dissabte, 6 de novembre de 2010

Prometo estarte agradecido

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Más vale tarde que nunca, por fin el valencianismo se ha aprestado a rendir los honores merecidos a Arturo Tuzón. Este sincero homenaje, cargado de recuerdos y reflexiones de máxima actualidad, puede tener un poso de formalismo necrológico para los aficionados que, por juventud, no vivieron sus mandatos. Sin embargo, los que nos iniciamos en la fe valencianista en el último lustro de los ochenta hemos experimentado con la muerte de Arturo una catarata de emociones que revive y reafirma los valores que auspiciaron nuestra militancia. Eso, y una sensación, aunque tenga que ser casi a título póstumo, de desagravio histórico.

Al final, también en el Valencia, siempre ganan los buenos.

No voy a ahondar en la indiscutible relevancia de los éxitos de la gestión de Tuzón, puesto que ya lo han hecho magníficamente en los últimos días nuestros mejores exponentes literarios. Mi aportación al homenaje, esa especie de deuda del corazón, es mi experiencia de esa época, poder contarla y exponer mis sensaciones a las generaciones venideras de valencianistas. La contribución de Tuzón no se puede entender desde la demagógica titulitis que padecemos, reverso superficial y hedonista de un fútbol cada vez más light, en el que el hincha, merced a sus propias renuncias, ha sido relegado a la condición de objeto decorativo. Porque restañar la herida de un descenso tirando de cantera y minimizando humillaciones supone el más valioso servicio que quizás haya disfrutado nuestro club. Si añadimos que tal empresa se acomete ante la deserción de esa plana mayor de próceres locales que bracean por hacerse hueco en palcos y celebraciones oficiales, nos percatamos también de su complejidad.

Arturo devolvió la autoestima a una generación de valencianistas deprimida tras la resaca que dejaron los logros y errores de la regencia de Ramos Costa y, junto a él, nos curtimos los que sólo conocíamos los triunfos pretéritos por relato ajeno o lectura de anales. Durante esas temporadas, injustamente devaluadas desde el prisma del sistema de competiciones europeas vigente y los títulos conseguidos en el nuevo siglo, los que perseveramos en nuestra pasión valencianista forjamos una irreductibilidad que es garantía de respeto no sólo a nuestros valores fundacionales sino también a las personas que, como Arturo Tuzón, los encarnaron.

Sufrimos y aprendimos a querer más al VCF con las debacles ante Karlsruhe y Nápoles, con las decepciones coperas de Mallorca y Zaragoza; vivimos confusos la mascarada roigista-romarista que secuestró el homenaje a Kempes y que supuso la sentencia aplazada del proyecto tuzonista; pero también disfrutamos como niños de cada partido en Mestalla, como si fuera el último, especialmente de las noches europeas y coperas, antes de que la saturación de partidos asociada al fútbol-negocio nos las presentara como un aliciente entre semana y no como un mero trámite a liquidar. Flipábamos con nuestros futbolistas, tan idolatrados y accesibles al mismo tiempo, y nos vanagloriábamos de los últimos onces denominación de origen autóctona que pisaron la pradera de Mestalla. También esperábamos con expectación esos fichajes que no llegaban ni para llenar páginas de periódicos ni a golpe de comisión, refuerzos seleccionados por auténticos y contrastados hombres de fútbol como Roberto Gil o Pasieguito. De la mano de Vicente Fayos, se potenció la vertebración del peñismo, fenómeno huérfano y decadente que en pocos años creció hasta alcanzar el centenar de colectivos a principios de los noventa y que a mediados de dicha década repercutiría en demostraciones de fuerza como las de la final copera del Bernabéu o el desenlace liguero de Balaídos.

Entre todos recuperamos el orgullo perdido e hicimos un VCF más nuestro y, por ende, más fuerte. Hasta que, como suele pasar por estos lares, desde Poniente nos impusieron la “fusión fría” de las SAD. Un impersonal epílogo administrativo que no borrará cada negativo de esa época que hemos guardado en el álbum de nuestras vivencias valencianistas. Ni la magistral autoridad del mítico Arias, ni aquellas sobrias presentaciones, ni la cátedra que sentó Fernando a base goles imposibles y proverbial señorío. Ni aquellas paredes de tiralíneas entre Quique, Arroyo y Eloy, ni los ingeniosos tifos de la General de Pie Norte, ni las pasionales celebraciones de Roberto. Como tampoco pasarán al olvido aquella fabulosa camiseta naranja, el himno extraoficial interpretado por Pastoret o los rituales gritos de “Lubo Lubo!”.

