Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris la voluntat de voler arribar. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris la voluntat de voler arribar. Mostrar tots els missatges

divendres, 25 de gener del 2013

Los pasos olvidados

·
·
ORFANATO/REFORMATORIO INTERNADO SAN FRANCISCO JAVIER
AVENIDA DE CAMPANAR
DOMINGO 11 DE ABRIL DE 1954 

·
Serían poco más de las dos de la tarde, y la luz grisácea del frío mediodía dominical, asomaba por la vieja ventana que tenía más cerca, tratando de vencer al hambre, hice el esfuerzo de dormir un poco en la escasa media hora de siesta, agazapado en mi cama, con los ojos cerrados, sin poder dormir, pero mentalmente despierto, era capaz de visualizar la amplitud de toda la sala, la pesadez somnolienta del ambiente, se vio alterada, por un lejano eco, eran unos pasos que se iban acercando hacia la estancia, eran firmes y acompasados, en pocos segundos se detuvieron delante de la vieja puerta de madera, un  giro al pomo y la enérgica apertura de la puerta, hizo aparecer la corpulenta figura del celador, Navarro.

Se detuvo ante la puerta, casi todos los niños nos incorporamos al mismo tiempo, sentándonos  sobre las camas, entonces, el celador levantó la mano y extendió su dedo índice y apuntando hacia el resto de la estancia, fue señalando aleatoriamente, uno a uno, a varios niños.

El celador era un hombre fuerte y corpulento, no en vano había servido en la Legión, las malas lenguas decían que había renegado, o más bien, lo habían devuelto, porque tenía un carácter demasiado blando, para el servicio al que pertenecía.
-    Tú, tú, tú… - así hasta completar trece niños. - Vendréis esta tarde conmigo de paseo.

Cuando ya se marchaba, me miró fijamente, y dejando escapar una leve sonrisa, que creí interpretar de complicidad, me dijo:
-    Toni, hoy te vienes también de paseo. - Trece me parece mal número.

A todos los elegidos se nos quedó cara entre, angustiados y asustados, puesto que era la primera vez que nos elegía y no sabíamos exactamente que iba a sucedernos, yo, en concreto me quedé helado, sobre todo de que supiera mi nombre, pues éramos muchos como para acordarse en particular del mío.

Antes de cerrar la puerta, Navarro se giró sobre sus pasos y con tono amenazante nos dijo:
-    Recordad, que tenéis que estar impecablemente vestidos y aseados, os espero formados en el patio de juego, en quince minutos, el que venga un segundo tarde, pagará las consecuencias, pues no vendrá de paseo ni él, ni los compañeros que tenga inmediatamente delante y detrás.

Esta última advertencia, hizo  que los más mayores fuesen solidarios con los más pequeños, con el fin de poder estar todos a la hora exacta en el patio de juegos y en formación.

Aún recuerdo el primer día que entré en el internado, estaba sentado en un banco de cemento, merendando un bocadillo de tortilla de patatas, cuando se me acercaron varios chicos que estaban jugando al fútbol, y uno de ellos, el más mayor me dijo:
-    Si me das el bocadillo te doy esta pelota.

Yo accedí, y le di el bocadillo, lo devoró en poco más de dos minutos, entonces comprendí, que iba a pasar mucha hambre, al final jugamos todos con el balón y yo hice de portero, ese día me gané su amistad.
-    Rápido, Toni, tienes que vestirte con el uniforme limpio, hoy es un día grande – me dijo mi nuevo amigo, mientras me ayudaba a abotonarme la camisa blanca.
-    ¿Tú sabes a donde vamos? – le dije mientras me ajustaba el suéter rojo.
-    Sí, pero no te lo voy a decir, sólo sé que no olvidarás nunca este día – dijo mirándome a los ojos, justo donde a mi me pareció observar cierto brillo en los suyos.

No insistí más, me quedé más tranquilo con sus palabras, no me pareció que pudiera ser nada malo.

Los elegidos hicimos cola para lavarnos la cara, las manos con jabón, y el que tenía cepillo de dientes, se los limpiaba, mientras el resto terminábamos de peinarnos.

 Íbamos a toda prisa por los pasillos, pasamos por delante de las aulas, presididas como no, por los crucifijos, y donde se podían ver encima de los pupitres, las Enciclopedias Álvarez.


