divendres, 31 d’agost de 2018

BITÁCORA DEL CENTENARIO


Jornada 3


LA ÚLTIMA CALLE DE LA CIUDAD

(A Felip Bens y José Luis García Nieves, amigos)

El primo Juan era el patriarca de Comidas Esma, en la calle Zurradores. Como estaba jubilado, solía visitar a mi padre en el obrador para discutir de fútbol. Entre bronca y bronca pasaban semanas sin hablarse. Los dos eran iguales: cerriles, vehementes, muy apasionados. A finales de los años 70’, ambos sostenían sobre sus espaldas la dialéctica de un derbi que la ciudad daba por amortizado. Para mi padre, el Levante era una anécdota, un partido remoto de la promoción de 1959 en el estadio Insular de Las Palmas con la esperanza de ver a Wilkes por última vez. El primo Juan no lo veía igual. Era el maquis de la rivalidad, un tipo que se había echado al monte del barrio del Mercado para sostener la bandera del viejo Levante junto a sus acólitos del bar Peña. Había que verlos. En el bar Peña de la calle Tundidores ya no entraban ni las moscas, pero el espíritu de Vallejo congregaba a los últimos granotas de los aledaños con fervor y ansia. Odiaban al Valencia con la misma intensidad con la que amaban al Levante. Era superior a sus fuerzas. 

Al primo Juan le llamábamos así porque era familia lejana de mi abuela paterna. Había nacido en Las Alcublas y durante toda su vida fue cocinero. Primero en Comidas El Jerezano, frente al cine Palacio, en el corazón del viejo Barrio Chino; y después, y hasta que se jubiló, en Comidas Esma. Cuando se le pasaba el cabreo de la última trifulca con mi padre, aparecía por el horno de la calle Gorgos con dos conejos vivos que él mismo liquidaba en la pila de la cocina. Era su manera de sellar la paz, una paz que duraba poco. Para hacerme rabiar bautizaba a los animales con nombres de futbolistas del Valencia. “Bah Rafeta, ayúdame con Botubot”. Entonces, de un certero movimiento de muñeca, degollaba al conejo ante mis ojos. Con patatas y romero, aquello estaba de muerte.

Hacia 1988 el primo Juan sufrió una embolia y dejó de venir por casa. Entonces era yo el que cruzaba la ciudad para verle en su trono del barrio del Mercado, frente a la abandonada posada Coronas, la fonda medieval que durante varios siglos sostuvo el carácter de la última calle de la ciudad, la calle Zurradores. A pesar de estar medio ausente, cada dos semanas visitaba el Nou Estadi. Su ahijado Julio y su yerno Rafa, también granotas, le acompañaban. Un sábado por la tarde me sumé a la comitiva. Era 30 de diciembre de 1989. Al primo Juan le brillaban los ojos. “Rafeta Levante, Rafeta Levante” decía a duras penas. Era un partido de segunda división contra el Deportivo de La Coruña. Mediada la primera parte empezó a diluviar. Al rato se fue la luz. Como éramos tan pocos en la grada nos dejaron pasar a tribuna. Ni aún así se llenó. Todavía hubo un segundo apagón que anticipó la noche y el fin de año. Bajo la tormenta, el Nou Estadi parecía el Ciutat de Venezia. Cuando el Levante marcó el gol de la victoria, el primo Juan apenas se inmutó. Ni la lluvia, ni el frío, ni la incomodidad creciente parecían afectarle. De repente, sin embargo, rompió a llorar. Resultó conmovedor. No había consuelo para aquel gigante con nariz de boxeador que tantas veces me había sostenido entre sus brazos. Desconozco lo que pasó por su cabeza durante ese trance, pero fue un momento de una insólita ternura. La lluvia arreciaba y el primo Juan lloraba como un niño. Quizás en su desvarío intuyó que el gato volvería a subir a la palmera, y que en su ausencia, el Levante le devolvería a la ciudad la potestad del derbi y su literatura, ese mito que entonces parecía una quimera. No lo sé. Una cosa es cierta: nunca más volvió a Orriols. Trece días antes, el 17 de diciembre de 1989, se había jugado un Valencia-Real Sociedad; también bajo la lluvia, también con victoria local. Parece una novela y si fuera una novela nadie lo creería, pero también aquel fue el último partido que mi padre presenció en directo. En apenas dos semanas, ambos sellaron las cenizas de la paz y de la guerra en sus respectivos templos. Al menos en Mestalla no se fue la luz.

