dilluns, 1 de desembre de 2008

Mujeres de armas tomar: Livia Soprano y Sophia Petrillo

·
Livia Soprano en Mestalla

No vi morir a Chanquete en directo y durante años he sido incapaz de ver una serie completa. Por eso tiene doble mérito que finalmente "Los Soprano" me hayan enganchado de una forma tan rotunda. Ahora voy por la cuarta temporada y soy consciente de que llegaré al final. Como al final llegué para saber porqué desde los primeros capítulos, la figura de Livia Soprano me resultaba tan familiar. "Yo a esta mujer la conozco" me decía tras cada una de sus apariciones. Y así capítulo tras capítulo hasta su muerte. Ese día, justo cuando la bruja de Janis organizaba algo parecido a un memorándum a la contra, vi con lucidez a Livia Soprano como la mujer de la limpieza que durante los años 80' ocupaba la banda de numerada de Mestalla y posteriormente la de tribuna.

Nuestra Livia Soprano era una mujer de armas tomar. Se le atragantaban los insultos en la boca con una facilidad pasmosa. Y de un lacerante fill de puta pasaba a un no menos impronunciable fill de Satanás. Entonces olvidaba que representaba al club. Y no importaba el babero con el escudo deshilachado que siempre parecía a punto de caer. Se volvía intratable. El cigarrillo hecho colilla no hacía sino aumentar sus dotes de mujer con gran talento para el insulto ametrallado.

No era precisamente una niña, y ya entonces, mediados los 80', debía superar la frontera de los 60 años con claridad. Se ocupaba de los lavabos de mujeres pero también de mantener el control sobre árbitros y liniers. Su aspecto físico le confería un aire de cabaretera retirada. Facciones marcadas, pelo corto teñido de rubio, voz de carajillera y ademanes vitalistas. Debió ser una mujer guapa en su juventud. Siempre hablaba en valenciano y supe, algunos años después, que había vivido toda su vida en el Grao, en territorio comanche. Lo cual explicaba de alguna manera su fervor y su carácter.

Durante los años 90' la vi languidecer en tribuna; ya no era la misma. Su preferido era Arias, que siempre tenía una palabra y un gesto para ella. Pero yo siempre la recuerdo por un partido a domicilio, en Elche, en octubre del 86', en segunda división. Fue un viaje organizado por los empleados del club. Estábamos detrás de la portería del gol sur y tras un lance del juego se lió la típica. De repente empezaron a llover hostias a granel, de un lado y de otro. Hay una foto en "La hoja del lunes" donde aparecemos mi padre, mi hermano y yo en mitad de la trifulca. Creo que fue justo un segundo antes de que Livia Soprano le metiera un paraguazo a un hombrecillo del Elche. Fue un instante, porque la siguiente escena es Livia Soprano rodando por las escaleras del Martínez Valero y una camilla de la Cruz Roja llevándosela a la enfermería. De aquella salió viva pero con la moral tocada porque creo que no volvió a viajar nunca más con el equipo. Festejó el ascenso y acabó en tribuna, más tranquila y sosegada. O quizás fueron los años, que incluso a una mujer indomable como ella le pasan factura. Sin duda, este blog también le debía un recuerdo. Fue historia viva. Y todos, aunque con algo de miedo, le teníamos cariño.

La superabuela

Para hablar de la Superabuela lo primero es visualizar a Sophia Petrillo, la más veterana de "Las chicas de oro", aquella serie televisiva. Os ayudará a meteros en su historia. La superabuela era aún mayor que nuestra Livia Soprano, lucía gafas y debía medir metro y medio más o menos. Siempre con falda estucada. Siempre con el bolso bien cogido de la mano. Siempre pidiendo tabaco. Vivía en la calle Camarón, en pleno barrio chino, y se movía por Valencia y alrededores con una Mobilette primera generación que conducía su hijo. Su hijo, para que nos ubiquemos, es en la actualidad algo así como el Españeta del Mestalla. Lo es desde al menos hace 15 años y no creo que haya nadie en toda Valencia que lleve con tanto orgullo el chándal de nuestro club como él. Pero este es el post de su madre, de la mítica superabuela.

Pese a tener caracteres muy similares no hay noticias de que hubiera buen rollito entre Sophia y Livia. Más bien se miraban de reojo, como si hubiera cuentas pendientes o recelos entre ambas. Es cierto que Sophia ya no trabajaba para el club pero su presencia en los partidos del Mestalla y en casi todos los desplazamientos era una constante. Solía viajar gratis, a veces con los primeros Yomus, que la trataban con respeto y cariño reverenciales. Y luego, con invitaciones, entraba en los distintos campos, donde más que a ver los partidos se dedicaba a incordiar yendo de un lado a otro.