Un vez formados todos en fila de a dos, y de que nos hubieron revisado, salimos del recinto por la puerta principal, situada en la Avenida de Campanar, en fila de a dos, con el Director en cabeza, y Navarro el celador, vigilando detrás, para que no hubiera ningún desorden en la fila.


Todo alrededor nuestro era huerta, pequeños ribazos y ramales de acequias, el inmediato destino era atajar atravesando las serpenteantes sendas, que teníamos justo enfrente del internado (lo que hoy sería el hospital La Fe antigua), hasta alcanzar el comienzo de la Avenida de Burjasot (así es como se escribía entonces), junto al viejo cauce del río Turia, el cual nos iba acompañando todo el camino, con el suave murmullo del agua, avanzando hacia su irremediable final, la desembocadura al mar. Que poco nos imaginábamos, la tragedia que aconteció algunos años después.


A la altura del Llano de Zaidía, hacía su aparición el tranvía, el nº23 llamado Godella, la ruta única era Torres de Serranos, Puente de Serranos, Orilla del Río, Llano de la Zaidía, Avenida Burjasot, Benicalap, Burjasot, Godella.


El Llano de la Zaidia, dejó paso a la Calle Sagunto, una zona que conocía bien, pues era donde me había criado y en el cual estaban los amigos de mi infancia (de la otra vida fuera de los muros del internado), así que hice un exhaustivo reconocimiento visual a la plaza Santa Mónica, a ver si podía avistar algún amigo, y poder saludarlo, pero no, lo intempestivo del horario lo hacía imposible. En ese instante, me imaginé cuando jugaba al fútbol con los amigos del barrio, allí nos imaginábamos que éramos figuras del balompié como Gento, Di Stéfano, Kubala, César, Basora, Carmelo, Zarra, Gaínza, Pahíño, Luis Suárez, Puchades, Pasieguito, Seguí, Fuertes y como no Wilkes, para ello, unas veces utilizábamos unas pequeñas pelotas de trapo que nosotros fabricábamos, y otras veces con pelotas de goma, a las cuales les hacíamos un agujero con un alambre al rojo vivo, así la pelota perdía su aire y dejaba de botar, con lo que eliminábamos el riesgo de que cruzase a las vías y nosotros tras ella, ya que el desnivel del terreno hacía que se fuera a la zonas de tránsito del tranvía, que bajaban del Puente de Serranos hacia la Calle Sagunto, o a la Estacioneta, donde los trenes, salían hacia los poblados marítimos… en definitiva, allí perdíamos la noción del tiempo, el futbol era nuestra pasión.

A la otra parte del río, justo enfrente, emergían las Torres de Serranos, la puerta de entrada por excelencia, a la Valencia medieval, allí seguían vigilantes, firmes e imponentes, testigo de excepción de una época lejana.

 Mientras avanzábamos, Navarro llamó nuestra atención.
-    A ver, chicos, escuchadme.
-    El que resuelva el  acertijo, estará cerca de  adivinar hacia donde nos dirigimos.
-    ¿Qué animal contiene las 5 vocales?
Todos a la vez empezábamos a repetir en voz baja varios nombres de animales, hasta que saltó uno y dijo:
-    Ya lo sé, es el rinoceronte.
-    No, es el hipopótamo, dijo otro.
Navarro se tronchaba, a la vez que movía la cabeza con un claro gesto de negación.
-    En efecto, tienen cinco vocales, pero debe contener las 5 vocales. Seguid pensando un poco más.

Después venía el puente de madera…

… y al lado la estación, con el campo de Vallejo detrás,

 …los Jardines del Real…


…hasta llegar al Palacio de Ripalda, que era un edificio neogótico de toque romántico, coronado por una elegante torre redonda, que le hacía concebir el aspecto  de un chateau francés, sin precedente en Valencia, su construcción se situaba entre los años 1889 y 1891, y su demolición en 1967, en su lugar se construyó el edificio conocido como La Pagoda.

No habíamos avanzado ni doscientos metros cuando, al fondo vi aparecer un trozo de edificio extraño y pintoresco, no parecía la Plaza de Toros, ni tampoco un mercado, ni un edificio oficial, lo que sí que se apreciaba con claridad era el continuo movimiento de personas de un lado para otro, era como un hormiguero.

