diumenge, 21 de juny del 2015

Mamadas y Desfile de ciervos

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En el nuevo libro de Manuel Vicent, Desfile de ciervos, aparece un secundario de lujo que dará que hablar. Se llama Leopoldo, Poldo para los amigos. 

Ni Maldini ni Robinson le dedicarán jamás uno de sus informes. Posiblemente, la revista Panenka tampoco ilustrará sus fechorías. No importa, para eso está uvaM. 

Hay una localidad vacía en Mestalla. Es la de Poldo. En lugar de visitar el templo como le dice a su mujer que hace, Poldo se va a un puticlub llamado “El Venado”. En “El Venado” hay una habitación con Gol TV. Cada partido del Valencia es un ritual. Poldo se encierra con una meretriz. El sexo está en el aire. Si el Valencia no marca Poldo no culmina. Con cada gol del Valencia hay una mamada para Poldo. Si el partido acaba sin goles, Poldo se marcha a casa maldiciendo su suerte. No hay duda, Poldo ama al Valencia CF. 

Durante años hemos vivido bajo la dictadura lacrimógena del viejo Casale y su trágica muerte feliz. Seguramente, la inflación de literatura y sentimentalidad nació con ese cuento, tan magistral para la historia lírica del fútbol como devastador para clubs de recorrido impaciente y materialista como el Valencia CF. 

Teníamos a Gallolo, orgullo onanista de Mestalla, pero Gallolo ya era un ídolo caído, un mito amortizado. Su paja inacabada en la grada de Mestalla, el 19 de junio de 1993, es el pasado, espasmos del mundo de ayer, que diría Stefan Zweig. 

Gallolo es la faction y Poldo la fiction. Pero mientras Gallolo agoniza en un titular de prensa que el tiempo ha condenado al olvido, Poldo se codea con los héroes clásicos de la literatura universal. Ese es su mérito y la garantía de su inmortalidad, la prueba irrefutable de que la novela no ha muerto. Frente al arquetipo onanista de Gallolo y su vida echada a perder en las pensiones del Barrio Chino, Manuel Vicent levanta la estatua de Poldo, el huertano putero y lascivo, que vehicula su lujuria a través de los goles del Valencia. Sin goles no hay mamadas, sería el título de la serie. 

Desde ya, Poldo es el adalid del mestallismo fetén, su bandera y su estandarte. A la gloria por la felación, parece su lema. Hay un significativo cambio de paradigma. Adiós, por tanto, a la angustia y el sufrimiento estéril que lleva a la muerte o al síncope. Poldo es un visionario, el antagonista perfecto del viejo Casale. Con cada mamada reafirma su lealtad al Valencia y destruye un poco más la vieja tradición agonista de las hinchadas atrapadas en su cantinela retorcida y falaz de que hemos venido a este valle de lágrimas a sufrir. 

Poldo no es sólo un tipo al que le comen la polla con cada gol del Valencia. Poldo es la respuesta que durante años no sabíamos identificar porque la Internacional Lacrimógena nos tenía colonizados. En vano, buscábamos construir una metafísica propia pero lo hacíamos con ejemplos irreales, atrapados en esa ñoñería estéril de los borrachos de Anfield Road cantando una dudosa balada que traducida al castellano recuerda demasiado a cualquier tema de David Bisbal. 

La cultura de club que inocentemente reclamábamos no podía venir de tradiciones marcadas por el calvinismo o la mojigatería castellana, tan dadas a escandalizarse por cuestiones que en nuestro litoral siempre gozaron de amplia tolerancia. Lo nuestro, ahora lo veo, sólo podía brotar desde la ironía incendiaria y la amoralidad sin víctimas. Vive y deja vivir. 

