dimecres, 3 de desembre de 2008

El gol más rápido de la historia

·"Lobo" Diarte, Mario Alberto Kempes i Dario Felman, els tres protagonistes de la jugada.

Nunca me han gustado demasiado los goles madrugadores, aquellos que llegan en los compases iniciales cuando todavía no le has cogido el aire al partido. Te pillan un poco descolocado. Creo que son goles que se olvidan rápido porque todavía queda mucho por delante y su influencia en la suerte de un resultado es muy relativa. Recuerdo, claro está, aquella espectacular mascletà al Lazio que encumbró a Gerard como algo inaudito porque se marcó más de un gol en una apoteosis inicial sin precedentes. Pero a pesar de todo, en el guión soñado de los partidos ideales el gol que te lleva al éxtasis, aquel con el que revientas de gozo es el marcado en los últimos instantes, a la desesperada, después de un asedio infructuoso ante un rival que se las promete muy felices. Esos han sido los que más placer me han proporcionado desde que a finales de los sesenta vi a Paquito batir la portería de Ñito en un Valencia-Granada con un chutazo desde fuera del área que entró por la escuadra en tiempo de descuento. Ese fogonazo te devolvía en un instante la felicidad cuando ya te resignabas al triste empate a cero y la melancolía insoportable del final de un domingo se apoderaba de ti. Por eso nunca quería abandonar la grada hasta que el árbitro pitara el final. El estruendo de un gol in extremis mientras los impacientes y los escépticos se amontonan en los vomitorios de salida me parecía el mejor desenlace y disfrutaba pensando en aquellos agoreros que después de renegar se iban malhumorados antes de tiempo y se perdían lo mejor de la tarde. Era el mejor escarmiento. Imaginaba su rabia al escuchar el alborozo de los que se mantenían en su localidad sin perder la esperanza en el Valencia.

Los goles postreros con carácter decisivo siempre han sido los más celebrados, el grito más desgarrador de la grada se ha escuchado en ese momento mágico en el que la afición se ve recompensada después de aguantar hasta el último instante. En la galería de los mejores, recuerdo el de Forment al Celta en la liga del 71. No he visto algo igual en Mestalla. Todos puestos de pie a la espera de un milagro en forma corner. El Valencia necesitaba ganara para seguir primero y lo logró en una explosión de júbilo tremenda. La célebre remontada al Madrid con Fernando y Robert de goleadores después de sendos cabezazos. Un gol de Ansola también al Madrid en una jugada confusa o el de Keita al Zaragoza en el 76, partido televisado, y con ambos equipos en situación delicada. Sin embargo hubo un gol madrugador que batió todos los registros. Lo marcó el “Lobo” Diarte al Elche el 4 de diciembre de 1977, hace justo 31 años. Marcel Domingo era el entrenador y el Valencia solía en aquel período despachar con autoridad los partidos en casa pero fuera estaba abonado a derrotas mínimas. Ibas a Mestalla confiado, sabías lo que te esperaba. Apenas sufrías, aunque después de este partido contra el Elche el equipo entró en una racha negativa a partir del 1 de enero del 78 cuando perdió contra la Real Sociedad, en una tarde de frío y resaca insoportable.

Creo que es el gol más rápido de toda la historia pero la falta de documentos audiovisuales de aquel choque impide certificarlo. Lo curioso es que esa jugada se ensayaba y nunca salía bien. Aquel día todo sucedió según lo previsto en la pizarra. El portero del Elche era Esteban, recientemente fallecido. Se colocó algo adelantado en la portería del Gol Xicotet. El Valencia sacó de centro, Diarte tocó hacia delante y se marchó raudo hacia el área ilicitana mientras que Felman retrasaba el balón para que Kempes lo lanzara en largo a la cabeza de Diarte. El pase teledirigido llegó al “Lobo” que remató sobre la marcha en una extraña postura. El balón superó al portero que se quedó clavado y entró en la portería ante la incredulidad general. Por supuesto, hubo gente que se lo perdió por llegar tarde. Quienes estábamos en la general de pie del Gol Gran cerca del reloj lo vimos asombrados y lo celebramos con cierta perplejidad. Para más inri, Diarte sólo marcó ese gol en toda la temporada. El partido acabó 4-1 y Kempes acabó siendo la figura del partido con un par de goles. El tanto del Elche tampoco estuvo mal, lo marcó Trobbiani antes del descanso y Mestalla le aplaudió.