Rafa Lahuerta

dimecres, 29 d’agost de 2018

A PROPÓSITO DE LAS PRESENTACIONES...



Aprofitant el recordatori fet per Ciberche i l’amic Esteban Fernández a Twitter fa uns dies d'un dels episodis més negres vistos a Mestalla recuperem un article publicat en Levante El Mercantil Valenciano el 16 d'agost de 2003 per Rafa Lahuerta Yúfera.


Infantilizar a la afición y redu­cirla a masa consumista e irresponsable ha tenido con­secuencias funestas para el mun­do del fútbol. Tal como anticipa­ra el siempre lúcido Martin Queralt hace 10 años, el forofo de aluvión se ha hecho fuerte en su exigencia de espectáculo gran­dilocuente a todas horas. Espec­táculo que ya no se reduce a los meses de competición oficial, sino que se alarga durante las se­manas de pretemporada con la necesidad de ver cada día caras nuevas y famosillas con las que alimentar esa gran trampa llama­da ilusión ¿El cuponazo, quizás? El adicto a la futbolmanía no piensa jamás en el carácter real de su club. La entidad es una en­telequia dejada del mundo bron­co y cotidiano de la barra del bar, lugar sagrado donde se dirimen las verdades futboleras. El único objetivo del futbolmaniaco es pa­sarlo bien a toda costa (en el fon­do son grandes hedonistas (sic)), sin importarle para nada las po­sibilidades reales del club. La cla­ve reside en fichar cracks, y saciar así un ridículo orgullo de perte­nencia mediática que consiste en acaparar portadas de prensa en fechas inútiles. Un orgullo tonto que denota, ante todo, complejo de inferioridad ante los de siem­pre, aburrimiento estival, falta de perspectiva histórica, nula con­fianza en la cantera y en los pro­fesionales actuales, irresponsa­bilidad ante la situación financie­ra del club, y ceguera total ante la crisis del fútbol en general, que como suele suceder, acabará pa­gando el contribuyente. Es decir, usted y yo. Pero no importa. Al pachan­guero irresponsable todo eso le da igual. La mística de Anfield Road o Celtic Park le parecen cosa de fanáticos. El modelo Ajax, utópico. La variable cante­ra no existe en su imaginario atolondrado, y como lleva la ca­miseta Toyota, se cree con de­recho a todo. El cliente siempre tiene razón. Y es precisamente ahí, en ese axioma mercantilis­ta y tramposo, donde se dibuja el drama del fútbol y del Valen­cia en particular. 

El socio clásico ha involucio­nado. Ahora es cliente, de la mis­ma forma que el ciudadano se ha convertido en simple consumi­dor. Rebajas morales de estos nuevos tiempos condicionados por audiencias y mayorías en apa­riencia democráticas, pero con comportamientos intolerantes y marcadamente caprichosos. De tal manera que lo acontecido en Mestalla durante la presentación no es ninguna sorpresa. El propio club, con su política banal y ca­rente de toda mística, ha engendrado en su seno esa bestia irres­ponsable que no atiende a más ra­zones que a las de los fichajes de relumbrón (como si esa fuera la tradición de la casa). El malestar contra la directiva puede ser más o menos lícito en función de la capacidad de análi­sis y autoengaño de cada cual. Ahora bien, lo inadmisible es esa alegría estúpida en el insulto, en el linchamiento premeditado y sin venir a cuento contra Ortí, cuando ni siquiera ha empezado a rodar el balón. Viendo las imágenes de prensa y televisión se contem­pla el ambiente de chufla que reinaba en la protesta. Una pro­testa festiva e irresponsable, destructiva porque sí, sin más espíritu que el de manifestar una rabia ilógica y despropor­cionada, construida sobre cas­tillos en el aire; negando, por an­ticipado, toda posibilidad de éxi­to en el curso recién estrenado. 