Si la gente no iba a Mestalla no era por desafección, sino por felación. Por eso hay que imaginar a Poldo en la noche del 5-1 al Málaga durante la primavera de 2013. Esa noche, Poldo encadenó mamadas con un frenesí inusitado. Cuatro en apenas 20 minutos. “No te digo que me lo mejores, Iguálamelo” repite Poldo en la barra del bar. Hay que ser muy del Valencia para responder como un campeón a ese trajín. Ahora se entiende definitivamente el viejo cántico de “esta es l’afició d’un Valencia campeó…” 

La paradoja, literaria y vital, es que fue Fontanarrosa, el creador del viejo Casale, quién publicó otro cuento cuyo título no puede ser más aclaratorio, “El mundo ha vivido equivocado”. Y así es. No eran las banderas ni los cánticos, ni los tifos o los mosaicos, ni el ridículo énfasis por comprobar que afición es la más fiel. No, todo eso era impostura, apariencia, juego de máscaras. La verdad estaba en “El Venado”. La verdad era y son las mamadas, el ritual del gol y la certeza del éxtasis. Menos mal que Poldo nos ha enseñado la luz. O lo que viene a ser lo mismo: las lucecitas. 


Rafa Lahuerta
Socio del Valencia CF 
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diumenge, 7 de juny del 2015

Kilometro cero

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Tuve la gran suerte de pasar ocho años de mi vida, lo que entonces duraba la EGB, en el modesto colegio público Primer Marqués del Turia.

Fue un privilegio recibir clases de maestros vocacionales, que se implicaban en el aprendizaje mucho más allá de las propias materias que impartían.

También lo fue convivir con compañeros y amigos de distinta índole y procedencia social, sin conservantes ni colorantes, como la vida misma más allá de las vallas del recinto.

Y fue un privilegio tener el colegio más cercano a Mestalla.

Desde una parte del patio se divisaba la silueta del fondo sur.

Cuando salíamos de clase, antes de regresar a casa, solíamos ir a jugar a las aceras del viejo estadio. Improvisábamos partidillos en los que las porterías (puertas de acceso al Campo) estaban paralelas unas a las otras.

Eran tardes de mil aventuras y anécdotas en el escenario que nos hechizaba, sin ser conscientes en ese momento, para toda la vida.

De vez en cuando, nos metíamos en las oficinas que daban a la Avenida de Aragón, la antigua sede social.

En la sala enmoquetada, una enorme mesa alargada rodeada de vitrinas donde se exponían banderines, trofeos y lo que a mí más me llamaba la atención, fotos de jugadores que nos hicieron grandes.

Entre todas ellas, majestuoso, luciendo Senyera y melena insurgente de rock, con el escudo bordado en el lado del corazón, Mario Alberto Kempes.

Aquella mirada seria y profunda parecía susurrarme: “Aguantad, volveremos a ser grandes”.

Vivíamos por entonces la peor época de nuestro Valencia, que tras varios amagos terminó con el descenso a segunda división.

Y para mí, para un chavalín para el que aquellas fotos parecían ciencia-ficción, testimonio y eco de un tiempo glorioso que mi generación no pudo vivir en primera persona, fueron esperanza y fe, fidelidad, compromiso, militancia y pasión que nos ayudó a perseverar muchos años duros, insípidos y tediosos, hasta que por fin llegó la etapa más laureada del club (1999-2004) de la que sí fuimos testigos, y por qué no, protagonistas privilegiados.

Nos lo merecíamos todos, pero principalmente aquella generación que empezamos a jurar amor eterno a este sentimiento llamado Valencia Club de Fútbol cuando pasaba por el peor momento de su historia. Nuestro particular kilómetro cero.

Pienso además, que nadie como nosotros saboreó luego cada segundo de aquellos cinco míticos años.

Durante la época dorada, ya desaparecida aquella sede social, siempre tuve recuerdo para aquellas fotos y aquel susurro del Matador que nos hizo grandes, enhebrando la esperanza y el sentimiento de generación en generación como nunca nadie lo ha sabido hacer.

Os lo digo con la certeza de quién lo vivió.

Si realmente la patria es la infancia, parte de la mía es Mestalla y alrededores.

Han pasado 30 años, y cada cierto tiempo necesito regresar a aquel kilómetro cero que ya no existe, para no perder la perspectiva de lo andado y quizá para buscar razones de aquel hechizo que aún me dura y con el que irremediablemente moriré.


