dijous, 18 de setembre de 2008

Banqueta visitant. CA Osasuna

·
Te llamabas.

[Álvaro Oyarbide junt a Claudio Ranieri, el juny de 1999, pocs dies abans de la final de Sevilla]

Sólo son dos fotos. Y gracias que las hicimos, porque en caso contrario el paso del tiempo hace difícil acreditar que pasaron las cosas. El escritor Cesc Nooteboom explica sus sensaciones al contemplar una foto desconocida, y tiene sentido en un blog en el que las fotos juegan un papel tan protagonista:

“Por ello gozamos del derecho de mirar a los desconocidos tal como ellos nos mirarían a nosotros si algún día encontraran nuestro álbum de fotos en el rastro, algún día, al cabo de mucho tiempo. Ellos verán entonces cómo nuestra familia aumenta y disminuye, verán a los que se añadieron, verán cómo crecimos y menguamos, y nosotros les miraremos con la cara seria o con una sonrisa, enamorados, viejos o llenos de esperanza, solos o en compañía de otros, y, sin saber nada, sabrán mucho de nosotros, y, con una ligera sensación de melancolía, cerrarán nuestro álbum sabiendo que se han mirado a sí mismos, la saga de las posibilidades humanas representada por unos desconocidos en el mismo país o en otro, en otro tiempo o en el mismo, si bien otra vida”. [1]

En la primera aparece Álvaro Oyarbide con Ranieri. La segunda que ilustra esta “entrada” no es cualquier foto. Acredita que crecimos y menguamos. Describe aquella esperanza y una melancolía. ¡Ahí van esos once! Es el reservado de Kailuze una semana antes de la final de Sevilla de 1999. Quizá yo no soy el más adecuado para esto, porque no llegué a ser amigo de Álvaro Oyarbide como Juan Lagardera o Paco Lloret. Respeto demasiado el sentido de la palabra amigo. Pero nos conocimos y compartimos años de cenas, risas y confidencias mensuales. En aquel tiempo una serie de irredentos merengues montamos una tertulia futbolística en Kailuze, y la dejamos en las manos gastronómicas de Álvaro Oyarbide. Estas son las fotos de la cena del mes de junio de 1999, con la incógnita del resultado en Sevilla, y en el estomago risotto y canutillos de crema. Todos los que están son, pero también otros compartieron ilusiones y proyectos inocentes y dejaron su huella: Pere Blasco, Aleixandre, Lagardera, Miragall o Todolí. A falta de acciones nos llenamos la boca de valores, mitos y leyendas. No pensábamos en un club campeón. Queríamos un club mejor, con mejores personas, sin eructos institucionales y quizá un poco más letrado. Buenas maneras frente al trazo grueso. Vino gente importante, aunque no pretendíamos ni salvar el mundo, ni postularnos para cargos. Estábamos enfermos, pero no de vanidad, atrapados en miles de detalles, en partidos incruentos, en derrotas humillantes, en inercias dolorosas, en complejas discusiones cromáticas sobre el equipaje del club. Escuchar la salmodia de Pollos Asados Casa Cesáreo o rememorar la propaganda de Viajes Valencia Travel (“A Madrid, a Madrid, a Madrid, con nuestro Valencia Club de Fútbol, a Madrid, a Madrid, a Madrid”), era suficiente para desencadenar un código secreto de entendidos, tontorrones connaisseurs de una historia plagada de guiños, sillas gol, anuncios de Mas Masiá y cromos de Tatono, de la que no nos podíamos desembarazar.
[Alguns dels components de la tertúlia amb Claudio Ranieri el juny de 1999. Foto presa per Álvaro Oyarbide al reservat del seu restaurant Kailuze]

A lo largo de aquellos años crecieron proyectos algo estimulados por la atmósfera generada por ese grupo de periodistas y buena gente que hoy todavía somos amigos. El libro colectivo Once titulares, los libros de Paco Lloret o Alfonso Gil. Álvaro era navarro, de Alsasua y de Osasuna. Pero aprendió a querernos y se hizo nuestro. En más de un sentido él se nos impuso, y nosotros también nos lo ganamos. Kailuze pudo ser un local vasco-navarro para refugiados gastronómicos en la tierra del arroz, pero Álvaro, sin renunciar a su Osasunica valiente, quiso crecer con nosotros, y pelear también por una profesión, la suya, una ciudad, Valencia, y un equipo, el Valencia, con la mejor de las fortunas.