A medida que nos acercábamos, sentí un escalofrío, acompañado de un dolor abdominal, eran los nervios, cuando me di cuenta de donde estábamos y donde íbamos…. a Mestalla. A ver a mi Valencia C.F.

El estadio continuaba en fase de remodelación, aún así, el aspecto era espectacular y majestuoso.

Miré a los demás chicos que venían, tenían una cara entre sorprendidos y alegres, me vi reflejado en ellos, tiritábamos todos de los nervios y la emoción.

En las afueras del estadio habían “paraetas” ambulantes, en los cuales habían castañas, panochas de maíz, boniato, cucuruchos de chufas, de altramuces, y de pipas, también había regaliz y trozos de coco rancio, y las castañeras, con su delantal blanco voceando -¡a la rica castaña calentita!

Sin perder la formación, Navarro nos guió hacia una de las puertas de acceso al campo, de su abrigo extrajo un fajo de entradas, que se las enseñó al portero, este preguntó si teníamos todos 12 años, después de la afirmación del director, comenzó el recuento de entradas, las contó dos veces, y en ambas el número se repetía, dieciséis, acto seguido fuimos entrando uno a uno, mientras el portero nos contaba en voz alta.

El Director, esperó a que todos entráramos y se puso en cabeza, nos fue guiando con cierta soltura por dentro del estadio.

No recuerdo si subí o bajé escaleras, ni cuantas, que creo que fueron muchas, ni por donde, las piernas me iban solas, estaba flotando, lo único que conscientemente mi cerebro podía controlar eran los ojos, los cuales no se perdían ningún detalle de aquel laberinto, finalmente llegamos a la última escalera, y al asomarnos, nos quedamos petrificados y boquiabiertos, ninguno de nosotros estaba preparado para ver una imagen de aquella alfombra verde, era hipnótico, yo no había visto nada igual en mi vida.

 Mientras avanzábamos por el frío cemento, hasta nuestra ubicación en la General de Pie Sur, me fije en otro detalle que me llamó mucho la atención, era la visera que le estaban construyendo a la Tribuna, aquel voladizo de hierro era enorme, una auténtica obra de ingeniería, aunque todavía estaba por terminar.

Y bueno, allí estaba yo, dentro del Mestalla, por primera vez, apenas podía creer que yo formara parte de aquel partido, con mi equipo el Valencia C.F., era como un sueño, que en la época que me tocó vivir, se hacía inalcanzable.

El partido se jugaba pronto, sobre las 4 de la tarde, puesto que había que aprovechar la luz natural, al no existir la luz artificial.

El duelo era un Valencia-RCD Español, jugaban por el Valencia, López, Díaz, Paquito, Sócrates, Pasieguito, Puchades, Seguí, Wilkes, Gago, Fuertes y Buqué. La jornada era la número 28 de 30, eran las postrimerías de la Liga de la temporada 1953-54, y ambos equipos luchaban por la tercera plaza de la Liga.

Ni que decir tiene, que me sentía un afortunado de poder ver jugar juntos a un grupo de jugadores extraordinarios, y de reconocido prestigio. El sistema de juego seguía siendo un 1-3-2-2-3, conocido en la época como la WM, una copia del sistema de juego que había puesto de moda el San Lorenzo de Almagro, que lo utilizó en su gira de partidos amistosos por toda la geografía española, allá por el año 47.


 Cuando el Valencia, de un blanco inmaculado, hizo su aparición, toda la Tribuna se puso en pie aplaudiendo a rabiar, igual que el resto del estadio, los que estábamos en la General de Pie, no nos incorporamos, puesto que era una evidencia, que ya lo estábamos. Yo estaba nervioso, pero cuando vi aparecer a mi equipo, mi corazón parecía que iba a salirse del pecho, fue algo inolvidable que recordaré mientras viva.

Del partido, no lo recuerdo todo, lo que sí recuerdo, es que fue un partido vibrante, de ida y vuelta, lo más importante para nosotros, era distinguir a los jugadores favoritos de cada uno, el rubio era Tonico Puchades, ese era inconfundible, hay que ver lo que imponía en el campo, estaba en todas partes, a su lado siempre Pasieguito, en la parte de arriba cinco jugadores de lujo, Fuertes, Buqué, Gago, Seguí y Wilkes.

