dilluns, 2 de juliol de 2018

LAS FALLAS DEL "DOBLETE"



Cuando hace 36 años Valencia fue sede de esta competición tuvo la oportunidad de mostrar su particular arte popular al mundo, representado con una falla conmemorativa. Aquel Mundial de España 82, Mestalla acogió la decepcionante actuación de la selección anfitriona… Que luego completó la que por entonces era el peor resultado de un equipo organizador del Mundial de futbol. Por eso también vale la pena recordar algunos detalles de aquella falla. España se teñía de tonalidad naranja como la mascota cítrica del Mundial que, como novedad, se iba a disputar entre 24 selecciones. El año 1982 en València hubo fallas en su tiempo de anuncio primaveral, y el hecho insólito que se celebraran "las fallas del doblete", a finales del invierno y también en verano.

El estadio Luis Casanova, reformado anteriormente, acogería la primera fase de la liguilla del campeonato como sede de la selección anfitriona. La organización del evento repartiría beneficios a la frontera norte de la ciudad por sus sendas reformas. El asolamiento de las casas bajas de la calle General Pando, que habían asistido al crecimiento de Mestalla durante seis décadas, crearía un acceso directo en el estadio en ensanchar la avenida de Suecia y desvanecería otro rincón vivido de la ciudad. También el acceso norte resultaría modificado, a través de la apertura de la avenida de Aragón, donde se instalaría un monolito de bronce del escultor valenciano Andreu Alfaro como recuerdo de la efeméride. En 1982 Vicente Luna fue el artista elegido para la ardua tarea de plantar un monumento fallero en la plaza central de todos los ciudadanos valencianos (que entonces llevaba el nombre del País Valenciano). El 19 de junio el mítico Atlante levantaba una enorme pelota de fútbol sobre sus hombros, ante el asombro de multitud de turistas.


La falla que Vicente Luna plantó en junio de 1982 para conmemorar la celebración del Mundial 82, y por encima de todo que Valencia fuera sede de la selección española en los partidos que disputó durante la primera fase del campeonato, se enmarca en su habitual trayectoria de naturalismo caricaturesco. Fue la línea artística y profesional característica de Luna, nacido en Sant Bult el 22 de julio de 1925, en el barrio de la Xerea de València. La carpintería que regentaba su padre estaba cerca de la casa natalicia del presidente José Ramón Costa, al que le unía una gran amistad.


Luna vio marcada su infancia por la presencia de todos los materiales y herramientas dedicadas a la profesión de su padre y empezó a formarse en la Escuela de Arte y Oficios de San Carlos con no más catorce años. Estos estudios a los compaginó Vicente con el trabajo que realizaba el taller de decoración a cuya cabeza estaban Carlos Tarazona y Vicente Hurtado, que antes de la Guerra Civil ya habían construido alguna falla. Era un complemento para el presupuesto del taller en los meses de baja demanda de encargos, que solía afectar en invierno a los obradores artísticos de la ciudad. En 1946 el artista Regino Mas pidió colaboración a los maestros de Luna para la falla que plantó en la por aquellos años Plaza del Caudillo, bajo el lema “El So Quelo panadero”. Esta falla significó el inicio de la vinculación con las fallas de Vicente Luna, la cual aún a día de hoy no ha abandonado, ya que aunque está jubilado, continúa acudiendo cada día a su obrador de la Ciudad Fallera, sobre todo por no abandonar el placer de la creación artística.

Como hemos apuntado antes la falla del Mundial es un ejemplo del clasicismo fallero desarrollado por Luna dentro de su producción, con excepciones muy puntuales en que se concedió abrir un cierta grieta experimental. Por ejemplo hacia la corriente psicodélica en la falla plantada por la Comisión de la Plaza del Mercat Central en 1969, “Parotets i marotetes”, o bien en dotar a sus personajes de una caricatura contenida y realista en su modelado. Este estilo caricaturesco empezaba a recuperarse a mediados de los años cuarenta del siglo pasado, tras unos primeros años de mayor realismo motivados por las directrices impuestas por los aires de nuevo orden, para dotar de expresividad a los “ninots” de falla. En ocasiones Luna vestía algunas de las figuras del “cadafal” con ropa de verdad a fin de adaptarlos a la representación, y los complementaba con pelucas para dotarlas de mayor grado de realismo, cuando ya había dejado de utilizarse estos elementos en los “ninots” por el modelado completo del cartón (que se impone desde mediados de los cincuenta).

Con estas pautas profesionales y con una trayectoria exitosa en el mundo fallero, Luna empieza a plantar en 1973 la falla de la plaza del Caudillo, y no dejaría de hacerlo hasta 1983, esta última cuando ya había abandonado la idea de plantar en esta demarcación, a causa de las dificultades que encontraba en la relación profesional con el Ayuntamiento. Y es que la falla de la plaza hasta 1979 estaba sufragada por una Comisión fallera, con los usos de proximidad y con todas las facilidades que la burocracia de la administración municipal no comportaba.

