dilluns, 29 de setembre de 2014

Regreso (exacto) al Bar Torino

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Este artículo pretende retornar con exactitud, topográfica e histórica, al Bar Torino, y a la ciudad que da lugar al nacimiento del Valencia F.C. Más allá de los tópìcos habituales. Porque en el proceso de transacción y orgía mercantil de avales, créditos y balances contables  al que asistimos desde la conversión del club en Sociedad Anónima Deportiva, la referencia al Bar Torino se ha convertido en un plus de legitimidad, sinónimo de generosidad, inocencia, y amor por unos colores. El Bar Torino, el lieux de mémoire fundacional del Valencia FC, formaba parte de nuestro particular catálogo de anécdotas germinales: la lesión de Luisito Bonora en Elche, el sorteo de la presidencia entre Milego y Medina lanzando una moneda, la centralidad eficacísima del establecimiento, el alquiler de Algirós gracias a la dotación anónima de Medina, distraída de sus ahorros para la boda, la primera recaudación en beneficio a la Asociación Valenciana de Caridad… 

Pero la construcción del mito fundacional, se apelara o no a nuestros Founding Fathers, a los Gonzalo Medina, Augusto Milego, Julio Gascó Andrés Bonilla, Pascual Gascó y Fernando Marzal, no ha tenido una sólida historia que convirtiera el Bar Torino en nuestra singular nave, el Mayflower, que nos trasladara desde la ciudad finisecular sin referencias deportivas a la creación de un club a la misma altura que el resto de ciudades europeas. A lo largo de los casi 100 años de historia no se ha aportado luz sobre el momento, porque como siempre ha sido habitual en la historia del club, la referencia histórica siempre fue un trámite, un expediente incómodo, algo sobre lo que no valió la pena averiguar, ya que iba más allá del consumo, adicto y sin perspectiva, de una sucesión de presentes.

Cuando hace poco entré a formar parte de la Tertúlia Valencianista Torino, recordé que fue la responsable hace casi un siglo de la colocación de una placa, una “rajoleta”, en la calle Barcelonina número 4, que reza literalmente: 


EN ESTE LUGAR SE FUNDÓ EL VALENCIA C.F., EL 18 DE MARZO DE 1919, EN EL ANTIGUO “BAR TORINO”

Fue esa exacta afirmación (EN ESTE LUGAR), que ha servido incluso como punto de concentración inicial de alguna manifestación contraria a la venta del club, la que provoca este rápido rastreo histórico, ante la palmaria contradicción de que la Bajada de San Francisco no era, desde luego, la calle Barcelonina.

Una de las cientos de páginas que recrean el hecho lo explica así:

“En este lugar se encontraba el ya desaparecido Bar Torino, aunque también ha sido conocido como Horchatería Novejarque. Es famoso porque en este lugar se reunían un grupo de amigos-tertulianos aficionados al fútbol, que decidieron en 1919 fundar un equipo de fútbol: el Valencia C.F.” 



Incluso desde el el blog colectivo del que soy fundador, Últimes Vesprades a Mestalla, alguna de las colaboraciones continúan hablando del Bar Torino como de un “cèntric establiment del "cap i casal".

Puntilloso que es uno, tanto en el descubrimiento de la “rajoleta”, como en actos posteriores, siempre he intentado averiguar la veracidad de la indubitada afirmación de la placa, y hoy podemos dar alguna noticia de que, al parecer, en el “hic”, el lugar no era precisamente ese.

Más allá de la vulgata, repetida hasta la saciedad, sabemos bien poco del Bar Torino, y si algo es cierto es que el Valencia FC se creó en una calle desaparecida, y en una ciudad sustancialmente diferente desde el punto de vista urbanístico a la actual.

Y comenzaremos por acudir al Registro de Asociaciones del Gobierno Civil de Valencia, que como tal libro de entrada proporciona los siguientes datos: 1) Número de Orden. 2) Título de la sociedad. 3) Domicilio. 4) Fecha de presentación de Estatutos. 5. Fecha de presentación del Acta de Constitución. 6) Objeto de la sociedad. 7) Nombre de los presidentes. 8) Observaciones.

