diumenge, 23 de juny de 2013

Postales que nunca dijiste

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Putas necrológicas. Uno siempre acaba derrapando en el alambre de la propia emoción suscitada. El muerto ya no. El muerto muere, y lo que queda es un rastro de migas de pan en busca de la elegía perfecta.

Recuerdo muy bien como al poco de morir mi padre sus hermanas me sacaron una caja de zapatos repleta de cartas y fotos de un inocente paracaidista que habían guardado desde 1959. En ese momento, primavera del 90, yo tenía la misma edad que mi padre al escribirlas y más allá del impacto y su onda expansiva, lo que de verdad me atrapó fue una postal de Puchades que había permanecido envuelta en papel de manila durante esas tres décadas. Esa postal ilustra hoy este blog.

A esa postal me he acogido muchas veces para comprender algunas cosas. O al menos, para sentirme menos incómodo en mi disfraz de forofo altisonante.

No nos engañemos. Si el fútbol se ha vuelto trascendente es porque perdió la pureza. Cuando las cosas son verdad no requieren literatura. Aquella gente hablaba con hechos, nosotros formulamos la nostalgia, y la formulamos desde cierta e inevitable impostura de Panenkas y Mafaldas. Tenemos una religión podrida de dinero y vanidades a la que sólo le otorgan vitalidad los testimonios nítidos del pasado. No sé si esa congoja es una buena manera de articular la enfermedad de la militancia. Tengo dudas, dudas razonables. Esas mismas dudas que la sola mención de Puchades ha logrado desactivar siempre. Ahí la gandreza. Ahí el mito. A veces, basta un solo hombre ejemplar para equilibrar el caos y otorgarle sentido. Es la naturaleza del verdadero héroe, casi siempre ajeno, paradógicamente, a lo que su personalidad galvaniza en el imaginario colectivo.

La reafirmación simbólica y sentimental de estos días es el último gran servicio que Puchades le ha rendido al Valencia CF. Lo ha hecho como lo hizo todo, sin reparar en ello. Nosotros, en tiempos de cinismo y mercantilización abusiva, corremos el riesgo de empacharnos de mística hiperbólica para paliar el desconcierto. No sería un homenaje justo. Tonico era terrenal. Un hombre cabal y humilde. Sería bueno aprovechar la sinergia de su sencillez comprometida. Recordar su legado, preservar la emoción. Amar al Valencia CF sin esperar nada a cambio. No desfallecer jamás. Hacernos fuertes para no ser pasto de los buitres y sus miserias morales envueltas en coloridas ilusiones que siempre acaban peor. Como él decía cuando marcaba la raya en el centro de Mestalla, avant, sempre avant. Se lo debemos. A él y a quienes nos contaron quién era él.


Rafa Lahuerta Yúfera
Socio del Valencia CF
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7 comentaris:

Anònim ha dit...

Amén

JR

Anònim ha dit...

No se puede expresar mejor el sentido profundo de nuestra enfermedad. ¡Brindo por ello, Rafa!

Fran

Anònim ha dit...

Amar al VCF sin esperar nada a cambio. Eso es. Y eso debe ser. Pero a todos los niveles del club.
Sumar
Muy bien.

Pepelu

Anònim ha dit...

Avant sempre avant!!!
Hauria de ser u dels crits de guerra de Mestalla.

David P.Montesinos ha dit...

Lo que nos dice Rafa rezuma algo más -o algo menos, no lo sé- que simple forofismo. No sé si recuerdan aquello de "El último samurai", cuando el protagonista es una y otra vez derrotado en las batallas con el palo. Tras un golpe duro, tumbado y medio grogui en el suelo, el americano se pregunta qué es lo que le falta. Un niño se le acerca: "tú, pensar demasiado". Pues esa es la clave, si queremos ser forofos, del Valencia o de lo que sea, limitémonos a dejarnos arrastrar por la corriente colectiva que le echa la culpa de todo a los Llorentes o Emeris de turno y celebra los goles como si los hubieran marcado ellos. Si piensas, el misterioso hechizo que nos envenena desde niños no se desvanece, pero se vuelve reflexivo, y eso, en cierto modo, es peligroso. Nos hace meditar sobre el hecho de que muertes como las de Puchades son algo más que la pérdida física de un triunfador, las convertimos en el síntoma de una ausencia. Hay algo de lo que se nos ha ido privando. Rafa lo asocia a la mercantilización del fútbol. Lleva razón, pero yo iría más lejos, vivimos una época donde está condenado a ser efímero, a venderse barato... Los sentimientos se vuelven intercambiables y varían a la misma velocidad que se fichan y desfichan futbolistas. Ahora todos dicen amar a Puchades, pero los que van llegando se cargan a quienes fueron como él, algunos con el seis a la espalda. Lo siento, ya sé que no es lugar, pero no voy a perdonar lo de Albelda.

David

Anònim ha dit...

Y ahora nos imponen desde una empresa el escudo sin color. Se dice adiós a 94 años de tradición, a 94 años de nuestro escudo con los colores como luce Puchades en esta foto... todo por vender algunos puñados de camisetas más.

Juan ha dit...

En este blog es troben molts motius per donar-li sentit a este sentiment, el teu article i eixa postal son un mes. Molt bo Rafa