dilluns, 31 d’agost del 2020

TESTIGOS DE UN HECHO HISTÓRICO

Como se trata del mundo fútbol, puede parecer exagerado el titular que escogemos para describir el movimiento surgido en nuestra ciudad, contrario al método y decisiones del máximo accionista del Valencia, CF. Y si así lo piensan, llevarán razón al no tratarse de una revolución iniciada por motivos políticos, ni de luchas de clase, ni de guerras, ni raciales. Sin embargo, para los que amamos y sentimos el club, conocemos el enorme desequilibrio propietario y expresamos públicamente los riesgos que a nuestro juicio se derivan de la errónea línea de negocio de los actuales mandatarios, esta resistencia educada y no violenta surgida de la ciudadanía valenciana, futbolera o no, considera estar viviendo un tiempo mágico, donde la situación por ella misma, se esmera en posicionar lo justo de lo injusto, el abuso frente a la carencia y al desarraigo del afecto. El éxito o no del movimiento tendrá que ver con la realidad del convencimiento que ya no es posible la convivencia entre su máximo accionista y nosotros.

Si, puede causar sorpresa que tras seis culposos años de silencio, donde varias de las decisiones son de idéntica gravedad a las contemporáneas, sea ahora cuando Valencia despierta y se une. Y lo hace desbordando respeto, imaginación, argumentación y participación ciudadana. Desde las ejemplares y cívicas movilizaciones – comó estás escribiendo el relato, Héctor Blat, desde tu Plataforma Salvem – al protagonismo de la idea sobre las personas a través de manifiestos como los expresados desde nuestro grupo, desde el convencido y valiente activista que se juega una denuncia por su contribución “pancartista” al importante accionista que en defensa del legítimo derecho de los intereses del club y el suyo propio, decide iniciar la vía penal arriesgando su dinero si el Juez no opina como él, o desde la intermitente y aparente diligencia y responsabilidad política según sus competencias, a aquellos medios de comunicación ya no tan dóciles al poder y que se unen al resto. Faltaba sumar al verdadero “termostato” de la militancia por excelencia: las peñas. De estas, tan solo 3 de 231 votaron en contra de la petición de destitución inmediata del presidente Murthy, en la reciente reunión de una Agrupación muy laxa hasta la fecha en la crítica a las decisiones del club. Es perfectamente resumible todo en una hermosa palabra: unidad

Desde nuestra “Plataforma Espíritu del 86”, hemos querido contribuir a este clima del “ya está bien”, advertencia y vigilancia. Comenzamos con un escrito de fecha 1 de Julio. En nuestra divulgación privada ya le dábamos enfoque de “Manifiesto previo a la Revolución”. En él, así como en posteriores trabajos hemos apelado al gesto de Meriton hacía toda Valencia, la pública y la privada. ¿Gestos pedíamos? Ya da igual detenerse una a una, en las apariciones de representantes del club desde el citado 1 de Julio, donde la caótica carta abierta firmada por Anil Murthy el pasado 14 de agosto, para afrenta del valencianismo, es tan solo un etcétera al lado del rubor y desprecio que nos causa el talante opresor utilizado en un país como el nuestro y contra una institución valenciana cultural, en un aprensivo comunicado de prensa, sencillamente por informar y no opinar como ellos. Hemos convertido la legalidad y la contabilidad en ejes de presión y vigilancia necesarios, se ha conseguido el apoyo de personas que sienten lo mismo que nosotros pero con el valor añadido de su pasado como ex futbolistas del club o con un atractivo componente mediático. Y para el mes de septiembre, esperamos poder publicar el apoyo que se nos ha otorgado, auténtica gasolina de cualquier iniciativa y que tras su valoración, a buen seguro nos permitirá poder seguir contribuyendo al movimiento. La nota a esa aportación se la deberán poner ustedes con su apoyo oficioso como hasta ahora o cuando se solicite formalmente al accionista su sindicación o en su defecto su delegación, si procediera y como no puede ser de otra manera, cuando se formulen las cuentas y estas sean pertinentemente, estudiadas. Mientras, tengan por seguro que cuando Murthy sea recibido en el despacho del Presidente de la Generalitat, ya no va a ser suficiente que como gesto y declaración de intenciones de reanudar las obras del nuevo estadio para prorrogar los plazos de la ATE, el primero le haga entrega a Ximo Puig de un balón firmado por la primera plantilla. O qué cuando alguien se pregunte que ganamos con el requerimiento a la Auditora, recuerde el intento de diferir el 50% del pago de la ficha de los futbolistas a 13 meses, cuando el propio Informe de Cuentas Anuales último, dice textualmente en su apartado de “Principio de empresa en funcionamiento”: “la Sociedad cuenta con líneas de financiación disponibles y con el compromiso formal del accionista mayoritario de prestar el apoyo financiero para garantizar la continuidad de las operaciones de la sociedad”. Seguro que ustedes, sí lo entienden.

Hay un rasgo común en la mayoría de las insurrecciones: la ausencia de éxito inmediato. Y hay que asumirlo para poder tramitarlo sin decaer y abandonar. Comprender la consecuencia mercantil de poseer un 82,33% del total del accionariado de una empresa y que dé inicio, nuestra influencia tan solo es moral. Apelar al poder de la conciencia, de la organización y de la unidad. Acertar en la gestión de los tiempos y prepararse para una futura y definitiva negociación, si el derecho y el político, ayudan. Motivémonos con uno de aquellos lemas empleados en la Revolución de Mayo del 68: “seamos realistas, pidamos lo imposible”.

Hay algo que no queremos dejar de mencionar y es en relación al incondicional apoyo al entrenador, cuerpo técnico y futbolistas, en los que confiamos y a los que jamás dejaremos de querer y arropar. De igual modo, nuestra mayor de las consideraciones y solidaridad con todos los trabajadores del club, que desde dentro, son espectadores de excepción de toda esta situación.