Es así como descubrimos ya el Club Deportivo Español, con Alfredo Milego como Presidente, con domicilio en el Bar Británico de la Calle de la Sangre, primero, y después en el Bar Iborra de la calle Pi y Margall, 24. Aunque a los efectos de lo que hoy evocamos, con el número 3.906 de Registro, aparece el Valencia Football Club, con domicilio en el Bar Torino de la calle Bajada de San Francisco, con el 18 de marzo de 1919 como fecha de presentación de Estatutos, y 22 de octubre de 1920, como fecha de presentación del acta de constitución.

El mismo Bar Torino se consigna en el mismo Registro como domicilio social del Valencia Athétic Club, el que fuera equipo más o menos filial o vinculado con el Valencia FC, el equipo posteriormente asociado al Centre Català, y con Estatutos presentados el 27 de enero de 1921.

La Asociación de los primitivos equipos de fútbol con las cafeterías se da también en el caso del Gimnástico, que al presentar sus nuevos Estatutos el 7 de noviembre de 1919 consigna como domicilio el Bar Miau de la calle Peris y Valero (actual calle de La Paz).

Hay, por tanto, una primera consideración que debe convertirse en conclusión ad aeternum, por los siglos de los siglos: desterrar cualquier clase de vinculación entre el Bar Torino y la calle Barcelonina, porque nuestro Valencia FC se creó en un Bar de la Bajada de San Francisco número 8.



Bajada de San Francisco que evidentemente ya no existe. Desapareció a partir de 1927, durante la Alcaldía de Carlos Sousa Álvarez de Toledo, el Marqués de Sotelo como título nobiliario oficial, o el Marqués de la Picola, como fue conocido de forma popular, y a consecuencia de un gran proyecto urbanístico y arquitectónico diseñado por Javier Goerlich, el arquitecto municipal. Pero vayamos poco a poco. Partido a partido. Para saber con exactitud donde estaba, necesitamos un pequeño preámbulo, porque si hoy la Plaza, con sus distintos nombres, Libertad, San Francisco, Castelar, País Valencià o de l'Ajuntament es el centro de la ciudad, el centro de la ciudad no era en 1919, todavía, la Plaza de San Francisco.



Tendremos que acudir a los mapas y hacer topografía histórica. Con la construcción de las murallas de finales del siglo XIV, cuya traza se mantiene en la ronda actual del autobús número 5, la ciudad incorpora en su interior huertos, campos, hospitales y conventos, además de los arrabales y núcleos de población de los Roteros, la Pobla, Morera, Peixcadors, Les Parres o la Xerea. Como consecuencia del objetivo de control fiscal sobre la entrada de productos, de las decenas de puertas solo quedarán abiertas las puertas del Real, Sant Vicent, Quart, Serrans y del Mar. A ellas se uniría el reabierto portal de Russafa, en 1761. El centro de la ciudad continúa pivotando sobre el espacio de las primeras murallas. El crecimiento de la ciudad reclamaba nuevos espacios.



Carboneres alude a un proyecto de ampliación, con nuevas murallas, en el siglo XVIII. Vicente Boix en 1862 plantea la posibilidad de una nueva ampliación en la Zaidía, asumiendo, además, la probidad de una justa especulación, y señalando a la Sociedad Valenciana de Fomento como artífice del proceso. También la Sociedad de Fomento contaba con otro proyecto de expansión intramuros, que “aumentaría, llevado á efecto, el caserío de que se carece, dando mas animación a la calle de S. Vicente con la de Ruzafa y barrio de Pescadores”. Los espacios acabarían siendo ganados gracias a la desaparición de las murallas desde 1865, durante el mandato como gobernador civil de Cirilo Amorós, y en otra dirección bien distinta.

Cuando, en 1862, Vicente Boix, cronista de la ciutat, escribe su Valencia histórica y topogràfica, su preámbulo es bastante explícito sobre las transformaciones inminentes que se presparavan: “Próximos á desaparecer los antiguos y venerandos vestigios de la Valencia romana y árabe, para dar lugar á las grandes construcciones, que han transformado el caràcter primitivo de nuestra población;...”.

