divendres, 18 de juliol de 2014

Una pierna vendada y una sonrisa

·
·
He de reconocer que de muy pequeñito mi corazón futbolero buscaba el latido correcto. Mi padre me hizo socio del Valencia C.F. (ni SAD ni leches) en el verano del 71 y ahí en este glorioso año del nacimiento de Unai Emery (sic) comienzan mis recuerdos de valencianista. Pero he aquí que uno de pequeño se mueve más por referencias que por pasión y, coincidiendo que a un amigo de casa le dio por llevarme de excursión (que lo era) los domingos a ver al Levante, fue como conocí a Carlos Caszely y comencé una pequeña etapa de promiscuidad alternando esposa y amante. En aquellos primeros años yo era muy de Keita y Claramunt, pero nada comparable a lo que me transmitía “el Gerente”…

Entonces llegó 1976, y mientras unos corrían por escapar de las porras de los grises en las manifestaciones mientras creaban un mundo nuevo yo, aún ajeno a todo aquello, lo hice para agarrarme a una camiseta blanca que desde entonces no he vuelto a soltar. Pasieguito cruzó el charco con un chico flaco y melenudo del brazo: Mario Alberto Kempes había llegado a Valencia y con él el primer y único episodio de mitomanía futbolera de mi vida.

No voy a hablar de Kempes como futbolista. El que tuvo la ocasión de disfrutarlo todavía tendrá viva y fresca la memoria y pensaría que me quedo corto; los que no lo vivieron, dirían que soy un exagerado. Lo único que puedo decir es que fue un adelantado a su tiempo, y que difícilmente volveremos a ver un jugador como él luciendo nuestro escudo. Kempes era moderno en el fútbol de los 70’s y seguiría siéndolo en el del S.XXI.

Kempes me hizo valencianista de por vida. Su recuerdo me traslada a pañuelos blancos en el Luis Casanova domingo sí y domingo también, a celebraciones de goles corriendo con los brazos arriba (sin payasadas, como si fuese el último de su carrera), a murmullos cuando nos pitaban una falta a favor, a mi primera senyera, a mis primeros títulos,  a nuestra primera televisión en color para verle ganar el Mundial del 78, a mi tío recorriendo España para satisfacer a su ahijado empeñado en tener el primer balón Adidas Tango, a mis botas Puma negras con su nombre impreso (bonitas y sin garruladas, como han sido las botas toda la vida), a las fotos de mi carpeta de apuntes del colegio… Pero también me recuerda a una afición injusta, a una salida indecente, a un borrón de nuestra historia aún sin purgar.

Debería ser en 1978 o 1979 cuando un profesor del colegio nos pidió un trabajo de fin de curso. A un par de compañeros y a mi se nos ocurrió que sería una buena idea hacerle una entrevista al ídolo de la ciudad. Por tanto, buscamos su número en la guía telefónica (igualito que ahora), le llamamos y nos invitó una tarde de sábado a su casa del Paseo Valencia al Mar a merendar. Cuando me llegó el turno de preguntar me quedé absolutamente en blanco y, tras unos segundos sólo se me ocurrió decirle: “¿Usas calzoncillos?”. A Mario (así nos dijo que le llamásemos) le entró la risa y contestó con un rotundo “No, voy más cómodo al natural”. Ni que decir tiene que a los Padres Escolapios no les gustó esa parte de la entrevista y nos la censuraron, pero a mí sí me sirvió para ser gallo de corral por unos días.

Pasaron los años y me volví a encontrar con él en una pista de fútbol-sala. Finales del 84 o principios del 85, no recuerdo bien. Kempes había fichado por Autocares Luz, yo jugaba de portero en el “B” de Distrito 10 y jugamos un partidillo de entrenamiento entre semana. Jugué pocos minutos. Bien entrada la noche me llevaron a casa con la pierna totalmente vendada. Mi madre puso el grito en el cielo, mi padre sonreía feliz porque sabía que yo lo era; su hijo (o mejor dicho, la rodilla de su hijo) le había parado un penalti al Matador…

Un par de días después me llegó a casa una camiseta de la selección argentina 1978 firmada por él como si estuviera dando disculpas por haberme lesionado… No hace falta que diga que aún la conservo como un tesoro.


Santi Fernández
socio 993 del Valencia CF 
·

6 comentaris:

Anònim ha dit...

Santi, la anécdota de la entrevista es fantástica. Unos recuerdos entrañables.

Fran

Anònim ha dit...

genial, yo recuerdo a Mario viviendo en la plaza Honduras.

Rafa

Anònim ha dit...

Por cierto, felicidades por esta semana Kempes en el blog. Esta si es la semana fantástica y no la del corte inglés. Gracias

Rafa (BT)

Anònim ha dit...

Enhorabuena, he disfrutado con este fantástico relato que se ajusta a la realidad de aquellos años y a ese deseo constante que teníamos por ir a Mestalla cada 15 días a ver a Kempes y sacar los pañuelos de fervor incondicional. Gracias por tan genial relato.

Alfredo Cardona

Luis ha dit...

Soy socio desde los 7 años, tengo 48, sólo he tenido un ídolo, el gran Mario. La historia es fantástica, yo tuve la suerte de jugar un partidillo con él en el polideportivo de Los Monasterios en Puzol, lo tuyo lo supera ampliamente.

Amo este deporte y siempre seré del Valencia porque crecí viendo jugar a Kempes, viéndolo correr y tirándose de rodillas para celebrar tantos goles, entre ellos jamás olvidaré los dos con la derecha al Madrid desde el anfiteatro del Calderón, el segundo después de romperle, no es metáfora, la cadera a Wolf en la final de la copa de 1979, el año siguiente lo ví partirse la cara jugando en punta solo en Bruselas contra el Arsenal, fallar el primer penalty de la tanda y llorar cuando su íntimo amigo Ricardo Arias enmendó su error marcando su lanzamiento previo a la parada definitiva de Pereira.

Todavía hoy maldigo la fatídica y no casuallesión de hombro contra el Carl Zeiss Jena que precipitó su salida y los injustos pitos que escuché en Mestalla al más grande que tuve la suerte de ver.

Gracias Mario

Ramiro Hernandez ha dit...

Que grande, yo voy todas las veces que puedo con mi hijo al Mestalla, y no se sí el llegara a vivir historias como la tuya, yo ya me conformo con las ligas, copas y UEFA, y las finales de Champions.
Cuando fuimos los mejores