Finalizamos con una reflexión del filósofo Jean-Paul Sartre, muy activo en todo aquel “Espíritu” capicúa al nuestro, el “sesentayochismo” y en esa cita, en referencia al protagonismo juvenil que desde aquí asociamos a este precioso, ejemplar y necesario movimiento que comienza a hacer historia : “hay algo que ha surgido de ustedes que asombra, que transforma, que reniega de todo lo que ha hecho de nuestra sociedad, lo que ella es. Se trata de lo que yo llamaría la expansión del campo de lo posible. No renuncien a eso”.

AMUNT VALENCIA!!!

PLATAFORMA ESPIRITU DEL 86

@espiritudel86

dimecres, 19 d’agost del 2020

L'HORA DE LA VERITAT



No vull paréixer apocalíptic, però opine que el moment actual del VCF és més trascendent encara en la nostra història que el descens del 86. Vaig a fer un esforç per no gastar vocabulari del camp semàntic de la guerra, però trobe que no podem encarar l´estat de les coses des d´altra postura que no siga la del conflicte. 

Per això, crec que torna a ser necessari revisar alguns dels tòpics del manual de llocs comuns al qual es recorre molt a sovint per a no afrontar l´eventual eixida de les penúries provocades pel segrest del VCF. 

El primer de tots és concedir el benefici del dubte a Peter Lim. Com el màxim accioniste no es digna a comunicar-se amb l´afició valencianista, de tant en tant hem de sentir que no sabem què pensa sobre el club… Bé, la seua obra durant estos sis anys és eloqüent. Els fets parlen per sí mateixos. Ara es tracta de vore fins a quin punt li compensen a cadascú. 

Vaig a posar altre exemple d´esta, per a mi, injustificada condescendència. Se sol comentar que, si Lim destituïx Murthy, segurament, el valencianisme seria més feliç. “Fe sense obres, morta és” va amollar Jaume I. Per què hem de pensar en una merescudíssima destitució de Murthy, quan l´únic que podem jutjar és que tres anys de tortura patint la vergonya de ser representats per este subjecte ja en són més que prou? Anil Murthy, com ja va afirmar abans Layhoon Chan, també és Peter Lim. 

Considere que comença a resultar extenuant, després de sis anys, pegar-li encara voltes a qüestions que formen part de la metafísica de la patà i avant de Meriton. El terreny de les infinites falses promeses en el qual se senten invencibles. 

La meua impressió és que eixa fase hauria d´haver sigut superada fa moltíssim. Els únics suports actuals de Meriton estan relacionats amb interessos espuris, distribució d´incentius materials selectius o inconfessables jocs d´aliances i d´oposicions personals. El valencianisme ha dit prou. Hui és una obligació moral fer-los front. Podem diferir, això sí, en les estratègies, els tempos o la comunicació. 

Els fets són incontrovertibles. La naturalea de la propietat és I-RRE-HA-BI-LI-TA-BLE. Si t´enganyen una volta, la culpa és de qui te la fa. Però, si ja t´han enganyat en tres o més ocasions, toca fer un poquet d´autocrítica. 

I la meua passa per posar en solfa altre dels llocs comuns amb els que de tant en tant se´ns reprén per a què no fem res. Ací va: “des de la confrontació no guanyarem res”. 

Li vaig a pegar la volta a este, com a mínim, discutible argument. No m´agrada caure en el parany dels marcs mentals dels qui trobe, amb tots els respectes, que estan equivocats. Ara pregunte jo: què hem guanyat des del discurs de les bones intencions?

Responc: sistemàtiques faltes de respecte, destrucció de projectes esportius, desprofessionalització, desercions, afonament econòmic, desprestigi de la institució… En resum, la maquinària de generar dolor de Meriton.

Per una mescla d´autoodi i d´snobisme, pròpia de les societats civils amb baixa autoestima, hem tolerat a la gent de Meriton creuar totes les línies roges imaginables. Des de fa molt de temps, és el moment de l´autodefensa. De fet, probablement, siga l´únic llenguatge que entenguen. Almenys si volem que comencem a tindre una relació d´igual a igual amb ells. I també per una qüestió d´amor propi. 

Així que vaig a fer ací una reivindicació de la confrontació, que és una via que encara no s´ha provat de veritat. Sense dubte, esta estratègia té costos, però també dos conseqüències que pense que compensen. D´una banda, és molt saludable eixir de la ressignació per a lluitar d´una manera proactiva pel futur del VCF. D´altra banda, els primers indicis d´unió han demostrat que la confrontació resulta efectiva. 

Va a ser este un procés llarg. No dubteu que van a tractar de confondre´ns. Això ja no hauria d´anar de fer callar l´afició contractant novament a Mateu Alemany per consell de Mendes o posant un valencià com a president-escut humà. No és el qui, sinó el com. En la cabotà acrítica portarem la derrota. Si no tenim això meridià, tornaran a enganyar-nos i reobrir les ferides de la divisió. Tampoc ha de dependre de que l´equip guanye o perda partits. Donaríem un exemple d´infantilisme. Juguem a llargues, però amb el cap ben alt, per favor. 

Confrontació no és violencia, però res té a vore tampoc amb el bonisme. El respecte no es regala. Si, per exemple, a Murthy no li ensenyaren en sa casa com comportar-se en públic, no estem obligats a tindre amb ell un bon tracte que no mereix. L´empatia només pot ser recíproca. No és un interlocutor vàlid. Es tracta, clar i ras, d´un enxufat. U que ni sap ni vol comprendre on està. No li devem res. 

Confrontació és la manifestació espontània d´orgull valencianiste i activisme que s´ha desenrotllat durant l´últim mes i que a penes té precedents en la nostra història. És passar de les paraules als fets. 

No tots podrem estar en tot lo que es faça, però sí totes les accions (pancartes, manifestacions, etc.) són complementàries. Podem discutir els tèrmens, la dosificació o els formats, però els seus resultats estan a la vista de tots. 

