al mateix temps per a celebrar amb tots els luxes el 40 aniversari de l'entitat. Fins a eixe moment, la realitat gojosa del gran Mestalla i l'espenta cèlebre dels jugadors de la pedrera van sostindre en alt el mite del rat penat. Però en essència, la segona mitat de la dècada havia deixat en l'aire cert decaïment esportiu. Ja no era l'allau de títols dels anys 40' ni les finals es repetien de manera constant. No obstant això, el club va saber mantindre el to amb gran enteresa, fidel al seu propi pla. Amb un caràcter definit.
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La llum li va donar a Mestalla el plus de gran recinte. Però també li va subministrar a la societat bona part de la seua metafísica moderna. Una successió de xicotets ritus col•laterals sense els quals és impossible comprendre l'aura de magnetisme i electricitat que va generar l'esdeveniment: futbol en horaris intempestius, sopars de cabasset en els bars dels voltants i la posterior i simptomàtica presència de whiskeries en les rodalies. Una atmosfera, un escenari, una manera de viure.
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Potser per a llavors el món i la glòria estigueren ja lluny de València i Mestalla, però és evident que no passava el mateix amb la vida. La vida tenia arguments i estímuls per a no passar de llarg en la seua trobada amb Mestalla. D'eixa trobada va nàixer l'idil•li que va fer del nostre camp un dels més admirats del planeta futbol. No per la sonoritat dels seguidors, ni per la major o menor potència del València de torn. Més bé per l'atmosfera, el clima, la ubicació, les sensacions. Engrunsat per brises i hortes, a la lluna de València. Amb ambient de cafeteria ambulant i bareto de mercat. Un plaça popular i de moral relaxada. Pur malbaratament sensual.
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Sens dubte, el futbol nocturn va ser un èxit sense precedents en aquella ciutat de rostre provincià. D'eixa evidència van nàixer senyes d'identitat i triomfs esportius. Els 60' van significar l'eclosió de les competicions europees, on el València va tindre un paper preponderant i capital, amb tres finals consecutives en la Copa de Ciutats en Fires. Eixe impuls li va servir al club per a renovar i modernitzar el seu discurs, però també per a aprofundir en el paper de Mestalla com a emblema urbà cada vegada més present en el pla de la ciutat. El trofeu Taronja va ser una conseqüència més. Futbol i nit. Horaris de discoteca que només s'entenien a València. Eixos horaris que li van donar al club una dimensió pròpia i distinta. Les cèlebres 22'30. Partits que començaven dissabte i acabaven diumenge per a desconcert de rivals i periodistes. Partits que generaven una complicitat singular entre equip i afició. Un ambient made in Mestalla. Desenes de nits europees. Desenes d'eliminatòries coperes. I la certesa que la institució va construir a Europa bona part del seu prestigi. No gratuïtament, es tracta del tercer club espanyol amb millor palmarés europeu en títols i partits jugats.
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Des de llavors, l'estètica d'au nocturna i poc convencional ha guiat bona part del relat no oficial de l'entitat. Per alguna cosa, l'animal totèmic de l'escut és un rata penada. La nit, salta a la vista, mai ens va confondre.
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Últimes vesprades a Mestalla
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divendres, 13 de març del 2009

Banqueta visitant. RC Recreativo de Huelva

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El Decano tomará San Villasburgo