Se prepara el crecimiento y transformación de la ciudad mediante distintas iniciativas que provocan el desplazamiento del centro comercial y administrativo hacia el sur, hacia la plaza de San Francisco. El plano del padre Tosca de 1704 es revelador de la situación.

Esa calle en pendiente, esa “Devallà”, llega a una pequeña plaza con un jardín cerrado, el del Convento de San Francisco, y parece seguir en su intersección con la calle de Las Barcas o del Vall Cobert, el recorrido de un posible meandro del río. Esa era la interpretación de Felip Mateu i Llopis:

“Valencia, durante los visigodos seguía siendo una isla; el Turia tenía un brazo, que partiendo de lo que hoy es Puente de San José, poco más o menos, iba por la calle Baja, el Tossal y la Bolsería del Mercado, seguía por la desaparecida Bajada de San Francisco a la calle de las Barcas y de aquí por el Parterre al Remedio y Plaza de Santo Domingo, al río otra vez. En esta isla estaba la ciudad romana y por tanto la visigoda. Valencia, rodeada de agua por brazos del río y acequias -por lo que el “sello” de la ciudad, hasta el rey Pedro IV el Ceremonioso, III de Catalunya, II de Valencia y I de Mallorca y Cerdeña (1319-1387)- se representaba sobre “aguas”, como es sabido y fue durante este monarca, cuando se abandonó aquel tipo para adoptar el real”.

Valencia, la definida como circumfluentibus undis, con anterioridad a que el sello de la ciudad nos condenara a hacer de la lealtad el signo, el estigma de nuestra presentación al mundo.




La Bajada de San Francisco se iniciaba en la Plaza de Cajeros y acababa en la Plaza de la Libertad. Será conocida a lo largo de la historia como Bajada del Progreso, calle Cajeros o Devallada de Sen Francesch. Era una calle que conducía a los Jardines y Plaza de San Francisco, un espacio marcado por el Convento del mismo nombre, cuya creación está vinculado a los inicios de la Conquista del Reino. Pero como tantos conventos, fue reconvertido en cuartel desde la desamortización. Boix, Carboneres, Lamarca o el Marqués de Cruilles explican cómo las quejas de los vecinos por tener que hacer un gran rodeo para llegar a la calle de la Sangre consiguieron la apertura del huerto. 

Según Cruilles, Valda consignaba que el huerto de entrada al Convento contaba con un patio tan grande “que le ha mirado la Ciudad muchas veces con cariño para hacer una hermosa plaza”. En 1805, y con nocturnidad, el Intendente Cayetano de Urbina procedió a la demolición de las tapias y a arrancar los árboles. En 1837 se transformó el Convento en cuartel. La proximidad del barrio de Pescadores con su mundo de tabernas, majos y prostitución, junto con la Estación y la cercana Plaza de Toros no era, pues, precisamente, una zona céntrica, sino más bien de las afueras y zona de expansión de la ciudad. La zona se conviertió en un espacio enormemente popular de fondas, casas de comidas y ordinarios.

La Baixada de Sant Francesc era una calle dividida. Los números impares correspondian al barrio tercero del Cuartel del Mar: De Santa Tecla a la Plaza de Santa Catalina, por delante de San Martín, Bajada de San Francisco, calle de Barcelonina, Plazuela de San Jorge, por la calle de las Almas, Plaza de San Andrés. Plaza de Villarrasa, calle del Ave María, calle del Mar a Santa Tecla. Los números pares, y por ello el Bar Torino, pertenecían al barrio sexto del Cuartel de San Vicente: de la muralla, toda la calle de Renglons, hasta la esquina de la enseñanza, calle de la Sangre, por delante de San Gregorio, calle de San Vicente hasta la Plaza de Cajeros, Bajada de San Francisco, y su plaza al puente de los Anades, calle Nueva de Pescadores (Ribera), hasta confluir en la muralla. El puente de los Anades estaba situado a la altura de la calle Ribera y servía para cruzar la sèquia de Rovella en dirección a Ruzafa.