La superabuela, que había nacido en el sur, era del Valencia de una manera enfermiza. En realidad, lo suyo era insultar a los rivales. Tenía un repertorio infinito, más creativo y amplio que el de Livia, aunque no tan sonoro. Más que gritar susurraba. Pero los susurros, cargados de bilis y mala leche, no la impedían meterse en continuas querellas. Los aficionados rivales se reían pero ella no se amilanaba. "Reiros, reiros, so mariconazos, no tenéis cojones ni pa callar a una vieja". Dominaba el arte de la provocación con grandes dotes y su boca desdentada era un catálogo de insultos al por mayor. Lo mejor en ella es que nunca descansaba, y así, muchos domingos solía ir al campo del Levante para encabronar al personal granota. Creo que era de las pocas personas en Valencia que se tomaba en serio la rivalidad. Quizás porque, lejos de dedicarse sólo al primer equipo, la Superabuela se recorría toda la provincia siguiendo al filial, al juvenil y a cuantos equipos llevaran el nombre del Valencia CF. Durante los años de plomo su presencia era sinónimo de entusiasmo y lealtad sin límites. La pena es que perdí las fotos donde bajo la nieve, con pleno sol o incluso algo tajada por efecto del vinazo, la superabuela sonreía a la cámara orgullosa de su Valencia. Siempre nos pedía más animación, más entrega, más cojones. Pero no era posible. En el fondo, ella tenía más que nadie.

Rafa Lahuerta Yúfera
Socio del Valencia CF


-->

5 comentaris:

kawligas ha dit...

Es un privilegio leer sobre estos personajes que no todos conocimos en su día, sobre todo por la ubicación en el campo y la falta de espíritu guerrero de algunos graderíos.
Como nota al margen: Los Soprano es, probablemente, la mejor serie de ficción de la historia de la TV. Un fan reconocido de Tony Soprano.

Anònim ha dit...

Qué post más entrañable. Muy bueno Rafa!. En Los Soprano, se nota la presencia y la influencia de Livia Soprano mucho más allá de su muerte (es más, creo que es el personaje que condiciona todo lo que sucede en la serie). Con textos así, la Livia Soprano y Sophie Petrillo mestalleras seguirán también eternamente presentes.

Otra nota al margen: De acuerdo con Kawligas. Los Soprano es la mejor serie de la historia. Una película de 80 horas, como dijo Boyero. Y no sé hasta que punto puede ser considerada una serie de ficción por su tremendo realismo.

Saludos!
V. Chilet

Neófito ha dit...

Añado un par de mujeres que podrían ayudar a completar este inventario sobre maduras apasionadas por el VCF.
A la primera nunca la conocí, pero guardo el recuerdo de una mujer ya mayor que más o menos desde el córner de enfrente de tribuna del fondo sur se pasaba medio partido ondeando una bufanda de lana de la senyera a través de la valla. Esta imagen fue un clásico de muchos partidos televisados de principios de los noventa.
A finales de esa misma década sí que conocí a Vicentica (no sé si era su nombre real, pero todos la conocíamos así), una mujer que rebasaba sobradamente la cincuentena, pero con una vitalidad y un desparpajo espectaculares. Creo recordar que pertenecía a la Penya La Gamba Che de Albuixech, aunque ese detalle no lo controlo del todo, y coincidí con ella en algún viaje de Gol Gran. Vicentica, apostillando siempre alguna sentencia en valenciano sobre lo que estaba ocurriendo y le hacía gracia, se fumaba unos puros de órdago y no desentonaba para nada entre el jolgorio de los congregados. Las últimas veces que la vi estaba ubicada tras la portería del gol sur, ataviada con bufanda de GG.

Anònim ha dit...

También era genial la madre de los hermanos Bonilla. Una mujer excepcional. Por la fortaleza y por la generosidad que destilaba. Creo que sigue yendo al campo aunque hace por lo menos 8 ó 9 años que no la he vuelto a ver. Que con más de 50 años estuviera en primera línea de apoyo en la general del gol Gran lo dice todo.

Y ya en el ámbito familiar he de hablar de mi propia prima. La hija mayor de mi tío el mayor. Va al Gol Gran desde 1955. Recuerdo que había veces que estando en la general oía un vozarrón como de las cavernas clamando: ¡¡primo, primo!! y que yo muchas veces, por pudor adolescente, prefería no oir.

Ahí sigue, en su gol Gran, ahora ya sentada. La patriarca del clan.

bar Torino

Anònim ha dit...

Existe una foto de la superabuela en la colección de revistas del VCF (periodo 1977-1982)

Ahora mismo no tengo a mano la revista en la que sale pero si tenéis tiempo y paciencia seguro que la encontráis. Es un reportaje que le hicieron junto con un jugador del Mestalla o del entonces llamado Valencia Aficionados del que se declaraba fan incondicional.

Sería un punto poder subir esa foto al post.

bar Torino