La falla del Mundial se plantó el día 19 de junio no más tres meses después de haberse comenzado a trabajar en ella. “Atlante moderno”, lema de la falla, fue posible gracias a la colaboración de veinte operarios que trabajaron para poder cumplir el encargo. El Atlante que sostenía un simbólico mundo futbolístico en forma de balón, servía para reforzar la imagen de una España que con una todavía joven y débil democracia era aceptada por el resto del mundo occidental. La falla se entiende dentro de las llamadas fallas conmemorativas, que se han plantado como expresión de nuestra cultura popular en celebraciones sin relación con la fiesta fallera, como exposiciones universales, olimpíadas, congresos y otros actos relevantes.

Vicente Luna mencionaba al poeta Pepe Soriano como su colaborador en esta aventura: “No es ciertamente un hincha, pero estaría encantado de que Valencia haya sido designada sede, porque nos promociona y promociona al Valencia C.F.”. Lógicamente no hubo indulto oficial de ningún “ninot” pero como decía Vicente, si la hubiera habido, hubiera correspondido al "Naranjito".

El cuerpo de la falla, la figura de Atlas, se dejó a propósito terminada en varilla, hasta listones de madera, que daban cuerpo primero al modelado en barro y luego sustentaban el cartón en que terminaban las fallas, para que -en palabras del mismo Luna- el público apreciara el trabajo que nunca podía ver en una falla de aquellos años. Ya que la varilla quedaba oculta bajo las capas de cartón, blanco de panecillo y pintura al óleo que solían ser los acabados normales de la época.


Suponemos que para ganar tiempo, en la falla se reprodujeron algunos elementos ya gastados por Luna en otras fallas como un esclavo de Miguel Ángel, que el artista utilizó de remate en la falla de la Plaza del Mercat Central de 1971, “El purgatorio”, y también los leones de las Cortes, que plantó en 1977 en la falla “La nueva torre de Babel”, guardando el aquella ocasión la puerta del “Congreso de Disputados” y en la falla del Mundial la de la “Institució de Manifesers del Futbol”, ​​donde chupaban del bote todos aquellos que se aprovecharían de la celebración del Mundial en España, como empresarios de hostelería, cocineros, taxistas o prostitutas, y que componían la escena posterior del cadalso. Encima de la fachada de este particular organismo, Naranjito, la mascota del Mundial'82 huía de los jugadores de todos los equipos que querían cazarlo para ellos.


En las otras escenas podían encontrarse diferentes caricaturizaciones de diferentes aspectos del fútbol. En la escena principal de la falla, una grada con público, venido incluso de fuera del planeta Tierra, observaba como un árbitro expulsaba del terreno de juego a un grupo de borregos que no dejaban de comer hierba, referencia a aquellos jugadores que simulaban faltas y lesiones. El rebaño de ovinos recordaba al plantado en la falla de 1963, de la comisión del Mercat Central, “Va bola!”.

En las demás escenas se podía encontrar como un futbolista que recibía masajes escoltado por dos guardias de Galas; un puesto de pipas y regaliz que bajo el típico negocio escondía un otro ilegal de reventa de entradas para los partidos; también se vendían y compraban, en una más de las composiciones, jugadores como si fueran ganado, realizándose la transacción entre un vendedor caracterizado de gitano, que mostraba los dientes de uno de los jugadores, y un ostentoso comprador, al tiempo que otros futbolistas se desnudaban para mostrar su físico.


En una pequeña escena una familia estaba tan absorbida por el Mundial que su cabeza se había transformado en un balón reglamentario. Una nueva escena era una tienda de recuerdos, en que no habían figuras de la mascota ya que los franceses habían destruido y quemado los camiones que las transportaban.


Pablo Porta era el presidente de la Federación Española de Fútbol, ​​y una vez conseguida la clasificación del equipo nacional hacia la segunda fase, ordenó a los jugadores del combinado el retorno a Madrid para preparar la siguiente fase del campeonato. El pobre juego de la selección había enrarecido el ambiente, ya que empataros a uno contra Honduras de penalti, ganaron a Yugoslavia dos a uno con clara ayuda arbitral, y perdieron contra Irlanda del Norte. Pero salir tan rápido aún hubiera alejado más al equipo de la afición, pues les haría perderse todos los actos festivos preparados por la ciudad. Finalmente la presión ejercida por los máximos representantes del gobierno municipal consiguió que los jugadores de la selección acudieron a la casa mayor del pueblo, donde fueron recibidos y pudieron disfrutar desde el balcón de una noche al más puro estilo de la festividad josefina, con castillo de fuegos artificiales y “cremà” de la falla, la noche del 25 de junio. Miguel Tendillo y Enrique Saura harían de embajadores a otros jugadores en aquella excepcional noche fallera de verano.

