dimarts, 30 de juny de 2009

Un actor secundario

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La convulsiva Transición española tuvo un correlato futbolístico que acercó el balompié a los dictados de la política. Tras años en los que el fútbol había servido como adormidera por parte del régimen de Franco para que los españoles no repararan en la represión, la muerte del dictador provocó un curioso fenómeno: en España el fútbol perdió terreno en favor de los acontecimientos políticos. La liga se volvió loca y, entre 1977, primera liga disputada sin el yugo del dictador, y 1985, cuando acaba el periodo de transición política, hubo hasta cinco campeones diferentes, un hecho que no conocía el fútbol español desde la década de los cuarenta, cuando el país, devastado, tenía cosas más importantes en qué ocuparse que no fueran el fútbol. Y un hecho que no ha vuelto a repetirse.

Fue la época de la hegemonía de los equipos vascos, que se repartieron cuatro ligas consecutivas, del Madrid de los García, que sorprendentemente rozó una Copa de Europa, y del reforzamiento del victimismo barcelonista, cuando la excusa del “equipo maldito” del régimen que habían esgrimido los culés durante años se desnudó en forma de mala gestión deportiva.

Y fue la época del considerado unánimemente como el mejor Valencia de la historia. Un Valencia que tenía un presidente, José Ramos Costa, que jugó a ser Florentino Pérez muchos años antes de que el dueño de ACS desembarcara en el fútbol español, y reventó el mercado gastando 100 millones de pesetas de aquellos tiempos en hacer “un Valencia mejor”. Ramos trajo a Diarte, Kempes, Carrete, Solsona, Bonhof, Castellanos, Manzanedo o Felman, algunos de los mejores futbolistas del momento. Pero el Valencia no ganó casi nada con aquel equipo. Una Copa del Rey, una Recopa y una Supercopa, un botín menor para una plantilla que reunía a los mejores futbolistas de la liga.

Paralelamente a la sucesión de ligas y copas, España se iba conformando, poco a poco, como un estado de las autonomías. El País Valenciano o Reino de Valencia, denominaciones que ya de por sí sugerían una orientación política según quienes las emplearan, se quedó a medio camino en la carrera por lograr una autonomía con mayores competencias, como rezaba el artículo 151 de la Constitución. La absurda guerra de símbolos que inició la derecha y que secundó la izquierda moderada llevó a que la Comunitat Valenciana, como pasó a denominarse en decisión salomónica, se quedara al nivel de autonomías sin peso histórico, como Castilla La Mancha o Extremadura.

La trayectoria del Valencia en aquellos tiempos de dudas fue una perfecta metáfora de lo que sucedía en los órganos legislativos del Estado y en las conversaciones políticas. El Valencia tenía un potencial deportivo tan grande como los tradicionales dominadores de la liga, pero no ganó ningún campeonato. Los éxitos se los repartieron el Atlético de Madrid, símbolo de la clase obrera madrileña, el Barcelona, que volvió a ganar una liga 12 años después cuando el estatuto catalán se acababa de perfilar, Real Sociedad y Athletic de Bilbao, en pleno proceso autonómico, y el eterno Real Madrid.

El Valencia se tuvo que conformar con una Copa, la edición de 1979. Hoy se cumplen 30 años de aquella final que el Valencia ganó en el Vicente Calderón al Real Madrid con dos goles de Kempes, tesoros de filmoteca deportiva tres decenios más tarde.

Esa final fue tan simbólica como todo lo que sucedió en España y en la Comunidad Valenciana durante los años de la Transición. El Valencia jugó en un campo teóricamente neutral pero en la ciudad de su contrincante, sufrió como pocas veces para lograr un título (el segundo gol de Kempes llegó en el crepúsculo del encuentro y el Madrid falló un penalti) y vistió los colores de la Senyera, el signo de identidad que Ramos Costa había elegido para diferenciar al Valencia del blanco madridista y del catalanismo que consideraba una amenaza para la ciudad. 25.000 valencianistas acudieron a la final, con banderas tricolores de la ciudad (por entonces, todavía no eran los colores de la Comunidad), y con tracas, cuando se podían disparar petardos en los campos de fútbol.

Ganó la batalla, gracias al mejor futbolista que ha militado en el Valencia en toda su historia, pero no la guerra. El Valencia, un actor secundario en la fiesta político-deportiva que vivía el país en su aprendizaje democrático, no lograría ningún título nacional más hasta 20 años más tarde. Un escaso premio para un club que, como siempre, era el reflejo de la sociedad que lo sustentaba.


