dimarts, 3 de març de 2015

Mestalla, estribillo de nuestras vidas

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Escribir sobre Mestalla es escribir sobre una parte de mi vida.

No es un brindis al sol, son setecientos cuarenta y siete partidos los que llevo contabilizados hasta la fecha en una vieja libreta que me compré en 1986 y en cuyas líneas, casi treinta años después, sigo dejando caligrafía y testimonio de los partidos que acudo al viejo estadio.

Antes de esa fecha ya frecuentaba Mestalla, pero fue entonces, a mis doce años, cuando inicié aquella especie de inocente redención para regresar a Primera, apuntando los resultados jornada a jornada.

No existía internet ni el teletexto y llevaba las cuentas para el retorno a donde nunca debimos dejar de estar, a lápiz y manubrio.

Empezó siendo terapia y luego se convirtió en adicción que hasta fecha de hoy me dura.

Y no es que esté dispuesto a acabar con ella, es que mi hijo Rober, en su diario, aprendió a escribir anotando los partidos que desde que nació acude conmigo a Mestalla.

Mi hija Aitana, de momento no sigue la tradición familiar, aunque para nuestra envidia, nació un 20 de mayo, no de 1923, sino de hace cuatro años.

Así somos el pueblo de Mestalla.

Y es que no hay lugar en el mundo con más sentimiento por metro cuadrado que Mestalla.

En su atmósfera, nada es indiferente, todo es extremo, lo bueno y lo malo.

Para lo demás, ya está la vida ahí fuera. Ella se lo pierde.

Cómo explicar Mestalla, pienso desde el fondo norte asomado tras el bonito mosaico de “Tornem” (nosotros nunca nos fuimos) mientras miro hacia el bar Penalty observando los ríos de vidas que van a parar, entre otras, a la Grada la Mar.

Y pienso en Mestalla como estribillo de una canción en eterna composición.

Posiblemente una balada (valga como homenaje a Rafa Lahuerta, trozo de grada de Mestalla hecha persona).

Imposible de explicar a quien no lo pueda entender, porque del corazón a la palabra pierde toda su intensidad. No hay atajo que valga. Se trata de sentir.

Pienso en Mestalla como estribillo de un “se alza el telón”.

Sentado en las rodillas de tu padre, hipnotizado, observas ese mágico universo recién descubierto en el que lo menos importante es lo que sucede en el terreno de juego.

Pienso en Mestalla como estribillo de ley de vida.

Emancipado en la vieja General, cuando ser joven y animar eran las únicas dimensiones del teatro. Irreductible pasión de cuando creíamos que la vida iba en serio…como todos los jóvenes allí estábamos, entre avalanchas llevándonos la vida por delante.

Pienso en Mestalla como estribillo del desengaño.

La verdad desagradable asomó en forma de Sociedad no tan Anónima y muy Antideportiva, degradándonos de Generales de Pié a soldados rasos y desconocidos. Pero nunca arrodillados.

Pienso en Mestalla como estribillo del imperio che-austrohúngaro.

Berlanga en el ambiente, “Mestallidos” como sentencias autóctonas, Universo Mestalla:

“El año que viene vendrá a verte tu puta madre.
Tu puta madre y yo, como hago desde hace 40 años”.

Pienso en Mestalla como estribillo de otoños en el calendario.

Y la frente, cada quince días, marchitándose entre gol y gol, y volver, volver, volver, a tus gradas otra vez.

Mientras el paso del tiempo blanquinegra tu sien, supimos reír por dos veces en Mestalla lo que lloramos en París y Milán. Y la cuenta no está saldada.

Pienso en Mestalla como estribillo de aprendizaje y madurez.

Del cielo al infierno en un segundo y viceversa.

Por cada héroe que vi en el césped, descubrí diez en la grada.

Pienso en Mestalla como estribillo de vuelta a la niñez.

Billete de regreso, noventa minutos más descuéntame otra vez aquel cuento con final infeliz.

Pienso en Mestalla como estribillo de un futuro incierto.

Me resigno a tu caducidad impuesta. Nunca les perdonaremos.

Aún no te has ido y ya te echo de menos.

Pienso en Mestalla como estribillo de caminos que no importa si no llevan a Roma.

Yo me bajo en Blasco Ibáñez o Avenida Aragón.

Brújula de mi ciudad y mi vida, incluso en verano sin campeonatos, fuerzo tu encuentro.

No quiero Valencia si ti.

Pienso en Mestalla como estribillo del relevo generacional.

Ahora son tus rodillas las que dan asiento a tu hijo, que hipnotizado, mira ese mágico universo recién descubierto en el que lo menos importante es lo que sucede en el terreno de juego.

Y te das cuenta que ya formas parte, como estribillo, de esa balada en eterna composición llamada Mestalla.

Así más o menos, te siento.

Así, sin duda, te quiero.


José Carlos Fernández Haba.
Socio del Valencia.
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7 comentaris:

Pere Alapont Cánovas ha dit...

Enhorabona pel text.Transcriure del cor al paper tot el que un sent per eixe edifici no és gens fàcil.

Anònim ha dit...

Genial post José Carlos.
Enhorabona.
Pepelu

Anònim ha dit...

¡QUE BUENO!

GRACIAS

BT

Oxímoron ha dit...

Yo también llevo un registro de resultados y goleadores. Desde la 89-90, aunque ya digitalizado. Me tranquiliza saber que no soy el único, jejeje!
Qué ilusión da cuando tienes unos cuantos tantos que sumar y nuevos goleadores que apuntar.

Anònim ha dit...

Pues os sorprenderiais con la que tengo yo liada. ..una base de datos y una hoja de cálculo. ..que la relleno cada semana.

PEPELU

Juan ha dit...

Es lo que te este blog, de cuant en cuant entres i te trobes articuls com este. Molt gran José Carlos, yo tame tinc eixe carnet de soci.

Salva Raga ha dit...

Textos como este a uno le reconcilian con un escudo caprichoso, imponente, capaz de sacarte de tus casillas y elevarte a la euforia más irracional... no hay remedio para nuestro compromiso... AMUNT SEMPRE