Los jugadores del Valencia lo volvieron a intentar en otros partidos pero ya nunca les salió la jugada y ni siquiera eran capaces de poner en aprietos al rival. Con el paso del tiempo desistieron. Al final de aquella temporada Mestalla modificó su aspecto clásico con una reforma que prometía la llegada de tiempos felices, el equipo volvió a Europa después de un lustro de ausencia, Kempes confirmó su reinado antes de coronarse en el Mundial de Argentina y la estrella del Lobo se eclipsó aunque nos dejó la secuencia imborrable de un gol que nunca más se ha vuelto a vivir en Mestalla.


Paco Lloret
Socio del Valencia CF
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7 comentaris:

kawligas ha dit...

Estimado Paco, recuerdo aquel gol perfectamente, y también lo que suponía como declaración de intenciones: la de ir a por el equipo contrario desde el saque de centro. Y sí, nunca más volvió a ocurrir. Como apuntas en el post, a mí también me gustan más los goles in extremis, con los que el contrario queda sin posibilidad de reacción.

Anònim ha dit...

Tarde de lluvia aquella. Recuerdo aún mejor el segundo gol de Kempes, una falta al borde del área del Gol Gran con todo Mestalla cantando al unísono el grito de guerra...que yo recuerdo haber oído por primera vez precisamente ese día. Keeeeeempeeees, Keeeeempeeees....

Pena lo del Lobo, era muy bueno, pero lo disfrutamos muy poco.

bar Torino

Romi ha dit...

Maestro recuerdo que ese gol me alegro especialmente porque desde el 75 y tras un 0-0,temia mucho al portero,tipo alto,poco pelo,bigote y camiseta verde,que de 90 minutos seguro que media hora se la pasaba con el balón en sus manos.Estuvo bien porque en el anterior partido en casa contra el Burgos,ganamos en el descuento y de penalty de Mario y a romper por el centro uff!.Saludos
de tu pequeño saltamontes.........

Anònim ha dit...

Magnífico.

No "viví" aquel gol de Diarte. Mis primeros recuerdos nítidos empiezan en 1985. Comparto que los goles postreros tienen un sabor mucho más intenso que los anotados nada más empezar el encuentro. Esa sensación de estar como descolocado en esos goles tempraneros la tuve incluso en la final de Milan, con el penalti de Mendieta...

La explosión de alegría más intensa, sin duda, la tuve con los dos cabezazos de Fernando y Roberto al Real Madrid. Inolvidable noche. Tenía unos 14 años y creo que esa fue la primera ocasión que lloré de alegría por un gol.

Es curioso, algunas victorias y algunos partidos me impactaron más que la consecución de títulos (a excepción de la Copa del 99).

V. Chilet

Anònim ha dit...

Coincido en que la emoción del desenlace en los últimos instantes nos ha dejado huella en Mestalla y no siempre para júbilo y disfrute.

De aquella epoca de los Felman, Kempes y Diarte: espectacular remontada y un grato recuerdo de la eliminatoria contra el Barça en la Copa del 1979. Copa que ganamos y nos llevó a Bruselas al año siguiente a por la Recopa.

Alfredo Cardona

Anònim ha dit...

Siempre que salen las tipicas estadisticas del gol mas tempranero de la historia de la liga me acuerdo de esa jugada y, al repasarla mentalmente, pienso que no pudieron transcurrir mas de cinco segundos entre que pito el arbitro y marco Diarte. Pero, como dice Paco, no hay imagenes para certificarlo.
Paco Gisbert

Anònim ha dit...

Que tal Paco ???

Y mas recientemente otro gol postrero e inolvidable fue el del Pipo Baraja, en la primera liga de Benitez, contra Osasuna (2-1), jugada siguiente a una en la que Djukic sacó un remate de Pipa Gancedo en la raya de meta, jugada muy similar a la archiconocida de Cardeñosa.

Siempre lamento las pocas imagenes que disponemos de aquel VCF de finales de los 70, una lástima.

Un saludo
Jose Miguel Lavarías.