Seguramente, porque la ma­yoría de los presentes ha olvida­do que hasta hace algunos años, el Valencia sólo ilusionaba en ve­rano, para vegetar en la medio­cridad el resto del campeonato. O sea, justo lo contrario que aho­ra. Teoría que confirma lo que un viejo amigo sostiene. Mucha gen­te, forofillos de aluvión, no aspira a tener un club serio y competiti­vo. Lo que quieren, en realidad, es un circo ambulante. Un reality­show que les entretenga, dé co­bertura a sus conversaciones en el bar, y mantenga vivas las emociones extremas con las que amortiguar la rutina. 

Como socio del Valencia que estuvo en Barcelona el 12 de abril de 1986, represento a un valen­cianismo distinto, que en absolu­to se siente feliz con la patochada fachista de negarle la palabra al presidente, en un alarde patético de desmemoria y jocosidad de botellón. 

Como irreductible valencia­nista que no pone su ilusión en manos de nada que no sea la propia historia del club y su ca­rácter sagrado, celebro la pre­sencia de jóvenes canteranos en el acto del pasado miércoles, y espero, de todo corazón, que lo­gren estar a la altura de sus pre­decesores más ilustres: Pu­chades, Claramunt, Guillot, Arias, Fernando, Albelda, etc. ¿Habrá paciencia? 

Como hincha fiel y amante del buen fútbol, espero que los fichajes del Valencia no prejuz­guen a su nueva afición por lo acontecido el miércoles. Y sepan que este es un club grande y es­pecial. Lo comprenderán muy pronto, cuando el embrujo de Mestalla renazca y el empuje del murciélago recobre las viejas claves de siempre: Humildad, coraje, pasión... y unas gotitas de fantasía. Todo muy lejos, afortu­nadamente, de los cuentos chi­nos y la futbolmanía. Esa lacra insufrible.


dissabte, 25 d’agost de 2018

BITÁCORA DEL CENTENARIO


Jornada 2


TERESA RAMPELL EN CORNELLÀ

Me gusta imaginar a la “Teresa Rampell” de Manel en la tribuna de Cornellà. En mi película, la Rampell es hija de la protagonista de “Últimas tardes con Teresa”, la novela de Juan Marsé. No necesito tu permiso para ubicar a la madre en Sarrià y a la hija en Cornellà. Mi teoría sobre el Espanyol es estética, oblicua, poco futbolera. Hay un hilo de industria textil que llena desde siempre las zonas nobles del club perico. Si te fijas, a nadie le queda mejor la bufanda de su equipo que a los habituales de la tribuna de Cornellà. Si hubiera una liga de hinchadas elegantes, la del Espanyol levantaría el título. Es un hecho constatable. Desde que los ultras dejaran de interesarme como fenómeno, mi foco viró hacia escenarios menos categóricos. Casi nadie lo descifra, pero la tribuna es el último reducto que les queda a los clubs para explicarse. No hay un repertorio de canciones que las iguale, ni una estética común que las vincule. La tribuna de Mestalla, por ejemplo, combina mal los colores y tiende al barroquismo. El Bernabeu es el “Salvaje Oeste” de Xoan Tallón, una pasarela de snobs y abrigos Loden que recoge el legado de la banda sonora de “La Ramona Pechugona”, ese hit de Fernando Esteso que cantaban los madridistas en la puerta del bar Los Checas a mediados de los años 70’. El Espanyol siempre fue distinto. Lejos de los tugurios del barrio Chino donde el Barça ensayaba su teoría de asimilación del charnego en “Furia Española”, los pericos desprendían el aroma de los habanos que Manuel Meler, el abogado cómplice del poeta Gil de Biedma en su estancia filipina, se fumaba en el palco de Sarrià durante su presidencia. Comparto con Miquel Nadal esa rara fascinación. Hay un Espanyol-Valencia televisado en la semana santa de 1979 que recoge esa atmósfera. Hemos hablado mucho de ese coro atávico que surgía de la bombonera asimétrica del recinto españolista. Aquel ¡Español, Español, Español! con ñ que sonaba a coro familiar, a nana, a gente que se anudaba la bufanda al cuello con elegancia mientras las últimas tardes del Pijoaparte colapsaban las avenidas de la Barcelona claudicante. Fue un domingo de abril de 1979 y el campo de la carretera de Sarrià inauguraba iluminación. Mister Chip nunca te lo dirá, pero el Espanyol-VCF es el partido más repetido en liga entre Sociedades Anónimas Deportivas. Es una constante histórica que ambos clubs se crucen de forma habitual para celebrar todo tipo de efemérides. Es un clásico agónico y silenciado. En Sarrià debutó el VFC en primera división, y en Sarrià, 40 años más tarde, logró la liga de todas las ligas, la de 1971. En abril de 1979, el gol de la victoria blanquiazul lo marcó ese genio del arrabal que era Canito, acaso el futbolista más parecido al Pijoaparte que ha dado nuestro fútbol. Ese partido se jugó tres días antes de una remontada histórica en Mestalla, el inolvidable 4-0 al Barça en copa del rey. Lo que todavía nadie podía intuir es que el último partido oficial de Sarrià también sería un Espanyol-Valencia. Para entonces, 21 de junio de 1997, Gil de Biedma ya había cumplido su letal profecía. 