Importa no estar dormido
Tirso de Molina. Burlador

Al llegar a casa paso por el jardín junto al azulejo rajado de aquíviveunodelrecre y al banderín del Atleti. Él está esperando en pijama con la pelota en la mano, un pañuelo en la garganta y la alfombra del salón sin arrugar para dar unos toques. Es un poco tarde y hace frío para jugar afuera entre arriates de geranios y belladonas. Llego cansado del trabajo pero me gusta este ratito. Le digo que este sábado nos toca el Valencia (lo veremos en el brasero) y me pregunta que quien querrá Uberto que gane mientras ya jugando él es Villa (y pone cara de estar muy concentrado, como cuando colorea de amarillo el círculo del sol para no salirse) y yo pienso quien soy al ponerme las babuchas. Hoy yo soy Camuñas y Uberto Stábile es un vecino poeta valenciano que prepara un guacamole que ya querrían los ahoritas. Los triangulitos de la alfombra hacen de porterías y cuatro pinzas de la ropa de banderines de córner. No ni ná, vaya golazo que me ha metido Villa. La pelota roza la oreja de su madre que al devolverla con cara de aficionada energuménica (árbitro cabrón) mueve su sillón y arruga un poco la portería y el área de mi Recre mientras el pequeñajo se va corriendo con alegría feroz a la cocina cantando gooool y remueve el cajón de los cubiertos con sonido de semanasanta y de fallas que animan a la lavadora a cambiar de humor y hace ruidos como gritos de cohetes en las gradas del Luis Casanova (¿o Mestalla?). A mi hijo (¿tú también te llamas Carlos como yo?) lo que más le gusta del Valencia, aparte de Villa, es el escudo chulísimo, su pegatina favorita entre los escudos que colecciona de las bolsas de pipas saladas que me paso pelándole (y también pelándome de frío) cuando vemos al Recre en el Colombino. A mí también siempre me irradió simpatía ese escudo con el murciélago que parece un dragón. ¿Y quién querrá que gane Lauri? Lauri es su tío valenciano que se gana la vida de heladero artesano en Málaga y hace los mejores helados de mantecao de Tartesos. Ahora él es Silva y yo soy, un suponer, Colunga, pimpollo de Villa, que se va por la banda izquierda regateando las figuritas geométricas de la alfombra y dejando flequillos de césped antes de chutar a lo Alzugaray y empatar el partido. La ha clavado por la escuadra derecha, por el mismo sitio donde mi cartel del Trofeo Colombino del 72 tiene un ángulo suelto despegado de la pared del sótano. Fue mi primer Colombino en el viejo Estadio Municipal: Fluminenense, Slovan de Bratislava, Atlético de Madrid y Valencia FC. Desde ese momento soy colchonero y he visto esa preciosa Carabela de Plata en sus vitrinas. Mientras me pilla distraído mi hijo saca rápido (nos vamos calentando) y al intentar una bicicleta le pego una rasquilla (fue sin querer) y Villa sufre una torcedura de tobillo. Jeje, me río con regodeo y con esa emotividad tan sucia del fútbol y él se cabrea (ajá, con que así, ¿no?) y la Guruceta se quita del pelo una horquilla roja y me saca tarjeta (escucho el pitido de llamadas perdidas en el blackberry) y deja al Valencia con “numerioridad supérica” en homenaje al ex jugador-comentarista-vecino de Puntumbría Poli Rincón. Y pita el final de la primera parte y nos ponemos a merendar mandarinas y chocolate. Me pregunto si también en Mestalla (¿o en el Luis Casanova?) la barra del bar en el descanso está tan llena de gente para pedir una cerveza y un pepito de lomo. Siempre me pierdo los últimos minutos de la primera parte para no coger cola. Aprovechamos para comentar lo que va del partido y me pregunta que cuándo iremos a ver a jugar al Recre al campo del Valencia y le digo que sin falta el año que viene, que seguro que el Recre sigue en Primera. Y le hablo de un pelúo fantástico que se llamaba Kempes y de Tendillo (sólo me gustaba asiasí) y del Lobo Diarte y de los ricitos de pachorra elegante de Solsona y de Botubot y de Subirats y de Sempere (le cuento de pe a pa que vi en directo y adormilado por la biodramina machacada con azúcar para no marearme en el autobús y empapao por la lluvia y el viento que dejó el paraguas como un murciélago roto, pues eso, le contaba como ese portero le paraba a Zambrano un penalti en un partido de Copa del Rey) y de ese alemán Bonhof que me salió repetido un montón de veces y nos vamos abajo y encontramos mi viejo álbum de cromos. ¿Seré yo más viejo ahora que esos jugadores? Atizada su curiosidad infantil, quiere ver también las del Recre y entonces le enseño estampas de fotomatón de los guarros Isabelo y Sivianes, de Lapi (clavao al pequeño de los hermanos Calatrava), el mejor extremo de la historia del Recre, del gordito de Lora (y le cuento cómo en un partido entró y salió quemao a los diez minutos en una segunda parte) y del espárrago de Espárrago. Recuerdo que en el maletín me esperan tres informes obesos que están pendientes de revisar (qué fastidio, mañana sin falta me ocuparé de esos asuntos) y subimos al salón y nos encontramos a mi hija tumbada en el centro ajedrezado del campo haciendo sus tareas. Con la ayuda del árbitro y algunos puntapiés cariñosos la devolvemos a su sofátribuna entre la algarabía de su hermano. Me doy cuenta de que hay un foco del estadio que tiene una bombilla fundida (bueno, mañana me pasaré por el Leroy) . Comienza la segunda parte y ahora él es Kempes y yo soy Lapi. Mi equipo, con uno menos, nota el desgaste de la primera parte y de lo de antes de la primera parte (ha ganado estómago y calva y papada y chifladura y arrugas de alfombra) y quiere que el partido acabe ya. En la siguiente jugada, junto a los flecos del córner (yo creo que la pelota ha salido joder) Kempes me pega un codazo y me deja un arañazo. Le protesto airadamente a la árbitro (que esas uñas hay que cortarlas ya, que a la cama temprano ya con el jodío niño de padres viejos, que está cegata coño que la pelota había salido) pero ni pío enfrascada en la tele con el rosco final de pasapalabra. Dejo de protestar y sigo jugando no vaya a ser que se quite la otra horquilla. Aprovechando el barullo el pelúo tunante con nariz goteante griposilla (pero sólo treinta y seis y ocho) se enjuga el sudor y los mocos con la manga del pijama y de repente pega un chutazo, visto y no visto, y dice que ha sido gol claro que yo no veo como suele ocurrirme en el campo y me quedo pasmao como esperando la repetición que no podré ver hasta llegar a casa. Prefiero no protestar el gol, pongo cara de sauce llorón por perder en el último minuto, le digo que ha tenido una suerte del copón y él me da un beso siesquereresmumalopapá y yo le levanto bichoniño por los sobacos cosquilleros y le despeino con una caricia a contrapelo que sabe que significa que por hoy ya está bien. Antes de marcharse con el árbitro-mamaíta a la cama le han entrado ganas de hacer caca y yo me acuerdo noséporqué del hotel ché Inglés. Mientras va subiendo a su habitación cantando oeoeoé, a mí me toca tirar de la cadena. HastamañanasiDiosquie… re, buenasno…ché, le conceden sus hermanos que se adelante a contestar el primero. Se ha quedao frito en un plisplás. El árbitro (qué bien le sale el choco a la plancha) y yo (qué bien pongo la mesa y traigo el pan de la despensa) vamos a cenar. Está a punto de empezar House. Hinchando: viva er fúmbol.


