dilluns, 6 d’abril de 2009

Mucho peor que el Rivaldazo

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De todas las fotos que ilustran el paisaje de Mestalla esta es una de las más inquietantes y difíciles de metabolizar. Se trata, y ahí radica el impacto y su misterio, de una despedida entre amantes sin que uno de los dos lo sepa todavía. La imagen es de abril de 1948. Y pertenece a un Valencia-Barça. Penúltima jornada de liga. El Valencia es líder, con 34 puntos. El Barça segundo, con 33. Si ganan los blancos son campeones. Si empatan, todo queda en el aire hasta el domingo siguiente. Pero sucede lo imprevisto. Y el Valencia pierde: 1-3. El mazazo es descomunal. Un derechazo que deja al equipo tumbado en la lona. Siete días después el Barça gana su partido con comodidad y el Valencia, todavía bajo los efectos del golpe, pierde con estrépito en Vigo. Adiós al título.

Aún con todo, lo que convierte esta foto en un documento casi trágico para la historia del club es su carácter de fin de ciclo. O de ciclo a punto de agotarse, si tenemos en cuenta la copa del 49' y las 2 ó 3 temporadas inmediatas donde el equipo se sigue mostrando muy competitivo. Ahora bien, esta foto destila y presupone ese adiós. Las señales todavía no son visibles, pero 60 años después volvemos a la instantánea con el doloroso certificado de las certezas cumplidas. Después de una década triunfal, con 3 ligas y 5 finales de copa, esta foto representa el inicio de una particular travesía en el desierto. Nadie de los presentes en Mestalla aquella tarde podía imaginar, no sólo que el Valencia perdería esa liga que ya acariciaba, sino que estaría 24 años sin volver a ganarla. O peor aún, que en los siguientes 50 años sólo lo haría en una ocasión, en 1971.

De todos los lances cabalísticos que el fútbol procura siempre me ha fascinado la interpretación a posteriori de los acontecimientos. La diferencia entre derrotas o victorias según el eco que el palmarés les otorgue en la memoria. Ese matiz literario es el estiércol sobre el que un club edifica su relato. Por eso esta foto me parece tan dolorosa y sugestiva a la vez. Se ve un Gol Gran al límite de su capacidad. Con una grada variopinta y plural. Todas las edades, todos los espectros sociales. Un reventón de época para ver al Valencia ganar su cuarta liga. Nadie presupone nada. De cualquier manera, incluso con la derrota, nadie intuye que esa será la última vez en que el Valencia tenga tan cerca el título hasta pasadas dos décadas. El gran Mestalla todavía es un proyecto y la grada es un hervidero. Parece obvio que se han vendido más entradas de las que el aforo permite. Parece claro que nadie concibe la derrota.

En 1948 el Valencia es todavía una entidad joven, con pocos golpes deportivos y apenas cicatrices. Ha perdido finales pero ha conseguido lo más importante: hacerse hueco entre los mejores. Es, en ese momento, el club más potente del país. Todo el mundo lo sabe. La prensa de la capital, en esa época cerca del influjo castrense del At Aviación, intenta desprestigiar con la leyenda negra del equipo bronco y copero, sin advertir que esa divisa será para siempre el blasón de la nostalgia con que el Valencia y el pueblo de Mestalla intenten recuperar muchos años después sus señas de identidad. Las que esa misma tarde, y sin que nadie pueda advertirlo todavía, está empezando a perder de una manera casi inapreciable. O sólo apreciable, como sucede siempre que el ventajismo del futuro nos lo permite, en el alambre del tiempo transcurrido. Ese mismo tiempo que nos permite añadir que el Rivaldazo, al lado de aquella tarde de 1948, sólo fue un leve rasguño.


Rafa Lahuerta Yúfera
Socio del Valencia CF
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9 comentaris:

Anònim ha dit...

Estoy impactado por la foto que ilustra tu post. Es sencillamente extraordinaria.

Un saludo
Jose Miguel Lavarías

Anònim ha dit...

He fet click a la foto per vore-la més gran i, per uns moments, m'he vist en eixa grada, entre eixos valencians que atents esperen la victòria d'aquell gran València.

És impactant.

Toni

kawligas ha dit...

Tu relato es visionario e imprescindible para entender una historia larga ya, y tachonada de alegrías y penas. Y, por descontado, la foto es magnífica para representar lo que de misterioso e incógnito tiene el futuro.

Anònim ha dit...

La foto tiene una fuerza poco común. La palabra es impactante.

Paco Gisbert ha dit...

Espléndido y más actual que nunca. Siempre pensé que, cuando me contaba esta historia mi padre, exageraba. Hasta la final de Milán, que viene a transmitir la misma sensación.
De nuevo, Gran Torino

Anònim ha dit...

La inmensa mayoría, un 98% de los presentes ese día en Mestalla, están muertos. Esta foto me parece un documento de referencia. Desprende un halo inigualable. No me canso de mirarla.

BT

Anònim ha dit...

Llega a estremecer el aire crepuscular (y premonitorio) de la narración y de la foto.
Tengo una deuda pendiente con el autor del relato: agradecerle que siempre halla intentado crear una cultura de Club desde el respeto a la historia y la concordia entre valencianistas en una cancha tan dificil e inhóspita como el foro donde hasta hace poco solía intervenir con asiduidad.

Atemporal, BT

Anònim ha dit...

Solía participar, poco, ahora ya nada, en ese foro que mencionas, BT, hasta que uno se da cuenta que ya ni el escudo ni la historia de nuestro CLUB importa, y cada uno rema hacia un lado distinto. Cuando el sentimiento deja de serlo, desaparezco.

Por eso, este blog es una bendición, un lugar donde se respira valencianismo por los cuatro costados, donde la historia es respetada y venerada, y donde los personajes que han ido escribiendo esa historia, algunos de los cuales dejaron su vida por ella, son reconocidos como se merecen.

Os felicito a todos, de corazón, por la magnifica labor que realizais.

Un saludo
Jose Miguel Lavarías

Anònim ha dit...

Sería maravilloso descubrir la identidad, de, por ejemplo, la señorita que bajo a la derecha mira a la cámara.

Gran foto. Enorme blog.