dimecres, 22 d’abril de 2009

Recuerdos del viejo y del nuevo Mestalla

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Adios viejo Mestalla

Junio de 2010. Me encuentro en un campo mítico, de realidades contrastadas, 52.000 localidades, todo lleno, donde el VCF ha disputado todos los partidos como local de los últimos 85 años (desde aquel lejano 20 de mayo de 1923). No hay lujo ni modernidad, es un estadio funcional nada más: los accesos en algunos casos son laberínticos, los asientos no son muy cómodos, ni amplios, ni anchos, los aseos ni espaciosos ni numerosos, las cisternas y lavabos pierden por sus largos desagües infinidad de gotas de agua, hay poca luz y menos claridad, las aves lo utilizan como refugio, el hormigón deja entrever la humedad que se le apodera, el estadio rezuma un color gris apagado, del que sabe que sus días están acabando, pero sólo hay un color que aún lo sigue haciendo grande y digno… el verde brillante de su césped, que parece intacto al paso del tiempo. Cuántos grandes jugadores han jugado en el tapete de Mestalla, cuántos momentos de gloria, de ilusión, de sufrimiento, de decepciones y de lágrimas, cuántas galopadas por sus bandas, cuántos “mano a mano” entre portero y delantero, cuántos saques de esquina se han ejecutado desde sus 4 lados del rectángulo, cuántos balones se han estrellado en esos 3 palos que separan el fracaso del triunfo, cuántos balones se han recogido atrapados en sus redes, cuántos saques de centro… cuántas cosas han sucedido en el viejo Mestalla.

Mi primer partido no lo olvidaré nunca. Fue un trofeo Naranja, allá por el año 87, concretamente el 14 de Agosto. Visitaba Mestalla el F.C. Barcelona de Terry Venables, Lineker, Schuster y nuestro Robert. Perdimos 0-1, pero me dio igual. Yo estaba emocionado y orgulloso: iba con mi padre (por primera y última vez) y con mi ilusión en la mochila. Ese día decidí que en cuanto tuviera ahorrillos sería socio del Valencia CF.

Como aún faltaba mucho hasta que pudiera permitírmelo, empecé la escalada de pequeños actos de astucia juvenil. Fui a bastantes partidos desde el 90 al 94 colándome como grada juvenil, pese a que mi aspecto ya no lo era, pero teníamos un colega del barrio (San Marcelino) que nos colaba, y nadie nos decía nada. Había veces en que no estaba y el otro tío que lo sustituía siempre ponía cara de “no os voy a dejar pasar”, pero entre que poníamos cara de pena y que los socios nos ayudaban a pasar, entrabamos siempre, y recuerdo el olor a puro, y a colonia fuerte de hombre en aquellas tardes. Mi último partido de esta guisa fue el 27 de enero del 94, ganamos 3-1 al Logroñés con el golazo de Mijatovic desde más allá del centro del campo.

Entre servir a la patria y comenzar a trabajar a finales del 95 fue todo uno, ya comencé a tener ahorrillos, y entonces ocurrió el milagro: Paquito en una reunión nos dijo “van a ampliar Mestalla”. Evelio y Josi se echaron atrás (ellos no son del VCF) pero Paquito, el Anchoa, Richard y yo, si que dimos el paso adelante, “es nuestra oportunidad”. Nos apuntamos en una lista para el Fondo Norte, pero hicieron primero el Fondo Sur, así que pagamos y nos dieron el ansiado pase. Corría la temporada 97-98, que ya estaba comenzada. Nos perdimos los 2 primeros partidos de casa contra el FC Barcelona y el Real Madrid, y la destitución “útil” de Valdano. Nuestro primer partido fue contra el Athletic de Bilbao el 15 de Octubre de 1997 (10 años y 2 meses después “promesa cumplida”).