Una pancarta a soles no canvia el món. Però moltes pancartes ajuden a canviar consciències. I qui pega el pas de fer una se sap dins d´un moviment identitari més gran. Altres ho veuen i se sumen. Honor, per tant, a tots els pancarters, grafiters, convocants i manifestants, ciberactivistes, periodistes sensibles a la nostra causa… Sou la primera línia que construïx el VCF del futur. Moltes gràcies de tot cor!

Esta explosió popular és compatible amb els tempos més pausats que han de dur altres associacions o personalitats, que poden ser claus per a la recuperació del nostre club. Hi ha un món financer, jurídic i polític al qual no arribem els valencianistes de base. Així que vull confiar en una nova generació no contaminada pel passat, honesta i formada, que puga moure´s amb l´encert necessari en estos àmbits. La seua sort serà també la nostra. Requerix paciència.

Entre tots, podem articular l´estratègia del conflicte en diversos fronts. I si Meriton és, en veritat, un tigre de paper i l´autèntic tigre era la nostra por a fer oposició radical? Trobe que poden ser molt més perillosos encara, però no subestimem la força d´un valencianisme unit contra ells.

Considere que la base de la nostra estratègia ha de passar per aconseguir que el VCF deixe de ser el negoci de Meriton per a convertir-se en el seu problema. I com podem arribar a estes condicions objectives? En la meua opinió, incidint (cadascú en el seu terreny) en un triple conflicte:

- Econòmic: estan cavant el seu propi forat…

- Judicial: en les assamblees, denunciant pressumptes delictes societaris, auditant, vigilant… sense passar ni una. 

- Reputacional: heu vist com la protesta de l´afició arriba als media i els posa nerviosos (recordeu quan vos van dir que no servia per a res?). Imagineu si esta és més massiva i permanent…

De futbol no vaig a parlar. El VCF ja no es dedica a competir. Els partits que disputa representen la coartada de la martingala, però la meta principal no és guanyar-los, sinó ser un aparador de mercaderies futbolístiques i prebendes associades. 

El club es troba en un coma induït per uns propietaris principals que practiquen el canibalisme amb els seus recursos tangibles i intangibles. Aixina que vos anime a que sigau ferms a l´hora d´enfrontar-vos a este buidatge del cos i de l´ànima de l´entitat. Em podeu dir exagerat, però no veig res a perdre quan el club està segrestat sine die. Si no els compliquem les coses des de ja, poden passar anys fins que la voluntat d´especular deixe pas a la de voler arribar. Contemporitzar mata, puix ells ni perdonen ni demanen perdó. Aprofitem els estats d´ànim excitats per a forçar les seues contradiccions i sumar unes adhesions que freguen la unanimitat.

Finalment, no sóc favorable a furgar en les velles ferides. Estem en les urpes de Meriton per errors propis. Un cúmul d´errors diluït en responsabilitats compartides. L´aficionat de bufanda al coll no sol entendre de Dret Mercantil, però sí que sap lo que és fer esforços molt grans pel VCF (també econòmics). 

Els partidaris d´eixa apatia que tant agrada a Meriton recriminen que el valencianiste no vol posar diners en el seu club. Detecte que els escèptics es durien ara una sorpresa, puix molts contribuiríem a fons perdut per a traure el VCF d´una ignomínia que mai va ser-nos explicitada pels seus inductors. Per què no podríem estar, comptant amb aportacions sustancials de grans paquets i fórmules imaginatives, en condicions de completar el preu a pagar per la nostra llibertat que prèviament haguera negociat una comissió d´experts en la matèria? 

Alguns vos diran que és impossible. Seran els mateixos que van avalar un procés de venda falsejat. Hi ha solucions enginyoses (les hem vist en la política, l´economia, etc.) per a revertir una legitimitat viciada en fons i forma, però calen unitat, valentia i unes auditories independents que marquen des de ben a prop totes les operacions fetes per Meriton. 

Vull pensar que esta penitència pot haver servit per a aprendre la lliçó més important: si no apostem per un VCF més democràtic i viable, estarem sempre en perill d´acabar en unes mans tan brutes com les de Meriton. 

Res més per la meua part. Gràcies a qui haja arribat fins ací i espere que vos haja agradat el text o almenys vos haja suscitat alguna reflexió. 

Com va dir Napoleó Bonaparte: “la victòria pertany al més perseverant”. PEL VCF, TOT. UNIM-NOS!


SIMÓN ALEGRE







dilluns, 3 d’agost del 2020

CARTA A LOS EXFUTBOLISTAS DEL VALENCIA C. F.



Nos dirigimos a vosotros en un momento de extraordinaria complejidad para el futuro del club de nuestra vida, que también es el de la vuestra. 

Es posible que algunos cuestionéis quiénes somos nosotros para pediros según qué cosas, pero nos vemos en la necesidad de haceros partícipes de nuestros desvelos.

Somos un grupo de aficionados que lleva largo tiempo intentando sensibilizar a la afición respecto a la deriva en la que se encuentra el Valencia C. F. Os respetamos por vuestro servicio al VCF en los terrenos de juego. Os hemos animado en los buenos y en los malos momentos y consideramos que sois una parte muy importante de este club. No solo de su pasado, sino también de su futuro. Estamos seguros, por tanto, de que vamos todos en el mismo barco. 

Nos interesa enormemente el papel que podáis jugar en un contexto que cada vez está más cercano. Estamos, sin duda, a las puertas del episodio más importante de la historia de nuestro Valencia. Nos encontramos en la antesala de la disputa entre un fondo inversor que no nos respeta lo más mínimo y el legítimo anhelo de la afición por retomar el control de la entidad. 

No va a ser fácil, pero somos muchos los que nos hemos conjurado en unir a la masa social valencianista frente a los especuladores de la actual propiedad. Por eso, queremos pediros solidaridad hacia ese movimiento para recuperar el Valencia C. F. que se está gestando. Un movimiento que ya podéis percibir, bien vivo, en las espontáneas rebeliones del aficionado, pero que está pendiente de tomar aun una mayor consistencia. 

