dilluns, 9 de març de 2009

Tambor de lluvia

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Bate la lluvia contra la uralita,
deletrea su código primario,

su mensaje esencial:


yo soy la lluvia,
estoy lloviendo aquí, sobre vosotros,
estoy lavando el mundo en estas lágrimas.


Con su monomanía dicta mucho.

Dice más de la cuenta en cada gota...


(extraído del poema "Tambor de lluvia" de Carlos Marzal)



Acudir a Mestalla en tardes o noches lluviosas siempre tuvo un toque mágico. Un valor añadido más poético que material. El paradójico efecto de una intimidad sobrevenida, como si las cortinas de agua generaran un nuevo escenario, a medio camino entre las películas codificadas de canal plus y la monotonía de lluvia tras los cristales del aula.

Nosotros los mediterráneos somos así. La lluvia nos parece un acontecimiento reseñable. Y el fútbol embarrado un viaje a los orígenes. Esa fábula sobrevalorada: el mismo amor, la misma lluvia. Una oportunidad para profundizar en la distancia luminosa que nos aleja del mito y nos acerca al polvo del camino. Ya se sabe: ni inventamos el juego ni fuimos especialmente buenos hasta pasados muchos años. Complejos, por tanto, de tribu colonizada.

Todavía en ocasiones, el fútbol es tan sólo esa nostalgia de la lluvia. El hechizo del barro y las tribunas tatuadas de paraguas. Un paisaje remoto, intuido muy ocasionalmente en tardes tormentosas y grises de invierno. Un fútbol primitivo y directo. A la inglesa. Para espíritus curtidos.

Por pura escasez estadística los partidos lluviosos tienen epígrafe propio en el cajón de la memoria. Un inventario de chaparrones y tormentas, algunas goleadas inesperadas, la falsa sensación de que la lluvia forja el carácter de los equipos grandes. De ahí su prestigio. Un 5-1 al Hadyuc Split, un 3-0 al Bayern de Munich, miles y miles de rollos de papel higiénico echados a perder por el ímpetu del agua en la previa de un VCF-Barça, o un definitivo 2-0 al Betis con la última liga de Benitez a la vuelta de la esquina son sólo algunos ejemplos preclaros.

Pero más allá de los partidos pasados por agua están las noches de perros. Fundamentalmente dos: el Valencia-Salamanca de 1979 y el Valencia- Banik Ostrava de 1982. La primera fue un partido televisado en noche de domingo, el día que estrenábamos localidad a cubierto en el sector 5 tras la renovación de pases de enero. El optimismo de mi padre nos empujó al fin del mundo. "Hoy, que llueve, es el mejor día para estrenarnos". Ya empapados llegamos a Mestalla a trancas y barrancas. Los pasillos inundados, las gradas vacías. El estreno no pudo ser más desalentador. Justo en nuestras flamantes localidades de numerada cubierta una gotera inmensa nos obligó a ver el partido con paragüas. En el descanso volvimos a casa. De charco en charco, a merced de la marea que cubría las calles todavía a medio asfaltar. 0-0. Un partido infame, con Solsona pellizcando la pelota en medio del lodazal y Kuntakinte en la tele, justo después de acabar el suplicio.

La segunda noche tiene un recuerdo mucho más amargo. Mientras se jugaba llegaban noticias de la pantanada que se cernía sobre La Ribera. El partido fue además un continuo aviso sobre aviso: aquel inolvidable "preséntese en la puerta de autoridades". Curiosamente, Welz tuvo su mejor día como valencianista y selló su gran actuación con un gol en jugada poco ortodoxa. El gol que significaría la clasificación tras empate a cero en Checoslovaquia en aquella otra noche de equipaciones perdidas en los aeropuertos.

Pero sin duda, nada comparado con la regularidad pluvial de esta campaña. No sé qué dirán las estadísticas del centro meteorológico al respecto pero la penúltima temporada de Mestalla ya tiene nombre y apellidos: el año de la lluvia. Sólo falta Solsona y su fascinante toque de balón sobre las aguas. El tambor, que no pare.


Rafa Lahuerta Yúfera
Socio del Valencia CF
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12 comentaris:

Anònim ha dit...

Este relato viene que ni pintado en esta temporada, pues no recuerdo año que haya llovido tanto o al menos haya amenazado de hacerlo como en esta temporada. Y desgraciadamente no solo hablo de chaparrones atmosfericos.

De aquel partido contra el Salamanca no guarda buen recuerdo D'alessandro, pues recuerdo declaraciones suyas diciendo lo mal que lo había pasado, ya que le falta un riñon y lo acusó principalmente aquella noche.

Y aquel enorme 2-2 contra el FCB bajo una intensa lluvia. Extraordinario partido. llegué a casa calado hasta los huesos.