José Carlos Fernández
Socio del Valencia CF



Audios:
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Agradezco de nuevo a los amigos de Ultimes vesprades a Mestalla, la invitación que me hacen a su blog, para muchos de nosotros brújula en tiempos confusos de este sentimiento llamado Valencia Club de Futbol.

Quiero compartir en forma de audio, el testimonio de aquellos años tan decisivos para nuestro Club, la temporada 1985-86 del descenso y la del regreso a primera, la 1986-87.

Años que nunca deberían quedar en el olvido. Aquel kilómetro cero de mi generación.

Con la perspectiva que da el paso del tiempo, me llama la atención como aquel pipiolo que era yo con los 12-13 años que por aquella época tenía, ya era consciente de estar inmortalizando en aquella cinta Sony de 60 minutos, un testimonio duro y trascendental en la historia de nuestro equipo y un resurgir de nuestras cenizas.

Se trata de diferentes audios, todas ellas extraídas del mítico programa deportivo local que en aquella época emitía en Antena 3 Radio, Paco Lloret, para mí el mejor cronista del Valencia Club de Fútbol, por profesión y vocación.

Siempre Amunt!!!

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dilluns, 20 d’abril del 2015

Una nova etapa

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El passat dia 16 d'abril es va presentar la nova etapa de la Fundació València CF. En l'acte va tindre ocasió de pronunciar unes paraules Josep A. Bosch, membre de l'equip d'Últimes vesprades a Mestalla, i que reproduïm a continuació. 
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Senyor president de la Fundació VCF, senyora presidenta del consell d'administració, senyor president del València, membres del consell d'administració i del patronat. Valencianistes tots.

D'igual manera que és impossible comprendre el món actual sense tindre present el fenomen esportiu, no es pot entendre la història contemporània valenciana des del 1919 sense el nostre club.

Un club quasi centenari, que al llarg dels anys ha aconseguit transcendir del món del futbol per a convertir-se en una part consubstancial de la societat valenciana.

En estos anys, el nostre VCF s'ha convertit en l'entitat cívica amb major número de seguidors a les terres valencianes. I a nivell esportiu en una de les més importants d'Espanya i Europa i cada vegada amb major presència a nivell mundial.

Al llarg d'estos 96 anys, el nostre club, ha acumulat un important patrimoni històric, el qual, per a desgràcia nostra, moltes vegades no ha sabut gestionar-se com calia. Ha arribat el moment de revertir esta situació. El VCF no sols té un gran potencial esportiu, sinó que, a més a més, té un bagatge i un patrimoni històric del que hem de sentir-nos orgullosos.

El nostre passat és el que ens ha permés arribar on estem.

Ara, ha arribat el moment de ficar en valor el nostre patrimoni històric, de mostrar-lo i de posar-lo al servei del club, de la seua Fundació i dels nostres seguidors.

Però eixos fons documentals i patrimonials també han de servir per a obrir el nostre club a les persones i entitats que vullguen investigar sobre el nostre passat. El millor coneixement dels nostres fons documentals i patrimonials ens faran més grans i ens situaran també en este camp al mateix nivell que els clubs més importants. Per que parlar del VCF no és sols parlar d'un equip de futbol, és parlar d'història, de sociologia, d'arts plàstiques, de literatura, d'arquitectura, d'urbanisme... i de moltes més branques del coneixement.

Hem de saber conservar, gestionar i difondre la nostra història, expandint i posicionant la marca VCF en els àmbits de la cultura, l'ensenyament, la investigació i la divulgació científica.

No podem deixar passar l’ocasió de situar-nos com a un referent en estos aspectes. Ara és el moment.

Amunt València! Amunt Fundació!