Yo sólo tenía ojos para un jugador, Servaas Wilkes, alto, fino, que iba al trote cuando no tenía la pelota, pero, ay amigos, cuando le llegaba la pelota a sus pies, el público lo acompañaba con un murmullo de admiración, eso era lo que le diferenciaba de los demás, que era un jugador distinto, único e irrepetible, se pasaba la pelota de un pié a otro con una rapidez endiablada, el público contaba los driblings que hacía en cada jugada, sentaba a los defensas que salían a su paso, uno… dos… tres…. cuatro…, un regate en seco, una finta, un centro, un chut, su juego de cintura era un desafío a las leyes de la física.

 En el descanso, el estadio parecía que iba a arder, venga a fumar puros, nosotros lo aprovechamos para escuchar las opiniones de los más mayores.

El último gol del partido fue imborrable, faltando unos minutos para acabar el partido y con 3-1 en el marcador, Wilkes cogió la pelota y avanzó como una flecha hacia la portería rival, empezó a regatear rivales, hasta tres o cuatro, se paraba, arrancaba, avanzaba, los defensas no sabían cómo pararlo sino era con faltas, definitivamente enfiló hacia la portería, y de tiro colocado puso el 4-1 en el marcador.

 El público, como un resorte se levantó de sus asientos, y comenzó a sacar pañuelos blancos agitándolos al aire, era algo insólito en la época, pues el flamear de pañuelos estaba reservado para los toreros en las tardes de gloria.

Cuando marcó el gol todos sus compañeros fueron a abrazarlo, y una vez lo dejaron libre, me pareció que miraba hacia donde estábamos nosotros, y creí por un instante, que nos dedicaba el gol, fueron un par de segundos mágicos.


 Uno de los chicos preguntó que quien era ese, y yo le dije que era el holandés Wilkes, entonces el chico, en voz clara dijo:
-    Pues es como un mago, el Mago de “Holandia”.
Creo que nos pasamos un par de minutos riendo todos a carcajada limpia.

Al acabar el partido, la ovación pues atronadora para los dos equipos, pero especialmente para nuestro Valencia.

El viaje de regreso, pese a las continuas indicaciones de Navarro de ir en formación, fue un jolgorio, estábamos extasiados, contentos, no parábamos de comentar y gesticular las incidencias y situaciones del partido, con las piedras con las que nos íbamos topando por el camino, intentábamos copiar los imposibles regates de Wilkes.

En un momento del viaje, los ojos de Navarro se encontraron con los míos, quería darle las gracias, pero no me salían las palabras, él se dio cuenta, y con una satisfecha sonrisa, entrecerrando los ojos, asintió con la cabeza, un gesto que fue su forma de expresar, que sabía lo que quería decirle.

La verja del orfanato se cerró detrás de mí, volvía a la dura realidad del internado, giré la cabeza, con la única e ingenua idea de que la puerta se volvería a abrir, y escapar de mi realidad, pero ya no se abrió, necesitaba que pasaran quince días más, para que, con un poco de suerte, estuviera entre los elegidos para otro paseo en domingo por la tarde.

Todos los demás niños que no fueron al partido, se arremolinaban alrededor nuestro y nos preguntaban cómo había sido el partido, nosotros contábamos muchas cosas del partido, las jugadas, los goles, los remates, las paradas, y que por supuesto las exagerábamos, así nos hacíamos los importantes, por unos momentos éramos el epicentro de sus sueños.

Después de la cena, y cuando apagaron las luces del internado, me acurruqué en la cama, y no tengo reparos en contar que lloré en silencio, mis pequeñas manos, secaban las lágrimas, no en vano había sido el mejor día de toda mi corta vida, y necesitaba dar las gracias a quien fuera, pero no sabía muy bien a quien dárselas, si al caprichoso destino o azar de un celador legionario, a la escasez económica de mi padre zapatero de profesión, que le hizo internarme, o tal vez a mi madre, a la que nunca llegué a conocer, pero me gustaba pensar que me guiaba, cual Ángel de la Guarda.

Abrí muchas veces más, junto a Navarro, la verja de la entrada del internado, los domingos por la tarde, para volver al Mestalla, repitiendo el mismo camino, exactamente hasta 1960, año en que a la edad de 16 años, se acababa nuestra formación, así que lo de entrar gratis al Mestalla se acabó, y fui yendo de vez en cuando a ver a mi equipo, no todo lo que me hubiera gustado, pero ahorraba para verlo varios partidos al año.

