dissabte, 16 de febrer de 2019

BITÁCORA DEL CENTENARIO

Jornada 24



CLÁSICOS QUE NO TE CONTÉ.

A mediados de los años 80’, los Valencia-Espanyol se convirtieron en partidos de culto, regresando de golpe todo el encono larvado desde los años 60’, cuando el equipo perico partió por la mitad al mítico Valencia de Barinaga. Dicen los más viejos que nunca jugó tan bien el Valencia al fútbol como durante esa primera vuelta de la 65-66, la de Barinaga como entrenador. El hechizo se rompió durante un Valencia-Español jugado en diciembre de 1965. Ganó el Valencia, pero el precio a pagar fue muy alto. Tras ese partido, cuajado de lesiones y expulsados, el equipo se deshizo como un azucarillo. Finalmente, Barinaga fue sustituido por Mundo. De alguna manera, ese choque violento y tenso degeneró en algo más durante las siguientes temporadas. En el excelente libro de Paco Lloret, “Mestalla momentos mágicos”, se recoge con detalle la hostilidad con que se recibía al Español en el bienio 67-68. Hay una pancarta dedicada al portero blanquiazul que lo resume todo: Romero, tu padre. Huelga decir que la palabra que falta es un dibujo, el dibujo de un toro de generosa cornamenta. El descenso a segunda del Español en 1969 atenuó la rivalidad, que regresó multiplicada por mil en 1983, cuando Sarriá pasó de los gritos de tongo, tongo con el 0-2 a los de A segunda, a segunda tras el 5-2 final. Entonces, esas afrentas colectivas no eran tan habituales y el valencianismo en masa tomó número y matrícula. La primera vez que el Español jugó en Valencia fue poco después, en octubre de ese mismo 1983. Mestalla se tomó aquello como una final y el equipo respondió con creces. El 4-0 desató la euforia y las ganas de revancha. Pocas veces he visto un Mestalla tan encendido en un partido jugado en octubre como el de aquel domingo. Los gritos de A Segunda, a segunda atronaron durante minutos. En la vuelta, el VCF ganó 1-2 con incidentes en las gradas. Incidentes que volvieron a repetirse de manera habitual durante los siguientes años. En la 84-85 el partido de Mestalla quedó desdibujado por la jornada de huelga, un 5-1 que sirvió para que Carlos Arroyo se presentara en sociedad ante la parroquia. Peor fue en la 85-86. El partido de liga acabó con empate a cero. Fue un sábado noche. Los ultras del Español se colocaron en la esquina del gol norte, a pocos metros del viejo Yomus. En el descanso sucedió lo inevitable. Bastonazos, carreras, avalanchas, quema de banderas. Sólo cuando apareció la policía se calmó la situación. Posiblemente, fueron los incidentes más graves dentro de Mestalla en toda su historia; ni siquiera lo sucedido el día del Manchester Utd en septiembre de 1982 fue parecido. 

Acabada la liga, con el VCF en segunda, vino el enfrentamiento de copa de la liga, aquel engendro que no cuajó. En la ida, el Valencia se mostró implacable y arrasó 5-2. Fue una jornada que ahora nadie comprendería. El equipo estaba descendido pero el ambiente en los partidos de copa de la liga era de extraña y anómala adhesión, como si no hubiera pasado nada. De hecho, ese partido contra el Español fue el mejor de la temporada. En la vuelta, los coches con matrícula de Valencia lo pasaron mal. Creo, si la memoria no me falla, que fue el día en que el periodista de InterValencia, Enrique Martínez, fallecido prematuramente a los pocos años, resultó agredido en las inmediaciones de Sarriá. La tónica se mantuvo durante los siguientes años. Tensión e incidentes. Con el cambio de siglo algo cambió. El Español ganó la copa en Mestalla y el valencianismo se sintió campeón de liga con los dos goles de Baraja en aquella noche inolvidable de abril de 2002. Los recuerdos se volvieron amables por ambas partes. Los últimos partidos en Mestalla han sido anómalos. No recuerdo arbitrajes tan caseros a favor del Valencia como contra los pericos. Es una rara tradición. El domingo volveremos a celebrar una edición más de este clásico sin literatura. En la última fila de Mestalla haremos la digestión. Primero, como mandan los cánones, nos comeremos un arroz a ras de mar. 