Pedro Nebot Rodrigo
Juanjo Bonilla Medina
Eduard Ramírez
Fotos: Joan V. Ramírez

divendres, 29 de juny de 2018

D. JAIME HERNÁNDEZ PERPIÑÁ (1927-2018)




(Artículo cedido por el diario Las Provincias, publicado el día 29 de junio de 2018, escrito por José Ricardo March).
http://www.lasprovincias.es/valenciacf/fallece-jaime-hernandez-valencia-20180628120914-nt.html

Jaime Hernández Perpiñá
Maestro de periodistas e historiadores deportivos
(1927-2018)

Por José Ricardo March

Cuando en enero de 2018, tras meses de entrañables charlas telefónicas, pude conocer personalmente a Jaime Hernández Perpiñá en Canet, tuve la sensación de vivir un momento de éxtasis vital. El abrazo inicial en presencia de Alfonso Gil se prolongó unos segundos, intenso, emocionante, lleno de gratitud por mi parte tras años de lecturas y admiración desde la distancia. Enseguida trenzamos una conversación que él, juez y parte en la actualidad deportiva valenciana durante medio siglo, iba trufando de sabrosas anécdotas. Apenas hacía un año que Jaime había alcanzado su novena década y hablaba con entusiasmo del próximo centenario del Valencia Club de Fútbol, una de las grandes pasiones de su vida. Y también de la que sería su última obra: un prólogo para el libro de historia del club que aparecerá con motivo del centenario. En las cuartillas que nos enseñó, redactadas con letra y estilo impecables para sus noventa primaveras, Jaime rendía (rinde) un sincero homenaje a viejos ídolos y amigos como Antonio Puchades, Mario Kempes o Luis Casanova, entre otros 

La muerte de Hernández Perpiñá, maestro de periodistas e historiadores futbolísticos, supone el fin de la vieja generación de cronistas deportivos de la que él era el último representante. La que inició su camino en la posguerra y llenó las páginas y ondas con información sobre el Valencia, el Mestalla o el Levante durante décadas. La de Miguel Domínguez, Alfonso Torrente, Ramón Ferrando, Ricardo Ros, Eduardo Bort y tantos otros. Más allá de alguna breve incursión radiofónica, se puede decir que Jaime debutó con diecisiete años en el periodismo en las páginas de Deportes, un espléndido semanario que salía de los talleres de Las Provincias y que se publicó a lo largo de treinta y dos años, récord de permanencia en la siempre precaria prensa deportiva valenciana. Su primera crónica, firmada como “Banderín”, recogía la información de vestuarios (“casetas”) de un Valencia-Athletic de Bilbao que acabó con victoria local. El seudónimo juvenil, que empleaba para esquivar la fama de su hermano, el ya famoso José Manuel Hernández Perpiñá, le duró años hasta que fue trocado por el de “Jaime Martín”. Y es que la modestia llevaría a Jaime a permanecer en un segundo plano hasta que el fallecimiento de su hermano en 1972 le empujó a firmar sus crónicas con sus propios apellidos. Y a proseguir con éxito la brillante carrera periodística del que fue su máximo referente laboral y personal.

Jaime Hernández Perpiñá desarrolló su profesión en una época en la que las malas condiciones laborales del periodismo obligaban a los cronistas a buscarse los cacahuetes en otros oficios para poder sobrevivir. Así, alternó colaboraciones en prensa (Las Provincias, Deportes, Levante), radio (Radio Nacional, Cadena SER) y televisión (TVE) con un trabajo de oficina. Inquieto y meticuloso por naturaleza, dotado de una fina ironía y un estilo evocador y poderoso, escribió algunas de las páginas más emotivas de la historiografía del Valencia, recopilando relatos de aquí y allá. Aportando, mediante pinceladas ágiles, sus propias experiencias, vividas junto al equipo en los campos de España y Europa. Ese conocimiento de primera mano de la historia del Valencia le permitió afrontar con solvencia una tarea por la que siempre será recordado: la de relator de la vida del Valencia y el deporte valenciano. Un trabajo impagable que, a pesar de las limitaciones de la época, completó con éxito y que dio a luz memorables obras como Historia del Valencia CF (1974), Cuarenta históricos del deporte valenciano (1988) o La gran historia del Valencia CF (1994).

El maestro deja miles de páginas escritas y un valioso archivo personal por el que la Fundación del Valencia o la Biblioteca Valenciana habrían de interesarse. Y un recuerdo extraordinario entre los que le conocimos y apreciamos. Afectuoso, cordial y educado, recibió su último homenaje hace apenas unos meses con motivo del Fòrum Algirós dedicado a los orígenes de la prensa deportiva valenciana. Subido al estrado del palco VIP de Mestalla, rodeado de discípulos, admiradores y familiares de sus viejos compañeros, dio una lección de integridad, serenidad y memoria. “Es la hora de la marcha y de cerrar las casetas”, finalizaba su primer escrito periodístico, publicado hace ahora setenta y un años. Gracias, maestro, por todo.




dijous, 28 de juny de 2018

LAS DOS SILLAS DE ENEA





A Jaime Hernández Perpiñá.
Porque mientras España debate sobre la Ley de Memoria Histórica, el valencianismo sabe que él es nuestra Memoria Histórica. 


