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diumenge, 19 de juliol del 2015

Si, Don Alfredo, fuimos campeones

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Magia de radio, carrusel de emociones,

1971, Sarriá:

"Si, Don Alfredo, fuimos campeones"
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A la memoria de Vicente Peris, el valencianista más feliz del mundo aquel día, y todos los que sirvieron a nuestro Valencia Club de Fútbol.

Eterna gratitud 


José Carlos Fernández
Socio del Valencia CF 
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dimarts, 8 de juliol del 2014

Alfredo DiStefano. In memoriam.

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Ens ha deixat Alfredo DiStefano. Per alguns president honorífic, per a altres l'origen de tots els seus mals per culpa d'un complot tramat pel règim franquista. Per a nosaltres, els valencianistes, simplement Don Alfredo.

Entrenador en tres períodes diferents del nostre València CF en el primer d'ells es proclamà campió de lliga la temporada 1970-71, la lliga dels Abelardo, Sergio, Paquito, Antón, Forment, Barrachina, Claramunt...

En el segon dels seus cicles a la banqueta ens deixa la Recopa d'Europa de l' any 1980, un torneig on vivirem eliminatòries més que vibrants contra el Barça, el Rangers i on els penals contra l'Arsenal ens feren de nou campions, amb jugadors com Kempes, Arias, Saura, Tendillo, Botubot, Solsona, Carrete...

El tercer periple per Mestalla va ser més amarg. Quan les coses no anaven gens bé, amb un club en descomposició i arruinat, quan el fantasma del descens era ja una realitat, de nou Don Alfredo agafà el timó de la nau valencianista per a intentar un impossible. Eixa temporada 1985-86 va acabar amb el primer descens del València a la Segona Divisió.

La temporada següent, amb un club marcat per les penúries econòmiques i les limitacions pressupostàries l'equip es va fer amb veterans com Subirats, Arías i Sempere, les incorporacions d'Alcañiz i de Bossio i jugadors jóvens, bàsicament del planter. Els Quique, Arroyo, Revert, Fenoll, Giner, Voro, Fernando... feren Don Alfredo campió amb el València una altra volta, i de segur el feren feliç per haver retornat al seu València al lloc que mai hagué de deixar.

Descanse en pau Don Alfredo, el mite i la persona.


Josep Bosch
Soci del València CF 
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divendres, 2 d’octubre del 2009

¿Don Alfredo no es del Valencia?

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Mi uso de razón estrenado hacía más de un año. La colección de cromos inacabada a falta del cromo de Iríbar. Mi padre en Barcelona y mi memoria incapaz de ubicar los recuerdos. Aunque siempre que esa desazón explota en mi interior abro un libro y veo la foto de Di Stéfano con sus dedos índices apuntando al cielo, la mirada inquisitiva y, en segundo plano, la presencia esperanzada de Barrachina enfundado en un chándal blanco con cuello oscuro y tres rayas en las mangas. Crecí a la vida con memoria con las internadas de Valdez, el orgullo indisimulado de sentirme campeón, los adhesivos para el parabrisas del coche de la marca de balanzas “Capeli” y la sensación de que Di Stéfano era el Valencia. Muy lejos del actual rodillo mediático del madridismo, muy lejos de la beatitud futbolística de Don Alfredo elevada a los alatares catódicos y en el más allá de la despreciable manía de dar por sentado aquello que te gustaría creer en lugar de lo que en verdad es.

Con nombre de mafioso y al parecer, una personalidad arrolladora, Di Stéfano ofreció momentos grandiosos en la historia de nuestro club. La liga 1970-71, la Recopa 79-80 y la vuelta a la primera división en la temporada 1986-87 certifican lo que, sin duda alguna, fue un positivo paso por el banquillo de Mestalla. Más allá de estos hitos, dos finales de Copa y haber convertido a Quique Sánchez Flores en valencianista deberían aparecer también en la columna de su haber. Con la mirada inocente y bobalicona de mis diez años, Di Stéfano era para mí como el murciélago del escudo. Elemento inherente al club, incomprensible en su ausencia. Ignoraba totalmente su pasado futbolístico, aunque alguna vez se me dijera que fue un jugador genial. A mí me daba igual. Lo realmente genial era que nos había llevado a ganar la liga, que hacía chistes hablando en serio y que le prohibió a Españeta demostrar sus habilidades en el toque de pelota delante de los futbolistas, pues los desanimaba. Corrían los ochenta cuando caí en la cuenta que aquel hombre que yo consideré emblemático y campeón del valencianismo no dejaba de ser más que un profesional. Y encima, a pesar de que sus raíces familiares quedaron hundidas profundamente en la tierra de levante, su corazón era madridista. Me sorprendí un día, con una tarta al whiskey delante de mis narices, dicéndome a mí mismo: entonces. ¿Don Alfredo no es del Valencia? Pues claro que no, chalado.

