divendres, 8 de maig de 2009

Banqueta visitant. Real Madrid CF

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El día en que dejé de ir a Mestalla

Me pide un amigo que escriba un artículo sobre el Madrid, que este sábado visita Mestalla, y acepto, pero después me hago el remolón. La soberana paliza en el Bernabeu y la falta de expectativas en lo que queda de Liga no invitan a sentarse a reflexionar sobre un equipo necesitado de cambios tan importantes que se acercan a la refundación. Sospecho que a ello se suma otra preocupación. He visto al Madrid ganar y perder en Mestalla. Lo he visto alzar su última Copa del Rey frente al Zaragoza (también recuerdo que esa victoria no logró quitarme el sabor amargo de una temporada, la 1992 / 1993, perteneciente al reinado del dream team de Cruyff, a esa larga travesía por el desierto del madridismo). He comprobado que el Madrid puede ganar en Valencia, pero también que para conseguirlo debe jugar con máxima intensidad porque, salvo excepciones, la exigencia del encuentro es absoluta. O se impone con claridad, o resulta arrollado, lo he visto muchas veces. Me cuesta creer que un equipo sin posibilidades de ganar títulos, que huele a renovación masiva, y en el que buena parte de la plantilla se pone repentinamente enferma, vaya a sacar pecho ante un Valencia que se juega la Champions, y que ha demostrado, a pesar de su temporada irregular, ser capaz de plantarle cara a cualquiera.

Es una lástima porque esa falta objetiva de interés desde el lado madridista (sí, es cierto, conviene salvar el honor dentro de lo posible; y sí, es cierto, la humillación puede provocar una reacción en los blancos que, por cierto, le sacan 20 puntos al Valencia) devalúa considerablemente el partido. Un choque que para un madridista valenciano es, en cierta forma, el más importante del año. ¿En qué forma? En el de la rivalidad directa. Un madridista valenciano descubre pronto, a qué colegio vaya ni en qué círculos se mueva, que la mitad de quienes le rodean (y están interesados por el fútbol) son del Valencia, y la otra mitad, digamos que a partes iguales (aunque esto daría para una tesis doctoral) del Barça y del Madrid. Resulta imposible escapar al magnetismo del clásico, y a la exagerada cobertura que despliegan los medios de comunicación madrileños y, en menor medida, de Barcelona. Pero a escala personal, la de llegar el lunes por la mañana a clase o a trabajar, la que importa, el Valencia-Real Madrid resulta mucho más importante.

No hace falta extenderse sobre el sentimiento anti-culé de buena parte del valencianismo. Pero personalmente creo que se habla poco del sentimiento antimadridista de, probablemente, el conjunto del valencianismo. Yo lo descubrí en toda su extensión la última vez que fui a Mestalla. Tenía unos 15 años, mi vecina de asiento se acercaba a los 60, el Madrid ganaba 0-1 y en un visto y no visto el Valencia remontó (escribo de memoria, pero creo que Nando, marcó el 2-1). Fue el delirio. En medio de los rugidos, la señora de mi izquierda me señaló con el dedo y me preguntó a gritos que por qué yo no lo celebraba. Me gusta recordar que aguanté estoicamente sentado, rodeado de la hinchada rival, desafiante, reivindicando mi derecho a no alegrarme. Pero ya saben cómo tiende la memoria a construir los recuerdos, así que probablemente sí que me levanté, y más tarde abandone con discreción el campo la última vez que visité Mestalla.


Ignacio Zafra
Seguidor del Real Madrid CF
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1 comentari:

Anònim ha dit...

la de ayer fue una de esas noches en que Mestalla agiganta su mito.

Está siendo un bonito colofón de temporada.

BT