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En ocasiones no sirve de mucho intentar encontrar motivos para algunos recuerdos. Desde aquel domingo 20 de Junio de 1993 han pasado muchísimos partidos y, precedentes a esa fecha, otros tantos. Pero yo recuerdo como si fuera ayer aquel partido. A un chaval de 15 años como yo le marcó todo aquello. No era una de las primeras broncas presenciadas en el antiguo Luís Casanova. Las había visto contra árbitros, equipos rivales, contra el nuestro y, por supuesto, contra el palco presidencial. Pero aquella fue diferente. Dicen que fue la más grande desde que el Valencia había regresado a Primera. No lo sé pero en aquel partido entendí la frágil línea que existe entre el amor y el odio. Aquel 20 de Junio de 1993, una afición que amaba a su equipo descargó toda su rabia contra unos jugadores y una directiva que había defraudado sus expectativas. Era el principio de lo que ocurriría la siguiente temporada. El mal augurio empezó en Agosto con aquella monedita que dio el Naranja al Dinamo de Moscú. El Valencia 92/93 hizo una temporada discreta. Bueno, para qué vamos a engañarnos, la temporada fue un cúmulo de "patiments", de malos tragos y de algunas gestas al más puro estilo fallero donde las tracas sonaron tras algún partido. Típico de nuestro carácter. Tras dos partidos de liga sin nada que mostrar, a mediados de Septiembre vino el varapalo de UEFA ante el Nápoles. 1-5 y con un Fonseca bailando ante un Mestalla que no puedo hacer otra cosa que aplaudir a aquel uruguayo de prominentes dientes que pudo haberse convertido en jugador ché poco tiempo atrás. Fuera de Europa a las primeras de cambio y de qué manera... La temporada empezaba como acabaría. Pero tras las derrotas claras en el Bernabéu y Camp Nou, luego vinieron algunas alegrías aisladas. Un par de manitas a Burgos y Cádiz y aquella victoria abultada en San Mamés antes de Navidad, con aquel golazo de Fernando y que yo escuchaba en la radio mientras estudiaba los trimestrales de BUP. La segunda vuelta fue muy irregular, para no perder la tónica de la primera. Otras derrotas en Mestalla ante Madrid y Barça (recuerdo aquel 3-4 que nos supo a victoria por cuanto el espectáculo que pudimos presenciar y que un exjugador inglés metido a comentarista y gran admirador de Lubo Penev había bautizado como fútbol "made in Valencia". En cuanto a la Copa, dejamos en octavos al Sevilla y al Villarreal en cuartos. Le endosamos seis al equipo castellonense cuando todavía no era ni la sombra de lo que acabaría siendo años después.
A pesar de tener la cuarta plaza asegurada, con lo que volveríamos a disputar un año más la vieja UEFA (la buena), el partido de semifinales de Copa ante el Zaragoza iba a suponer el examen definitivo a una plantilla que se había acomodado en exceso. Empate a uno en la ida, en el Luis Casanova, después victoria en liga ante el Cádiz y viaje a La Romareda para afrontar la vuelta de Copa. No hace falta resumir el enlace de aquel partido y por ende de la eliminatoria que perdimos aquel 17 de Junio de 1993. Pero se creó un clima muy crispado en la ciudad, entre los medios y las peñas y 3 días después la grada de Mestalla dictaría sentencia. El 20 de Junio de 1993, el equipo recibió la bronca más espectacular desde su retorno a la Primera División. O, como ya he dicho, eso dijeron las crónicas. Pero no me cabe la menor duda de que lo fue. Era jornada electoral en España, hacía una tarde de esas de Junio calurosa y soleada. El partido, como todos los de Primera en aquella última jornada, sería a las siete. El Madrid volvía a jugarse la liga en Tenerife. Dos horas antes del inicio del encuentro, la gente empezó a aglomerarse ante la puerta cero para increpar a jugadores y directivos. Un Mestalla semivacío, con la general norte sin las peñas