Josep A. Bosch
Soci del València CF
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dissabte, 4 d’abril del 2015

Aquella primavera de 1971

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Recordem el gol d'Antón al Sabadell en el dia que fa 44 anys que es va produir amb este article de Joaquín Rios-Capapé que repassa tot el que va passar aquella primavera des del punt de vista de la seua vivència personal.
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Hay cosas que nunca se olvidan. Y aquellas semanas del  año 1971 quedaron marcadas por cuatro partidos del VCF que siempre perdurarán en mi memoria. Partidos que afianzaron mi Valencianismo, más aún si cabe de lo que ya lo estaba en mi corazón. Que marcaron a fuego, en mi piel y en mi alma, para siempre, el amor por mi Club y el orgullo de ser parte de él.

Yo empecé a ir a Mestalla varios años antes. A principios de los sesenta. Con aquel Valencia de Guillot y Waldo. Aquel de las dos Copas de Ferias. El Presidente, un Señor de pies a cabeza, D. Julio de Miguel y Martínez de Bujanda, hizo directivo, entre otros, a su amigo, a mi abuelo materno: Don Sebastián Carpi Vilar. Eran otros tiempos. Tiempos que, por desgracia, nunca volverán. Eran tiempos de hombres que siguieron la estela que marcó D. Luis Casanova Giner y los suyos. Eran gente que regalaban su tiempo, su cariño, su “saber estar” y su dinero (a fondo perdido) por el Club de sus vidas. Y yo mamé eso en mi casa y en la de mis abuelos Carpi.

Comencé a ir a Mestalla, con apenas seis años, acompañado de mi madre o de mi padre, y turnándome con mi hermano Jacobo, a un pequeño palquito con cuatro sillas de enea, (justo detrás del palco de autoridades), del cual a mi padre, por mor de su cargo (delegado de información y turismo) le correspondían dos de ellas.

Unos años más tarde cambiamos de localidades. Dos de ellas estaban a nombre de de mi abuelo Sebastián y mi abuela Maruja, que son las que desde el año 92, están a mi nombre y al de mi hermano Miguel. Las otras dos estaban a nombre de mi padre y mi madre. Y allí íbamos, partido a partido, mis padres, mi hermano Jacobo y yo.

Y desde aquellas sillas de enea, grité como un poseso con el gol de Forment, al Celta. La gente se abrazaba, aplaudía, reía y lloraba. Y no era para menos. Llegó en tiempo de descuento y fue un momento mágico. Se mantenía el liderato. Y no solo nos abrazábamos en la grada, los jugadores en el campo hacían lo mismo, locos de contento. Y Mestalla se inundó de aquellas almohadillas de entonces que la gente lanzó al césped, aportando un toque de locura más a la enajenación que durante minutos provocó el gol del de Almenara. Lo recuerdo como si fuera ayer. Aquel fue el primero de aquellos cuatro partidos de aquel año que se quedaron grabados en mi memoria para siempre. Estaba a punto de cumplir 14 años.

El segundo de ellos, no lo vi. Lo escuché por la radio en casa de mis abuelos, a la que habíamos ido a comer. Nos enfrentábamos al Sabadell F.C., dirigido, curiosamente, por Bernardino Pérez Elizarán, el irrepetible Pasieguito. Ese día, mi hermano pequeño, Miguel, de apenas siete meses, “volvió a nacer”. Recuerdo la tensión de casi todos, reunidos en el salón, alrededor de aquella Zenith trans-oceanic Royal (pedazo de radio, en todos los sentidos), haciendo fuerza, con el corazón en un puño porque la liga se nos escapaba. Una amiga de la familia, Lolita Aliño, ¡qué grande eras, Lolita!, valencianista hasta la médula, seguía, como todos, con el alma en vilo la retransmisión, en pie, con mi hermano en brazos. Y de repente, como de la nada, surgió aquel zapatazo de Antón, ¡con la derecha!, que nos hizo saltar a todos levantando los brazos, jubilosos, con el corazón a mil por hora. Lo curioso del momento, fue que la buena de Lolita hizo lo mismo. Y mi hermano Miguel cayó a plomo para acabar, gracias a Dios, encima de un sofá, en vez de aterrizar sobre la mesa de cristal o el mismo suelo. Recuerdo el rapapolvo de mi madre a Lolita, el susto que todos nos llevamos y el pelotazo de anís del Mono que ella se arreó, no sé si para celebrar el gol o para aplacar su sobresalto. Tenía 14 años. Los había cumplido el día anterior, 3 de abril. Y el mejor regalo de cumpleaños, sin duda alguna, me lo hizo Antonio Martínez Morales, Antón.