El público de Mestalla no es de muy animar a los suyos, sólo unos pocos mantienen los cánticos partido tras partido. Eso sí, cuando el equipo se deja la piel en el campo, la grada lo nota, y se obra un pequeño milagro, se produce una chispa eléctrica que va desde el terreno de juego, hasta la grada del viejo Mestalla, y el público anima como una sola voz: es un momento especial, mágico, el equipo se crece inversamente proporcional al equipo rival, que va menguando. Lástima que ocurre de tanto en tanto, pero merece la pena sentir el grito de ánimo, todo valencianista que se precie debería de saborear la experiencia.

En el viejo Mestalla nunca estuve a cubierto y cuando llovió me mojé (especial recuerdo para el partido contra el Basilea, en Champions 6-2 bajo el paraguas de mi compadre José). No me importó. Ni que decir el frío de los meses invernales, aquel gélido y terrible partido contra el Figueres en la Copa, ¡¡…con prórroga incluida!! Sólo faltó nevar. También está el tema de la megafonía: es como una …ierda pero con “m”, con un eco insufrible, nunca he conseguido saber que decía el speaker de turno, y mucho menos que nadie del club hiciera algo por solucionarlo.

Mi yo antiguo y nostálgico, está triste: soy de los pocos que pueden decir que derrumbo un estadio viejo. Es como si tiraran mi casa, siempre será el Camp de Mestalla. Estoy triste se me nota. Aquí animé al equipo cuando lo necesitó, rabié cuando el equipo perdió, lloré de emoción cuando el equipo tocó la gloria de ganar una Liga (aquel gran partido contra el Español, con 1 jugador menos y con el gran Baraja marcando el segundo gol, celebrándolo con Richard, Paquito, el “Anchoa” y los tres de Moncada), o aquella en la que Juan Sánchez nos acercó a jugar una segunda final de la Champions contra el Leeds United, con mi mujer Amparo a punto de dar a luz.

Detengo todos mis recuerdos y miro alrededor. No hay nadie. Cuando acabó el último partido todos se fueron. Sólo quedan algunos jugadores de ambos rivales en el campo. Poco a poco van entrando en el túnel de vestuarios. Dentro de pocos días las máquinas empezarán a tirar abajo 85 años de historia del viejo Mestalla. Sólo queda el capitán en el centro y yo en la grada del Gol Gran Bajo. De pronto una densa bruma envuelve el campo, se oye un sonido de fondo y en la portería del fondo norte de repente que aparece una orquesta, no se de donde ha salido, creo que estoy soñando. Poco a poco voy reconociendo la partitura que están interpretando.

“Es un equip de Primera
nostre València Club de Futbol,
que lluita per a defendre…” ,

…un escalofrío me recorre el cuerpo. Noto la presencia de alguien. Me giro a mi derecha y me encuentro a un anciano sentado a mi lado. Por su aspecto físico creo que tiene más de 80 años, pero tiene una sonrisa y un brillo en los ojos que le hace aparentar mucho menos años. Allí está, con su boina calada. Me sonríe. Abajo, en el césped, por la bruma, poco a poco van apareciendo jugadores en el centro del campo. No los reconozco. Van andando y saludando con la mano. No se donde saludan. El viejo les devuelve el saludo, él si los conoce, y con voz ronca y tranquila, me empieza a dar clases de valencianía, “mira chaval ese es Cubells, y aquel Montes… y estos 5 fenómenos que vienen ahora los he visto jugar”, y allí que aparecen Epi, Amadeo, Mundo, Asensi, Gorostiza…

“…amunt València,
visca el València,

és el millor…”


….se me llenan los ojos de lágrimas: están todos allí, todos jóvenes. Mira mira… Igoa, Juan Ramón, Eizaguirre, Iturraspe, Alvaro... Hubiera dado lo que fuera por haber vivido esa época gloriosa. Sigo sin dejar de mirar al viejo…

“…en Mestalla continuarem
sempre esforçant-se per a triomfar

i les glòries arribaren

i en competència continuaran…”


…tras ellos viene Monzó, Pasieguito, el gran Puchades, Seguí, el holandés Wilkes, otro grande Mestre, y Paquito, Roberto Gil, Guillot, Waldo (que gran goleador), Abelardo, el rubio Sol, Claramunt, Rubén Valdéz,

“…Units com sempre
els valencianistes
et seguirem,
en cada estadi
perquè triomfes
t'animarem…”

Saura, el minero Carrete, el gran capitán Arias, el argentino inolvidable Kempes, el “torero” Subirats, Tendillo, Sempere, Robert, el “mestre” Fernando, Giner, Voro, Eloy, Camarasa, Penev, Mendieta, el “Piojo” López, Carboni, Ayala, Cañizares, están todos, no falta nadie. El abuelo me dice que son los ídolos que han forjado la leyenda de este club.