Los Puchades, Pasieguito, y Wilkes, dejaron paso a los Waldo, Guillot, Sánchez Lage, Paquito, Roberto Gil, y estos dejaron paso a Claramunt, Abelardo, Sol, Valdez, y estos a Roberto, Saura, Solsona, Bonhoff, Kempes… y así cíclicamente, hasta tres décadas. Que se solapaban con mi boda, el nacimiento de mis hijos y un trabajo estable y absorbente.

Hoy, ya casi han pasado 58 años de aquel primer partido en Mestalla, y aunque la vida inevitablemente se me va escapando, entre hojas de calendarios, casi puedo respirar aquel día, el ambiente de Mestalla, la salida de los jugadores, la celebración de los goles, en aquel partido en el cual Faas Wilkes se vistió de “Mago de Holandia”, y de cómo fui testigo en primera persona de la calidad de un único y extraordinario jugador.

Curiosamente el último partido al que acudí al viejo Mestalla (en un trofeo Naranja contra el FC Barcelona, justo en el verano del 87), fue el primero de mi hijo, que tenía la misma cara que yo, entre alegría y sorpresa, que en aquel frío y lejano abril de 1954.

A nosotros, que llegamos tarde a todo: a la infancia,
a la adolescencia, al sexo, al amor, a la política…
A nosotros, que nos quitaron, año tras año,
el significado de cuanto nos rodeaba,
aunque fueran las cosas más pequeñas,
menos importantes…
Y a quienes nos hicieron así: nuestros
padres, que también llevaron lo suyo; (José Luis Garci)

A Roberto Alcázar y Pedrín,
al Guerrero del Antifaz,
el Capitán Trueno, El Jabato,
a los seriales radiofónicos,
a las anónimas cantantes de copla
de patios y plantas bajas.

A los desconcertantes y terribles secretos de familia,
a Navarro, a la hermana Pilar, y a mi tío María,
a la banda de cornetas y tambores,
a Luis, Matías, Bartolo, Pepín,
Clemente, Lucio, Zúñiga, Faustino
y Caballero, los últimos del internado.

A las Revistas Musicales con sus “varietés” en el Teatro Alkazar,
al cine Boston, y en verano a la terraza Rosaleda.
a los ansiados domingos por la tarde,
a los guateques y los discos de vinilo,
a los primeros bailes agarrados, gracias al son de
Los Milos,  Dúo Dinámico, Pantalones Azules,
Antonio Machín, Gelu, Lita Torelló, Los 5 Latinos,
Juan Pardo, Adriano Celentano, Enrique Guzmán, Adamo,
Los Beatles, el gran Elvis y por supuesto a Bruno Lomas.

A los primeros amores, y todo lo que ello conlleva.
A la juventud….la mejor época de nuestras vidas.
A la peseta, el céntimo y los duros.

A Abel, Onsurbe y Luisito, y el significado de la amistad.

A los que luchamos en silencio por la libertad,
y a los que silenciaron por luchar por ella.

A mi Valencia Club de Fútbol, y a los jugadores que
nos hicieron disfrutar, Wilkes, Puchades,
 Waldo, Guillot, Claramunt, Paquito, Roberto Gil,
 Kempes…y mi Liga del 71. Esa no me la quita nadie.

Y por  supuesto a mi esposa y nuestros descendientes,
que recuerden y no se olviden de sus pasos,
 pues también forman parte de los míos.

A mi cuñado Toni, nos vemos en tu montaña.
ANTONIO AGUILAR FERRER, el padre de PEPELU.

José Luís Aguilar, “Pepelu”
Socio del Valencia CF 
·

dijous, 19 de novembre del 2009

El Valencia campeón y proletario

·
Continuem la publicació de la sèrie d'articles amb la que el diari Levante-EMV que està traient a la llum la figura de Josep Rodríguez Tortajada amb l'escrit per Miquel Nadal, autor del llibre "El nacimiento de la ciudad deportiva. La Valencia de Hurras y Alirones" (Ed. Ruzafa Show) i col·laborador habitual de nostre blog.


Pàgina 3 de l'edició del diari ABC de Madrid del 25 d'agost de 1936 amb imatges del míting celebrat a Mestalla el dia 16 d'agost.

