dimarts, 7 de juliol de 2009

Mi primera (y última) pancarta en Mestalla

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Recuerdo perfectamente aquel verano. El Valencia acababa de firmar a Antonio José Gómez de Matos “Toni” para suplir la baja de aquel goleador incomprendido que era Lucho Flores. También había llegado Tomás, desde Oviedo, para reforzar a un equipo que buscaba confirmar su candidatura europea en la recién comenzada “era Espárrago”. Aquel tercer puesto de la temporada anterior sabía a fresco, a nuevo…se confirmaba que aquel año en segunda había sido purificador; el Valencia disfrutaba de una afición joven, ilusionada, ya curtida en el sufrimiento, humilde y orgullosa.

Me encuentro en el viejo sofá del apartamento de Cullera, leyendo el periódico, seguramente “Las Provincias”, donde se anuncia el fichaje de un jovencísimo jugador uruguayo, procedente del Nacional de Montevideo, llamado Daniel Fonseca. Pronto surgen los comentarios propios de un fichaje inminente: “¿Éste será bueno?”, “Tiene buena pinta, dicen que es una joven promesa que viene a Europa a consagrarse como estrella” y, el más clásico de “la gran esperanza blanca”.

Debieron pasar muy pocos días, cuando Daniel Fonseca ya está en Valencia, ¡incluso antes de firmar se ha entrenado ya con el grupo!, haciendo ejercicios sencillos junto con el mister compatriota. Es alto, moreno y tiene cara de conejo burlón. Una foto en Mestalla, ya con la ropa de entrenamiento del club lo certifica, sólo queda esperar al Naranja para volver a ilusionarse con esta jovencísima nueva figura, el “9” que necesitamos.

La mañana siguiente, debía ser lunes por la cabecera (“Hoja del Lunes”), nunca la olvidaré por aquel titular que, en su día me hizo mucha gracia por la expresión y era perfectamente sintético con la realidad: “El fichaje de Fonseca queda en agua de borrajas”, parece ser que algunos flecos contractuales, comisiones o lo que sea (un muchachito de 13 años no entiende mucho de eso) apartan al uruguayo del Valencia.
Pasaron los años, llegó un jugador del Este, que pedía, para evitar burlas, ser llamado por su nombre y no por su apellido…ambos merecen nuestro recuerdo, pues aquel Lubo Penev fue uno de los más grandes. Volvió “el hijo pródigo”, aquel rubio del “trabajo gris” que era Roberto Fernández, llegó Guus Hiddink, el holandés de los cafés y el equipo de Tuzón comenzaba a mirar muy hacia arriba, a lo lejos se divisaba tormenta, pero todavía muy a lo lejos.

Cuando tocó, caprichos del destino el Nápoles en aquella casi-veraniega eliminatoria UEFA (con un estadio además semivacío por los desorbitados precios de las entradas), pocos destacaron al inquilino del banquillo napolitano, un “tal” Claudio Ranieri, más bien los titulares hacían referencia a los esfuerzos de mantener grandeza del, para siempre, “ex-equipo” de Maradona y destacaban la presencia ya estelar de un buen delantero uruguayo… si, Daniel Fonseca había de visitar el campo donde entrenó con unos compañeros que nunca tuvo, esta vez en duelo europeo.

Como es bien natural, el uruguayo fue interrogado sobre ésta circunstancia, desconozco si por un periodista valenciano o napolitano, el caso es que su respuesta llegó alta y clara a la prensa valenciana: “Doy las gracias a Dios por no haber fichado por el Valencia”, dijo Fonseca, expresando su alegría por disputar el Calcio con la casaca azulona del Nápoles.

Nunca en casa fuimos muy amigos de espectáculos y tifos, sí que respetamos la británica tradición de acudir al entonces Luis Casanova con la camiseta del equipo, pero poco más. No obstante aquellas declaraciones afilaron el ingenio de mi hermano Chimo, y su grupo de amigos entre los que me refugiaba (y me refugio) en el cemento de la vieja general de pie. Un rotulador negro y algunas cartulinas fueron suficientes para realizar mi primera y última pancarta en Mestalla.

El Valencia también da gracias a Dios por no haber fichado a Fonseca”.


Sergi Calvo
Socio del Valencia CF
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4 comentaris:

kawligas ha dit...

Fonseca y Ranieri nos machacaron de lo lindo, pero quien sabe lo que hubiera pasado si, finalmente, hubiera recalado en Mestalla. Tantas veces hemos fichado grandes jugadores que aquí se han diluido como un azucarillo...

A modo de apostilla, Cullera es sinónimo de fútbol para mí. Veraneé 9 años en la playa de San Antonio (desde 1967 hasta 1976) y allí pasé tardes felices en la playa, yo de portero y mi padre chutándome hasta que el sol se iba. Y, como no, la coleción de cromos de Fher...

Oxímoron ha dit...

Qué recuerdos más nebulosos de aquel VCF-Nápoles!
Yo tenía 10 años y lo vi por televisión, con dolor de cabeza por los nervios de haber estado toda la tarde esperando a que comenzara un encuentro que entonces para mí era casi lo máximo a lo que había visto llegar al VCF.
También me llamó la atención cómo se plantó parte de la afición ante los abusivos precios de las entradas y la enloquecida celebración del empate de Roberto. Yo también lo viví así. Después me acuerdo de que expulsaron a Quique por caer en alguna artimaña de los italianos y lo demás ya es de sobra conocido por todos.
Para la vuelta Canal 9 utilizó en sus anuncios una frase como "qui no creu en els miracles?", jugamos de rojo y la recuerdo como un eterno 1-0.

Anònim ha dit...

Aquella fue una noche muy triste. El principio del fin del tuzonismo.

BT

Anònim ha dit...

Para mi también fue una noche chunguísima, con largas reflexiones sobre lo maldito de nuestro destino y nuestra irremisible condena a una mediocridad llevada con estoicismo. De hecho, ese famoso 1-5 y otra eliminatoria europea contra la Roma de Voller, que nos eliminó sin hacer gran cosa, son dos de los peores recuerdos que tengo en Europa.

Cabanyal