“…amunt València,
visca el València,
és el millor…”


Ya se han marchado todos los jugadores del VCF. Y todos los socios que alguna vez lo fueron y dejaron sus vidas en el camino. Todos los presidentes, desde el primero Octavio Augusto Milego Díaz, pasando por Luis Casanova y, Julio de Miguel. También los trabajadores incondicionales del club. Me giro a mi derecha y el viejo ha desaparecido. Siento pena de no haberme despedido de él. Los focos se van apagando poco a poco. A lo lejos un guardia de seguridad se va acercando a mí, creo que sus intenciones son las de pedirme que abandone el campo.

“¡José Luís, José Luís!”, alguien me llama. Miro a todas partes no veo a nadie. “¡aquí, en el centro del campo!”. Miro hacia el centro del campo, y allí está el sempiterno utillero y el capitán. Me sonríen y con las dos manos en la boca a modo de altavoz, el capitán me dice: “¡Nos vamos todos al Nuevo Mestalla!”. Y el utillero, en tono jocoso, apostilla “que si te vienes o qué”. Y yo les digo que sí, que seguiré a mi equipo adonde haga falta, y recojo mi almohadilla, la introduzco en mi mochila, y voy subiendo por última vez las escaleras del vomitorio 469. Voy bajando las escaleras que dan acceso a la calle. No se oye ya a nadie. Cruzo la puerta de salida por última vez, que da a la Calle Dr. Joan Reglà, voy hacia la puerta cero de entrada a tribuna, que queda a mi derecha, pero me desvío movido por un extraño instinto hacia el monumento al aficionado. Me subo a la plataforma de hormigón, y le pido a un señor que pasa por allí que me saque una foto, con el rótulo luminoso del campo detrás. Su cara me suena, pero no lo reconozco. Lleva una bufanda que le tapa la cara, y un escudo dorado del Valencia CF en el pecho de la chaqueta de su impoluto traje. En la mano derecha lleva una maleta, de las de antes de la guerra, la deja en el suelo, e impasible me saca la foto y se va sin decir adiós. Con paso firme avanza por la Avenida de Suecia. Lo sigo con la mirada. Antes de cruzar la esquina con la Calle de Artes Gráficas consigo adivinar que mete la mano en su bolsillo derecho y saca una boina que se cala perfectamente, se gira y me saluda con su mano.

Le devuelvo el saludo estupefacto… es el viejo Mestalla. Desaparece definitivamente. Me giro hacia el campo y le hago una reverencia. “Adiós Viejo Mestalla, adiós viejo amigo, adiós viejo”.


Hola, nou Mestalla.

Agosto de 2010. Me encuentro en un campo de sueños, 70.000 localidades, todo lleno, donde el VCF disputará los años que me quedan de vida sus partidos como local. Todo alrededor es lujo y modernidad, accesos perfectamente señalizados, asientos amplios, cómodos y anchos, aseos espaciosos y numerosos con la tecnología puesta al servicio del ahorro del líquido de la vida. Luz, claridad y colorido. Por fin estoy a cubierto, ahora ya puede llover, estoy tranquilo: no volveré a choparme en un partido. La megafonía ya es una realidad, se entienden perfectamente las alineaciones que el speaker va comentando, las sustituciones, el aviso a los seguidores del equipo rival para abandonar el campo y dirigirse a sus autobuses.

Mi yo moderno y vanguardista está radiante: soy de los pocos que puede decir que estreno un campo de fútbol de un grande del fútbol europeo. Poco me importa como se llame el campo, que si Arena Stadium, que si Nike Stadium: para mi será el Nou Mestalla. Estoy feliz, se me nota, y además alrededor tengo a mis amigos quincenales, a mi hijos y a mi mujer: nadie quiere perderse el primer partido de mi equipo en su nueva casa. Estamos felices, con ilusiones renovadas. Empieza una nueva era.