Como lector juvenil de las historias del Valencia siempre me sorprendía la descripción de la guerra civil como un paréntesis ominoso sin fútbol. La apelación a la Cruzada servía para ventilar el período. Recuperada la democracia, el vacío atribuible a la censura del franquismo ambiental cedió el paso a la pereza en la visita a las hemerotecas y al ingrato trabajo de rastrear en los archivos. Desde 1975 hasta ayer mismo, nada supimos de aquellos tres años. La muerte de Francisco Almenar Quinzá, el presidente arquitecto de la tribuna de Mestalla y la presidencia en funciones de Luís Casanova Giner en aquel verano de 1936, formaban el primer corchete que separaba el Valencia pujante que había conseguido ascender una semana antes de la proclamación de la República a la Primera División, y llegado a su primera final de Copa en 1934, seguido de unos puntos suspensivos cerrados con el segundo corchete de la presidencia impuesta del comandante Giménez Buesa, dando el paso a la delantera eléctrica, ya con Luís Casanova como el gran presidente de los años 40.

Pero aquellos puntos suspensivos existían sin duda, y en agosto de 1936, el Valencia había sido incautado, y tenía una Comisión Gestora presidida por un socio del club, Josep Rodríguez Tortajada. Esa primera referencia de Julián García Candau sirvió para que yo mismo en mi libro El nacimiento de la ciudad deportiva. La Valencia de hurras y alirones, reconstruyera algunos detalles de la biografía de Rodríguez Tortajada, el Presidente de esos tres años de una entidad que supo adaptarse a las circunstancias.

Ahora mismo, gracias a los trabajos de Josep Bosch, sobre el fútbol durante la guerra; a las referencias inéditas de José Ricardo March, en el segundo tomo de la Historia del Llevant, de los amigos José Luís García Nieves y Felip Bens, las luces sobre este período han compensado con creces el oscuro silencio al que nos habíamos acostumbrado. Hay una nueva generación de estudiosos e historiadores, cada cual enfundado en su zamarra, que está aportando buenos, generosos y cooperativos frutos. La recuperación de hoy, como la del papel de Octavio Augusto Milego en la fundación del Valencia, o de Ballester en el Levante FC son ejemplos claros de lo mucho que todavía queda por investigar y escribir.

Se jugó al fútbol. Se intentó vivir. Se demostró que aquel Valencia FC de los años 30 continuó con los mismos mimbres durante la guerra, y fue asegurado y conservado en sus rasgos esenciales por esa Comisión Gestora, en la que la presencia de Luisito Colina se revela decisiva. Antes, durante, y después de la guerra.

Desde ese punto de vista, los puntos suspensivos de ese paréntesis son más esenciales que la marginal e impuesta del comandante Adolfo Giménez Buesa sobre la que tanto se ha querido elucubrar. Entre las presidencias de Luís Casanova, la continuidad fue asegurada gracias a personas como Josep Rodríguez Tortajada y Luís Colina, al que alguna vez habrá que asignar la responsabilidad esencial en la trayectoria ascendente del club de Mestalla.

Recuperar un nombre en un libro no es suficiente. Es necesario un aldabonazo más poderoso. Vicent Chilet ha golpeado a la conciencia sensata del valencianismo, con un luminoso y equilibrado perfil de este presidente proscrito, olvidado y hoy, por fin, recuperado.

La deuda a saldar no es moral o ideológica. No reivindicamos al teniente de alcalde, al dirigente político nacionalista. Hoy no queremos ni héroes ni mártires. Simple y breve: la historia que un club luce con los dígitos de los noventa años es falsa si solo es capaz de presentar una cosecha de ochenta siete. Ahora el club tiene la palabra. Y tiene la responsabilidad barata y sencilla de demostrar su grandeza habilitando oficialmente en la galería de Presidentes un lugar digno para la presencia de Josep Rodríguez Tortajada. Para la responsabilidad histórica no hacen falta créditos ni avales bancarios.

Yo no sé muy bien de qué forma, pero por ejemplo 90 socios de este club -y aquí cedo la idea a este periódico para ponerla en marcha- deberíamos ser capaces de unir nuestras firmas y pedir que queremos los 90 años del Valencia, incorporando todo aquello, bueno y malo, que nos hizo crecer, ser más grandes y una sociedad deportiva respetada. Tengo claro que él, y muchas de las personas que como él se hicieron cargo del Valencia FC durante la guerra, consiguieron transmitirnos el mismo Valencia que recibieron de otras manos. No sé si algunos de los Presidentes posteriores pasarían la prueba. O sí que lo sé, como lo sabemos todos. Pero la vitrina de nuestra historia debe estar completa de cara al centenario. Los queremos a todos. Sin excepciones. Y mucho menos las fundadas en la pereza o en la ideología.