Nada nos desagradaría más que vuestra utilización como munición contra la afición. Nadie puede ignorar ya a estas alturas cuál es la catadura moral de la gente de Meriton. Van a intentar usaros como escudos humanos para tapar sus habituales tropelías. Lo han hecho muchas veces y lo volverán a intentar (también con los seguidores, empleados y medios de comunicación). Por nuestra parte, os solicitamos que no os prestéis. 

Comprendemos que hay contratos y compromisos por cumplir. Tenemos claro también que nadie os puede quitar vuestro derecho a la libertad de expresión. Pero estamos en un momento crucial para la supervivencia del Valencia que nos legaron nuestros mayores y no nos podemos permitir dar a los sátrapas ningún balón de oxígeno. Ante el naufragio moral de la entidad en todos los órdenes (desde el deportivo al social), ponerse de perfil ya no es una opción, por lo que apelamos a vuestra conciencia para que actuéis con altura de miras. 

Os lo rogamos miles de aficionados que estamos hartos de la humillación sistemática de la propiedad. Nuestro pesar –no lo dudéis- va mucho más allá de una eventual mala clasificación en la Liga. La naturaleza irrehabilitable de la propiedad está fuera de toda duda. No pensamos en un futuro con Meriton porque no hay futuro con Meriton. 

Es este, por consiguiente, un llamamiento a vuestra empatía. No solo con nosotros, los aficionados. También deseamos que os pongáis en la piel de esos futbolistas que, el día de mañana, serán, como vosotros, exjugadores. Pensad en si merecen que unos jefes tan autoritarios y arbitrarios como Lim y Murthy lastren sus carreras (en la vida no todo es el dinero) con premeditación y alevosía. 

Nosotros lo tenemos claro. Siempre al lado de quienes lloraron y rieron con nosotros en la Copa del año pasado y enfrente de los que la despreciaron (que es tanto como menospreciar nuestra historia). 

Abrimos aquí un pequeño paréntesis para agradecer sinceramente la implicación con nuestras reivindicaciones demostrada por parte de dos leyendas de la entidad como Mario Alberto Kempes y Santiago Cañizares. 

Nos despedimos reiterando nuestro respeto por vosotros y esperando que, como sabemos que también os duele el Valencia, estéis a nuestro lado en este tan difícil como ilusionante objetivo: recuperar un Valencia C. F. del que poder seguir sintiéndonos orgullosos.

PER UN VCF LLIURE, UNIM-NOS! AMUNT VCF!


dissabte, 23 de maig del 2020

ENSAYO SOBRE LA DESAZÓN (y antídoto personal para sobreponerse)



Seguramente no me equivoco si afirmo que la afición de nuestra Liga doméstica que con menos ganas espera el retorno de las competiciones futboleras es la valencianista. Si miras la clasificación, puedes pensar que hay equipos a los que les va mucho peor que a nosotros. Así que tiene que haber otra causa que explique esta desazón. Desafección significa perder el afecto, por lo que, aunque nos hayamos acostumbrado a utilizar este concepto, no nos sirve para definir este estado de ánimo colectivo. 

Como dijo el amigo Pau Corachán, no experimentamos ninguna alegría por el parón del fútbol. Simplemente, sentimos un alivio paralelo a la suspensión, aunque sea temporal, de esa tristeza que nos genera el día a día de nuestro club. 

A veces es bueno que llegue un tiempo de forzada pausa en la atropellada actualidad para que veamos los hechos con perspectiva y pongamos nuestros pensamientos en orden. Propongo huir de la tiranía de los titulares diarios para hacer una reflexión profunda. Los valencianistas necesitamos terapia. Estoy convencido de que hace falta revisar todo lo que nos ha sumido en el desasosiego sin recurrir a los manidos tópicos futbolísticos, que en estos casos solo sirven para enredar (de hecho, ese es su objetivo). 

Sugiero una relectura en clave ética de los desmanes que jalonan la trayectoria de Meriton. No caigamos en maniobras de distracción como que el presidente de las peñas ejerza de secretario técnico en la radio (entre otras funciones de escudo humano), se deslice que nuestro descontento tiene un origen racista o el club se enzarce con los periodistas críticos. Estas estrategias, con ser graves, pertenecen al manual de primero de manipulación de cualquier dictadura bananera que se sabe en crisis y busca chivos expiatorios dentro y fuera de sus fronteras. Son las desagradables manifestaciones externas de un problema que va, bien enquistado, por dentro. Las ramas que contribuyen a no dejarnos ver el bosque. 

Nos conviene, sin dejar de criticarlas, ser capaces de desactivarlas. Retomo el hilo para manifestar que la presencia de Meriton en Mestalla había sido asumida por muchos, entre quienes me cuento, desde una resignada conllevancia (debería estar prohibido citar a Murthy y un concepto acuñado por Ortega y Gasset en el mismo texto). Como una especie de castigo bíblico por el cúmulo de errores cometidos con anterioridad. 

Los hechos son tozudos y de una contundencia poco común en un mundillo tan poco dado a los análisis objetivos como el del fútbol. Solo en las temporadas en las que Meriton delegó amplias parcelas (la primera y las lideradas por Mateu y Marcelino) el Valencia fue un club con un estilo competitivo reconocible. La autonomía gestora de la propiedad conduce, irremisiblemente, a la mediocridad, al desencanto… En suma, al caos. 

Si bien el mantenimiento de unos mínimos estructurales en el club durante su primera campaña se debió a un parcial ejercicio de contención de los caprichos del propietario (que le pregunten a Pizzi…), la llegada de la dupla formada por Mateu y Marcelino obedeció, simple y llanamente, a evitar que la entidad entrara a medio plazo en el colapso al que la arbitrariedad decisoria (Neville como paradigma) le estaba llevando. 

Opino que es muy importante reconstruir, despacito y con buena letra, todos estos hechos para ver cómo encajan las decisiones de quienes desgobiernan nuestro club en un molde que nos va a disgustar. No estoy descubriendo la pólvora, pero a menudo nos dejamos demasiadas cosas en el tintero. Sin memoria, repetiremos los mismos errores. 