El tercero de ellos, más que del angustioso partido, recuerdo aquella vuelta hacia la grada de Alfredo Di Stéfano, con los dos índices levantados, como preguntando si era verdad que el Atleti y el Barça había empatado a 1 y, a pesar de haber perdido en Sarriá, éramos campeones de Liga. ¡Y vaya que sí, lo éramos! 24 años después éramos, de nuevo, los mejores. Como decía, más allá de todo eso, recuerdo con si fuera hoy, la acogida al equipo en Mestalla, cuyos jugadores paseaban el trofeo conquistado alrededor de todas las gradas, a reventar de una afición enardecida y loca de alegría. Ese día, mi abuelo Sebastián, me cogió de la mano y me llevó, con él, al palco de autoridades, desde el que me emocioné como el chaval que era y donde acabé, entre sollozos de alegría, en un llanto irrefrenable, cantando el himno regional y jurándome, que siempre sería parte de la afición de ese Club, a la cual miraba, entre lágrimas, asombrado, estupefacto y orgulloso de ser parte de ella, absolutamente entregada a su equipo y a su gesta. Aún me emociono cuando lo recuerdo y, aún más, ahora que lo escribo.

Y el cuarto partido, que nunca se me olvidará, fue la final de copa de ese año en el Bernabeu, contra el Barça. Fui hasta allí con mis padres, no recuerdo ahora si mi hermano estaba o no. Y pasamos de la euforia al desengaño, a la rabia. Ante un desplazamiento masivo de Valencianistas (aún recuerdo los gritos continuos de Valencia, Valencia, Valencia….). Aquellos goles de Claramunt, de penalti, y de Paquito, remontados después por los de Fusté y Zabalza,  la extraña expulsión de Sol, con aquel penalti a Sergio que el incalificable trencilla Sáiz Elizondo sacó al borde del área, señalando falta en lugar de lo que era (hay cosas que nunca cambiarán). Aquella prórroga con un jugador menos, en la que de nuevo Zabalza, adelantó a los blaugranas, tras rechazar Abelardo prodigiosamente un remate a bocajarro de Asensi y los rugidos de júbilo de miles de Valencianistas cuando Valdez empató de cabezazo cruzado al primer palo, peinando el balón, a lanzamiento de saque de esquina de Claramunt II. Y el último gol de Alfonseda que nos dejó a todos helados. Y aún así, el Valencia siguió luchando y Forment estuvo a punto de volver a marcar de cabeza, lo cual impidió Reina con un paradón. Yo lloraba de rabia, pero lo hacía también de emoción, por el orgullo, por el coraje, por el pundonor del equipo, que aquel día, inmerecidamente no consiguió, “no se le dejó” conseguir el ansiado doblete. De derrotas como aquella también se aprende a comprender la GRANDEZA del Valencia Club de Fútbol.

SEMPRE AMUNT!!


Chimo Ríos-Capapé Carpi
Socio y accionista del Valencia CF, desgraciadamente SAD
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dissabte, 28 de març del 2015

En defensa del relat

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Un club de futbol és molt més que el seu patrimoni, els títols i la trajectòria esportiva. Molt més que un grapat de futbolistes defensant els colors. Molt més que un grup de dirigents prenent decisions. Un club de futbol és, per damunt de tot, la seua gent, la seua història i el seu relat.

És allò que el defineix i pren la mesura dimensional com a societat, marca el límit fins on abraça la seua ombra quant a representativitat popular. El relat és la idiosincràsia, el caràcter, la imatge que et ve al cap quan sents el seu nom. En altres paraules, depenent del relat que durant les dècades se n'haja construït al voltant de l'escut i dels colors un club és gran, humil, mediocre, conformista o valent.