Carlos Fernández
Socio del RC Recreativo de Huelva
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dimecres, 11 de març del 2009

Eduardo Cubells: de Cucala a Pelé en Mestalla

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Hubo una ciudad que soñaba con otra ciudad, más allá del río y de los puentes. Había otra ciudad que miraba cómo la ciudad se desbordaba desde el centro histórico hacia retículas y ensanches burgueses. La ciudad que creció con la Alameda, el camino de la Soledad, los cuarteles militares, el cuartel de la Guardia Civil, la Estación del Tren de Aragón, el camino de Peñarroja o el camino de Algirós. Una ciudad de pequeños huertos, de trabajadores ferroviarios, un mundo de casas cosidas a los caminos de Moncada, de Alboraia, un horizonte de corrales, palmeras e higueras jalonando los caminos, olor a geranios y acequias, de pilluelos sin clases, de casinos republicanos, de procesiones a la virgen, de olor a caballerías y perros ladrando en la noche, de pícaros en tabernas… La ciudad que comenzó a hacer deporte, atendió el ocio y comenzó a imaginar otra manera de vivir. La trayectoria y méritos en los sesenta y cuatro años de la vida de Eduardo Cubells Ridaura reflejan con mayor claridad que ninguna, de qué manera se incorpora el deporte a la ciudad; cómo el Valencia FC se convierte en símbolo representativo, y de qué manera un espectáculo atlético que en 1909 apenas congregó un par de centenares de espectadores, cincuenta años después, en 1959, acogía a más de cincuenta mil para ver jugar a Pelé en Mestalla, en el Trofeo Naranja.