Va a empezar el partido. Tengo como siempre un nudo en el estómago debido a la tensión. “Bueno ya os dejo que va a empezar”. Ya saltan al terreno de juego los dos equipos, se saludan los capitanes y el trío arbitral. Los protagonistas miran desde el nuevo césped la grandiosidad del estadio: están fascinados, tanto como nosotros. Me dirijo a mis hijos y les voy contando, “mira ese es el gran Villa, y el número 21 es Silva, y Marchena…” Ellos atienden a todas mis explicaciones. Me siento orgulloso de enseñar valencianía a los míos. Y ahora silencio, que juega mi Valencia CF, y queremos seguir forjando la leyenda y nosotros formar parte de ella.

El VCF ganará y perderá partidos, conseguirá títulos, incluso es posible que descienda a otra categoría inferior. Yo seguiré siendo del Valencia CF. Tendrá apuros económicos, y épocas de bonanza financiera le atacarán y ningunearán desde ciertos puntos del centro peninsular. Y le alabarán cuando juegue bien desde otros puntos distintos del centro peninsular. Y yo seguiré defendiendo al Valencia CF. Querrán llevarse a los jugadores que sobresalen en el club, ficharemos a “paquetes” con la vitola de cracks, y auténticos desconocidos que se harán cracks, y yo siempre seré del Valencia CF.

Amunt per sempre.


José Luis Aguilar “Pepelu”
Socio del Valencia CF
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7 comentaris:

kawligas ha dit...

Pepelu, un texto muy emotivo y emocionante. me ha gustado cómo haces que vayan saliendo las leyendas del club. Tiene un aire a lo que pasaba en la película de Kevin Costner, Campo de sueños.

Anònim ha dit...

Que gran José Luis.
Quins records i quines "batalletes" tan familars.
Afortunadament encara ens queda alguna per viure al nostre Mestalla.

Josep Bosch

Anònim ha dit...

Excelente Pepelu, se me ha saltado la lagrimita.

Esa última frase tuya resume el carácter del club de una forma fantástica: cracks que serán paquetes y desconocidos que serán cracks.

Gracias.

BT

Anònim ha dit...

Todos tenemos nuestra particular historia con Mestalla. Momentos únicos e irrepetibles, cargados de matices personales, aunque exista un nexo común que nos une a todos en esta apasionante relación de amor a prueba de bomba. Recuerdos de unas vidas compartidas por un sentimiento. Enhorabuena por contarlo.

Born in 1960

Anònim ha dit...

"Pepelu", gràcies pel teu article. Llegint-lo, el cor batega amb més força. Passe el que passe, jo també seré sempre del Valencia CF.

VAN ha dit...

La curiosidad me ha matado. No soy gato, pero me mató el abrir la página de "ultimes vesprades a mestalla..." y, hacía tiempo que no conseguía llorar con algo, con alguien, con tanta emoción. Gracias. La congoja, duró hasta el final.
Desde el principio, supe que no era un artículo corriente y desde la primera descripción, no sólo vi a un forofo del Valencia despidiéndose de su campo, sino a una persona que, con él, deja atrás millares de inmortales experiencias. Algo que, más allá de lo que acabe o termine, se derrumbe o se construya, siempre, siempre, siempre permanecerá inamovible al transcurso de los acontecimientos, del tiempo. Lo que viviste jamás será en vano y lo que te depara la vida..., podrás contárselo a aquellos que, como bien dices en el artículo, sentado junto a tus hijos, llegarán con las mismas ansias que tú, para formar parte de un equipo, de una afición, de la letra de un himno, de otros muchos momentos tan valiosos y perdurables como los vividos.

Anònim ha dit...

no te preocupes que tendremos mestalla para rato por que no veo movimiento en el nou mestalla asique yo creo que estaremos en el viejo estadio un año o dos como mucho asta que se venda las parcelas