más representativas, pitó a los jugadores del Valencia desde su salida por el túnel de vestuarios hasta que volvieron a entrar en él. Lo que recuerdo con nitidez fue que los únicos aplausos fueron dedicados al guardameta Sempere y a Voro, supongo que por ser el último partido que jugaba vistiendo la elástica blanca... La tribuna baja, donde yo me encontraba, ofrecía un buen ángulo de visión para lo que tenía que ocurrir quince minutos antes de la finalización del encuentro. Fue entonces cuando los aficionados de las peñas que ocupaban el fondo norte y que no habían entrado al estadio, accedieron a la Tribuna y se encararon hacia el Palco. El encuentro acabó entonces, en aquel momento. El equipo ya había recibido lo suyo durante 75 minutos y entonces toda la atención se centró en aquel ajuste de cuentas con el palco. Gritos y consignas que pasarían a la historia y que muchos lamentarían haber pronunciado tiempo después. Un triste final para una temporada muy extraña que no era más que un anticipo de la próxima en aquel annus horribilis que significaría 1993 para el Valencia CF. Por cierto, lo único que no recuerdo fue los autores de los 3 goles. ¿A alguien le importó realmente?
Fernando Tomás Puchades
Antiguo socio del Valencia CF
A pesar de tener la cuarta plaza asegurada, con lo que volveríamos a disputar un año más la vieja UEFA (la buena), el partido de semifinales de Copa ante el Zaragoza iba a suponer el examen definitivo a una plantilla que se había acomodado en exceso. Empate a uno en la ida, en el Luis Casanova, después victoria en liga ante el Cádiz y viaje a La Romareda para afrontar la vuelta de Copa. No hace falta resumir el enlace de aquel partido y por ende de la eliminatoria que perdimos aquel 17 de Junio de 1993. Pero se creó un clima muy crispado en la ciudad, entre los medios y las peñas y 3 días después la grada de Mestalla dictaría sentencia. El 20 de Junio de 1993, el equipo recibió la bronca más espectacular desde su retorno a la Primera División. O, como ya he dicho, eso dijeron las crónicas. Pero no me cabe la menor duda de que lo fue. Era jornada electoral en España, hacía una tarde de esas de Junio calurosa y soleada. El partido, como todos los de Primera en aquella última jornada, sería a las siete. El Madrid volvía a jugarse la liga en Tenerife. Dos horas antes del inicio del encuentro, la gente empezó a aglomerarse ante la puerta cero para increpar a jugadores y directivos. Un Mestalla semivacío, con la general norte sin las peñas más representativas, pitó a los jugadores del Valencia desde su salida por el túnel de vestuarios hasta que volvieron a entrar en él. Lo que recuerdo con nitidez fue que los únicos aplausos fueron dedicados al guardameta Sempere y a Voro, supongo que por ser el último partido que jugaba vistiendo la elástica blanca... La tribuna baja, donde yo me encontraba, ofrecía un buen ángulo de visión para lo que tenía que ocurrir quince minutos antes de la finalización del encuentro. Fue entonces cuando los aficionados de las peñas que ocupaban el fondo norte y que no habían entrado al estadio, accedieron a la Tribuna y se encararon hacia el Palco. El encuentro acabó entonces, en aquel momento. El equipo ya había recibido lo suyo durante 75 minutos y entonces toda la atención se centró en aquel ajuste de cuentas con el palco. Gritos y consignas que pasarían a la historia y que muchos lamentarían haber pronunciado tiempo después. Un triste final para una temporada muy extraña que no era más que un anticipo de la próxima en aquel annus horribilis que significaría 1993 para el Valencia CF. Por cierto, lo único que no recuerdo fue los autores de los 3 goles. ¿A alguien le importó realmente?
Fernando Tomás Puchades
Antiguo socio del Valencia CF
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