Paco Gisbert
Accionista del Valencia CF
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12 comentaris:

kawligas ha dit...

Brillante análisis relacionando fútbol y política en aquellos años trepidantes. Aún coincidiendo en la mayor parte del mismo, los logros de aquel Valencia, que pudieron ser mucho mayores, suponen un anclaje imprescindible para mi generación, la que atisbó la liga de 1971, y vivió con conciencia absoluta la hegemonía de Kempes.

Anònim ha dit...

Gran article Paco, molt bona la disecció socio-polítca d'eixe moment.
A les imatges del partit junt a les senyeres tricolors també apareixen nombroses senyeres "bicolors".
Personalment, crec que el decantar-se el club per una de les dos tendències "cromàtiques" el va allunyar de molta massa social i de moltes comarques del Nord i del Sud.
Des d'eixe moment, hem tingut que carregar amb el "sambenito" de ser un club de fatxes i de ties Maries, quan afortunadament, la realitat social del nostre club és molt més diversa.

Josep Bosch.

Anònim ha dit...

Muy buena aproximación a una época en la que los símbolos tomaron la calle y definieron ideas. En Madrid, toda aquella marea tricolor o bicolor de senyeras, así como el uniforme del equipo, se veía como un desvertebración de España y una amenaza del independentismo, cuando en realidad como bien comentas, Mestalla, sus directivos y doctrinas afines sustentaban la tesis anticatalanista fundamentalmente.

Aquel equipo de Ramos-Kempes fue un equipo de rachas e irregular, pero cuando se ponían a jugar al fútbol en serio, Mestalla vibró como nunca y el "mocaor" un tributo habitual al legendario "matador".

Alfredo Cardona

Anònim ha dit...

No sé, no sé.

No coincido con lo del Atleti. Un club de quintacolumnistas, mucho más facha que el Madrid, que siempre fue más popular y plural. Yo en Madrid sería del Real, como todas las personas decentes.

Por otro lado, empiezo a no creerme tanto esa visión oficializada del Valencia blavero y facha de Ramos. Si uno lee las revistas de club entre 1977 y 1980 se puede cagar por la patilla. Tienen un nivel bastante bueno. Con editoriales diría que hasta progresistas. Creo que aquí, como en tantas otras cosas, le hemos comprado la moto averiada a nuestros amigos los pancas culers. Quizá por mala conciencia, quizá por pereza.

BT

Anònim ha dit...

No llegué a ver a aquel VCF de la Copa y la Recopa, sólo vi, ya tarde a algunos de sus jugadores ya rumnbo al abismo. Cuentan que era un equipo irregular, capaz de lo mejor y lo peor.
El debate bi o tri-color ha estado presente en nuestra sociedad mucho tiempo, aunque creo que cada vez ya menos (Como profesor de historia se leer el pasado pero soy un pésimo adivino). El VCF siempre se asoció al lado más blavero, tal vez porque desde la rama más intelectual, el fútbol se asociaba a una cultura popular muy estigmatizada todavía. No lo sé.

Lo único, sin entrar en la reflexión política que conlleva, es destacar que, (para gustos colores) que la equipación de la Senyera es, repito, sin entrar en consideraciones profundas y siendo sólo un gusto, la equipación más hermosa que ha llevado el VCF en su historia. El modelo final de Copa Ressy (o la del año siguiente, con cuello) son espectaculares y muy bien, aunque brevemente, recuperadas por Nike en un bonito modelo, manchado por la desmesuradamente grande publicidad-pegote. Sería bonito (Por favor, "Tri-pito": sin consideraciones políticas) recuperar la tradición de jugar con la Senyera en las cercanías del 9 de Octubre o el Naranja...tradiciones que si no me equivoco, estuvieron vigentes algunos años.

Saludos

Sergi Calvo

pd. Curiosa la equipaciónde Kappa del Murciélago (Aaron-Zurdi), ojeándola en casa, llama la atención que nombres tan intrascendentes acompañen a verdaderos héroes de nuestra historia...me gusta leer a "Sergio" y también descubrir un "Calvo"...puedo soñar!.

Anònim ha dit...

Sense entrar en més debats cromatics, l´última vegada que el VCF va jugar a casa amb la senyera, va ser com a "desagravi" d'una ofemsa que es va fer al Camp Nou i segurament al dictat d'algun despatx del carrer Cavallers.
Per cert, eixe partit el palmarem sino recorde mal contra el Sevilla.

Josep Bosch

Anònim ha dit...

Correcto 0-2 contra el Sevilla en, la única vez, creo no equivocarme en que David Villa ha llevado la camiseta de la Senyera.