Referencias que evocan felices momentos de mi infancia, un remember que aún nos hace vibrar y que no nos cansaremos de rememorar.

Gracias Arturo, por ayudarnos a ser mejores valencianistas!


Simón Alegre
Socio del Valencia CF
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8 comentaris:

Anònim ha dit...

Excelente Simón. Es el mejor homenaje que he leído estos días hacia la figura de don Arturo.

BT

Anònim ha dit...

Estimado señor Alegre. Coincido con la mayoría de las razones que expone en su artículo a favor del recuerdo de Arturo Tuzón, incluyendo la certera metáfora de la "fusión fría" impuesta desde el gobierno central, aquella conversión a Sociedad Anónima que ha sido el origen de muchos de los males que han ido dañando al club en los últimos tiempos, llegando incluso a ponerlo al borde de la desaparición. Antes de la SAS también hubo medradores y gestores incompetentes -por eso el club se arruinó y vivió un año en segunda división-, pero desde que ésta se implantó, la vulnerabilidad de la institución a los especuladores y a los demagogos es mucho mayor. Prueba de ello es que los dos presidentes más dañinos de la historia del club los hemos tenido en los últimos quince años.

Me resulta sin embargo difícil de compartir la idea -ciertamente optimista y bienintencionada- de que en el Valencia siempre triunfan los buenos. Felizmente, a Tuzón se le ha reconocido su mérito tras su muerte, pero su salida del club, cuando el amigo Roig le acusaba de cicatero y de no querer fichar a Romario, fue tristísima, y es algo que se repite muy frecuentemente en nuestro equipo con futbolistas, entrenadores y empleados que se han dejado aquí honradamente la piel y terminan dejándonos por la puerta de atrás. De muestra un botón: Hector Cúper, un buen tipo con el que el Valencia alcanzó lo irrepetible, dos finales de Champions consecutivas... Entre prensa y graderío solo parece recordársele por ser "culpable" de haber perdido dichas finales. Y aún recuerdo lo del meneo al coche de su señora esposa en los aledaños de Mestalla. No todos los "buenos" son reconocidos, no es el Valencia CF una institución habituada a hacer justicia con su gente, desgraciadamente.

Finalmente, y puestos a discrepar de nuevo de un escrito francamente hermoso, guardo impresiones algo más escépticas respecto a los profesionales que rodearon a Tuzón durante su etapa. Ciertamente, aquel grupo de futbolistas a los que usted se refiere -y yo citaría también a ese trío espectacular de centrales autóctonos: Voro, Giner y Camarasa- nos sacaron de segunda y nos hicieron vivir tardes memorables.Sin embargo, no es casualidad que ni ganaran títulos ni se acercaran a ellos. Durante los primeros años, cuando eran un grupo de jóvenes con proyección, nos hicieron concebir ilusiones. Después, cuando llegaron los cantos de sirena del Madrid o la selección, las fichas infladas y los coches caros y las claúsulas imposibles de pagar, este grupo se acomodó. Eran buenos futbolistas, pero a mitad de sus carreras tocaron mentalmente techo y decidieron que en el Valencia se ganaba dinero y no se exigía demasiado. Con ir a la UEFA y ganarle en Mestalla al Madrid o al Barça ya valía. La llegada de Guus Hiddink, un personaje nefasto y absurdamente sobrevalorado por el graderío, preparó el principio del fin.

En suma, a Tuzón le abandonó la gente a la que él mismo había encumbrado. Luego vino Roig, y Romario, y volvió Hiddink, y vino Valdano...un esperpento, vamos.

Arturo Montes

Anònim ha dit...