Por si a alguien le quedaba alguna duda sobre el fondo (las formas ya las teníamos claras) de Meriton, el verano de 2019 disipa todas. Viendo durante la cuarentena la reemisión de nuestra última final copera, me volvió a sacudir la pregunta esencial de todo este relato: ¿en manos de qué tipo de personas estamos para dilapidar por la cara todo ese capital de felicidad que tanto costó construir? ¿Qué clase de sadismo pueden albergar quienes actúan de esa manera tan malsana? 

Después, intenté buscar una explicación de cariz más racional, economicista, etc. El absurdo, en términos SAD, era todavía mayor. Por lo que la conclusión no podía ser otra que la que todos los valencianistas críticos teníamos clara desde que Meriton se cruzó en nuestras vidas: la utilización del club como un instrumento mediante el que mover dinero y contactos en el mercado persa del fútbol. 

Especulación con jugadores-mercancía, colocación de amiguetes agradecidos y privilegios de representación. Y, mientras tanto, hacer creer a la hinchada que existe algún proyecto mediante palabrería vacía (cantera, sostenibilidad…) que entra en absoluta contradicción con sus obras (véase Correia). Todo espíritu competitivo de la vía Meriton (que demuestra sistemáticamente ser lo contrario al mérito y a la capacidad) ha dependido siempre de dos factores: la inercia de las dos etapas de delegación a profesionales y la grandeza ancestral de una entidad que se resiste contumazmente a la autodestrucción. 

Por lo tanto, incido en el valor cualitativo de la liquidación del proyecto de Mateu y Marcelino. Supone la prueba fehaciente de que la incompetencia de Meriton no se debía a unos ciclos de ensayos, errores y aciertos. No creer en el VCF como un fin en sí mismo es parte de su ADN como inversores. No es extraño que utilicen la metáfora de David y Goliat frente al FCB solo unos meses después de haberlos noqueado con justicia en una final. Más amiguetes, más negocios… Por eso subastan a Rodrigo sin el más mínimo sentido del decoro, de los tempos de una negociación y del respeto a los criterios deportivos. 

Desde que llevo siguiendo al VCF, he conocido dirigentes cuyos mandatos, coincidiendo con el sentir general, podría juzgar como negativos. Pero creo que es importante no hacerse trampas al solitario al compararlos con los actuales. Entre otras cosas, por el hecho de que los antiguos mandatarios podían llegar a marcharse por una pañolada y no se ciscaban en el pueblo de Mestalla con la insolencia (las formas son importantes) de hoy en día. Partiendo de presupuestos morales, considero que la incompetencia puede ser disculpable. Me cuesta más transigir con el desprecio, la inquina, el cinismo, la mezquindad y la falta de empatía de quienes se jactan de “controlar el Valencia”. 

Un perfil como el de Anil Murthy, que encarna a la perfección las anteriores actitudes, supone una auténtica disrupción en la historia de nuestro club. Una anomalía que, como el grano de pus en la enfermedad, nos muestra que lo que se sospecha como pernicioso desde fuera es mucho más nocivo por dentro. Personifica nuestro escarnio público por la ristra de pecados cometidos. 

En este particular purgatorio, los encuentros que disputamos en las diferentes competiciones se revelan como un elemento más, la coartada, de la estafa piramidal que es el Valencia de Meriton. Una institución desnortada cuya pérdida de credibilidad, en la práctica, la convierte en pieza codiciada por parte de todos los filibusteros y trepas, que son muchos, del Planeta Fútbol. 

De ahí que no seamos pocos los que durante el confinamiento hemos encontrado unos buenos placebos en la revisión de partidos antiguos y la reorganización de nuestros archivos valencianistas. Personalmente, la vuelta a la cotidianidad de nuestro club solo me aporta la ya citada desazón. Y esta no depende de la proximidad o lejanía de la Champions ni de nada que se le parezca. 

Pero no se puede estar siempre repasando las fotos de glorias antiguas mientras el VCF que conocimos degenera. La única alternativa interesante que se me ocurre para afrontar esta desazón es la de ayudar a convertirla, desde mi modesta aportación, en un sentimiento proactivo que en el futuro pueda liberarnos del lastre de Meriton y sucedáneos. 

Pero, antes de que estemos en condiciones de alumbrar algo nuevo (doy por hecho que a nadie le gusta lo que tenemos ahora), es preciso salir de la resignación. Y escapar de ella pasa por ponernos de acuerdo en lo que nos desagrada y no languidecer eternamente en disculparlo en función de nuestros errores del pasado. 

Convengamos entre todos que el proceso de venta fue un ejercicio de ilusionismo colectivo deplorable y torticero, además de un cambalache perpetrado sin ningún tipo de garantías. Su legitimidad, a la luz de los hechos, está viciada. En el Derecho Bancario, si te venden un producto financiero sin transparencia y mediante prácticas abusivas, tienes grandes posibilidades de conseguir reembolsos cuando reclamas. 

El mundo del fútbol es diferente y en él operan modalidades societarias y subterfugios contractuales, si cabe, más abstrusos, por lo que es harto complejo deshacer un entuerto de esta naturaleza. Seamos autocríticos, por supuesto, pero no carguemos toda la culpa sobre el eslabón más débil: el aficionado común, que no tiene elementos de juicio suficientes para valorar determinadas cuestiones financieras y es fácil de seducir por los mercachifles mediáticos de la ilusión. Cosa muy distinta puede decirse de quienes sí disponían de conocimientos jurídicos o económicos para valorar el alcance de la martingala. 

Estos errores de nuestro pasado más cercano en ningún caso deben convertirse en escollos insalvables para articular nuevas mayorías de protesta. Esta es otra de las barreras psicológicas que hemos de superar para empezar a poner nuestro granito de arena en ese movimiento futuro que sirva para que los valencianistas podamos aspirar a disfrutar de un club en el que el aficionado cuente más que como un mero cliente. De un club en el que no tengamos que ver a nuestros dirigentes como unos sátrapas que nos humillan y nos avergüenzan, sino como los representantes legítimos, aunque podamos estar en desacuerdo con ellos, de la mayoría de nuestra masa social. 