Rafa Lahuerta

dimarts, 12 de febrer de 2019

D.JOSE MANGRIÑAN


Com a complement al post pujat el dia 11 de febrer, afegim aquest magnífic reportatge a D. José Mangriñán de l'homenatge amb motiu del lliurament de la insígnia d'or i brillants que li va concedir el Valencia C.F., de mans de D.Arturo Tuzón, president del club en aquell moment. (Reportatge inclòs a la revista del club al març de 1991).








dilluns, 11 de febrer de 2019

GRANDES HISTORIAS HACEN GRANDES CLUBES



Piensen en una marca conocida. ¿Le acompaña algún eslogan o frase que le haga recordarlo?

Lo haremos al revés. Le digo el eslogan y usted dirá que le viene a la mente. Alguno igual no le suena, pero tranquilo, eso es porqué es usted muy joven. 

- Comenzamos:
"La chispa de la vida"
"A mí siempre me daban dos"
"¡Anda, la cartera!"
"A mi plim, yo duermo en..."
- Y del mundo futbolístico:
"Tener más moral..."
"Mes que un club". 

Todo esto viene a cuento porqué conseguir que a una marca se le recuerde y marque "un antes y un después" cuesta mucho esfuerzo y aún más dinero. Lo que todas las marcas desean es tener esa relevancia con el mínimo coste.

El Valencia de los años 50, y anteriores, era bastante desconocido fuera de España. En Sudamérica eran contados los que lo conocían, al igual que a la inmensa mayoría de clubes españoles. Las excepciones, como no, eran los "grandes", que contaban en sus filas con estrellas mundiales. El Real Madrid y el Barcelona se disputaron el fichaje del más grande del continente americano, D. Alfredo Di Stefano, lo que les hizo aún más visibles. . 

El Valencia comenzó a sonar más por Europa, en 1953, con el fichaje de Faas Wilkes. Pero este no era un jugador tan conocido en el resto del mundo futbolístico de entonces. Un modesto jugador vino a cambiar la historia del Valencia. Un hecho que en su tiempo tuvo una gran repercusión, pero que con el paso del tiempo fue perdiendo reconocimiento. Por supuesto hablo del excepcional marcaje de Mangriñán a D. Alfredo Di Stéfano, el 12 de septiembre de 1954 en Chamartín, en el primer partido de liga de la temporada 54-55. Una lástima que un verbo que comenzó a utilizarse en toda España no llegase a ocupar un lugar en el diccionario de la RAE, o por lo menos en el ADN de los valencianistas. Mangriñán y su verbalización Mangriñanear se utilizaron durante casi una década para describir a la parienta. Lo utilizaban más los hombres para referirse a sus mujeres por el mero hecho de ser estos, entonces, más futboleros. O al pesado de turno, que no dejaba de perseguir, ni a sol y ni a sombra, a la moza que pretendía.

Mangriñán era y es, en su definición, constancia en el trabajo encomendado, entrega total sin escatimar esfuerzos y como consecuencia de su resultado, trabajo bien hecho y aportación al resultado del equipo. 
Nuestro escudo se ha confeccionado con las puntadas de las historias individuales de todos los que forman parte de este club. Desde los más visibles mediáticamente, jugadores, entrenadores y presidentes, hasta los menos visibles, como son los aficionados, directivos y empleados del club. A mi modesto modo de entender el Valencia perdió muchas oportunidades de añadir puntadas a su escudo. Esas puntadas que son más valiosas que las que puedan coserse con hilo de oro para conmemorar unas fechas concretas, sea un cincuentenario, ya olvidado por la inmensa mayoría, o sea el presente centenario. Puntadas de historias personales que conforman el murciélago que tan alto lo hacen volar y que por menospreciar o no saber sacarle todo lo que de bueno han aportado, aportan y aportarán al club se pierden y no engrandecen su historia y legado como merece. Hablo de los primeros jugadores, que nunca mejor dicho, por amor al arte balompédico se entregaron en cuerpo y alma. Hablo de esos llamados locos. Los aficionados por seguir ese nuevo deporte y los directivos por gastar, incluso lo que no tenían, en algo sin futuro. 