Rafa Lahuerta Yúfera


dijous, 23 d’agost de 2018

SAORET EL MALAENO




Foto sin autor que aparece en el artículo publicado por la Redaccion para Prisma Informativo el día 13 de julio de 2012, de unas declaraciones recogidas por Fernando Bellón.

Salvador Seguí Planes ha fet de tot en esta vida per a tirar endavant, entre altres coses ser distribuïdor de magdalenes. Per això tots el coneixen com Saoret el Malaeno.

Saoret el Malaeno és de Daimús, un poble prop de Gandia, a la comarca de La Safor. Saoret comentava per a l’extinta Canal 9 les partides de pilota que es jugaven al també desaparegut trinquet El Zurdo de Gandia. També cobria quan calia alguna notícia o esdeveniment important per la contornà, i li passava el reportatge a Canal 9 o a les televisions locals.

Un dia va vindre David Villa a Gandia, a la desapareguda tenda que el Valencia CF tenia prop de l’estació de Renfe (ja no queda en peu res del que conte, estic fet un uelo!). Era l’estiu en què Villa va ser portada del Marca vestit del Madrid, i es parlava molt de la seua eixida del club de Mestalla. Es va armar un rebombori de por, va vindre molta gent i la policia va haver de posar tanques i acordonar el carrer.

Una vegada finalitzat l’acte, Saoret es va acostar a entrevistar al Guaje, i, amb eixe accentàs valencianot que té, li va preguntar “Villa, es verdad que te vas a ir del Valencia para fichar por un grande?”. Villa li va contestar: “Hombre, yo creo que ya estoy en un grande. 

¿Para ti el Valencia no es un grande?”. I Saoret, més ample que llarg, li va contestar: “Hombre, para mí el Valencia es LO MÁS GRANDE “.

Sempre he tingut la sensació que el Valencia era un club que els de “la capi” gastaven per a lluir-se, però qui el feia gran i li donava eixe múscul que necessiten els clubs que són transversals i transcendents, era la gent de les comarques.

Supose que aquesta mirada es deu al fet que sóc de Gandia, i per a mi Mestalla era una espècie de tòtem que veia a la tele (sobretot a Canal 9), però al que tenia difícil accedir. Eixa visió de símbol que ens pertanyia, però que a la vegada era llunyà i estava reservat per a gent amb diners que es podia traure el passe i permetre anar i tornar cada 15 dies a València “a veure a la tia Clemència”.