Partint d'esta premissa, podem afirmar en veu alta i amb el cap ben amunt que el València és un club gran, valent, amb caràcter guanyador i que sempre ha sabut alçar-se en front de les adversitats. Allò que fa tan gran al nostre equip és el fet que mai hem fet literatura de la derrota. Hem patit anys de sequera, però no ens hem acomodat en la postura de l'infortuni com sí que han fet altres clubs com ara l'Atlético de Madrid.

Des dels primers campionats regionals abans de la instauració de la lliga espanyola, els anys 40 amb la 'davantera elèctrica' dominant el futbol espanyol, els primers títols europeus, la Lliga del 71, la Recopa i Supercopa d'Europa de Kempes, les set copes, el lustre daurat amb el canvi de segle... tots els èxits del club han estat acompanyats d'altres fracassos dels quals, de forma cíclica i inevitable, ens hem alçat amb més força.

Els xiquets de Mestalla aprenen a estimar l'escut per transmissió familiar generalment i, abans o després, acaben agraint a la seua ascendència haver-los fet d'un equip tan gran. Aquells que cresquérem entre el 80 i el 99 i visquérem anys grisos plagats d'empats en casa contra equips de mitja taula i setenes posicions en Lliga -quan la setena posició no valia per a anar Europa-, però estranyament estimàvem al València, necessitàvem Mestalla. El temps ens va acabar donant la raó una màgica nit del 99 a La Cartuja de Sevilla.

És per això que, fins i tot en temps d'incertesa, l'escut i els colors sempre han prevalgut per damunt de tot, exercint de guia per a totes les generacions del valencianisme. Fills i filles d'un sentiment etern, conscients del nostre paper: tenim un relat per defensar i continuar escrivint.


Pau Corachán Latorre
Soci del València CF
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dilluns, 16 de març del 2015

Sin orden ni concierto

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Resulta revelador cómo nuestra mente salvaguarda con mayor nitidez las anécdotas o lo superfluo por encima de otras cuestiones esenciales. Creo que Mestalla nunca ha demandado grandes explicaciones porque sus moradores nos hemos contentado siempre con vivir al día y disfrutar de ello a la valenciana manera. No hay espacio para la urgencia de las clasificaciones y la incerteza de un futuro deslocalizado cuando, en las conversaciones entre adeptos, tiramos de anecdotario a modo de pedigrí valencianista. Nos olvidamos de las ataduras del presente y el único resultado que nos compete atañe a la exposición de estos relatos.

Fragmentarios, descontextualizados, deconstruidos, parcialmente modificados para acentuar su rareza; incluso, a veces, objetivamente rememorados… He aquí uno de los nervios de Mestalla y mi humilde contribución a la causa desde mi acontecer nómada por sus gradas.

El aleatorio orden de este anecdotario nos traslada a los cuartos de final de la Copa de la UEFA 96-97. Mestalla cuece la enésima remontada inconclusa, esta vez ante el Schalke 04. Cuarenta y cinco minutos antes del partido, horas antes de la Nit del Foc, nos encontramos los más fervorosos ya dentro del estadio, mientras suenan por megafonía “El Venao” y otros temas de la época y las Generales Norte y Sur dibujan sendos mares de banderas. Ante el furor de la marabunta, el speaker decide que corear los apellidos de los jugadores cuando se narren las alineaciones (por ejemplo, Andoni… ZUBIZARRETA!) supondrá un extra en pos de la victoria. Sorprendentemente, Mestalla, embriagado, responde tanto en el ensayo como tras la salida al césped. Meses después, verano mediante, el locutor lo volvió a intentar ante la visita del FC Barcelona, siendo en esta ocasión ignorada la iniciativa.

Peor salió el ensayo de un tifo de rollos de papel en el fondo sur (también contra el FC Barcelona, temporada 98-99), simultáneo a uno de cartulinas en grada central. Nuevamente, el speaker llamó al ensayo general (indicado expresamente para los de las cartulinas de grada central) desde su minarete, con la mala espina de que algunos también ensayaron con los rollos de papel. Ya era tarde para deshacer el entuerto…

Y no debe olvidarse que Mestalla fue pionero en tifos de rollos de papel (VCF-Real Madrid CF 89-90). También lo fue en la consagración del tifo sobre el césped, una extraña variedad, más bien performance, que se pudo ver antes del sacro VCF-RCD Espanyo de la campaña 01-02. La ocurrencia surgió de la reflexión relativa a que, si los aficionados de la grada central habían compuesto mosaicos durante toda la temporada, tenían derecho en este vital partido a contemplar un “tifo” delante de sus localidades.