Osasuna nació un año después del Valencia. Tuvo como portero al abuelo de Emery. Osasuna jugó en Mestalla el primer partido de la posguerra contra el Valencia, y la conexión navarra fue siempre amable y poco agresiva. Su visita siempre fue muy favorable, aunque Osasuna y El Sadar eran para mi sinónimo de partido perdido. De marcador 2 a 1 en tarde triste de domingo. Su himno revelaba bien a las claras una naturaleza luchadora:

“El "once" de Osasuna, valiente y luchador defiende sus colores con brío arrollador y por eso los hinchas le gritan sin cesar Osasuna Aupa, que tú sabes triunfar. De tu blusa y tu bandera, fuerte y rojo es el color de tu blusa y tu bandera como el roble montañés y el vino de la ribera vibra en tí Navarra entera en donde quiera que estés. Artistas en el juego, dominan el balón derrochan valentía y luchan con tesón y el público entusiasta así suele gritar Osasuna Aupa, que tú sabes triunfar. Osasuna valiente, no dejes de luchar que Navarra te admira porque sabes jugar, Osasuna valiente, juega con ilusión que jugando y venciendo tú serás campeón”.

El Osasunica rojo, luchador y valiente era un equipo y unas actitudes que cuadraban con la personalidad de Álvaro Oyarbide. Noble, arrollador y entusiasta. Pero Kailuze y Álvaro ya habían sido ganados por nuestras formas, y sin compartir la militancia de los detalles, Álvaro fue valencianista desde la ilusión. No sé porqué dejamos las tertulias. Él y yo nos volvimos a ver tres o cuatro veces en el local, y aún recuerdo un encuentro casual por la Gran Vía una tarde de sábado, de atardecer burgués y delicado en Aquarium, en la que me erigí en experto consejero en la elección de colegios para su hija.

Álvaro, el osasunica valiente, el valencianista maduro nos dejó. A su entierro en Alsasua acudieron los jugadores de Osasuna Patxi Puñal y César Cruchaga, y el presidente rojillo Patxi Izco. Pero el féretro fue a hombros de Rubén Baraja, Miguel Ángel Ferrer “Mista”, Xavier Eskurza y su hermano Fernando. Alvarete era ya uno de los nuestros.

Durante años compartimos guiños y proyectos. Los nuestros y los suyos. Al final Kailuze llegó a ser punto de referencia inexcusable de la Valencia deportiva, y su reservado un lieu de memoire con el que se podría explicar la reciente historia del club.

Durante años compartimos sus frases y gestos, sus muletillas y anécdotas. Su empeño profesional y su pasión por la vida. Sus difíciles inicios en Valencia. Indurain y Zubizarreta, Gerard o Penev, el gran Pasieguito. Para las quince o veinte personas que compartimos aquellos años, el Osasunica valiente siempre nos convocará su recuerdo. Y al contemplar estas fotos, las únicas que hicimos de aquellos años, recordaremos aquella expresión, retando alegre al interlocutor, “Te llamabas…”, que ya será para siempre, la memoria inmediata del rostro alegre de Álvaro Oyarbide.

[1] Cees Nooteboom. “Foto”. Babelia. El Pais, sábado 16 de agosto de 2003


Miquel Nadal Tárrega
Socio del Valencia CF
·

4 comentaris:

Paco Gisbert ha dit...

Hermoso homenaje al gran Álvaro. Por cierto, en la foto se aprecia lo mayores que nos hemos hecho en 9 años. Un abrazo

Anònim ha dit...

Dos anécdotas.

La primera es cuando contó como en el palco vip se hizo pasar una vez por secretario técnico. Tenía delante a dos tías imponentes dándole a la sin hueso y el muy cabrón se puso todo serio y les dijo: "señoritas por favor, estoy trabajando. No hablen tanto".

La otra es de la última vez que fui a cenar a kailuze. En verano de 2005. Como hacía siempre se sentó en la mesa con nosotros y echó un vistazo a la parejita de al lado. Ella estaba buenísima y Alvarete dijo: "me cago en dios, con lo buena que está ella y la cara de tonto que tiene el maromo"

Un crack.

bar Torino

Anònim ha dit...

Y Miguelón al fondo, emarcado. No podía faltar. Je, je.

bar Torino

TheoSarapo ha dit...

Yo estuve en Kailuze y creo que Alvaro me estrechó la mano. Si no fue así, es que guardo del local un recuerdo de novela escrita por Rafa Lahuerta.