Ahir va ser el meu primer partit a Mestalla com abonat. M’he tret el passe més barat, al sector 732 (Gol Xicotet Alt), antepenúltima filera. Fa 10 mesos que visc a València capital, i l’any del Centenari havia de viure’l a Mestalla. L’estrena va ser molt especial: el camp estava ple, l’ambient era espectacular per a ser un dilluns 20 d’Agost, vaig veure moltíssimes camisetes del Centenari… I la companyia a les graderies era de categoria! Darrere de mi s’assentava un grup de xicons joves, per l’accent diria que de la Ribera, i tenien un malnom per a cada jugador: Gayà era “Metxeret”, Neto era “Norbertito”, Batshuayi un “morlanco”…

Supose que aquestes són les coses per les quals Mestalla és un lloc especial, i ser abonat, un sacrifici que molts fan llevant-se altres vicis o estalviant com poden. Perquè sembla que anar a Mestalla enganxa, i molt. I és que ser del Valencia és molt gran. Com diuen els amics de Tardor al seu himne oficiós “Nosaltres som el Valencia, no hi ha res més gran”. Ja ho deia fa anys Saoret el Malaeno, que d’això en sap prou.

Jordi Sapena


dilluns, 20 d’agost de 2018

BITÁCORA DEL CENTENARIO


Jornada 1

Debuté en Mestalla en un Valencia-Atleti de la temporada 73-74. Tenía dos años.  No recuerdo nada, salvo lo que me contaron años después. En el descanso, mi padre salió corriendo del sector 6 y me dejó en casa. Volvió a tiempo de ver la segunda parte. Perdimos.

En los años 70’, los Valencia-Atleti eran partidos de tensión extrema. Se jugaban en el filo de un cuchillo. La zaga atlética era conocida por su contundencia. En el centro de la misma destacaba Eusebio, un zamarro de casi dos metros. Era la bestia negra familiar. Un hermano suyo, capitán en la brigada paracaidista, mandó a la enfermería a mi padre de un puñetazo. ¡Cuádrese! Le dijo, ¡Qué se cuadre! Ya no escuchó nada más. Con cada VCF-Atleti mi padre revivía su particular pesadilla. Cuando se despertaba, el Atleti seguía ahí, agazapado, proyectando contragolpes, encomendándose al juego trilero de Rubén Cano. 

En realidad, la vitalidad del fútbol español la mide la intensidad clasificatoria de los Atleti-Valencia. Es un partido emboscado, de aspirantes. Les separa la metafísica. Melancolía versus Pirotecnia. Los dos juegan a lo mismo, a incomodar. Ahora es el Atleti quién lleva la delantera, pero hace 10-15 años era el Valencia. Conviene recordarlo de vez en cuando. Lejos de ver al Atleti como un equipo cómplice, es nuestro gran rival. Para jugártela con los otros dos, primero tienes que superar al tercero en discordia. El Atleti vive a la sombra del Madrid pero se sirve de las mismas herramientas. La capitalidad proyecta ondas expansivas que un equipo periférico aunque hegemónico difícilmente puede compensar. El Atleti llega, el Valencia no. El Atleti puede construir fácilmente un relato transversal, sin fronteras. Al Valencia eso le cuesta mucho más. Somos un club local, de marca local, ligado a un territorio. Para elevarse, el Valencia necesita chispazos, hacerse fuerte en su carácter de alternativa creíble, inventar un lenguaje que no sea fagocitado fácilmente. La gran peculiaridad del Valencia es que ha crecido solo, sin contarse a sí mismo salvo para completar las casillas del palmarés. Las rivalidades domésticas le han aparecido de repente, sin tiempo para construir una tradición. Mientras buscaba la cima le han crecido los satélites. En ese desconcierto el club ha navegado con dificultades. De alguna forma, el Centenario es una oportunidad para pensar el club.

Las celebraciones son siempre necesarias, pero detrás de un equipo hay intangibles e inercias que no conviene desdeñar desde la imprudencia o el paternalismo. El fútbol se impone en el corto plazo, pero es la médula espinal de la entidad la que sostiene y garantiza su viabilidad real. Al Centenario no sólo le pido fuegos de artificio y banderas en los balcones. Al Centenario también hay que exigirle reflexión, debate civilizado, ideas. La primera y fundamental, saber qué somos sin trampas ni fanfarronerías. Que la liga del Centenario empiece con un Valencia-Atleti no parece tan casual. Es el rival que nos ha pasado por encima mientras jugábamos a proyectar castillos en el aire. Como lección me parece insuperable.

Rafa Lahuerta Yúfera.

diumenge, 19 d’agost de 2018

IN WEITER FERNE, SO NAH (TAN LLUNY, TAN A PROP)


Figura superior (Diosa de la Victoria) de La Siegessäule (Columna de la Victoria), en Berlín. 

