dimarts, 19 d’agost de 2008

El día de la Virgen

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Seguro que no te acuerdas de aquel día. Seguro que no, porque tú eres de esos aficionados que se sacaron el pase cuando el Valencia empezó a ganar títulos y a sacar pecho, hace sólo unos años. Pero te juro que aquel día lo que pasó en Mestalla fue la más sabrosa de las victorias. No ganamos ningún título, mas fue como si hubiéramos conquistado la Liga de Campeones.

Fue el día de la Madre, pero, en realidad, debió haber sido el día de la Virgen. Nos jugábamos no bajar a segunda división por primera vez en nuestra historia, en el último partido de liga y contra el Real Madrid, que tenía que ganar para lograr el título. A nosotros no sólo nos servía ganar. Teníamos que esperar a que perdiera Las Palmas en casa ante el Athletic, que también pugnaba por el título, que el Celta perdiera en Valladolid, que el Racing no ganara en el campo del Atlético de Madrid y que el Osasuna le ganara al Barcelona en el viejo Sadar. Toda una carambola. Habíamos hecho una temporada desastrosa, algo así como si Koeman hubiera entrenado al equipo todo el año, pero el destino nos concedió una última oportunidad.

En aquellos tiempos, los madridistas todavía se atrevían a ir a Mestalla y se les podía distinguir porque, cuando marcaba su equipo, saltaban como un resorte, como si hubieran estado escondidos toda la tarde, para celebrarlo. Había 10.000 madridistas en un Mestalla a rebosar, donde se respiraba esa desagradable soberbia que tan bien saben expresar los merengues. Estaban convencidos de que el Madrid ganaría la liga y que nosotros nos iríamos irremediablemente a segunda.

Algo ocurrió cuando quedaban cinco minutos para terminar la primera parte. Saura sacó un córner, Pablo peinó la pelota en el primer palo y Tendillo remató a puerta para marcar un gol para el Valencia. Pero no fue él, que yo lo vi. Fue la Virgen de los Desamparados, que cogió a Tendillo por la cintura y lo aupó para poder darle al balón el impulso necesario con el que besara las redes madridistas. Te juro que lo vi, como si aquella aparición divina fuera una revelación de lo que más tarde iba a ocurrir. Te juro que también vi, en la segunda parte, cómo la Virgen desviaba el balón en dos ocasiones hacia los postes de la portería de Bermell. Y no sólo eso. Sé que habló con algunos amigos para que el Valencia pudiera seguir en primera. Habló con San Isidro para que ganara el Atlético de Madrid, con San Fermín para que venciera el Osasuna, con San Pedro Regalado para que el Valladolid se impusiera al Celta y con como coño se llame el patrón de Las Palmas para que los canarios no doblegaran al Athletic.

Aquel día vi llorar en Mestalla a más gente que nunca. A los madridistas, de tristeza, por haber tirado la liga en el último partido; a los valencianistas, de alegría, por haber salvado la categoría. Aquel día la Virgen nos dio una segunda oportunidad. Tres años después dijo que ya no se movía y nos fuimos a segunda. Pero no te puedes imaginar la alegría de aquel 1 de mayo de 1983. No, no te la puedes ni imaginar.

Paco Gisbert.
Socio del Valencia CF
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4 comentaris:

Anònim ha dit...

Paco "Fontanarrosa" Gisbert.
Bravo!

V. Chilet

www.checheche.net ha dit...

Sos Pele...

V Molins

Mgb ha dit...

Genial.

Unos amigos madridistas que hoy rondarán ---rondarían, que uno ya está muerto--- la sesentena me contaron que en un Valencia-Madrid celebraron con entusiasmo un gol de Zamorano y empezaron a lloverles naranjas. Todavía me río de imaginarlos bajo la lluvia de cítricos - y de insultos.

Espléndida iniciativa la del blog, por cierto. Les sugiero que quiten el requisito de la comprobación de palabras, que es un coñazo y no arregla nada - o muy poco.

Saludos.

Anònim ha dit...

Un partido así ahora no lo podría soportar.
La semana en si fue otro drama. Kempes sancionado, la muerte repentina de Rafa, uf.
Recuerdo que ese sábado previo jugué en Paterna un partido amistoso contra el infantil del Valencia y nos acercamos al entrenamiento del primer equipo. Se nos salía a todos el corazón por la boca. Y se respiraba un ambiente de drama del copón. Lo dicho, ahora no lo aguantaría.

bar Torino