Somos decenas de miles los que hemos invertido mucho tiempo y dinero en esta pasión sin esperar nada a cambio. Sin rendir pleitesía a ningún accidental jefe de SAD. Nos duele el Valencia. Meriton contabiliza la apatía como adhesión. Inhibirse, a medio plazo, mata. Si no protestas, ellos ganan y el VCF pierde. Rebélate, amunt! 


Simón Alegre (socio 5.042 del Valencia C.F.)

divendres, 15 de maig del 2020

UN VALENCIA DE COLORES

Lo primero que hizo Paco Roig al acceder a la presidencia del Valencia en 1993 fue devolverle al estadio su nombre original y teñir de negro las medias de unos futbolistas que desde hacía décadas lucían un blanco inmaculado en su uniforme. Pensó Roig que su decisión hacía justicia a los orígenes cromáticos del club, pero es posible que a día de hoy aún no sea consciente de su equivocación.

Al margen de sus colores corporativos, ningún equipo usó a comienzos del siglo XX medias que no fuesen de color negro, lo cual invita a pensar que esa diferencia respecto a camiseta y calzón que el Valencia presentó en sus orígenes obedecía a una cuestión práctica y no identitaria. Sencillamente no había calzas blancas en 1919.

La historia del fútbol está repleta de anécdotas referentes a la elección de unos u otros colores por parte de los clubes que hoy forman parte del universo futbolístico. Fundadores caprichosos que adoptaron los colores de su lugar de origen, baúles de utillería extraviados, guiños a una determinada filiación política... Mucho se podría escribir sobre ello, pero afortunadamente en el caso que nos ocupa, los colores del Valencia CF, no hay demasiado que investigar. 

El Valencia usó como alternativa a su primera equipación el rojo burdeos a lo largo de sus primeros cincuenta años de historia. Rematada con calzón negro, aquella camiseta tiene reminiscencias poéticas para aquellos que se han empeñado en ligarla al club que llevaba por nombre Torino, el mismo topónimo que lucía en la fachada del paritorio donde nació el Valencia FC, pero lo cierto es que nunca se sabrá a ciencia cierta qué propició aquella elección 

La década de los setenta fue la última del primer fútbol en lo que a equipaciones se refiere. La aparición de tejidos sintéticos y patrocinadores dispuestos a manchar las banderas sagradas que los futbolistas teñían de sangre y barro sobre el césped escondieron para siempre en un cajón de nuestra memoria aquellas camisetas de algodón que firmas como Condor o Mont-halt tejían para la mayoría de equipos de La Liga. Fue esta última, propiedad del expresidente del FC Barcelona Agustí Montal, la que diseñó el mono de trabajo de los nuestros desde finales de los sesenta hasta la irrupción de Ressy y Adidas, que se alternaron de forma curiosa entre 1977 y 1982.


Camiseta Mont-halt de 1976. Colección Jose Ignacio Ponce @CamisetasVcf

Un partido amistoso disputado en Mestalla en la década de los cincuenta nos dejó para la posteridad una postal preciosa. Faas Wilkes posa sonriente con Kubala, que había reforzado al Valencia para enfrentarse al Glasgow Rangers escocés. El holandes y el húngaro, junto a Di Stefano las grandes estrellas del momento, lucen la primera senyera de cuantas ha paseado el equipo en una clara expresión de orgullo patrio. Pese al papel que la historia le tenía reservado a aquel diseño en el imaginario del club, su presencia fue efímera y no se recuperó hasta 1977 en una visita al Santiago Bernabéu en pleno debate político por el diseño del nuevo mapa autonómico. Aquel partido supuso también el inicio de la relación que unió al club y a la firma valenciana de prendas deportivas Ressy, autora de aquella camiseta que el Valencia vistió en Chamartín puntualmente, recuperando una semana después la camiseta blanca Mont-halt que usaba habitualmente.


Senyera Ressy de 1977 y Adidas de 1978. Colección Jose Ignacio Ponce @CamisetasVcf

La próxima aparición de Ressy sería también con una senyera, la que diseñó para la final de Copa de 1979, la primera camiseta de tejido sintético que el Valencia ha usado, rematada con dorsal inglés, una pieza que marcó a toda una generación tras la cabalgada de Mario Kempes alzando los brazos al cielo de Madrid.

No fue en cambio la marca de la R la primera en estampar su logo en una camiseta del Valencia, a principios de esa misma década otra firma de la tierra, World Sports, estampó su anagrama en las camisetas que Mont-halt proporcionaba al club, convirtiéndose así el club de Mestalla en el primero que lució el logotipo de un espónsor técnico en España antes de que la RFEF decretara una prohibición que no levantó hasta 1980.

Corría el año 1974 y Mont-halt, con el beneplácito de los dirigentes de la entidad, dejó por primera vez el rojo en el armario para introducir otros colores que representaran la amalgama de luces, perfumes y estallidos sincopados que trazan el mapa genético de la ciudad. Fue así como el Valencia flirteó con el naranja por primera vez, rematado con cuello verde, y con un azul cielo que hallaba en un calzón más oscuro la armonía perfecta.

Fueron experientos de corto recorrido y se volvió al rojo, combinándolo en algunas ocasiones con pantalón azul, como en un partido disputado en Nervión en la temporada 1977/78. Es en esa misma temporada cuando Ressy comienza a hacer acto de presencia en las formaciones del Valencia. Y también Adidas, que le proporcionó al equipo una segunda equipación azul con las tres bandas blancas que obligó a Luis Arconada a cambiarse de camiseta antes del inicio del partido que enfrentaba en Atotxa a donostiarras y valencianos. La siguiente aparición del trébol de Adidas, la marca fundada en Herzogenaurach por Adi Dassler, sería en mayo de 1980 sobre el césped del estadio Heysel de Bruselas la tarde que el Valencia CF alcanzó el mayor éxito internacional de su historia. Curiosamente los jugadores que como Kempes o Bonhof tenían contrato con otras marcas para utilizar sus botas taparon el logo de Adidas con esparadrapo.