Grandes historias que quedaron en el olvido. Nunca está de más recordar a los grandes, pero díganme cuantas batallas hubiese ganando Napoleón sin sus soldados, sin esos pequeños actos heroicos que completan la historia del devenir de los acontecimientos. Esos peones, imprescindibles para poder jugar al ajedrez. 

Dar a cada uno el mérito que merece. Pues la defensa es el patito feo del fútbol. Como muchas veces he oído decir “Los goles son la salsa del fútbol”, sin pensar que mucha “salsa” puede estropear el mejor plato. Si tanto aportan los goles ¿Por qué no jugar sin porteros? ¿Por qué no jugar con 11 delanteros? ¿Serán mejores esos encuentros en los que los resultados sean de dos o tres dígitos? Quizás quieran volver al inicio de este deporte, en el que todos corrían tras el balón, antes de crear las reglas que lo comenzaron a regir. Ya no será este deporte que tantos amamos y tanto nos emociona. Ni mejor, ni peor, será algo diferente. 

Con el hilo del esfuerzo, donde David volvió a vencer a Goliat, Mangriñán aportó su puntada de entre las miles que hay. Una puntada ni más ni menos importante que todas las demás, en la que cada uno hace todo lo que su fútbol le permite, sin escatimar en la entrega al conjunto. Pese a sus limitaciones técnicas fue, como siempre decía, «la horma de su zapato», el que supo entender el juego de su contrincante y utilizar sus mejores virtudes hasta conseguir aburrir a D. Alfredo, un portento del fútbol mundial. Anticipándose, consiguiendo que su rival llegase a desquiciarse por no poder hacer lo que mejor sabía, jugar al fútbol. Sin ninguna entrada brusca o incorrecta, todo deportividad. 

D. Alfredo, viéndose impotente por el marcaje, en una jugada en la que Mangriñán cayó al suelo aprovechó para descargar toda su frustración e ira pisándole deliberadamente la barriga. Este lance fue vitoreado por gran parte de la afición madridista, la cual también descargó su parte de impotencia. Un socio del R. Madrid recriminó la actuación del jugador, lo que ocasionó la reprimenda de los aficionados que le escucharon. Fue denunciado a la directiva, que le llamó para pedirle explicaciones. Su respuesta fue la de entregar su pase de socio y darse de baja como tal. No aceptó que no se pudiesen criticar las acciones antideportivas, por muy jugador del R. Madrid y por muy Di Stéfano que fuese. Poco tiempo después paso a ser socio del Atlético de Madrid. 

En la siguiente jornada el Valencia jugaba en Mestalla. Iturraspe no alineó a Mangriñán, pero el público, antes de comenzar el encuentro, comenzó a gritar el nombre del “secante”, lo que hizo que tuviese que salir al terreno de juego para recibir y agradecer la ovación. 

En la jornada 16 el R. Madrid visitó Mestalla y venció al Valencia CF por 1 a 3. Se adelantó el Valencia con gol de Badenes a los 10 minutos, que neutralizó Olsen finalizando la primera parte, minuto 40. En los últimos minutos marcó Di Stéfano 2 goles, en el minuto 84 y el 85. Mangriñán no jugó ese encuentro, aunque años después un tal Sarmiento, uno de los fundadores del periódico AS, escribió un artículo en el que puso a Mangriñán en ese encuentro que no jugó y en el que Di Stéfano se desquitó del magnífico marcaje de la primera jornada de liga. Desconozco que le impulso a tal desatino, pues no debería ser normal que un periodista deportivo escribiese con tal desconocimiento de los hechos. 