El Barrio Séptimo, el del Barrio de Pescadores, también del cuartel del Mar comprendía el Muro de los Judíos, desde la Plaza del Picadero, la calle Larga de la Sequiola (Don Juan de Austria), calle de las Barcas a San Francisco, por el lado de su convento, ahora cuartel, calle del Sagrario de San Francisco, calle Nueva de Pescadores (Ribera), a la muralla.

La Bajada de San Francisco era uno de las calles más animadas de la ciudad. Con tres establecimientos de renombre: el Bar Suizo, el Café de España, y el Bar Torino.






En los números impares, situados en la acera del oeste, mirando a la calle de la Sangre, se situaban los siguientes establecimientos, por número: 1. Óptica Panach. Junto a la Plaza de Cajeros. 3. Trajes Zafra. La Señera. Gamborino. La Cruz Roja. Ten y García en Compañía. Confitería y Cerería de España de Juan Cercós (junto al Café de España). 5. Café de España. 7 y 9. Grand Hotel Continental (antiguo local de la Fonda de España), con salida a Moratín, 2. 11. Librería R. Ortega. 13. Viuda e Hijos de Julio Matton. Loza, Cristal y Porcelana. 15-17. Relojería de Juan Bautista Carbonell. 19. Café y Restaurant Suizo. 21. Camisería y Corbatería La Estrella. 21. Fábrica de Pañuelos de Seda de J. Torró. Remigio Torró. Despacho del Almacén de Instrumentos de Música de Banyeres. Pastelería Champagne Bar Bajada de San Francisco 23.

En los números pares, situados en la acera del este, mirando hacia Barcas, se situaban: 2. Sombrerería Enrique Savall, en la esquina con la plaza de Cajeros; 4. Perfumería Inglesa (frente al Café de España). 6. Sombrerería Farinós. 8. Bar Torino. Almacén Muebles y Mesas de Billar. 10. Calzados La Montañesa. Fotografía Casa Cuesta. Callista Enrique Bamdemberg. Frente al Café Suizo. 12. Ferretería, quincalla y baterías de Cocina de Rafael Pastor. 14. Peluquría Pascual Sales. Frente al Café Suizo. Eduardo Fenollosa Carbonell. Despacho de Guano. 16-18. Relojería Giménez. 22. Oro Pellicer. 24. Miralles. Fábrica de Artículos de viaje y caza. 28. Postre Martí. Fernando Piquer. 32. Farmacia Besalduch. 34. La Esmeralda. Restaurant y Hospedajes de San Francisco.

Fachada del Bar Torino de Barcelona

El propietario del Bar Torino era Enrique Novejarque, de una familia emprendedora originaria de Almàssera. Desconocemos las razones del nombre del Bar Torino. Desde luego, no es algo similar al Bar Torino de Barcelona, propiedad de un italiano, un milanés, Flaminio Mezzalama, que encargó el bar a los arquitectos Falqués y Puig i Cadafalch, y la decoración a Antoni Gaudí y Ermenegild Miralles. En la fachada figuraba el escudo de Torino, y se especializan en el vermut, y la armericana, una mezcla de horchata, jarabe y anís.

El Bar Torino de Valencia era un establecimiento situado enfrente del Café de España y del Café Suizo, dedicado a servir cafés, refrescos, cervezas, helados y licores. No era el Café de España tan rememorado por Azorín, ni con el prestigio del Suizo, pero según Vidal Corella era un establecimiento “coqueto”, que también acogió alguna actividad vinculada a la Falla plantada en la Bajada de San Francisco. En el Anuario Batlles figura en 1914 como Cervecería, con entrada por la Bajada de San Francisco 8 y Rojas Clemente. El Bar Torino, por tanto era un bar con doble entrada, y “cantoner”, con entrada por las dos calles, y una de ellas, la de Rojas Clemente, que en su denominación de los callejeros de los siglos anteriores recibió la denominación de Mesón del Caballo, Mesón del Potro u Hostal de Blasco.