Bien, continuemos con el repaso…

Como decíamos, los valencianistas hemos gustado de decorar nuestro estadio, mediante el desinteresado e ilusionado esfuerzo de los hinchas o también con la estridente distribución de colores para las sillas que sustituyeron a las de enea y al cemento, como las verdes de detrás de las porterías; o vallas, recuérdense las de las Generales pintadas de amarillo durante la segunda vuelta de la temporada 90-91. También cabría incluir la publicidad que se plasmó sobre el césped durante el Trofeu Taronja de 1987, de la cual no tengo recuerdo por cuestiones de edad.

Sí que me acuerdo de un hito que seguramente no tenga parangón en otros equipos de nuestra Liga (más allá quizás del Levante UD, por entonces en Segunda B), el de contar con una valla publicitaria contratada por un partido político. Se trataba de la de Unio Valenciana, visible al menos durante la temporada 94-95.

Como telúrica asociación de ideas me han sobrevenido los naranjazos que se propinaban a los jugadores del Real Madrid CF, fet diferencial de Mestalla. Tuvimos clausuras del estadio y apagones como todo hijo de vecino durante estos últimos veinticinco años, pero, para confusión y surrealismo máximos, aquel interminable descuento perpetrado por García de Loza contra el FC Barcelona en la campaña 91-92. Aseguran los testigos que decretó la conclusión del encuentro desde el túnel de vestuarios… Minutos antes había expulsado a un miembro de la Cruz Roja por un corte de mangas.

La banda de música merecería un capítulo aparte cuyo mejor narrador sería el finado Nicasio (el fondo sur no te olvida, “el del puro, oé!”). Mención especial para aquella animosa banda holandesa que entretuvo al graderío con sus charangueras evoluciones sobre el verde.

Sin duda, Mestalla es diferente. No tocaremos las palmas como los sevillistas, ni meteremos tantos decibelios como los colchoneros. Ni falta que nos hace. Así debió pensar el Último Pirotécnico, al que más de una década después de la prohibición de petardos y bengalas en recintos deportivos le pudo el gen explosivo de Mestalla y le dio por encender una traca en la banda de grada central para celebrar aquel primer gol de Claudio López al Liverpool (UEFA 98-99). La previa de aquel encuentro tampoco tuvo desperdicio, con Manolo saltando al césped con su bombo a cuestas y besando la hierba al estilo Juan Pablo II. Volvíamos a Europa, pero poco a poco.

No obstante, no sólo de grandes competiciones vive el hincha. También hemos podido ver deambular sobre el terreno de juego al hijo del malogrado Gadafi durante el último Taronja triangular y, tal vez, alguno pensaba que su recuerdo nunca volvería a manifestarse entre nosotros, pero me he permitido invocar el espectro de la Liga Autonómica. Por si la errática temporada 93-94 no había supuesto suficiente castigo para los valencianistas, la FORTA nos obsequió para matar el gusanillo con sendos grupos de tres de sus equipos asociados que lucharían por el título.

Tampoco resultó fácilmente clasificable el partido conmemorativo del 75 aniversario contra Brasil, en el que nos reforzaron Caniggia y Latorre, que además marcó un gol. Hubo tertulianos que se pasaron meses recomendando encarecidamente su fichaje en los aquelarres valencianistas…

El ejemplo perfecto de que tendemos a quedarnos con lo accesorio y soslayar lo solemne.

Dicho lo cual, después de acometer esta retahíla de anécdotas y rarezas, me alegro de poder integrarlas en ese coral relato valencianista que, como siempre, un poco a trompicones, vamos escribiendo.


Simón Alegre
Socio del Valencia CF
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