El siguiente partido, en el que se vieron las caras, fue en la jornada 15 de la temporada 55-56, en Chamartín, donde el R. Madrid ganó 1 a 0, con gran partido de los “ches” y una inoportuna y grave lesión de Fuertes, lo que mermó las posibilidades. La crónica del partido dice así “… no menospreciemos el estupendo papel de Mangriñán que hizo desaparecer como jugador al genial Di Stéfano, dicho sea en su honor, sin cometer una sola suciedad, mientras el argentino recurría, de palabra y obra, a toda clase de incorrecciones, algunas de las cuales , sancionadas por Arqué, quizá sean también sancionadas por las autoridades federativas;…” 

De los siguientes marcajes no he encontrado, aún, prensa que los explique. Creo probable que se perdiese el interés para restarle el valor que cada uno de esos marcajes tuvo. 

Mangriñán también supo anular a otros muchos contrincantes, pero no tuvieron la misma repercusión mediática. 

Antes del marcaje del 12-09-1954, en su primera temporada como jugador del primer equipo, 52-53, Mangriñán marcó excepcionalmente a Sergio Rodríguez Viera, jugador uruguayo del Málaga, en la jornada 26 de liga, 5-04-1953. El Valencia comenzó encajando un gol en el minuto 2. A los 30 minutos fueron expulsados Becerril, por el Málaga, y Puchades, por el Valencia. Pero el mejor juego era del Valencia. En la segunda parte Quincoces le dijo a Mangriñán, y así me lo contó él, -“Mangriñán, ahora me va a marcar usted a… (otro jugador que ahora no recuerdo). El caso es que el marcaje de Rodríguez pasó a encomendárselo a otro jugador. 

El Valencia consiguió marcar en la segunda parte, marcando el 3º en el minuto 68. El problema es que Rodríguez marcó en el minuto 82 y 85, lo que supuso el empate final a 3. 

Ya en el vestuario Quincoces le pidió disculpas a Mangriñán. –“Me va usted a perdonar, pero hemos perdido un punto por mi culpa, ya que no debería de haberle cambiado en su labor de marcaje a Rodríguez”, que quedó totalmente anulado cuando Mangriñán era el encargado de su marcaje. 

En el siguiente encuentro en Mestalla el Valencia perdería, contra todo pronóstico, contra el Atlético de Madrid. Estos dos resultados dejaron al Valencia a merced del resultado que se diese en el encuentro que tendría que disputar contra el Barcelona en Les Corts. Al perder 2 a 1 solo quedaba la posibilidad de un “tropiezo” del Barcelona en las 2 últimas jornadas. El Valencia ganó los 2 encuentros, al igual que el Barcelona, lo que permitió a este último proclamarse como campeón de Liga, quedando el Valencia subcampeón, por mejor golaveraje con el Real Madrid. 

Volviendo al Marcaje a Di Stefano. La Pequeña Copa del Mundo que se disputaba en Caracas, Venezuela, se trataba de un campeonato a 4. Uno del país anfitrión, que en el año 1955 fue La Salle (Campeón de Primera División de Venezuela 1955), un destacado equipo de Sudamérica, Sao Paulo (Tercer Puesto del Campeonato Paulista 1955), y el ganador de la Copa Latina, que enfrentaba equipos de Portugal, Italia, Francia y España. La Copa Latina del año 1954 no se disputó, por coincidir con el Mundial de Fútbol, ya que en 1950 tuvieron problemas para poder organizarlo, por la coincidencia con dicho evento futbolístico, pues las figuras internacionales se dedicaban, en esas fechas, en exclusiva a su selección nacional. Por tanto no había campeón de la Copa Latina y los promotores de la Pequeña Copa del Mundo decidieron invitar al Benfica (Campeón de Primera División de Portugal 1954/55) y al Valencia (eliminado en Cuartos de la Copa por el Sevilla en 1955 y quinto puesto de Primera División de España 1954/55) no presentaba un palmarés de los exigidos para participar. ¿Por qué fue entonces invitado? ¿Quizas por haber ganado la Copa de la temporada 53-54? 

La respuesta más probable, por el famoso marcaje a Di Stéfano. Ya que la directiva del Valencia al comunicar a los jugadores la participación en dicho campeonato y Mangriñán decirles que él solicitaba no participar, pues hacía meses que tenían preparado todo para contraer matrimonio en julio, por lo que coincidían ambos eventos le respondieron que él debía participar, pues era uno de los requisitos que les habían puesto desde la organización, como supongo sería que tampoco faltasen los jugadores internacionales. Finalmente tuvo que posponer un mes la boda y casarse en agosto, a su regreso de Venezuela. 

