dilluns, 16 de març de 2015

Sin orden ni concierto

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Resulta revelador cómo nuestra mente salvaguarda con mayor nitidez las anécdotas o lo superfluo por encima de otras cuestiones esenciales. Creo que Mestalla nunca ha demandado grandes explicaciones porque sus moradores nos hemos contentado siempre con vivir al día y disfrutar de ello a la valenciana manera. No hay espacio para la urgencia de las clasificaciones y la incerteza de un futuro deslocalizado cuando, en las conversaciones entre adeptos, tiramos de anecdotario a modo de pedigrí valencianista. Nos olvidamos de las ataduras del presente y el único resultado que nos compete atañe a la exposición de estos relatos.

Fragmentarios, descontextualizados, deconstruidos, parcialmente modificados para acentuar su rareza; incluso, a veces, objetivamente rememorados… He aquí uno de los nervios de Mestalla y mi humilde contribución a la causa desde mi acontecer nómada por sus gradas.

El aleatorio orden de este anecdotario nos traslada a los cuartos de final de la Copa de la UEFA 96-97. Mestalla cuece la enésima remontada inconclusa, esta vez ante el Schalke 04. Cuarenta y cinco minutos antes del partido, horas antes de la Nit del Foc, nos encontramos los más fervorosos ya dentro del estadio, mientras suenan por megafonía “El Venao” y otros temas de la época y las Generales Norte y Sur dibujan sendos mares de banderas. Ante el furor de la marabunta, el speaker decide que corear los apellidos de los jugadores cuando se narren las alineaciones (por ejemplo, Andoni… ZUBIZARRETA!) supondrá un extra en pos de la victoria. Sorprendentemente, Mestalla, embriagado, responde tanto en el ensayo como tras la salida al césped. Meses después, verano mediante, el locutor lo volvió a intentar ante la visita del FC Barcelona, siendo en esta ocasión ignorada la iniciativa.

Peor salió el ensayo de un tifo de rollos de papel en el fondo sur (también contra el FC Barcelona, temporada 98-99), simultáneo a uno de cartulinas en grada central. Nuevamente, el speaker llamó al ensayo general (indicado expresamente para los de las cartulinas de grada central) desde su minarete, con la mala espina de que algunos también ensayaron con los rollos de papel. Ya era tarde para deshacer el entuerto…

Y no debe olvidarse que Mestalla fue pionero en tifos de rollos de papel (VCF-Real Madrid CF 89-90). También lo fue en la consagración del tifo sobre el césped, una extraña variedad, más bien performance, que se pudo ver antes del sacro VCF-RCD Espanyo de la campaña 01-02. La ocurrencia surgió de la reflexión relativa a que, si los aficionados de la grada central habían compuesto mosaicos durante toda la temporada, tenían derecho en este vital partido a contemplar un “tifo” delante de sus localidades.

Bien, continuemos con el repaso…

Como decíamos, los valencianistas hemos gustado de decorar nuestro estadio, mediante el desinteresado e ilusionado esfuerzo de los hinchas o también con la estridente distribución de colores para las sillas que sustituyeron a las de enea y al cemento, como las verdes de detrás de las porterías; o vallas, recuérdense las de las Generales pintadas de amarillo durante la segunda vuelta de la temporada 90-91. También cabría incluir la publicidad que se plasmó sobre el césped durante el Trofeu Taronja de 1987, de la cual no tengo recuerdo por cuestiones de edad.

Sí que me acuerdo de un hito que seguramente no tenga parangón en otros equipos de nuestra Liga (más allá quizás del Levante UD, por entonces en Segunda B), el de contar con una valla publicitaria contratada por un partido político. Se trataba de la de Unio Valenciana, visible al menos durante la temporada 94-95.

Como telúrica asociación de ideas me han sobrevenido los naranjazos que se propinaban a los jugadores del Real Madrid CF, fet diferencial de Mestalla. Tuvimos clausuras del estadio y apagones como todo hijo de vecino durante estos últimos veinticinco años, pero, para confusión y surrealismo máximos, aquel interminable descuento perpetrado por García de Loza contra el FC Barcelona en la campaña 91-92. Aseguran los testigos que decretó la conclusión del encuentro desde el túnel de vestuarios… Minutos antes había expulsado a un miembro de la Cruz Roja por un corte de mangas.

La banda de música merecería un capítulo aparte cuyo mejor narrador sería el finado Nicasio (el fondo sur no te olvida, “el del puro, oé!”). Mención especial para aquella animosa banda holandesa que entretuvo al graderío con sus charangueras evoluciones sobre el verde.

Sin duda, Mestalla es diferente. No tocaremos las palmas como los sevillistas, ni meteremos tantos decibelios como los colchoneros. Ni falta que nos hace. Así debió pensar el Último Pirotécnico, al que más de una década después de la prohibición de petardos y bengalas en recintos deportivos le pudo el gen explosivo de Mestalla y le dio por encender una traca en la banda de grada central para celebrar aquel primer gol de Claudio López al Liverpool (UEFA 98-99). La previa de aquel encuentro tampoco tuvo desperdicio, con Manolo saltando al césped con su bombo a cuestas y besando la hierba al estilo Juan Pablo II. Volvíamos a Europa, pero poco a poco.

No obstante, no sólo de grandes competiciones vive el hincha. También hemos podido ver deambular sobre el terreno de juego al hijo del malogrado Gadafi durante el último Taronja triangular y, tal vez, alguno pensaba que su recuerdo nunca volvería a manifestarse entre nosotros, pero me he permitido invocar el espectro de la Liga Autonómica. Por si la errática temporada 93-94 no había supuesto suficiente castigo para los valencianistas, la FORTA nos obsequió para matar el gusanillo con sendos grupos de tres de sus equipos asociados que lucharían por el título.

Tampoco resultó fácilmente clasificable el partido conmemorativo del 75 aniversario contra Brasil, en el que nos reforzaron Caniggia y Latorre, que además marcó un gol. Hubo tertulianos que se pasaron meses recomendando encarecidamente su fichaje en los aquelarres valencianistas…

El ejemplo perfecto de que tendemos a quedarnos con lo accesorio y soslayar lo solemne.

Dicho lo cual, después de acometer esta retahíla de anécdotas y rarezas, me alegro de poder integrarlas en ese coral relato valencianista que, como siempre, un poco a trompicones, vamos escribiendo.


Simón Alegre
Socio del Valencia CF
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