Camiseta Adidas Rainer Bonhof final Recopa 1980. Colección Alfredo Ramos @AlfredoRamosLa4

También aparece el logo del gigante alemán en la foto en la que el equipo posa con la Supercopa en Mestalla unos meses después, esta vez con el segundo y último modelo que Adidas diseñó como primera equipación. Fue durante ese corto patrocinio cuando el escudo se estampó serigrafiado en la camiseta, pero pronto desapareció, primero de la senyera, donde resultaba difícil de distinguir, y después de la camiseta local.


Senyera Adidas 1980. Colección Albert Carda @ValenciaMemora

El éxito de la senyera Ressy en la final de Copa de 1979 (tres de aquellas camisetas que se usaron en el Vicente Calderón forman hoy parte de las colecciones de quienes firman este texto) estableció de forma oficial nuestra bandera como camiseta alternativa hasta 1984, a excepción de las visitas a Salamanca y Vigo en la difícil primavera de 1983 en las que el equipo se presentó con camiseta y pantalón rojos, color que tuvo continuidad a partir de la temporada 1984/85 pero con calzón y medias negras.


Camiseta Ressy 1985. Colección Albert Carda @ValenciaMemora

La temporada que el Valencia disputó en segunda división fue la última de su relación contractual con Ressy, y en ella se recuperó nuevamente la senyera alternando el diseño original de la marca con una nueva versión de líneas más finas en detrimento de las cuatro barras rojas sobre fondo amarillo


Senyera Ressy 1986. Colección José Ignacio Ponce @CamisetasVfc

Con el regreso a primera división, otra marca valenciana, Rasán, se hace con el patrocinio técnico del club. No hay novedad en la primera equipación y la firma de Ramón Sánchez presenta una camiseta que perfectamente hubiese firmado su predecesora. La ruptura es en cambio total con el pasado en lo que a la segunda equipación respecta. La propuesta azul incorpora la senyera en el cuello y tiene buena acogida entre la afición, pero Rasán patina y la confecciona en algodón, un tejido ya en desuso en el fútbol profesional. Pronto se daría marcha atrás y se plasma su diseño sobre material más moderno, de forma que el tono varía respecto a la primera propuesta, proyectando esta última un azul más claro.

Los tres años de Rasán como espónsor técnico coincidieron con la vuelta del Valencia a su hábitat natural después del descenso al infierno.


Camiseta Rasán 1987 confeccionada en algodón. Colección Albert Carda @ValenciaMemora

En 1990 se presenta Puma como proveedor. La marca fundada por Rudolf Dassler siguió con la línea marcada por Rasán en sus dos primeras campañas con la única salvedad de la intruducción del naranja como alternativa al azul a finales de 1991. Fue en Atotxa, nuestro laboratorio particular para experimentos, donde se presentó aquella camiseta naranja, la segunda que ha usado el Valencia lo largo de su historia. Su diseño, idéntico al de su gemela azul con pinceladas de estuco veneciano, no triunfó y su presencia en la formación terminó dos semanas más tarde en el Carlos Tartiere de Oviedo. Curiosamente entre ambas citas se produjo la fusión bancaria de la que resultó Bancaja, la publicidad que se mostró en tierras asturianas en sustitución del Caja de Valencia que se paseó en Donosti.


Puma visitante 1991. Colecciónes de José Ignacio Ponce y Albert Carda

En la campaña 1992/93, última de Puma, aparece un nuevo patrocinador que ocupa buena parte del frontal de la camiseta, desatando el pánico entre los puristas. Mediterranea y su palmera multicolor no sería la única novedad aquel curso, ya que la segunda equipación vira hacia un azul más sobrio y aparece el rojo como tercera, aunque curiosamente acabó siendo utilizado en muchas más ocasiones, por lo que quizá deberíamos considerar esta última equipación la away y la azul la 3rd si utilizamos la terminología establecida hoy en el lenguaje específico del mundillo de las camisetas de fútbol.


Camisetas Puma 1992. Colección Albert Carda @ValenciaMemora

En el verano de 1993, de nuevo una firma valenciana estampa su logotipo en el pecho de nuestros futbolistas. Luanvi llegó justo en el momento en que se abría la veda en el mundo del fútbol al negocio del merchandising. Fue en los noventa cuando los colores corporativos comenzaron a prostituirse en aras del crecimiento económico y las marcas se hicieron dueñas absolutas de las camisetas de los equipos.

Camisetas Luanvi 1993. Colección Albert Carda @ValenciaMemora

En nuestro caso la coyuntura hizo que tardáramos más de una década en volver a ver una senyera y que el rojo burdeos, nuestro color alternativo de toda la vida, desapareciera para dejar su espacio a una tonalidad con la que se identifican las nuevas generaciones, el naranja que esta vez sí, Luanvi consiguió introducir para siempre el verano de 1998.

Camiseta Luanvi 1998. Colección Albert Carda @ValenciaMemora

Nike, Kappa, Joma, Adidas y Puma siguieron después la estela que marcan los nuevos tiempos, cambiando caprichosamente nuestros colores alternativos en función de las preferencias del mercado, con la prevalencia eso sí del naranja. También todas ellas menos Kappa y Puma han tenido a bien diseñar su propia senyera (dos en el caso de Adidas), aunque Puma, actual espónsor técnico del club aún está a tiempo de hacerlo, si bien todo apunta a que con buen criterio recuperará primero el rojo burdeos.

Senyera Nike 2004. Colección José Ignacio Ponce @CamisetasVfc

Fucsia, azul oscuro, gris, negro, azul claro... muchas han sido las propuestas que hemos paseado últimamente dejando de lado los colores que históricamente nos han identificado lejos de Mestalla, algo atractivo para algunos e imperdonable para otros. 

Más complicado resulta aún el debate alrededor de la primera equipación, ¿pantalón negro? ¿Pantalón blanco? ¿Medias negras? ¿Medias blancas? Más hilarante resulta la incorporación de adornos naranja en la primera equipación, un color que los puristas han aceptado con resignación para la camiseta visitante pero ciertamente no pinta nada en la primera.