Este hecho demuestra la gran repercusión que tuvo el marcaje en toda Sudamérica, donde la figura de Mangriñán, por su gran marcaje, fue la que ayudó a que fuese más conocido el Valencia por la inmensa mayoría de los aficionados en ese continente. 

Recuperemos esas historias que nadie ha escrito. No esperemos a que otros vengan a explicarnos que es nuestro sentimiento. Como los ladrillos toscos que sujetan el enlucido y todos los adornos que colgamos en la pared, pues sin ellos nunca se sostendrían. Quede como un borrón en la memoria, de las diferentes directivas, el no saber reconocer lo que cada cual aportó a la historia de este nuestro Valencia. Y no hablo solo de jugadores, la parte más visible de la historia del club. Escriban sobre esas historias personales que no se cuenta en los libros de historia del Valencia. En mi caso aporto la historia que su protagonista nunca contó fuera del círculo familiar, es mas, nunca se atrevió, como yo lo hago, a decir que gracias en parte a él se jugó La Pequeña Copa del Mundo. Sin darse méritos, pues siempre pensó que lo que hizo no fue más que su obligación. La que todos, en mayor o menor medida de sus posibilidades, realizaban defendiendo el escudo que les fue prestado y que obligatoriamente debían devolver a su afición con sus mejores puntadas, para que ese escudo, que nos pertenece a todos, luzca vibrante, colorido y con ese sentimiento que no alcanzo a poder expresar en toda su amplitud. 

Me permitirán que mi recuerdo personal sea para un gran hombre y padre, José Mangriñán Diago. 

AMUNT VALENCIA!!!

divendres, 8 de febrer de 2019

BITÁCORA DEL CENTENARIO


Jornada 23

AMARCORD

Esta jornada me ha estallado en la cara, así que tiraré de memoria y evocaré los Valencia-Real Sociedad que recuerdo hasta el año del descenso de la Real, precisamente en Mestalla. Escribo de memoria y sin consultar. Si hay errores no dudéis en señalarlos. 

77-78----(0-1) Primer día del año. Viene mi tío con nosotros. Ovación de gala a Claramunt cuando sale en la segunda parte, seguramente su última gran ovación. 

78-79---(1-0) Domingo tarde noche. Televisado. Posiblemente, el último partido en blanco y negro que se televisa desde Mestalla. No recuerdo quién marca el gol. 

79-80----(0-0) Arconada en modo estelar. La Real Sociedad alarga una semana más su espectacular trayectoria como equipo invicto. Sólo perdería un partido, en la penúltima jornada, frente al Sevilla. 

80-81----(3-2) Primer partido de liga. Sábado noche. Partidazo de Solsona. Tras ir 3-0 la Real acorta distancias gracias, entre otras cosas, a los errores de Pereira. El héroe de Heysel empezó fatal la temporada. En la grada dicen que es porque se ha casado. Cuando acaba el partido los carniceros y yo cantamos en la puerta del bar Los Checas una canción que nos hemos inventado hace poco: “Arsenal, Arsenal, somos los folloneros”. El recuerdo de la Recopa sigue vivo. 

81-82----(1-2) Domingo tarde, mes de abril, nublado. Única derrota en casa en toda la temporada. Para la Real, victoria determinante de cara al título de liga. 

82-83-----(2-1) Domingo tarde. Primera jornada con peñas tras la portería del gol norte. Muchas banderas blancas y muchas tracas. El 2-1 llega en el último minuto tras galopada de Carrete. Mucha tensión en la grada. La preocupación de un posible descenso empieza a notarse. 

83-84----(2-1) Domingo de octubre. Ambiente de gala. Al acabar el partido el Valencia es líder. Es la primera vez desde 1977 que veo líder al Valencia. Emoción indescriptible. Lo anuncian en los videomarcadores. El liderazgo sólo durará una semana. 