La trama de las calles era propicia a hostales y mesores, como el de Teruel, el “dels Mallorquins” (entre Carabasses y la Plaza En Gil), o la calle Hostal de la Llanterna (la actual Linterna, entre la calle de San Vicente y la calle Gracia.

Pero así como para el Café Suizo contamos con las fotografías que acreditan su decoración en 1923 para las fiestas de la Corona de la Virgen como Patrona, y en el Café de España tenemos las fotografías y la completa descripción de Azorín en su libro Valencia, nada similiar disponemos del Bar Torino. No hay más fotos o postales externas o internas que las que ilustran esta colaboración. En la Guía para el Viajero de 1898 todavía no aparece el Bar Torino. Su inauguración debió ser entre 1898 y 1909.



En 1909 aparece con una sucursal en la Exposición Regional de 1909, lo cual revela una cierta ambición expansiva por parte del propietario. A partir de 1917, la familia Novejarque parece que es el primero en prepararla de la manera actual en su establecimiento de la calle de Santa Teresa. Probablemente también comenzaría a servirla en el Bar Torino, de ahi que fuera conocido como Horchatería de Novejarque, emparentada por cierto con los Monleón Novejarque, Miguel y Joan, el primero Presidente de la Federación Valenciana de Futbol, y el segundo el conocido artista de la cançó.

No era el Café de España, mucho más elitista, ni el León de Oro, ni el Suizo. Tampoco era una taberna. Un establecimiento, fruto de una nueva sociabilidad burguesa, sin pretensiones y sin etiquetas de clase, sociales o políticas, que fue, durante tres años, el primer domicilio del Valencia FC.

Ya en 1922, con Francisco Vidal Muñoz como Presidente. el club cambia de local social, pasando del Bar Torino a un local propio, en un entresuelo de la calle Barcelonina número 7, justo en la acera de enfrente en la que se sitúa la actual rajoleta. Como las historias poco rigurosas han hablado de que el traslado se realizó a unos metros más allá de la misma calle, ese error quizá ha provocado la asociación espacial Valencia FC y calle Barcelonina, y de ahí el error de la ubicación de la placa actual.

No seria tampoco una ubicación prolongada en el tiempo. Para la etapa de la bendición de la bandera los días 21 y 22 de septiembre de 1924, el local social ya estaba situado en la calle de la Paz número 28, y el 20 de octubre de 1924 se inaugura un nuevo local en la Plaza de Canalejas número 4: la Plaza formada por Marqués de dos Aguas y Poeta Querol, en la que el año siguiente, el Valencia FC planta una falla.

La popularidad de la Bajada, la presencia de los Cafés, y su naturaleza comercial la convertían en espacio central de muchos de los acontecimientos de la época. En el mes de mayo de 1920 se perpetraron varios atentados en esa parte de la ciudad con bombas en el Café Suizo, Café de España, Teatro Apolo y ferretería de Ernesto Ferrer.

El más importante de ellos fue la bomba contra el Café Suizo. Una cuestión curiosa es que Hipólito Tarín, quien a partir de 1923 sería jugador del Valencia FC se encontraba entre los que resultaron heridos en el atentado, y al finalizar el Campeonato Regional, una selección Gimnástico-Valencia jugó contra otra del Levante-España, a beneficio de las víctimas del atentado, que acabó, por cierto, como el rosario de la aurora.

El Bar Torino, por tanto, estaría situado en lo que hoy es Plaza del Ayuntamiento, en plena calle y muy cercano a la acera izquierda de la plaza, como se descubre en las dos ilustraciones que acompañan este post. La creación del Valencia FC se produjo, además, en el marco de la erección de un nuevo centro de la ciudad. 

La construcción de un nuevo centro de la ciudad. El proyecto urbanístico de Javier Goerlich.




El traslado del Ayuntamiento desde el edificio en el que se sitúan ahora os actuales Jardines del Palau de la Generalitat a su ubicación actual se produce en 1854. La provisionalidad del traslado se mutó en definitiva en 1899. Con el derribo del Cuartel el espacio diáfano fue utilizado para ferias y mercados ambulantes, como la tradicional Feria de Navidad.