Cubells nace con el siglo, en 1900, y en Algirós. Entre los muelles y las vías de la Estación de Aragón, caminos entre la huerta, fábricas y talleres. Más allá del río Turia, cuando ni siquiera existía el puente de Aragón, ni la fábrica de Tabacalera, ni la Exposición. Sus padres tenían una tienda de ultramarinos, una botigueta, la clásica tienda de coloniales, comestibles y ultramarinos que yo he llegado a conocer, con productos de todas clases, lugar de reunión, cafetín improvisado, ese lugar en el que los obreros y menestrales llenaban el bocadillo de mezcla y servían vino, aceite y tantas otras cosas. Personas conocidas y acomodadas en el barrio de Algirós, y un niño imitando con una pelota de trapo a los ingleses practicando el fútbol en un descampado.

Ese niño es protagonista privilegiado de todas las etapas del deporte y del fútbol en Valencia. Asiste con nueve años a los partidos de exhibición en la Exposición Regional de 1909. Se entrena viendo jugar a unos ingleses que practican el fútbol en una explanada junto a su casa. Estudia en los Hermanos Maristas, y va pasando al fútbol, al Hispania, al Rat-Penat, a ese Valencia primitivo que ya existía desde antes de la fundación final en 1919, y del Deportivo Español al Valencia FC.

Con 16 años se marcha a Madrid para opositar a Correos y pasa allí catorce meses de abandono del fútbol y tentación taurina. Contempló los primeros partidos, y sus sucesivas elecciones le llevaron al equipo que acabaría por concitar la representación del futbol valenciano. Sin embargo, fue Amador Sanchis, Seg. el cronista deportivo del Diario de Valencia, presidente del Gimnástico P.J.O. el que lo aparta de las plazas de toros.

Y como la propia supremacía futbolística en la ciudad, Cubells sigue ese itinerario hasta llegar al Valencia FC y en ese lugar conseguir sus mejores triunfos como interior derecha. Pasa a jugar en Sevilla con Kinké, marcando incluso dos goles al Betis, en un partido memorable. Pero Cubells volvería pronto a Valencia. Científico, creador de la escuela levantina de fútbol, popular, modelo de padre de familia, ejemplar, inspirador de simpatía dentro y fuera del campo, valenciano de pura cepa, simpático, afable y atento. Todos esos adjetivos se dedican a Cubells, aunque los principales serán los que lo identifican con los primeros atisbos de gloria y fama para una manera de entender el fútbol, la de Valencia, que en las dos primeras décadas asistía a una leyenda negra.
Eduardo Cubells, enamorado del fútbol y del Valencia, alérgico al profesionalismo, siempre entendió sus triunfos como una compensación colectiva para el fútbol valenciano. Eduardo Cubells será el primer jugador del Valencia al que se dedica un monográfico, dentro de la colección Los “Ases” del fútbol, editado por el semanario La Jornada Deportiva. Y en ella se destacaba como resumen de Cubells: “Dio vida al Deporte, hizo una afición y formó un once fuerte, todo ello debe la región a Cubells”.

Cucala se debate, como la propia sociedad, entre los toros y el fútbol. Fue una decisión difícil ya que, en dos ocasiones al menos se apartó del campo de fútbol para Una sociedad que en las Fallas de 1923 dedica once monumentos al debate entre los dos espectáculos, y que glosa el auge del deporte como causa de la muerte de los toros. “Desde Pekín a Museros, está ple de futboleros”, denunciaba la Falla Borrull-Socorro. “El futbol está en la gloria; lo demés… pasá a la historia”, en la comisión de las calles En Sanz-Gracia, era el lema similar al de la calle Ciscar, “El futbolista Pelaes, guaña els dinés a pataes”. O en el mercado de Mossén Sorell, “El futbol guaña la copa. Ya el tenim hasta en la sopa!” En Convento Jerusalén la muerte de la tauromaquia a manos de los deportistas, “Per culpa dels futboleros, s’en van a pacte els toreros”, y en la Plaza del Pilar-Torno del Hospital, “el futbolista Bresquilla li dona al bou la puntilla”… Y hasta once monumentos dedicados al mismo tema.