84-85-----(2-0) Sábado noche. Partidazo de Roberto. 

85-86------(3-1) Sábado noche. Primera vez que veo a la Real Sociedad sin Arconada. Juega Elduayen. Se nota. 

86-87-----No se juega al estar el VCF en segunda. La Real gana la copa en Zaragoza frente al At Madrid. 

87-88------(0-1) Domingo tarde, domingo de Cridà. Pésimo Valencia. Preocupación en Mestalla. Después del partido encendemos una bengala en la puerta de la discoteca Jardines del Real. Las pijas gritan asustadas. 

88-89-----(1-0) Domingo 1 de enero de 1989. Un Mestalla de resaca. Marca Eloy a última hora. 

89-90-----(3-1) 1989 se cierra en Mestalla como se inició, con un VCF-Real Sociedad. Buen Valencia bajo la lluvia y golazo de Tomás. Último partido que mi padre ve en directo en la grada de Mestalla. 17-12-1989. 

90-91-------No recuerdo. 

91-92--------No recuerdo. 

92-93--------No recuerdo. 

93-94----(0-0) Domingo tarde. Por la mañana voy a los Albatros a ver Amarcord, de Fellini. El Valencia fatal. En plena crisis post-Kalsrhue. 

94-95-----(4-2) Domingo tarde. El Gol Gran le dedica una pancarta a la novela de Ferran Torrent, “Gràcies per la propina” 

95-96----(0-1) Domingo tarde. Portentosa actuación de Alberto, que salva a la Real de una goleada de escándalo. Mestalla despide al Valencia con una gran ovación. 

96-97-----(0-1) Primer partido de liga. Sábado noche. Flojo Valencia. De madrugada, no me digas cómo, acabo en Mister Chus. 

97-98----No recuerdo. 

98-99----No recuerdo. 

99-2000----(4-0) Golazo de Carboni de falta. Sábado noche. El Valencia desatado de la primavera de 2000. La Cuperativa en su momento de máxima brillantez. 

2000-01----No recuerdo. 

2001-02-----(4-0) Domingo tarde. Ambientazo en Mestalla. Se vislumbra la liga tras 31 años de espera. Golazo de Angulo y también de Mista acabando el partido. 

2002-03----(2-2) Sábado noche. La Real lidera la tabla. Partido tenso. Veo en la grada a mi compañero de pupitre hasta 5º de EGB, Dani Pérez. Será la última vez que nos encontremos. Dani muere en agosto de 2012. 

2003-04-----(2-2) Arbitraje lamentable. Domingo tarde. Pese a todo empate de gran valor logrado por Mista a última hora. El Gol Gran le dedica una pancarta a la familia Alcántara. Ese día está en el palco Pepe Sancho. Semanas después, “Cuéntame” se hace eco de la liga del VCF en 1971. Por la pancarta, explicará años después el genial actor de Manises. 

2004-05------No recuerdo. 

2005-06----(2-1) Sábado noche. Viene Eva. Hacemos pic-nic en la última fila del Gol Xicotet alto. Primera vez que me subo a las alturas. Intuyo que ese acabará siendo mi sitio en Mestalla. 

2006-07-----(3-3) Domingo tarde casi veraniego. La Real Sociedad desciende a segunda división. Confirmo que Lotina tiene cara de enterrador. 

Rafa Lahuerta 



divendres, 1 de febrer de 2019

BITÁCORA DEL CENTENARIO


Jornada 22

29-1-2019, SI UNA NOCHE DE INVIERNO UN VIAJERO


(A Vicente Montesinos, que lo sabe) 

Volví al fútbol el día del Sporting. No veía un partido de competición española en la grada desde el año pasado, frente a la UD Las Palmas. La primera temporada de Marcelino la seguí de reojo, contento pero ausente, con miedo a pisar Mestalla. A veces me pasa. Saco el abono pero no voy al campo. Mi relación con el VCF es tan intensa y enfermiza que necesito distanciarme cada cierto tiempo. Cuando el equipo va bien me relajo y pienso en alejarme un poquito más. Después sucede algo y el veneno regresa. Suele ser el pánico a coquetear con el descenso lo que me arrastra al cadalso. Entonces subo a la última fila y confirmo lo que ya sé: el Valencia es un misticismo. En la última fila todo adquiere un valor telúrico. 