Estimado señor Alegre. Coincido con la mayoría de las razones que expone en su artículo a favor del recuerdo de Arturo Tuzón, incluyendo la certera metáfora de la "fusión fría" impuesta desde el gobierno central, aquella conversión a Sociedad Anónima que ha sido el origen de muchos de los males que han ido dañando al club en los últimos tiempos, llegando incluso a ponerlo al borde de la desaparición. Antes de la SAS también hubo medradores y gestores incompetentes -por eso el club se arruinó y vivió un año en segunda división-, pero desde que ésta se implantó, la vulnerabilidad de la institución a los especuladores y a los demagogos es mucho mayor. Prueba de ello es que los dos presidentes más dañinos de la historia del club los hemos tenido en los últimos quince años.

Me resulta sin embargo difícil de compartir la idea -ciertamente optimista y bienintencionada- de que en el Valencia siempre triunfan los buenos. Felizmente, a Tuzón se le ha reconocido su mérito tras su muerte, pero su salida del club, cuando el amigo Roig le acusaba de cicatero y de no querer fichar a Romario, fue tristísima, y es algo que se repite muy frecuentemente en nuestro equipo con futbolistas, entrenadores y empleados que se han dejado aquí honradamente la piel y terminan dejándonos por la puerta de atrás. De muestra un botón: Hector Cúper, un buen tipo con el que el Valencia alcanzó lo irrepetible, dos finales de Champions consecutivas... Entre prensa y graderío solo parece recordársele por ser "culpable" de haber perdido dichas finales. Y aún recuerdo lo del meneo al coche de su señora esposa en los aledaños de Mestalla. No todos los "buenos" son reconocidos, no es el Valencia CF una institución habituada a hacer justicia con su gente, desgraciadamente.

Finalmente, y puestos a discrepar de nuevo de un escrito francamente hermoso, guardo impresiones algo más escépticas respecto a los profesionales que rodearon a Tuzón durante su etapa. Ciertamente, aquel grupo de futbolistas a los que usted se refiere -y yo citaría también a ese trío espectacular de centrales autóctonos: Voro, Giner y Camarasa- nos sacaron de segunda y nos hicieron vivir tardes memorables.Sin embargo, no es casualidad que ni ganaran títulos ni se acercaran a ellos. Durante los primeros años, cuando eran un grupo de jóvenes con proyección, nos hicieron concebir ilusiones. Después, cuando llegaron los cantos de sirena del Madrid o la selección, las fichas infladas y los coches caros y las claúsulas imposibles de pagar, este grupo se acomodó. Eran buenos futbolistas, pero a mitad de sus carreras tocaron mentalmente techo y decidieron que en el Valencia se ganaba dinero y no se exigía demasiado. Con ir a la UEFA y ganarle en Mestalla al Madrid o al Barça ya valía. La llegada de Guus Hiddink, un personaje nefasto y absurdamente sobrevalorado por el graderío, preparó el principio del fin.

En suma, a Tuzón le abandonó la gente a la que él mismo había encumbrado. Luego vino Roig, y Romario, y volvió Hiddink, y vino Valdano...un esperpento, vamos.

Arturo Montes

Anònim ha dit...

Estimado señor Alegre. Coincido con la mayoría de las razones que expone en su artículo a favor del recuerdo de Arturo Tuzón, incluyendo la certera metáfora de la "fusión fría" impuesta desde el gobierno central, aquella conversión a Sociedad Anónima que ha sido el origen de muchos de los males que han ido dañando al club en los últimos tiempos, llegando incluso a ponerlo al borde de la desaparición. Antes de la SAS también hubo medradores y gestores incompetentes -por eso el club se arruinó y vivió un año en segunda división-, pero desde que ésta se implantó, la vulnerabilidad de la institución a los especuladores y a los demagogos es mucho mayor. Prueba de ello es que los dos presidentes más dañinos de la historia del club los hemos tenido en los últimos quince años.

