diumenge, 3 d’abril de 2016

La fila de cero del Bar Penalty

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Foto: Avenida Suecia, fuente "El desmarque" 
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Así describiría Ernesto Giménez Caballero el itinerario de lo violento, la avenida de Suecia. La artería más venerable del pueblo de Mestalla. El pulmón urbano blanc i negre. La ruta del olor a pólvora deportiva. Un recorrido que dejaba ver a su derecha, la fachada romántica del consistorio valencianista. El Luís Casanova, con su puerta cero, la puerta de autoridades. A su izquierda, un sin fin de bares, cafetines y locales de alterne. El asfalto, separaba el escudo del sentimiento, invadido los días de fútbol por los berserkes valencianos. La regaliz, el coñac y el olor a puro de lo “sos quelos” valencianos, ambientaban las horas previas a los partidos.

Un Valencia oxidado y un Cádiz - Betis (“gemellaggio” incluido), nos hizo descender a los infiernos. Constantino dijo “In hoc signo vinces“ (con este estandarte vencerás la batalla), Arturo Tuzón fue su testigo. Aquel verano mundialista, el de la mano de dios, nos regaló a Miguel Ángel Bossio.

Perdí mi condición de aforado, el juez mi padre. Yo fui a la EGB y los pésimos resultados académicos me impidieron renovar mi abono infantil en la temporada del “año cero”. Suspendido de militancia y sin apenas recursos financieros, mi destino fue el fondo norte de la general de pie. Su acceso por sorteo, una tómbola de feria, si bien, por aquel entonces, la agrupación de peñas concedía seis invitaciones a las peñas valencianistas.

Doscientas pesetas tenían la culpa. Reunidos en el bar (Penalty) a las 16:00 horas, los partidos en domingo, situado en el chaflán de la avenida Suecia con el cruce de Artes Gráficas (frente a taquillas). La impuntualidad era motivo de desahucio de la casa del pueblo. El presi de Forcá Che, Jose María, recogía las gratuidades en la puerta cero atendidas por el señor Izquierdo, alma mater de la agrupación de peñas, hombre pequeño, sencillo y amable, con puro en la boca, insignia del club en la solapa de la chaqueta como icono perpetuo, que entregaba las entradas con un denominador común: “prohibida su venta. Otra vez reunidos en el Bar Penalty llegaba el ansiado y sonoro reparto. Alboroto general en el epicentro de la parroquia che. A veces éramos más, otras no, pero cuando la situación se complicaba, recurso fácil, contar con el mejor salvo conducto: el reventa y su beneplácito, que venía a hacer su agosto al pueblo de Mestalla. ¡Todos al fondo!

El fondo norte, el olimpo del tifo valenciano, abandonaba su espontaneidad. Bajo la pancarta de Ultras Yomus, anárquicamente se reunían jóvenes de todas las clases sociales. Universitarios, trabajadores y parados. La contracultura se apoderaba de la general. Grandes banderas, bocinas, bufandas de lana, papelitos e incluso rollos de papel higiénico armaban a los incondicionales que empezaban a dar pinceladas de colectivo organizado. Mestalla rugía. Una renovada hinchada hacia flipar a la oscuridad perenne de Mestalla que no salía de los silbidos, del lanzamiento de almohadillas, e incluso del algún que otro naranjazo al “pelele de turno“. Otra forma de animar se plasmaba en el ambiente. Al finalizar el encuentro, la avenida Suecia, (el paraninfo inmemorable del valencianismo), recogía las voluntades del inconformista che, sirviendo de altavoz mediático, con algún que otro disparate. Al caer la tarde, bien el trascurso del tiempo o las fuerzas del orden público, (aquellos de marrón, de equipo son) lo iban disolviendo. A la salida, el Penalty, última parada de reencuentro para la vuelta a casa. “Siempre nos quedará el Penalty“.


Pedro Nebot
Socio del Valencia CF, fundador de Gol Gran 
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1 comentari:

Neófito ha dit...

Aquel cartel verde con las líneas de cal del terreno de juego y el nombre del bar es también uno de mis primeros recuerdos de Mestalla. Si alguien tuviera una foto, sería un gran avatar remember.