El martes la ciudad temblaba. El viento arreciaba y los mástiles de las banderas repicaban como campanas de réquiem. Al fondo, el Miguelete cobijaba luces y sombras. El martes, extrañamente, estaba iluminado. Desde Mestalla parecía un faro, el faro de la tradición, el faro de cierta e inevitable arrogancia: la justa para sobrevivir. 

Cuando marcó el 0-1 Molina pensé en todas esas variaciones de la estupidez a las que tan proclive suele ser el Valencia. Ese tiro en el pie también nos define. Es un punto autodestructivo, una impotencia que se gestiona mal porque la impotencia ni siquiera es melancólica y no permite el susurro del lirismo. Nuestra impotencia es una bronca sin medida, “un aneu a fer la mà” de dimensiones bíblicas. Me pasé 90 minutos pensando en esa digestión. Ese aprendizaje de la frustración y la humildad se lo debo al VCF. Han sido tantas expectativas y tantos fracasos que al final uno aprende a callar, a recomponerse en silencio, a digerir de la mejor manera posible los reveses. En otros clubs el fracaso es la norma y se digieren de una manera más natural. No aspiran a otra cosa que a no descender. Aquí no. Esa forma irracional de acumular expectativas fracasadas y mantener pese a ello la firmeza nos distingue. Es un rasgo de carácter que destila tanta insensatez como fortaleza. Es lo que somos. Toda esa rabia fue la que saltó por los aires en 2 minutos. 

Los mástiles de las banderas cambiaron el réquiem por el vincero de Nessun norma. Por un momento entendí que esa locura sin peaje era el gran festejo del Centenario, el llanto descontrolado, la carrera desquiciada por un sector del graderío en el que sólo estaba yo, la certeza de estar rodeado de miles de ausentes, de todos los Pablo Muga que siguen al Valencia desde la última fila de Mestalla. Ahí arriba, en lo más alto del Gol Xicotet, durante algunas noches de invierno, hay viajeros que, como en la novela de Italo Calvino, rozan el secreto. Con el 2-1 me dejé llevar por ese susurro del cuarto anillo, el senado celestial del valencianismo. Supe, entendí, y creo que fue una intuición compartida por todos los presentes en Mestalla, que el tercer gol iba a llegar por el propio impulso de la energía acumulada, una energía que adoptó la forma de rugido, un rugido que no admite réplica. El rugido de Mestalla asombra por su contundencia. Es un rugido de varias generaciones. Vertical, bronco, incontenible cuando se desborda. Un instante así va mucho más allá del éxtasis. No es un orgasmo. Un orgasmo es otra cosa. En un orgasmo hay cooperación necesaria de otro cuerpo. Pero un instante como el del martes en Mestalla te conecta con una dimensión espiritual a la que tienes acceso muy pocas veces en la vida. Lo sabes cuando sucede. Lo sabes cuando has nacido con esa camiseta, has escuchado a los tuyos contarte mil veces las mismas historias, has llorado de niño sin ser capaz de convertir esa pena en palabras o has vibrado en la calle sabiendo que tu equipo ha logrado un título. Parece ridículo, suena ridículo, lo es. Da igual. En noches como la del martes uno se vuelve llanto, alegría pura y tensa, abrazo de multitudes, parte de un todo que todo lo puede. Lo sabes entonces y lo sabes para siempre. Y es tan bonito, poderoso y embriagador que sólo cabe dejarse llevar por la corriente de euforia a sabiendas de que puede que no vuelva nunca más un temblor semejante. Es lo que es y conviene saberlo. Tras el colapso emocional llegó la hora del inventario. Es fácil y se resume en dos palabras: amor y gratitud por quienes nos hicieron del Valencia. Ellos empujaron a la red ese tercer gol. Si eligieron a Rodrigo no fue por casualidad. Es quién más lo merecía. Ese gol, y ya da un poco igual lo que suceda el resto del año, explica el Centenario. 

Rafa Lahuerta