Si consideramos su vertiente profesional, debo admitir que Di Stéfano fue honrado y trabajó para el club con empeño y hasta un casi inesperado amor. Brindemos por ello. Pero abrir los ojos a su verdadera naturaleza fue para mí decepcionante. Achaco mi reacción a la edad, la inmadurez y el acné. Estoy casi seguro que fue el acné. Y lo que más me duele de todo aquello no ocurrió entonces, sino que pasa ahora, en estos tiempos vacuos y galácticos. Hordas y legiones de gacetilleros alabando las virtudes de un Di Stéfano al que no vieron jugar, del que se conservan escasos documentos videográficos, casi todos ellos fragmentarios, que son desplegados como pruebas irrefutables de la legitimidad de un cetro compartido con Pelé, Cruyff y Maradona. Bien, lo dejaré estar. Ahora ya sé que “La saeta rubia” sólo visita Valencia porque tiene hijos y nietos en esta tierra (aquí lo sorprendió un infarto el día de nochebuena de 2005). Desde la distancia parece un abuelete entrañable, algo cascarrabias que presenta cierto estoicismo pragmático cuando debe ejercer su presidencia de honor madridista. No estoy seguro de haberlo superado, pero quizá exclamarlo a los cuatro vientos me sirva de terapia. NO HAY NADA COMPARABLE A ENVEJECER. Y no lo digo por él, lo digo por mí.

Francisco García
Socio del València CF
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dilluns, 28 de setembre del 2009

Un argentino en Mestalla

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Según cuentan los cuentos, el fútbol lo inventaron los ingleses. Es probable que si hablaran los genes ancestrales de este juego, codificarían sus mensajes con acento argentino. Dicen que las madres argentinas dudan de si llevan en sus entrañas un feto o una pelota. Sea como fuere de tanto patear sus tripas, los pibes tras nacer, pasan del biberón a las gambetas.

Cuando mi padre volvía de Mestalla y relataba con suspense la crónica del partido, mi mundo era su voz. Los nombres de Walter, Chicao, Héctor Núñez formaban parte de figuras sin rostro que se hacían realidad con la foto del álbum de cromos. Llegó el día en que mis héroes de papel se transformaron en un paraíso de hierba: Waldo, Guillot, Mestre, Roberto…una experiencia de imágenes que creó un vínculo de por vida. Y llegó mi primer argentino. Se llamaba Sánchez Lage, interior ofensivo con buena técnica al que Pasieguito había fichado pese a tener más de 30 años. En las tres temporadas que estuvo en el equipo, aquel veterano que mostraba sus prominentes entradas de calvicie deleitó con su maestría y me enseñó el camino de los argentinos. Recuerdo la exquisita calidad del defensa Jesús Martinez oriundo de Lugo, las cabalgadas por la izquierda de Valdez, los malabarismos de Miguel Angel Adorno “El Ruso”, el goleador Mario Alberto Kempes, Darío Felman y un entrenador, Di Stéfano. Un ramillete de excelentes jugadores que aportaron calidad y leyenda. Una confluencia “che” que hizo cruzar el charco, tras una pelota de oro.

No fue la década de los 80 propicia para la llegada de jugadores argentinos: Urruti, Ciraolo y unos años difíciles en una encrucijada en la que se echó en falta aires de tango en la plantilla. En 1993 fichamos a Pizzi. Unos años después, con Roig en la presidencia, llegaron Moriggi, Campagnuolo, Ariel Ortega, Cáceres, Claudio López. Pero fue con el cambio de siglo cuando el Valencia de la mano de Héctor Cúper llegó a acariciar el colofón de su historia: dos finales de Champion. Con él en el banquillo también llegó Faggiani… Nombres como El Piojo, Kily, Pellegrino, Aimar, Ayala quedarán en la memoria como artífices de días memorables, con un carácter ganador impreso en su camiseta albiceleste que supieron transmitir y dejar el gozo sembrado de nuestras últimas grandes tardes de Mestalla.

¡Pibe!, no hubiera sido lo mismo sin vos.


Alfredo Cardona
Socio del Valencia CF
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