A sovint, ronda pel meu cap una pregunta que encara no ha trobat resposta: des de quan sóc del València i per què? Doncs part d´eixa culpa la trobe en el meu iaio patern, “el abuelo Miguel”, forofo apassionat de l’Atleti. Sí, de l’Atlético de Madrid. Recorde de molt menut passar-me vesprades senceres del cap de setmana a casa dels meus iaios escoltant el carrusel i revisant la quiniela. Mon iaio tenia dos il·lusions (entre d’altres òbviament!!): vore al seu Atleti campió de lliga altra vegada (cosa que per desgràcia no pogué tornar a vore) i que li tocara una quiniela de 14 (cosa que també per a desgràcia seua i de tota la família, tampoc va ocórrer). El meu destí pareixia lluny de Mestalla, tan lluny…. 

Però va ser mon pare el que, un bon dia, em va dur a Mestalla. Tenia passe a amfiteatre, en una fila baixa i molt prop de la línia d’àrea gran de la porteria del fons sud. Per desgràcia no recorde eixe dia, ja que era molt menut, però mai oblidaré aquelles vesprades a Mestalla, al costat de mon pare i moltes vegades també de ma mare, rodejat de gent fumant puros (com un senyor anomenat Paco, reginyós a tope, fidel prototip de l’aficionat de Mestalla, al qual li importava no res tindre a un xiquet molt propet), o a un altre senyor cec, que anava amb una ràdio. Sempre em preguntava como anava a Mestalla si no podia vore el futbol. Em deia: “açò és un sentiment xiquet, açò es Mestalla”. Ja hi era a Mestalla, tan a prop. 

Durant molts anys aní amb mon pare, el qual em colava inclús quan ja no tenia l’edat. Sempre recordaré lo bé que m’ho passava, lluint la samarreta de la senyera de felpa de Ressy, amb el 10 a l’esquena. Mestalla, un paradís per als somnis, tan a prop. 

Kempes (jo duia la seua samarreta), Bonhof (sempre recordaré el gol que li colà a Arconada des de quasi mig del camp, o això crec recordar…), Saura (corrent la banda), Carrete (lluitador incansable), Castellanos (amb la seua volteta típica amb el baló i barba de geyperman), Arias (sempre mestre)… Eixos van ser els meus primers ídols que reforçaren encara més la meua passió per anar a Mestalla. Tan a prop. 

I, ràpidament, passaren els anys: guanyàrem la Copa del 79, (eixe pòster del equip amb la senyera va lluir a la meua habitació durant molts anys), la Recopa i la Supercopa d’Europa. I jo, encara xicotet, allí estava, pegat a la TV. I ahí va ser quan pel meu cap començà a rondar la idea de que algun dia jo podria estar allí, veient en directe guanyar una Lliga, una Copa o inclús, una Copa d’Europa….. tan lluny de Mestalla, tan a prop dels meus. 

I de nou passaren els anys... Ja fadrí torní a Mestalla (a general de peu, preu baratet) amb el meu gran amic Vicent, que em va acompanyar eixe dia en el que un nefast Pes Pérez ens va furtar el partit no xiulant un penalty de llibre a Wilmar Cabrera. Penalty clamorós en vore les fotos al dia següent al col·le. La foto en blanc i negre de Las Provincias (encara internet no existia) passava entre les nostres mans per baix dels pupitres (durant l’horari de classe…). Va ser quan Vicent i jo decidírem comprar-nos l’abonament de mitja temporada (pagat amb els diners de l’estrenes).

El nostre propi abonament! Per desgràcia el nostre Valencia baixà a segona divisió però ja, per sempre, començava a ser part de Mestalla. Era del València i mai deixaria de ser-ho. Tan a prop. 

Tornàrem a primera, ens mudàrem al sector 29 arrossegant a més amics (Jorge entre d’ells), confeccionàrem les nostres primeres senyeres homemade (amb la inestimable ajuda de ma mare) i li guanyarem al Madrid en dos minuts finals d’infart a Mestalla: 2-1, Fernando i Robert. Mai oblidaré com el dia següent li ho refregava als madridistes que hi havia a la meua classe. 

