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dimecres, 31 d’octubre del 2018

TODOS LOS SANTOS DEL 93



Lo admito, aquello que sucedió es por mi culpa. Todo empezó unos días antes de aquel 2 de noviembre del 93. La camiseta del Valencia era la gran novedad en Llorençet, la tienda de deportes de mi pueblo. Absolutamente blanca, sin los detalles en negro o naranja que se incorporaron años después, con una palmera gigante y multicolor de Mediterránea, el logo de la controvertida marca comercial de turismo de nuestra comunidad. Era (o me parecía) preciosa y lucía en el escaparate de la tienda. Yo la quería.

Tras vender el póster tamaño natural de Magic Johnson a un compañero del instituto, reuní el dinero necesario para comprarla y, por fin, la conseguí.

Al día siguiente, festividad de Todos los Santos, tenía que hacer la tradicional visita a los cementerios y yo sabía que no debía ponerme la camiseta, que no era el día indicado (por lo de llevar al cementerio cosas del Valencia, el mal fario, el gafe y tal…) pero ¿qué queréis que os diga, cómo no me iba a poner mi camiseta nueva? Éramos los líderes de la Liga, teníamos a Mijatovic, habíamos barrido a los alemanes en la ida, 3 a 1 en un partido que podíamos haber goleado y en el que Mestalla hizo un tifo impresionante.

¿Cómo iba a afectar el hecho de que pasease la camiseta por los cementerios a aquel Valencia imparable? Aquel equipo del que Michael Robinson decía que era la Naranja Mecánica de Hiddink. Si hasta la Guía Marca hablaba bien de nosotros: “Fútbol total con aire mediterráneo”. No podía afectar… era imposible.

Así que me la puse, la primera camiseta oficial que tenía desde aquella Senyera que me regalaron en la comunión. Junto a unos vaqueros y una camisa de franela (eran los noventa y el Nevermind de Nirvana lo invadía todo) me fui a visitar a los difuntos. Por el cementerio de Alfafar y Catarroja lucí mi camiseta, ¿quién iba a imaginar todo lo que vino después?

Al día siguiente el Valencia jugaba en Karlsruhe, el partido que estaba esperando. Ya habíamos eliminado al Nantes en una buena eliminatoria y ahora tocaban los alemanes.

Me volví a poner la camiseta y me fui al instituto esperando a que llegase la hora del partido. Por la tarde, le pedimos al profesor de Filosofía que nos dejase salir antes porque el encuentro se jugaba muy pronto. Salí corriendo de clase y directo a casa para llegar justo con el pitido inicial.

Todo empezó bien, una buena ocasión de Fernando, otra de Pizzi pero algo se torció y luego sucedió lo que todos ya sabéis. Era imposible, no encontraba explicación a lo ocurrido, no me lo podía creer. Durante años me sentí culpable…

La camiseta acabó en un cajón junto a otras cosas que vienen y van. Manías y supersticiones que nos persiguen cuando el equipo entra en esas rachas en las que el balón no quiere entrar: no grabar los partidos en vídeo, entrar por una determinada puerta a Mestalla, ir por un determinado camino, etc…

Años después me reconfortó saber que a otros valencianistas también les había perseguido la idea de ser los causantes de alguna derrota, incluso alguno ilustre como Manuel Vicent, según cuenta en Tranvía a la Malvarrosa, y esto nos sirve de alivio, nos ayuda a pensar que no estamos solos, que no estamos locos.

Arturo Marzal Navalón

Socio del Valencia CF

diumenge, 10 de juny del 2012

La noche de la infamia

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Cierro los ojos. Dos de Noviembre de 1993. Todo se ve algo oscuro, incluso la indumentaria lo es. Azul casi negro que obliga al colegiado a vestir de verde. Pantalón blanco, eso sí. Primer partido europeo retransmitido por una televisión privada. Acostumbrados a TVE pienso que esto no puede traer nada bueno. Y además no juega Lubo. Que tonterías… El partido no empieza mal, tenemos  la eliminatoria casi en el bolsillo pero ya se sabe que los alemanes son testarudos. Tenemos el precedente del Español de Clemente y no hay que confiarse. Hasta el minuto 29 el Valencia está aguantando bién. Pero aparece Schmitt… y ya estamos fuera de la eliminatoria en 8 minutos. Acabaré harto de escuchar ese nombre hasta el final del partido en boca de JJ Santos que, por cierto, acierta de pleno cuando, recién llegado el quinto, jalea “hay que seguir luchando, no importa que nos metan cinco que siete…” Pero quién demonios es Schmitt? Y Karlsruhe? Donde anda eso ? (Un consejero avispado lo llegó a definir como un Osasuna alemán)... Todo un tanto surrealista. Cuando el árbitro pite el final del partido toda Europa  empezará a hablar del delantero germano y de esa ciudad tan difícil de pronunciar. A partir de ese momento ya nadie en Valencia querrá oir hablar de ella. Craso error.

Empieza la segunda parte y la sangría continúa. Uno tras otro Sempere pasa de la indignación a la desesperación. Aún así fue uno de los mejores. Con eso está todo dicho. El séptimo es de una tristeza inenarrable. Minuto 90. Se cuela tan ridículamente entre sus pies que el veterano portero ya ni reacciona. Se queda de cuclillas. Los jugadores no se miran. Les avergüenza hacerlo. Al fondo de la imagen, pancarta de “Fossa dei Lubos”. Me admira y me entristece. “Una caricatura de equipo” fue la definición de Don Arturo. Demasiado cortés, como siempre.

Pitido final. Marcador del estadio en primer plano. 7-0. Demasiados números. Sobran las palabras. En ese momento ya nadie se acuerda del 1-5 del año pasado ante el Nápoles. Lo que parecía insuperable ahora lo ha sido… La cumbre de la vergüenza. Apago la televisión y miro un póster de Mestalla. Me pregunto qué pasará a partir de aquello. Nunca imaginaría que las cosas cambiarían tanto. Nadie lo pudo digerir en el 75 aniversario. Todos pensaron que la peor de las pesadillas había acabado apenas seis años antes. Pero las pesadillas siempre pueden aparecer mientras se sueña. Y que es el fútbol sino eso.

El valencianismo del siglo XXI, borracho de triunfos y con la testosterona disparada ya no recuerda aquello. No quiere recordar ni lo necesita. Craso error. El que olvida el pasado tiene el peligro de volver a repetirlo. Que este post sea el primero, o de los pocos, sobre la noche de la infamia es un mal síntoma.

Abro los ojos. Octubre de 2011. Estamos en Champions. Pero aquello no fue una pesadilla. Forma parte de mi vida, de mis recuerdos y de la gran historia del Valencia. No hay que ocultarla.


Fernando Tomás Puchades
Antiguo socio del Valencia CF
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