Los derribos en el Barrio de Pescadores se iniciaron oficialmente el 12 de marzo de 1906, y se prolongaron a lo largo de 1907 y 1908. Con la construcción de la Estación del Norte en 1917 se hizo posible la posibilidad de urbanizar la plaza, y asignar una nueva centralidad la ciudad.



Todo nació de la imaginación urbanística de Javier Goerlich, que diseña lo que se llamó como ampliación de la Bajada de San Francisco, para construir la Avenida de Blasco Ibáñez. La Plaza de Cajeros daría salida a dos nuevas calles, calificadas como Avenidas: la Avenida María Cristina y la Avenida Blasco Ibáñez [1]. Una calle ampliada que naciendo desde la Plaza de Cajeros llegaría a la Plaza, y cuya destrucción serviría para lo realmente importante para Goerlich, la remodelación de la Plaza. En principio, era una ampliación de la calle, la Avenida de Blasco Ibañez, aunque todo convergía en la nueva Plaza:


Sant Vicent - Baixada de Sant Francesc sense la Avda. Maria Cristina 

Sant Vicent - Baixada de Sant Francesc amb la Avda. Maria Cristina  

“La ampliación de la Avenida de Blasco Ibáñez hizo sentir la necesidad de reformar la urbanización de la Plaza de Emilio Castelar, la más concurrida de la ciudad, por recaer a ella las fachadas principales de edificios tan importantes como el Ayuntamiento, Correos y Telégrafos, Teléfonos y otros pertenecientes a la Banca privada y comercio”.




El viejo programa blasquista de principios de siglo, basado en la expansión urbana y en la construcción de bulevares fue reconducido a la prolongación de las arterias de la calle de la Paz, y asumido por el Marqués de Sotelo en 1928, y puesto en marcha por Goerlich a través de los ejes de la Avenida del Oeste, San Vicente, y María Cristina con la nueva Avenida Blasco Ibañez.

El resultado final sería la construcción de un nuevo centro urbano diseñado por Goerlich, con tres fuentes luminosas en cada uno de los vértices del triangulo, representando a las tres provincias de la región.


La apertura de la Bajada supuso la expropiación de más de 80 fincas urbanas , con un valor de 6.900.000 pesetas. Con los nuevos solares y fincas, después de destinar 4.500 m² a una calle con 60 metros de ancho en su arranque y 30 en su final, el déficit se redujo a 2.900.000 pesetas.

La alegoría del nuevo centro no surgía de manera inocente. Se trataba de encontrar conexiones amplias entre el centro histórico y el nuevo Ensanche, ya que, como bien ha estudiado Joaquín Azagra: “Entre 1840 y 1930, Valencia triplicó sus efectivos demográficos y quintuplicó el espacio de cualificación urbana”.

Joaquín Azagra [2] ha explicado perfectamente cómo a lo largo de ese período se produce la reforma interior del Barrio de Pescadores, Colón y el primer ensanche, y de qué manera esa reforma provocó un cambio en el “área de prestigio” de la ciudad, de manera que en ese espacio de 113 has, se concentra el 25% del espacio de la ciudad, con tan solo un 20'4% de la población, y con una densidad de tan solo 375 habitante por hectárea, muy por debajo de otros barrios.


La reforma del Barrio contribuye bajo argumentos “higienistas”, a proceder a una selección de vecinos, y a un objetivo especulativo notorio. De esa manera la nueva centralidad delimitaba espacios menos poblados y con mayor valor fiscal, y coincidiendo con nuevas inversiones de personajes de familias notables de la burguesía como los Trénor o los Noguera.

Junto a ello, la calle de San Vicente reforzaba su papel de consolidación de la nueva área de prestigio con la ruptura con los barrios de Hospital y Velluters. Se estaba construyendo un nuevo centro de la ciudad. Con la retirada de la Estación del Norte junto a la Plaza de Toros, el traslado del Ayuntamiento a la Plaza, y el derribo del antiguo Convento de San Francisco, y la destrucción de la Bajada generaban un gran espacio central que modificaba la tradicional imagen de todos los planos de la ciudad orientados hacia el Norte.