Tot passava a Mestalla, a la grada de ciment, tan a prop. 

I per fi s’apropava la gran època. Per sort ens tocà en edat universitària. Fundàrem la Penya Valencianista Politècnica (Peña Valencianista “Pirotécnica”, com ens batejà un ínclit indocumentat ultra). Començàrem a viatjar en autobús: Albacete, Logroñés (mític carrer Laurel!!), Vigo (brutal viatge on es jugàvem guanyar la Lliga del 96 amb Luis Aragonés! i la perdérem justament a costa de l’equip de mon iaio. I on abans del partit vaig canviar la meua gorra preferida, “8 Pedja”, per una bufanda del Celta...). En eixa època va arribar el gran dia, o millor dit, els dos primers gran dies: la històrica final de Copa a Madrid, la final de la pluja. Ahí estiguí, amb els meus amics i el meu equip. Patint, plorant. Tan lluny, tan a prop.

Però poquets anys després tornarem, tan lluny, molt lluny. Allí estava, allí estàvem tots. A Barcelona (semi de Champions aguantant les idiotaes que ens deien els culés durant el partit i els ànims després d’acabar, ja que ens ho anàvem a jugar amb el seu màxim rival, el Real Madrid). A París (no comment). Després a Milà: gràcies Don Héctor (Cúper) per fer-me somiar, per fer-nos somiar. Ja ningú ens pararia. La força del vell Mestalla ja hi era present tan lluny.

La Copa a Sevilla (plorí al costat de la meua novia, hui la meua dona, que no entenia res. Allí es va donar de que el Valencia sempre estaria present en nostres vides), la primera Lliga de Rafa (Benítez) a Málaga (amb bot a la gespa inclosa i posterior visita, de tornada a València, a Benejúzar, el poble de Rufete! jaja), la segona Lliga de Rafa a Sevilla, la copa UEFA a Göteborg (mític dia al Ferdinand’s), la Supercopa d’Europa a Mònaco (super Mista) i la Copa a Madrid (malgrat l’holandés errant), fins a hui. Gràcies David (“O Captain! My Captain!”), Pipo, Cañete, Vicente, Ayala… Sempre lluny, tan lluny. 

I hui, anys després, continue anant amb el meus amics (Pepe sempre al meu costat) i els nostres fills, esperant que eixos dies tornen a arribar per a que els gaudeixen les noves generacions. Noves generacions que voran com el nostre equip tornarà a jugar un dia la final de la Champions per a guanyar-la. Perquè, eixe dia, un àngel de la guarda sobrevolarà l’estadi. Serà invisible i ple de benevolència i, com Cassiel (l’àngel de les llàgrimes a la pel·lícula de Wim Wenders), es farà humà per a marcar el gol que ens farà per sempre campions. Sé que ho faràs iaio. Tan lluny, tan a prop.

Amunt Sempre!! 

Miquel A. Giménez i Munyoç




dijous, 16 d’agost de 2018

EL CANALLITA DEL PUROMORO



Lo primero que recordé cuando nos invitaron al palco Vip fue el grafiti que había en la funeraria de la calle Calatrava, en el barrio del Mercado: “Ya estás muerto, cabrón”. Si homenajear a los muertos es la pasión mundana por excelencia, homenajear a muertos en vida tiene un componente morboso y literario que no conviene desdeñar. Bajo ese palio me presenté en el Trofeo Naranja el pasado sábado, consciente de que asistía a mi propio funeral como hincha más o menos ilustrado. Al principio no quería ir, pero al final me pudo la vanidad. Pensé que, al  menos y tras años de turra en los paravalanchas de Mestalla, unos canapés y unas bolitas de crema sí  merecía. Como no llevaba Americana la jefa de protocolo me prestó una. Fue un momento clave, saber que no eres nadie.

Después empecé a sudar. No hay una teoría firme al respecto, pero el sudor de los asiduos al Palco Vip es distinto al de los ocasionales. Mi sudor me delataba. Nunca seré un fijo. Por lo menos no rompí la vajilla ni oriné en los trofeos. Ya acomodados en nuestras butacas descubrí que tenía delante al protagonista de mi próxima novela y dos filas a la izquierda a su asesino, El Canallita del Puromuro.

