divendres, 5 de desembre de 2008

Érase una vez un club de fútbol…

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“Érase una vez un club de fútbol con casi noventa años de historia a sus espaldas. Con una cantidad de títulos lo bastante amplia como para que sus seguidores, socios y simpatizantes supieran que tenían tras ellos lo que podríamos denominar, sin temor a ser exagerados, una orgullosa historia. Hecha de todo tipo de azares: triunfos memorables, derrotas humillantes, cambios de campo, cambio de presidentes, juntas directivas y con una masa social fluctuante, que en los últimos lustros siempre había crecido y crecido. En los tiempos de nuestro relato, esa masa social, llámese socios, abonados, accionistas o todo ello a la vez, apoyaba al equipo con todas sus fuerzas, fuera el equipo bien o mal, estuviera en lo más alto de la clasificación o luchara por eludir un descenso. Hecho éste que solo haría revivir una pesadilla ya casi olvidada, materializada en tiempos pretéritos. En los tiempos de esta historia extraña y desconcertante, el amor al club, a los colores, al equipo, no se medía en modo alguno. Hubo una época, ya superada, en la que pasar una noche a la intemperie junto a las taquillas del estadio, dotaba de certificado de amor incondicional al club al aficionado o aficionada, que, a la sazón, era premiado con entradas para poder asistir a una final o con un abono esquivo para la mayoría de los mortales. Mucho antes de esa época, ya superada, se conoció la noticia de que con un sistema telefónico, arcaico para los tiempos de nuestro relato, era posible vender más de 75.000 entradas para un concierto de rock en tan solo 5 horas. Éso ocurrió hace tanto tiempo que ya nadie lo recuerda. Pero en el club había mentes lúcidas y prácticas que trabajaban en aras de lo que a su masa social supondrían beneficiosas ventajas. El amor al club ya no se medía por parámetros obsoletos como el tiempo de permanencia en una cola. El amor al club se tenía o no se tenía. Y tenerlo era suficiente para los directivos de tan moderna y avanzada entidad. En los tiempos de nuestro relato era posible mantener una videoconferencia una persona que se encontraba en un continente diferente al nuestro, o visualizar de forma remota cualquier hecho noticiable que se hubiera dado en el mundo en las últimas tres horas. Merced a estos prodigios, la masa social debía estar feliz, ya que los directivos del club de sus amores pondrían a su alcance modos más dignos, justos y económicos de conseguir una entrada para una final o un abono esquivo para la mayoría de los mortales. Los directivos de la entidad daban muestras de honradez y consideración no hurtando a la masa social más que una pequeña cantidad de entradas o abonos, solo para cumplir compromisos ineludibles. La masa social: jubilados, estudiantes, profesionales liberales, trabajadores a tiempo parcial, parados, gente de mal vivir, clérigos, funcionarios, amas de casa, divorciados y aspirantes a escritor, sabían que un día, a una hora, se abriría la taquilla virtual. Todos tendrían las mismas posibilidades de obtener su preciado premio. Su amor al club era el mismo. Era, verdaderamente, la más perfecta forma democrática de acceder a lo que todos a una vez deseaban y merecían. Y desde el club esta solución manó como una fuente cristalina en un desierto mortal. La masa social, en sus conversaciones, alababa la modernidad de la entidad, prontamente imitada por la totalidad el resto de clubes de fútbol. Los directivos no se atribuían mérito alguno, ya que para ellos era sencillo tomar esas decisiones. Una de las empresas que patrocinaban a la entidad se dedicaba al desarrollo e instalación de todo tipo de sistemas de comunicación…”

Nota del autor: Encontré este escrito bajo un sofá que me digné limpiar hace unas semanas. La hoja estaba amarillenta y comida por las ratas, por lo que me resulta imposible determinar su origen, quizá Orwell, Huxley o quizá no sea más que un sueño escrito por algún proscrito, seguidor de Kerouac… también había una foto…

Francisco García
Socio del Valencia CF
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2 comentaris:

fernando terreiro ha dit...

Me fastidia estropearles un poco el anterior post. Pero mientras no se demuestre lo contrario este es el gol más rápido de la historia de la liga. Y es que uno tiene su corazoncito.

Pedro ha dit...

Y...¿de quién era la foto? A lo mejor él tenía la solución