Está claro que morirse no es una buena idea ni un gran proyecto de futuro, pero al menos dejadme cerrar los ojos e imaginar cómo debe vivirse un partido del Valencia C. F. en el cielo. Fantaseo con una gran pantalla de televisión y delante de ella a Jaume Bonico Ortí, al mítico portero Quique Martín (sentado en un larguero, por supuesto), a Puchades, Jorge Iranzo, Jaime Hernández Perpiñá, Paco Sendra, Vicente Piquer, Luis Casanova, Di Stefano, Higinio García, Salvador Gomar, Ramos Costa, Julio de Miguel, Lobo Diarte, Enrique Moreno, Ignacio Eizaguirre, Antonio Fuertes, Juan Barrachina, Wilkes, Pasieguito o Sendra, comentando las jugadas o los cambios que harían para ganar el partido. Y, por qué no, presiento que, durante cada encuentro, todos ellos animan al ritmo de un bombo mientras cantan “el cielo se pregunta quiénes somos, nosotros le decimos quiénes somos: som la força del València i ningú ens pararà”.

Pero ahora que lo medito… Creo que es injusto pensar que en la otra vida sólo la gente importante ve a nuestro equipo, que sólo lo siguen aquéllos que han ocupado portadas o los que nos han levantado de nuestros asistentes. De eso nada. Personas anónimas que fallecieron, el charcutero, el policía, el albañil, la profesora, la ingeniera, el médico, la cocinera, el chófer, la enfermera, la filóloga… Seguro que todos se sientan delante de la misma gran pantalla para ver desde las alturas las andanzas del murciélago. Y chillan, se enfadan, se cabrean, protestan al árbitro (sin insultos para no enfadar a San Pedro, claro), celebran los goles, cantan y aprietan al rival desde su curva nord celestial.

A lo largo de toda nuestra puñetera vida echamos de menos a muchas personas. La magdalena de Proust nos enseñó que cualquier objeto en cualquier momento nos puede llevar a cualquier recuerdo; gente que ya no está, que no volviste a ver después de esa fría despedida, los que ya murieron. Algo de esa traición de la memoria hay en algunas de mis llegadas a la grada de Mestalla.

Desde bien pequeño mi padre me ha dicho en innumerables ocasiones dónde tenían los asientos él y mi abuelo cuando de pequeño iba al campo. “Las dos primeras sillas a la salida del túnel de vestuarios, justo encima”. Y así lo repite cada vez que tiene la oportunidad de reafirmar su fidelidad valencianista, o porque supone que lo he olvidado desde la última vez que me lo dijo, o porque cree que nunca me lo ha contado.

Y esa frase, que él repite palabra por palabra como si fuera una beata oración, se me ha quedado grabada a fuego, de tal manera que cada vez que me fijo en el túnel de vestuarios, indefectiblemente me acuerdo de ellos. No conocí a mi abuelo, pero me lo imagino robusto -por no decir gordo- yendo de la mano con mi padre, entrando en Mestalla, sentándose en las sillas, entonces de enea, y disfrutando del juego de Roberto Gil, Waldo, Guillot, Héctor Núñez o Wilkes.

¿De qué forma celebrarían los dos esa Copa de Ferias del año 1962? ¿Cómo vivieron el 6-2 del partido de ida? ¿Cómo fue la vuelta a casa después de esa borrachera de goles? ¿Oirían el partido de vuelta por la radio en una especie de Carrusel Deportivo de la época? No sé, son preguntas indescifrables que tal vez no tengan respuesta porque uno ya falleció y el otro apenas lo recuerde.

De todas formas, estoy convencido de que su ubicación en el campo, tan cerca del césped, les hizo vibrar aquella noche con los seis tantos que le marcamos al F.C. Barcelona. Y me gusta pensar que la proximidad de sus asientos con el banquillo del Valencia le permitía a mi abuelo chivarle de vez en cuando a Domingo Balmanya algún cambio táctico durante los encuentros. Quién sabe. Puede que una pizca del tercer o cuarto gol de esa noche tenga un pedacito de mi abuelo, que le chivó al entrenador que la defensa blaugrana flojeaba por el carril izquierdo. Quién sabe.

Con los años la pasión de mi padre por el Valencia se desinfló; según él, el club se ha desnaturalizado, y puede que esté cargado de razón. Hace muchas temporadas que él dejó de ir a Mestalla y prefirió la comodidad del salón. Sin embargo, a mí no se me han olvidado nunca esas dos sillas de enea de la Fila 1 y, al recordarlas, me entran unas terribles ganas de ir con mi padre al fútbol. Obviamente, no ocupo en el estadio el mismo asiento de aquella época, pero deseo con todas mis fuerzas repetir esa imagen de mi padre y mi abuelo en Gol Xicotet Bajo. Creo que algo se mantiene -llámalo cadena, herencia o legado- en esas familias que empezaron juntas en Mestalla y siguen en Mestalla a pesar de los muchos, miles y miles, disgustos a cuestas. Quieras o no, la vida te va separando de tus padres, discutes con ellos hasta el punto de que pueden pasar varios días sin hablaros, pero las dos horas del partido son un momento sagrado e inaplazable.    