Un saludo
Jose Miguel Lavarías.

Anònim ha dit...

genial el relato, como de constumbre. solo una pequeña matizacion, al paso q vamos y dadas las circunstancias q vivimos duda q sea esta la penultima temporada de Mestalla

un saludo
Joan

kawligas ha dit...

La lluvia tiene una faceta catártica y apocalíptica, que si bien no siempre nos ha beneficiado en lo deportivo, creo que nos va haciendo mucha falta en lo social y económico. Así que acabo de ponerme a Dylan y estoy escuchando A hard rain's a-gonna fall.

De Paco ha dit...

Un apunte catalán: según las previsiones de la directiva del Español, debíamos habernos traslado a Cornellá en 2005. Echad cuentas. Bravo artículo, Rafa. El redoble de tambor y su panoplia épica.
Por cierto, alguno de vosotros debiera ocuparse del desprecio a Mestalla por parte del Athletic y del Barça.

Grandes abrazos,
Pepe

V Molins ha dit...

En un València-Basilea (6-2) también cayó la mundial.

Y la Agencia Estatal de Meteorología comunica que, desde el 1 de septiembre del 2008 hasta el 28 de febrero de 2009, el porcentaje de precipitaciones acumuladas en València es un 120% superior a la media. Lo cual destroza por completo mi teoría de que la lluvia de Mestalla trae buenos presagios.

Anònim ha dit...

Como Nick Hornby en "Alta fidelidad". Mis 5 partidos con lluvia. Por orden cronológico:

Valencia-4 Elche-1 (77-78)

Valencia-4 Betis-2 (77-78); último partido de Mestalla antes de la reforma del mundial 82.

Valencia-5 Hadyuc Split-1 (Uefa 81-82) si bien aquí tengo dudas. Sé que llovió todo el día pero creo que paró un poco antes de empezar.

Valencia-3 Bayern Munich-0 (Uefa 96-97; míreme a los ojitos)

Valencia-2 Betis-0 (liga 2003-04) el día de Curro Torres.

BT

kawligas ha dit...

El día del Valencia-Basilea de Champions el agua nos benefició. El balón iba a una velocidad endiablada que desbordó la débil defensa del Basilea. También recuerdo ese partido por un gol de cabeza de Carew, que le obligó a agacharse para poderlo rematar, y eso que el balón iba muy, muy, alto.

Anònim ha dit...

Per a pluja i pedra la de Madrid en la final contra el Depor. ¡¡Menuts cudols ens caien!!.

Josep Bosch

Anònim ha dit...

La foto de este post es brutal. Juraría que es del Valencia-Hercules de 1986. 3-1. Un día histórico. El último partido del Valencia en Mestalla antes de consumarse el descenso.

BT

Anònim ha dit...

Mitica aquella final de Junio 95, el diluvio universal, gol de mijatovic la gente tirandose como si fuera una piscina en el fondo del Bernabeu. suspendido el partido, la gente buscando bajo el chaparron los buses por Concha Espina. memorable la imagen en vestuarios de Picornell con el agua por la cintura. esa final es el maximo exponente q el agua nos perjudica mas q beneficia

pd:dicen q C9 es la tele de los xotos, y elimina a profesionales como Picornell y Lloret....en fin!!!

Joan

Oxímoron ha dit...

La lluvia valenciana no sólo ha humedecido partidos memorables como los que señala BT sino también algunos soporíferos (VCF-Extremadura 96-97 (O-0) o directamente infames (VCF-FCB 07-08 y VCF-Rácing de Santander 08-09, sin ir más lejos)). También destacaría el VCF-SFC de la campaña 99-00, que incluyó el último apagón de Mestalla.
Como una buena aliada, me vienen a la memoria dos excéntricas goleadas al Compostela bajo la intensa llovizna (94-95 (4-1 con hat trick de Lubo y clásico gol de Fernando de coronilla de espaldas a la portería en vísperas de la final copera del Bernabéu) y 95-96 (5-2, con exhibición de Mijatovic y primer gol de Viola)).
De la final que citan Joan y Josep me resultan inolvidables la imagen de la pancarta de Lubo´s Gol Gran ejerciendo de toldo antes del lanzamiento de la falta de Mijatovic y la de la avalancha a lo griego posterior al gol.
Picornell calado hasta los tobillos tampoco pasará al olvido, ni su épica narración del gol del empate: pren carrereta, llança, col.locat, gooool!

Anònim ha dit...

La final de l'aigua i el 3-0 al Bayern, els partits més intensos de pluja que he viscut...

I no fou un partit, però també conta la cel·lebració de la lliga de 2002. Uff, si en caigué.

V. Chilet