El partido consignó lo evidente: hay equipo, hay grada, el club ha recuperado músculo. Lo celebro como se celebran las heridas que siempre sangran, con miedo a que todo se desvanezca al primer ataque de euforia pirotécnica. Mediada la primera parte empecé a pensar en el blog. Ultimes Vesprades a Mestalla nació para acompañar un adiós y ha terminado por ser la constatación de todos nuestros fracasos. En aquellos foros donde participa UvaM acaba por imponerse siempre la tesis contraria. Tiene mérito. Nos han inoculado el fracaso de una forma tan notable que ni siquiera lo percibimos. Nos vendieron el club sin poder oponer resistencia, nos negaron la posibilidad de un debate serio sobre la conveniencia o no de volver a ser FC, seguimos en Mestalla. Sí, es cierto, hemos publicado libros y hecho canciones. No pasa nada. Su trascendencia es ínfima. Nadie nos lee. El pasado sábado llegó la puntilla. Nos organizaron un homenaje perfecto, a la medida de nuestra condición de núcleo lacrimógeno y pseudoilustrado. De tapadillo  y clandestinamente nos regalaron una camiseta y un cuadro mal enmarcado. Como si fuéramos los pobres que Berlanga sentaba en la mesa de los ricos en la lucidísima Plácido, dimos las gracias con reverencias cómicas. Menos mal que en última instancia, Pepe le dijo al presidente lo que todos pensábamos: “Es un despropósito y un error que la megafonía de Mestalla no sea en valenciano”. Murthy nos miró como se mira a los invitados desagradecidos. De inmediato tuve un pálpito: la del valenciano en Mestalla será nuestra siguiente derrota, quizás la última.

Cuando volvimos a la sala principal, El Canallita del Puromuro apuraba su última cerveza. Por un momento se sintió incómodo ante mi presencia. Nos miramos, agachó la cabeza, siguió su camino. Me pasé la segunda parte proyectando la novela que lo cuente todo. Un camello, un noble, una ciudad masacrada, las vidas que dejé pasar mientras me enamoraba enfermizamente de un club de fútbol. Lo de siempre.

Rafa Lahuerta Yúfera.

dimarts, 14 d’agost de 2018

COMUNICAT ÚLTIMES VESPRADES A MESTALLA



“Últimes vesprades a Mestalla” vol afegir-se a les múltiples veus que des de l'entorn del nostre club han expressat el seu malestar davant les darreres decisions del departament de comunicació del València CF en relació amb la presència i l'ús del valencià, especialment visibles en aspectes com la cançó oficial del Centenari i en la desaparició de la nostra llengua de la megafonia i les comunicacions al Camp de Mestalla. 

El València, en la seua condició d'entitat civil valenciana més representativa, va recuperar l'ús del valencià al llarg dels anys 90, en un procés que va acceptar-se, com no podia ser d'altra manera, amb satisfacció i naturalitat per part de la massa social. Allò va significar un important acostament a la realitat social de la seua afició i manifestava la voluntat de participar en el procés de recuperació de l'ús normal i l'estatus de la nostra llengua pròpia que experimentava el conjunt de la societat valenciana: en eixe sentit és ben significatiu el fet de que el València siga el primer club de la Comunitat Valenciana en tindre el seu himne oficial en valencià. Per desgràcia, 25 anys després i en les vespres d'un esdeveniment tan destacat com la celebració del nostre centenari, ens trobem que el nostre club fa passes enrere en aspectes que presumíem definitivament consolidats. 

Per totes estes raons, des de la nostra condició de socis i seguidors del València CF, volem instar al nostre club a corregir este desafortunat rumb i, per tant, a continuar en el camí de la normalitat en l'us del valencià en les seues comunicacions, aprofundint (com està fent-se en altres àmbits amb tant d'encert) en la consolidació dels valors i característiques que ens són pròpies per tal de competir globalment des de la pròpia identitat.

Últimes vesprades a Mestalla.

Per a recolzar esta petició vos deixem el següent enllaç.