Hace meses vi en las redes sociales una fotografía preciosa de un iaio i el seu net y su nieto en los alrededores de Mestalla. Es una imagen que ejemplifica perfectamente a qué me refiero con esa cadena, herencia o legado que se mantiene a pesar de los años y las hostias de este recorrido. Viendo esa foto, quién no ha deseado que la vida le ofreciese tener la oportunidad de volver a ver en Mestalla un partido, uno solo, en compañía de su abuelo que falleció hace tiempo, con el hermano que ahora mismo vive en las antípodas de tu día a día, o con tu madre, gran patidora a cada centro lateral que llegaba al corazón de nuestra área. En definitiva, gente que ya no está y que ahí arriba vive los partidos del Valencia con su bufanda y su gorra como un hincha terrenal más.

Javier Marías escribió una vez, no recuerdo en cuál de sus magníficas novelas, que hay un vínculo para siempre entre dos hombres que se han acostado con la misma mujer a lo largo de la vida; y viceversa. Es una relación inapreciable, invisible y que en la mayoría de los casos desconocemos, en muchos casos por fortuna. ¿No puede ser que ocurra algo parecido con el fútbol? Existe un finísimo hilo que cruza y salta de persona a persona entre aquéllos que son seguidores del mismo equipo. Como la barra de un futbolín que une, acompasa e iguala los movimientos de todos los jugadores. Hay algo de eso con total seguridad. Es la única explicación a que dos valencianistas se saluden en Idaho, Santa Fe o Birmingham únicamente porque uno de ellos lleva la camiseta del equipo, y sólo por esa nimiedad sean capaces de contarse con todo detalle las circunstancias que rodean al viaje, mi hija está de erasmus, mi suegro emigró y vive aquí, algo completamente impensable sin esa chispa que ha provocado el escudo en el pecho. Obviamente, si la camiseta ha sido el motivo que ha abierto esa conversación, también será una referencia al club el que la cerrará: el internacional grito de Amunt!

Y eso me lleva a otra reflexión sobre por qué nos vestimos con la camiseta del Valencia cuando viajamos al extranjero. Para lucir colores, dirán algunos. O acaso es porque inconscientemente buscamos a nuestro igual y queremos que nos reconozca. Admito que en mis viajes al extranjero me ha podido la timidez y nunca he salido a la calle con ella, pero veo un punto de orgullo, de pertenencia, de desvergüenza incluso entre aquéllos que sí lo hacen. Y por lo visto los hay, y muchos. Visitad la web https://www.viachers.com, un magnífico catálogo documentado de valencianistas por el mundo.

Pero no solo eso. No es únicamente orgullo o pertenencia. Admitamos que también hay un punto de maldad. Las camisetas las carga el diablo. Nos la ponemos para conquistar el mundo, para inmortalizar en foto ese momento de llevar la elástica en el tercer piso de la Torre Eiffel, en el Empire State, en la Torre de Pisa, en el Puente de Londres o en la Muralla China. Y, por qué no, para restregarles a los franceses, a los norteamericanos, a los chinos o los italianos, a todos, que sí, que tienen esos monumentos inmortales y eternos que visitan millones de personas, que están orgullosos del símbolo de su ciudad… pero, sintiéndolo mucho por ellos, nosotros somos del Valencia Club de Fútbol.


Carles Ricart.

dimarts, 20 de març de 2018

COMUNICAT CLUB 1919




Comunicat del Club 1919:

L'actual Valencia Club de Futbol va nàixer l'1 de març de 1919 al Bar Torino baix el nom de Valencia Football Club. El cognom anglés, comú a la major part de les societats futbolístiques que aparegueren a l'estat espanyol durant el primer terç del segle XX, es va fer prompte popular entre els aficionats, com evidencia el fet que el club fóra conegut indistintament durant els anys 20 i 30 com a Valencia i com a Fe-Ce.

En desembre de 1940 el Consejo Nacional de Deportes franquista va emetre una disposició en la qual obligava a castellanitzar les seues denominacions a totes les societats esportives amb noms escrits en llengües diferents a l'espanyol. El Valencia la va fer efectiva a finals de gener de 1941, passant a denominar-se de manera oficial Valencia Club de Fútbol. Esta normativa va estar vigent durant trenta-un anys fins que el 18 de juliol de 1972 va ser derogada. A partir d'aquell moment, moltes de les entitats que havien perdut els seus noms originals van iniciar la seua recuperació, entenent el procés com un pas necessari en la reafirmació de la seua identitat. El Valencia va desestimar llavors el canvi de nom per tal de tornar a la seua denominació fundacional. 