Pero para ello hacía falta, también la urbanización del Barrio de Pescadores. Porque si la popularidad comercial de la Bajada anunciaba el traslado de la centralidad de la ciudad a nuevos espacios, con comercios, teatros y cafés y fondas que desembocaban en la cercanía de la Estación, el Barrio de Pescadores era otra cosa, y esa sí que es otra historia, también alejada de los tópicos habituales, y que algún día contaremos.


Con su desaparición, la “Devallà” del Bar Torino y de la fundación del Valencia FC contribuía, ahora sí, a crear una ciudad diferente, con una nueva trama urbana, y ahora sí, en un centro de la ciudad, que es hoy, aún, nuestro centro de la ciudad.

Quizá hoy, cuando se acerca el centenario del club, y en momentos de tanta efervescencia y juego de marketing con los conceptos de pasado y de futuro, puede ser el momento de regresar con exactitud y rigor al Bar Torino. Para esa visita, ese examen de conciencia histórica, no hacen falta miles de kilómetros ni manifestaciones orquestadas. Se puede hacer un regreso (exacto), al Bar Torino. Al de verdad, al de la generosidad, la modestia y la ilusión por el prestigio y el nombre de una ciudad. 


Miquel Nadal i Tárrega 
Socio del Valencia CF 

[1] Con el “eclecticismo”, no solo arquitectónico, que caracterizaba a Goerlich, la Avenida María Cristina fue sustituida durante la II República como Avenida Pablo Iglesias.

[2] “Ensanche y “ensanches”: vecinos y propietarios en la Valencia de 1930”, en De la revolución liberal a la democracia parlamentaria: Valencia (1808-1975). Paul Preston, Ismael Saz (ed.) Universitat de València, 2001
 
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7 comentaris:

Anònim ha dit...

¡Ya era hora! ¡Magistral!

Fran

Anònim ha dit...

Dimonis, quin nivell, magnífic treball, quantes coses que ignorava. Per cert, tothom tranquil, Mario és inmortal, ja sabeu per què ho dic.
Montes

Rafel Pastor ha dit...

Grandíssim post sr Nadal, molt redó, fantàstic. L'enhorabona. No obstant això, sense que supose ànim d'esmena voldria cridar-li l'atenció de dos detalls que li deuen haver passat inadvertits: trobe que hi ha confusió quan enumera els establiments. Els imparells estaven en la vorera de l'est (esquerra devallant) i els parells en l'oest (dreta devallant); per això el Torino podia tindre accés per Rojas Clemente, que estava en la façana oest del carrer. En el pla de València de 1893 s'aprecia açò amb detall dels números de policia. Segonament, en este mateix pla el número 8 està a mitjan camí entre la plaça de Caixers i Rojas Clemente i no pot ser, per tant, cantoner (ho és el núm. 20). Potser estaré errat, hi hagué canvi de número o potser el bar tenia accés per dos carrers sense ser cantoner. No ho sé, però si no coneix este pla li convide a consultar-lo al llibre de A. Llopis i L. Perdigón, "Cartografía histórica de la ciudad de Valencia". Siga com siga, gràcies per desvetlar-nos sobre l'orige del nostre Club.

Anònim ha dit...

Rafel, sóc Miquel. M`interessa el teu comentari. Escriu-me a nadal.tarrega7071@gmail.com

Anònim ha dit...

Excelente amigo Bazlen. Por estas cosas es por lo que no podemos curarnos.

BT

Anònim ha dit...

Espectacular y sublime.

Pepelu.

Anònim ha dit...

una página del nivel que ens mereixem tots els valencianistes i els valencinas en general: documentada, estructurada, serena....lluny de tòpics i exaltacions supèrflues. bon treball. únicament trobe a faltar la fistòria referent al filial del Valencia, El Mestalla, considere que s'haurien d'afegir imatges d'aquest equip i comentaris sobre la seua aportació al Valencia C.F.