Me resulta sin embargo difícil de compartir la idea -ciertamente optimista y bienintencionada- de que en el Valencia siempre triunfan los buenos. Felizmente, a Tuzón se le ha reconocido su mérito tras su muerte, pero su salida del club, cuando el amigo Roig le acusaba de cicatero y de no querer fichar a Romario, fue tristísima, y es algo que se repite muy frecuentemente en nuestro equipo con futbolistas, entrenadores y empleados que se han dejado aquí honradamente la piel y terminan dejándonos por la puerta de atrás. De muestra un botón: Hector Cúper, un buen tipo con el que el Valencia alcanzó lo irrepetible, dos finales de Champions consecutivas... Entre prensa y graderío solo parece recordársele por ser "culpable" de haber perdido dichas finales. Y aún recuerdo lo del meneo al coche de su señora esposa en los aledaños de Mestalla. No todos los "buenos" son reconocidos, no es el Valencia CF una institución habituada a hacer justicia con su gente, desgraciadamente.

Finalmente, y puestos a discrepar de nuevo de un escrito francamente hermoso, guardo impresiones algo más escépticas respecto a los profesionales que rodearon a Tuzón durante su etapa. Ciertamente, aquel grupo de futbolistas a los que usted se refiere -y yo citaría también a ese trío espectacular de centrales autóctonos: Voro, Giner y Camarasa- nos sacaron de segunda y nos hicieron vivir tardes memorables.Sin embargo, no es casualidad que ni ganaran títulos ni se acercaran a ellos. Durante los primeros años, cuando eran un grupo de jóvenes con proyección, nos hicieron concebir ilusiones. Después, cuando llegaron los cantos de sirena del Madrid o la selección, las fichas infladas y los coches caros y las claúsulas imposibles de pagar, este grupo se acomodó. Eran buenos futbolistas, pero a mitad de sus carreras tocaron mentalmente techo y decidieron que en el Valencia se ganaba dinero y no se exigía demasiado. Con ir a la UEFA y ganarle en Mestalla al Madrid o al Barça ya valía. La llegada de Guus Hiddink, un personaje nefasto y absurdamente sobrevalorado por el graderío, preparó el principio del fin.

En suma, a Tuzón le abandonó la gente a la que él mismo había encumbrado. Luego vino Roig, y Romario, y volvió Hiddink, y vino Valdano...un esperpento, vamos.

Arturo Montes

kawligas ha dit...

Certero, emotivo y verdadero. ¡Magnífico, Simón!

Oxímoron ha dit...

Arturo, resultan pertinentes los matices que introdujiste, dan para un debate oportuno acerca de las mentalidades que han predominado en nuestro club.
El triunfo de los buenos es en cierto modo una licencia, pero algo va cambiando en los últimos tiempos respecto al reconocimiento de los que tanto aportaron y algún día se marcharon. Ya desde la etapa de Soriano se ha ido haciendo un esfuerzo por recuperar la imagen pública ante los valencianistas de jugadores que no tuvieron esa salida del club soñada y merecida (Cañizares, Mendieta, incluso Mijatovic (teniendo en cuenta también errores de estos futbolistas)), cuyo paradigma sería la de Baraja. El tiempo restaña las heridas del momento, tiendes a recordar las sensaciones más gratificantes e iniciativas como este blog van contribuyendo a concienciar a la afición en materia de memoria histórica. Como todo cambio de mentalidad, se produce lentamente, pero apuesto a que estamos mejor en este aspecto que a finales de los noventa, cuando el club no supo ni estar a la altura en el entierro de Luis Casanova.
El entorno de la entidad está generando también sinergias positivas en esta faceta, véase, por ejemplo, la fantástica movilización y cobertura de Levante-EMV tras la muerte de Arturo Tuzón.
Con lo de Cúper pusiste el dedo en la llaga, una dramática injusticia histórica que debería ser reparada, espero que el futuro nos brinde ocasiones propicias para ello.
Respecto al conformismo de aquella plantilla, no deja de ser un demonio familiar de nuestro club. Ya encontramos esta tendencia en tiempos de Ramos Costa, con planteles excelsos, y un ejemplo prácticamente calcado al mencionado lo representan a nivel de conjunto Villa, Silva, Joaquín y Vicente durante el último lustro.
Otra cuestión en la que también tenemos mucho que aprender sobre nuestro pasado porque fácilmente encontraremos referencias opuestas (70-71, era Benítez).

Anònim ha dit...

Enorme agradecimiento a Tuzón y excelente crónica de aquellos años.

Alfredo Cardona

Anònim ha dit...

Gracias por un post tan bien escrito. >
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