En els darrers anys s'ha donat un gran impuls a la recuperació de la memòria i les arrels del Valencia a partir del treball coordinat del club, la Fundació Valencia Club de Futbol i diversos historiadors i erudits de l'entorn de l'entitat de Mestalla. La valuosa tasca duta a terme ha permés, entre altres guanys, rescatar de l'oblit a diversos presidents de la societat com ara Josep Rodríguez Tortajada o Rafael Bau, enriquir el relat històric del club i dur endavant la restauració i exposició pública de l'ingent patrimoni material i immaterial del Valencia.

Entenent que la recuperació del nom original del Valencia és un pas més en este camí de valoració del passat de l'entitat i que la propera cel·lebració del centenari de la fundació del club en 2019 és el moment idoni per a fer-ho, els sotasignants, abonats, accionistes i aficionats del Valencia, demanem a la presidència de la societat la restitució de la denominació original de l'entitat.

Amunt Valencia!


César Abalos, José Manuel Achica-Allende, José Luis Aguilar, Pere Alapont, Ángel Álvarez, Jorge Andreu, Víctor Asunción, Vicente Bau, Vicent Bau, Rafael Béjar, Paco Belda, Salvador Belencoso, Pedro J. Belenguer, José Javier Benavent,  José Benet, Andrés Bosch, Josep A. Bosch, José Luis Bru, Sergi Calvo, Manuel Campillos, Arturo Capilla, Gustavo Carcelén, Ramón Cariñena, Baltasar Castillo, Fran Cervera, Kike Cervera, Vicent Chilet,  Josep Carbonell, Álvaro Coll, Nacho Cortina, Antoni Entrena, Luis Escrich, Héctor Esteban, Eduardo Esteve, Luis Falomir, Josep A. Fernández, José Carlos Fernández,  Salva Folgado, Alejandro Foronda, Francisco García, Jorge García, Julián García Candau, Miquel Gil, Adrián Gisbert, Agustín González, Héctor Gómez, José Gómez, F.Javier González, Josep González, Fran Guaita, Noé Hernández,  Ramón Izquierdo, Rafa Lahuerta, José Miguel Lavarías, Josep Lizondo, Víctor Lluch, Manuel Lorente, Marc Machí, Joan Maiques Estellés, Chema Mancha, José Ricardo March,  Voro Maroto, Alejandro Martín,  Juan José Martín, Álvaro Martínez, Antoni Martínez, Jerónimo Martínez, JC Mollà, Francisco Navarro, Pedro Nebot, Carles Núñez,  David Núñez, José Luis Obrador,  Nacho Olmedilla, Xavi Pascual,  Rafa Pastor, Carlos Pavía, Juanjo Piera, Paco Polit, Jordi Porcar, Emilio Recatala, Jose A. Reinosa, Fernando Ricós, Amparo Ridaura, Dolores Ridaura, Carmel Roda, Victor Rodríguez, Jesús Roig, Paco Roig Alfonso, Juan Manuel Romero, Carlos Rosique,  Juan José Rovira, Francisco Ruíz, Jorge Ruíz, Antonio Sánchez, Noelia Sánchez, Jordi Santiago, Joan Sanz Cueves, Jordi Sapena, Juan Sebastiá Esteve, José María Tadeo, David Tamarit, David Torres, Jorge Verdeguer.


Sol.licitem la vostra ajuda per tal de restituir el nom fundacional del Valencia, per això si vols afegir.te al comunicat pots fer.ho ficant el teu nom i cognom en Comentaris del blog, al correu ultimesvespradesamestalla@gmail.com, a Twitter en @uvaMestalla, o be a la pàgina del Facebook Ultimes Vesprades a Mestalla.

dissabte, 10 de març de 2018

TOMAD, LA GLORIA PARA VOSOTROS



Todo el mundo recuerda su primer beso, la primera borrachera, su primer gran amor que todo lo inaugura, el primer desengaño que desvirga el corazón. Yo recuerdo como si hubiera ocurrido esta mañana mi primer partido en Mestalla; de hecho, hay días en que todavía rememoro esa primera vez: la emoción de descubrir a lo lejos, a la altura de la Plaza de Aragón, las banderas de Numerada Descubierta –siempre ordenadas según la clasificación de Liga-; subir las escaleras que te aúpan hacia la grada; el verde verdísimo del césped –ese verde que jamás has vuelto a ver ni en los parques de los países nórdicos-, el humo de los puros encendidos con el resultado a favor; el olor a cigarrillo que por estar en Mestalla aspirabas gustosamente y que ahora te asquea.