Aquel partido fue de reivindicación política por, en efecto, algo que ver con catalunya y el Barça...a mi simplemente me gustó ver al VCF con aquella equipación.

Uno de los motivos de la no recuperación (hay varios, algunos los sé desde dentro, chivatazos que recibe uno...) es el pensamiento que dicha equipación es GAFE y el que se llevara camino del absimo y en la época de recuperación de Nike los resultados no fueran buenos y se nos rompiera Vicentín, ayudaron a propagar esta absurda leyenda...en fin...si gafe es ganar 0-2 al Madrid en Madrid....
Por cierto, pieza de museo Impagable sería la primera camiseta de la Senyera, allá por los 60 en las tandas de amistosos contra el Rangers, creo...

pd. Un bonito post sería, lo dejo para los más documentados, acerca de aquellos partidos en que, jugando en Mestalla, el VCF no ha jugado con su equipación habitual...yo recuerdo algunos, pero hay muchos más.

Sergi Calvo

El francotirador ha dit...

Enhorabuena por acordarte de esta efeméride,yo mismo ayer en mi blog hice referencia a este título,en cuanto a don de Jose Ramos Costa efectivamente se adelantó a muchas cosas que vinieron luego por eso gran parte de la afición del Valencia no lo comprendió en su justa medida.No voy a entrar en disquiciones políticas,valencianistas hay votantes de todos los partidos políticos.Solo quería felicitarte por ser junto con mi blog de los pocos que se acordaron de lo que ocurrió hace 30 años en el Calderon.Un abrazo de otro valencianista AMUNT VALENCIA.

Lobo ha dit...

Un artículo magnífico.

Anònim ha dit...

Lo de la senyera se sobredimensionó muchas veces de manera injusta y hasta rastrera. La bandera fundacional del VFC la incluía sin complejos y en los años 50' ya se jugaron algunos partidos con esa indumentaria.

Fue la izquierda caviar la que perdió una gran oportunidad de hacer las cosas con normalidad. En la guerra civil, los valencianistas de izquierdas lucían la tricolor sin complejos. Pero claro, el fusterianismo iba siempre más allá. Crearon una dialéctica interesada y maniquea que caló hondo. En perspectiva, veo más razonable la postura blavera que la no blavera. Ceder desde el principio en los símbolos hubiera sido más maduro. Entiendo que un tipo de la calle dé importancia a un trozo de tela...lo imcomprensible es que los intelectuales se conviertan en el fallero que lleva el estandarte el día de la ofrenda. Total, por un trozo de azul.

Y una anécdota personal; Mi propio padre, votante del PSP de Tierno y blavero contumaz a partir del 82', acudía a Mestalla con una senyera mixta: tricolor por un lado y cuatribarrada por el otro. Recuerdo la última vez que la llevó: VCF-West Brombich Albion (1978).

Lo del VCF-Sevilla de 2005 fue patético. Propio de un club dirigido por un cretino.

BT

Paco Gisbert ha dit...

Sinceramente no esperaba que los comentarios de esta entrada fueran por los caminos de la "guerra de los símbolos", que no era la idea que quería transmitir en el artículo. Más bien, mi intención iba por recordar el escaso papel que Valencia y el País Valenciano tuvieron (y tienen) en los cambios políticos que se produjeron en España durante la transición, con el fútbol como metáfora.
Sí que me gustaría apuntillar, porque en el artículo no hablo de ello, el gran paralelismo entre aquel Valencia y el de los últimos años. Equipos hechos a golpe de talonario (olvidando la historia del Valencia) y con fichajes mediáticos que no consiguieron ganar ninguna liga. Si Ramos Costa fichó a Kempes, Soler se trajo a Villa; el Diarte de aquellos tiempos es el Joaquín de ahora, y hasta se pueden trazar paralelismos entre Tendillo y Albiol, dos jugadores de la cantera que destacaron muy jóvenes y que, antes de cumplir los 25 años, ya se habían marchado.
Sólo espero que los paralelismos acaben ahí, porque aquel equipo de Ramos terminó en segunda división cuando él ya no estaba en la presidencia.

Anònim ha dit...

En Valencia nunca hubo blaverismo sino valencianismo. El término se utilizó para desacreditar el movimiento popular que exteriorizó la sociedad valenciana en general y la afición valencianista en particular. La directiva de Ramos no hizo nada extraodinario sino lógico. Como dice BT, por mala conciencia o dejadez se han comprado muchos boletos al pancatalanismo de las comarcas.