Senyera Adidas 2015 y 2017. Colección Albert Carda @ValenciaMemora

Los colores del Valencia son su seña de identidad y por ello es lógico que sean objeto de debate. Son el reflejo de la más visceral de las aficiones, siempre a caballo entre la dualidad que la sustenta, entre el negro y el blanco, entre la senyera y el rojo burdeos mientras el naranja se abre paso a la modernidad.

Camisetas utilizadas por Arias, Saura y Felman en la final de la Copa del Rey de 1979 en el Vicente Calderón.


Albert Carda Serch 

José Ignacio Ponce Roda 

Alfredo Ramos Lafuente

divendres, 8 de maig del 2020

UNA DE PANCARTAS




Hubo un tiempo en el que las pancartas engalanaban Mestalla. Aunque, a decir verdad, tampoco demasiado, ya que ni la fisonomía del vallado ni las costumbres de la hinchada componían un lienzo tan atractivo como en el Calderón o La Romareda. Pero al menos la General de Pie daba el toque de color y calor. 

No me refiero en estas líneas a las pancartas-mensaje, tradición que implantamos en Mestalla antes que en ningún estadio de España. Me remito ahora a las que no fueron, como las anteriores, de usar y tirar. A esas pancartas concebidas para ser colgadas una y otra vez en los balcones de las gradas. Por lo general, las más resistentes y vistosas. 

Nos tenemos que remontar a los años noventa y, en especial, a los centrales de la década. Por entonces, en nuestro campo la libertad de expresión no era acallada a golpe de megafonía ni desincentivada a base de cacheos y otras coacciones. Eso sí, por ejemplo, el roigismo hacía sus pinitos en manipularla, precisamente, mediante el pancarteo. 

Pero, en general, al aficionado no se le reservaba la impersonal y aséptica experiencia de consumidor de hoy en día, que lo supedita a relleno de mosaico subvencionado, figurante de besamanos colonial o sostenedor de aplaudidor con instrucciones. 

Es este un pasaje, dentro de la gran historia de Mestalla, que a principios de los noventa viví por la tele (era pequeño y no me llevaban todo lo que yo quería al campo) y ya en el estadio desde que conseguí un pase de General de Pie Norte para la 96-97 (un vomitorio más escorado hacia Numerada de lo que lo estaba la Peña Roberto Mislata, Romis). Eran temporadas de pinchazo otoñal de la burbuja de Romario, de reparto gratuito de la revista Val de VAC y del “¡puta Antena 3!” los lunes por la noche. A partir de la 98-99, mudanza al balconcito de Gol Gran Bajo. 

Comenzaré este repaso de las pancartas, siguiendo el criterio de antigüedad, por el norte. Allí se podían ver, entre otras, las de Sempre Valencia, Original Group, Comando Ultra (en negro sobre amarillo), Anticulés, Armada Blanca, Bat Power... Aparte de las de Fossa dei Lubo´s (no confundir con el Lubo´s Gol Gran de 1994, ya en el fondo sur) y secciones de Yomus: Heysel 80, Inflón, Fernando, Catarroja, Atzeneta, Comando Ultra Paiporta, Benifaraig… 

   

Y algunas peñas, además de Romis, solían poner las suyas en norte: Gallo Che, Samaruc, Burjassot, Pumuki Barrio del Cristo… Incluso había una roja con Ochsenfurt escrito en letras blancas cuya trazabilidad siempre pensé que dirigía hacia Múnich. 



Y en el fondo sur recuerdo las de Corazón de Mestalla, Valencia t´estimem, Kop Valencia, 1923-1998 Any Mestalla, pero sobre todo las de Gol Gran y sus secciones de entonces: Patraix, Sang Che, Malilla, Grupo Zaidía, Akelarre, Godian, Boys Sur, Vega Baixa, Ontinyent, Perellonet, Russafa… 

Detrás de estas pancartas se solían agrupar vecinos de la misma zona, pero también compañeros de colegio. Maristas, Dominicos, El Pilar, IES Campanar, CEU San Pablo… Abro solo un poco el melón del valencianismo escolar, que también daría mucho de sí. 

En el VCF-Hércules de la 96-97 (el minuto de silencio por González Lizondo y el derby del milenio) se presentaron varias de estas pancartas con la misma estética (las iniciales del grupo flanqueando una cruz de San Jorge y a continuación el nombre de la sección, todo en blanco sobre negro). 

Numerosas eran las peñas que colgaban sus pancartas en el fondo sur: Obsessió Che, O Rey Mazinho, Va de Bo Alginet, Valencia Brothers, Carrilers, Politècnica… Y otras solían ponerlas en los desplazamientos: Che Collons Sueca, Circuito Oliag, Fernando Campanar, La Gamba Che Albuixech, Paniego 71… 

Vayan por delante mis disculpas porque seguro que, en este ejercicio de arqueología, me he olvidado de muchas pancartas y habré incurrido en más de una imprecisión. Este es mi pequeño homenaje a quienes dedicaron su tiempo y dinero a confeccionarlas, encargarlas o colgarlas. 

Poco después ya pude ser yo quien contribuyera a decorar Mestalla con ellas, pero eso ya es parte de otra historia (con sillas azules, en lugar de cemento, en las gradas). Una historia personal de valencianismo que, sin la aportación de quienes me precedieron, yo no hubiera podido escribir de la misma manera. 

Quizás sea un tema menor. Como mucho, una nota a pie de página en la gloriosa historia de nuestro club. Tal vez muchos lo/nos consideren una antigualla prescindible, pero la memoria no debe ser selectiva, sino compartida. Y, sin los jóvenes que se dejaron horas poniendo Mestalla de gala y han seguido renovando el pase hasta hoy, está incompleta. 

Me gusta recordarlo ahora que, en estos duros tiempos de la deslocalización del VCF, nos arrumban la tiranía de las compraventas, las normativas adocenadoras y los horarios intempestivos. Amunt!

Simón Alegre.