Todos tenemos muchas historias que contar sobre nuestra pasión por el Valencia; anécdotas, viajes ilusionados, kilómetros recorridos con grandes disgustos a cuestas. Que no nos venga nadie a explicarnos qué es la decepción, qué es la derrota, qué es la vida. Nosotros podemos dar un Máster sobre resultados adversos, sobre la gloria en San Siro a escasos 11 metros, sobre un año aciago que se acaba y la ilusión renacida a los pocos segundos para la siguiente temporada.

Y es que nos hemos graduado en la titulación de ‘Grandes Decepciones’ en las universidades de Milán, de París -adoro la película Casablanca, pero cuando llega el momento de la frase “siempre nos quedará París” tengo que pasar rápido esa escena-, en Karlsruhe, en el mítico Atocha, en el Bernabéu o en el Nou Camp.

Decía Jorge Luis Borges “que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído”. Algo similar me ocurre con el sabor de nuestras derrotas. Existen grandes equipos que han conseguido grandes logros; el Bayern, Real Madrid, Manchester United, Barça… Tomad, la gloria para vosotros. No cambio vuestros títulos por mis miserias en los campos. Prefiero ganar 2 Ligas en 33 años que caer en el aburrimiento del éxito. Porque esas 2 Ligas con Don Rafael Benítez no se celebraron, no. Se vivieron. Para muchos de nosotros fue probar por primera vez a qué sabe el confeti, la bufanda al viento, el balcón del Ayuntamiento, la bandera en el balcón de tu casa, la envidia del madridista.

Ahora me acuerdo de las palabras del gran Rafa Lahuerta, que en su mítico libro La balada del Bar Torino escribió: “Todo el mundo debería ganar una Liga al menos una vez en su vida”.

Hasta que no ganas este título no te das cuenta de la verdad que encierra esa frase. Cuando fuimos el mejor de los 20 equipos supimos que los ojos del mundo miraban hacia la Plaza del Ayuntamiento, hacia ese recibimiento en el Aeropuerto de Manises. Ese día, cuando el autobús descapotable con toda la plantilla pasó por delante de mí supe que acababa de presenciar algo que quedaría para el recuerdo, para la Historia. Yo podría decir en un futuro, a mis hijos, a los hijos de mis hijos, a los hijos de mis amigos, a los compañeros de residencia de la 3ª Edad que yo, en primera persona, participé en esos actos.

Hay personas que hoy todavía son entrevistadas porque estaban en Dallas el 22 de noviembre de 1963, cuando mataron a Kennedy; porque en 1969 participaron en la llegada de Neil Armstrong a la luna; o porque en 1944 estaban presentes en la entrada del ejército aliado en París -vaya, otra vez Paris-. Yo gané una Liga con el Valencia Club de Fútbol y la celebré. Ahí queda eso.   

Pero no quiero llevarme todo el mérito de esta pasión. Son muchos los que quieren a este equipo como a su mujer o su hijo, que hacen auténticos sacrificios que negarían rotundamente si fuese para otras cosas: dormir en las taquillas, 12 horas en un coche, 2 horas bajo aguacero o 90 minutos sentados a la intemperie de los 5℃.

Lo hacemos sin pensar, para nosotros no supone ningún esfuerzo. Mi madre me preguntaba a veces “pero, ¿con este tiempo vas a ir al fútbol?”. Y no había forma de que le entrara en la sesera que las circunstancias meteorológicas no pueden torcer una pasión. Ni las meteorológicas ni las personales. Aún recuerdo asistir a un partido en Mestalla (contra el Zaragoza, curiosamente) a los escasos días de pasar una grave intervención quirúrgica. Un martes me estaban extirpando un trozo de colon y ese mismo domingo estaba en la grada viendo a Mata subir y bajar la banda. Con todo el abdomen vendado como una momia, con calmantes para el dolor, encorvado al caminar… pero lo que disfruté con los goles de Villa y Pablo Hernández no lo cambiaré nunca por nada.

No sé si ese sentimiento se hereda, se mama o se desarrolla. No hay certeza alguna. Nadie puede afirmar con rotundidad que es valencianista por genética o por tradición familiar; lo que sí sabemos es que lo somos desde bien pequeños, desde el día que ves un balón botando en el parque de enfrente de casa y dices para tus adentros “me pido Lubo Penev”; o desde esa noche que, sin querer, de reojo y sin interés, pasas por delante de la televisión Grundig de tu abuelo y le preguntas ‘qué ves’. Tu abuelo es listo porque no te contesta ‘un partido de fútbol’ como si nada. No. Te responde ‘el Valencia’. Tira la caña para ver si picas y consigue inocularte ese sentimiento. Y evidentemente tú caes. Bendita caída. Tras esa respuesta de tu abuelo se abre lo te ha llevado a ser y sentir lo que hoy eres y sientes. Desde ese momento en que, en lugar de seguir por el pasillo hasta tu habitación decides entrar en el comedor y sentarte a ver el partido al lado de tu abuelo, corre algo diferente por dentro de ti.  