Ese mundo es el que transita Cubells, como “creador de la escuela de fútbol” valenciana, llegando a ser en realidad el último de los jugadores románticos, a los que no llega el profesionalismo, a los que no llega el entrenador. Cubells en el primer campo, Cubells en la primera internacionalidad del club, Cubells en la primera victoria ante un equipo extranjero, Cubells en la primera eliminatoria de Copa ante el Sporting, Cubells en enero de 1924, cuando el club hace oficial su bandera y el primitivo himno del club, porta el estandarte en Mestalla, y es su propio hijo Pepito el que efectúa el saque de honor.

Con ocasión de su debut con la selección española, el 1 de mayo de 1925 la revista Gran Vida de Madrid le dedicaba una entrevista realizada por su corresponsal Ángel Ezcurra. Ezcurra explica la internacionalidad de Cubells como un premio para la región, con un desarrollo progresivo de su fútbol, en el debate que sobre su supremacía pelean el Valencia FC frente al “animoso club del Puerto”, el Levante FC, y frente a los “bravos voluntariosos” del Gimnástico FC.

Todo en la entrevista rezuma la generosidad de un Eduardo Cubells, alegre por su internacionalidad, pero triste por la fama del fútbol valenciano:

(…) es mi pena punzante y continua porque no cejan nuestros seculares enemigos en desacreditar al público valenciano, tan correcto y hospitalario como el que más”.

Todas las historias del Valencia se han detenido en el supuesto debate entre montistas y cubellistas, cuando lo cierto es que en la misma entrevista Cubells, generoso, aseguraba que “nuestro Montes es el mejor delantero centro de España”.

El propio Ángel Ezcurra se queda desconcertado ante esa afirmación que desmiente esa rivalidad hostil entre partidarios de Montes y Cubells. Incorporado al mundo del amateurismo marrón, al profesionalismo más o menos clandestino, Cubells es el legendario jugador presente en la bendición de la bandera, junto con su hijo Pepito Cubells, realizando el saque de honor en el partido contra el Júpiter, y legando una de las imágenes más singulares de la historia del Valencia FC.

La presencia de Luís Colina y Eduardo Cubells explican la transición a un Valencia cuya pujanza de los años 30 no encuentra interrupción durante la guerra ni en la postguerra. Son las personas las que explican nuestra supervivencia, y el tránsito entre aquel fútbol amateur y el fútbol de los primeros títulos. Se vinculó rápidamente al club, incluso en la guerra con la incautación, como secretario técnico, y como entrenador consiguió el segundo título de Liga. Incluso casi llegó a ser el que fichara a Pelé para el Valencia en 1959.

En una gira por Brasil, Cubells disponía de los fondos para fichajes facilitados por don Luis Casanova, y estuvo a punto de fichar al joven jugador del Santos, Edson Arantes do Nascimento, Pelé. Un Pelé de 16 años, descartado por prudencia por el internacional brasileño Walter, interior zurdo del Vasco de Gama.

Walter y Pelé en Mestalla, en aquel memorable Trofeo Naranja. Cincuenta años después de los primeros partidos de la Gran Pista de la Exposición, la labor del gran Cubells en el club se hizo evidente, dando la razón a aquella decisión que tomó en su juventud, y que declaraba en público solemnemente en el año 1924: “Finalmente no me acuerdo de los toros ni toreros, soy hasta que me lo permitan las fuerzas, futbolista”.

Hasta el 13 de marzo de 1964.

Miquel Nadal Tárrega
Socio del Valencia CF
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