La novedad durante aquellos años era, precisamente, que no había novedad. Temporada tras temporada, la primera elástica valencianista fue básica e integralmente blanca. Un gran escudo en el pecho orgullosamente visible y poco más.
En aquellas presentaciones nuestros todavía inocentes ojos se fijaban en las recientes incorporaciones y no en unos nuevos pantalones, un nuevo ribete en la camiseta o un añadido que respondiera a extrañas razones de mercadotecnia. Simplemente no había novedades ni las buscábamos. Los "grandes cerebros" todavía no osaban interferir en los colores básicos de un equipo de fútbol. No sabíamos nada del "merchandising" y, aunque nos lo hubieran jurado, no hubiésemos creído que el dinero que generaría años después sería razón más que suficiente para modificar los colores representativos de un club, de una ciudad, aunque éstos estuvieran en el imaginario colectivo desde hacía décadas.
Durante muchos años, el primer equipaje del Valencia CF no presentó variación alguna y si bién otros clubs que compartían color merengue empezaron a añadir ribetes morados o rojos en sus camisetas, el impasible Valencia siguió inmaculado hasta bién entrados los años 90.
El fútbol cambiaba y la publicidad empezó a inundar históricas zamarras que antaño eran sólo manchadas por el barro. El Real Madrid sería uno de los pioneros en aquello de la publicidad serigrafiada en las camisetas e intentaba convencer a los españoles de la Transición de que si queríamos empezar a disfrutar del estado del bienestar tendríamos que comprar determinados electrodomésticos. Y así, tras el mundial de naranjito y las apreturas económicas, todos los jugadores de nuestro fútbol patrio empezaron a lucir diferentes eslóganes en su pecho... Y como no podía ser de otra manera aquello también acabó aterrizando en el Luis Casanova... Tanto las apreturas económicas como el hecho, casi obligado, de lucir en aquella camiseta blanca inmaculada el primer patrocinador de nuestra historia. A partir de aquel momento ambas entidades, la futbolística y la financiera, estrecharían una relación de dependencia por razones diversas que no vienen al caso.
El hecho es que acabamos acostumbrándonos a esa visión y a casi nadie le importó. Porque nuestros ya no tan inocentes ojos seguían fijándose en las caras nuevas de cada temporada y no en las novedades de la indumentaria que, por supuesto, seguían sin existir.
Fernando Tomás Puchades
Antiguo socio del Valencia CF
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