Ya no eres Carles, al menos no un plenamente Carles. Porque también eres un poco el Quique Sánchez Flores que sube por la banda desde el lateral derecho; eres un poco el Fernando Gómez Colomer que sienta cátedra a cada partido; eres un poco el Pipo Baraja que remonta al Espanyol desde la épica; tienes un poco del Mazinho que bajo el diluvio celebra el empate en la final de Copa en el Bernabéu; tienes un poco del Poyatos que, imperioso, marca un cabezazo inolvidable en el Calderón; a veces ves en el espejo de tu casa las caras de susto de los jugadores en el túnel de Sant Denís.

Tu pasión ha traspasado fronteras personales hasta convertirse en un modo de vida y de actuar. De hecho, tu mundo lo percibes desde las gafas del Valencia. Tu vecino no es conservador, es un Héctor Cúper; tu madre no es ahorradora, es Arturo Tuzón; tu hermana no es un talento desaprovechado, es un Adrian Ilie; tu jefe no te ha echado, te ha dado la carta de libertad; tu novia no te ha dejado, te ha hecho un Mijatovic; tu hijo no es un juerguista, es un Romario; en misa no se escucha la palabra de Dios porque allí no habla Rafa Benítez; tu mujer quiere conocer Sevilla y Málaga y vas pero sólo porque es Tierra Santa; tus ídolos infantiles no son Batman o Superman, sino el Piojo o Aimar; tu enemigo no es tu enemigo, es un madridista; la vida no es tan puta como parece, pero permite que marque M'Bia en el tiempo de descuento.     

Carles Ricart           

dimarts, 6 de març de 2018

QUINI



Artículo cedido por el diario Las Provincias, que aparece en la Sección de Deportes, columna "Marcador Dardo", del día 5 de marzo de 2018, escrito por Miquel Nadal.

Corría el año 2008 cuando por la tenacidad de Josep González, Rafa Lahuerta y yo mismo, sin saberlo, pasamos a formar parte del grupo inicial de los padres fundadores del blog Ultimes Vesprades a Mestalla. En nuestra infinita inocencia decidimos recopilar recuerdos, semblanzas y relatos sobre lo que considerábamos una inminente desaparición de Mestalla, que no podíamos asumir que sucediera como si tal cosa. 

Con aquel aire clandestino y de falta de sosiego con el que se tomaron decisiones que habríamos tenido que madurar con más acierto. Buena parte de los textos tiene un carácter de elegía, de despedida, una sucesión de oraciones fúnebres de amigos, árbitros, ex jugadores y aficionados propios y extraños. En esa despedida coral incluimos un apartado para que aficionados o jugadores de los equipos que nos visitaban dedicaran una última mirada al campo de Mestalla. 

Repasando las entradas en el blog aparecen algunas extrañas, fruto quizá de la imaginación literaria, cuando no se encontraban colaboradores, pero también otras muy reales como las de José Antonio Martín Otín «Petón», del Atlético de Madrid, o la de José María Albert de Paco, con el RCD Espanyol. Muchos amigos decidieron hacer ese homenaje generoso a Mestalla. 

El tiempo pasado en el corredor de la muerte urbanístico dio para más temporadas, y más colaboraciones visitantes. Si repasamos las del Sporting de Gijón, se puede ver que es uno de los clubes más afectuoso en sus aportaciones. Aparecen la de Manuel Jiménez, futbolista del Real Sporting de Gijón y del Real Burgos, internacional por la selección de España, o la de Antonio Maceda, en tanto que futbolista del Sporting. 

El repaso da para recordar a todos esos aficionados de equipos como el Real Zaragoza, el Real Valladolid, o el Sporting que penan por otras categorías, mientras nosotros nos las damos de aires de grandeza, pensando que somos los únicos en reclamar la grandeza. 

El repaso emociona por su pluralidad. Pero hay una colaboración muy especial. Jueves 13 de noviembre de 2008. Nos visita el Sporting de Gijón, y Miguel A. P. firma como 'Hincha del Real Sporting de Gijón' su colaboración, 'Lágrimas en la lluvia': «Y veía aquel gol por la escuadra al pequeño de los Castro, y hubiera dado cualquier cosa por ver a H. celebrarlo como un loco. Ver a H. de nuevo. Con vida. Termino y no he dicho nada sobre Mestalla. Lástima. Pero no importa. Mientras ustedes recuerden, todo estará bien. Porque ustedes son Mestalla. Carpe diem ches. Carpe diem. Y lo demás, lágrimas en la lluvia». Acompañando la colaboración una fotografía de Joaquín Castro 'Quini', en Mareo. Y una dedicatoria: «Para Ultimes Vesprades con cariño de tu amigo QUINI». 

No sé si se podrá volver a ese mundo del fútbol del pasado. Pero de un solo pelo de Quini se podría destilar más bondad que en toda la Liga de Fútbol Profesional.

Enlace al artículo del blog del día 13 de noviembre de 2008.
http://ultimesvespradesamestalla.blogspot.com.es/2008/11/lgrimas-en-la-lluvia.html