Josep Rodríguez Tortajada, el presidente que soñaba en 1937 con un Valencia municipalizado, y pugnando por representar a la Valencia deportiva, fue el presidente que acompañó al club a Barcelona, y al que la prensa barcelonesa, el 3 de enero de 1937 saludaba como el Valencia "Campeón y Proletario". Todos los Valencias FC de nuestra larga historia, con contradicciones y vergüenzas, con aciertos y errores, vulgar o excelso tienen que estar expuestos de idéntica manera.

En 1923, el Vicepresidente de la Federación Checa, de visita en Valencia junto al Sparta de Praga dijo de nuestro Valencia que sería capaz de llegar muy pronto a conseguir grandes cosas porque tenía algo muy importante que detectaba en aficionados y directivos: "la voluntad de querer llegar". Josep Rodríguez Tortajada, el Presidente del Valencia FC entre 1936 y 1939 fue de aquellos que contribuyeron a hacerlo posible.

A veces el fútbol proporciona sorpresas. Y esta es una de ellas. Más allá de presidencias y halagos póstumos, el fútbol y el Valencia han permitido recuperar el rostro, la figura y las andanzas de una persona. Valencianista. Nuestra. Ahora el club, esa sociedad anónima, tiene la palabra.


Miquel Nadal Tárrega
Socio del Valencia CF
Autor de "El nacimiento de la ciudad deportiva" (Ruzafa Show)
·

dijous, 22 d’octubre del 2009

La voluntat de voler arribar: premsa i imatges

·
Com a complement a l'article anterior, presentem alguns documents gràfics relacionats amb la visita de l'Sparta a València i sobre el propi club txec: d'alguna manera reflectixen l'impacte mediàtic que ja en aquells moments tenia el futbol i començava a tindre la jove entitat de Mestalla, que adoptava sense complexos les característiques pròpies de la modernitat i la societat de masses.

Portada del diari de Barcelona '"El Mundo Deportivo" del 4 de gener de 1924, amb la notícia dels enforntaments entre el València FC i l'Sparta de Praga.

Detall de la portada d'"El Mundo Deportivo" del 4 de gener de 1924 amb la crònica dels partits entre el València FC i l'Sparta de Praga.

Detall de la repercussió en la premsa catalana de la visita dels txecs i l'expectació que despertava el seu desplegament tècnic.

Postal amb l'alineació de l'Sparta de Praga l'any 1922: Johny Dick (entr.), Peyer, Pilát, Hojer A., Kád’a, Perner, Janda, Sedlácek, Kolenatý, Cervený, Pospisil, Sroubek. A continuació diverses instantànies de l'equip txec de l'any 1922 i 1926 respectivament.




Ultimes vesprades a Mestalla
·

dilluns, 19 d’octubre del 2009

Touha dosáhnout

·Crònica gràfica del partit entre el València FC i l'Sparta, al Núm 209, aany IV de "La Jornada Deportiva - Diario Nacional de Sports", Barcelona, 2 Enero 1924

Caldrà recordar en moltes ocasions que el bienni 1923-1924 representa per al nostre Valencia molt més que la inauguració de Mestalla o la benedicció de la bandera. Caldrà posar de manifest que només quatre o cinc anys després de la fundació del club en març de 1919, el club de Mestalla havia adquirit una imatge de modernitat orgànica, de representació de la ciutat, d’aposta per la professionalitat inevitable, d’aconseguir la necessària influència federativa, difícilment igualable en altres clubs. La creació de les seccions esportives, la celebració de partits internacionals, la incorporació de la figura de l’entrenador, la celebració de les Olimpiades Esportives per a captar figures infantils, i moltes altres iniciatives només tenen sentit en un club jove que ben prompte hagué de consolidar-se i s’acomodà harmònicament com el club de la ciutat. Hui portem al blog alguns detalls d’una de les iniciatives: els partits internacionals.

Era evident que per al impetuós creixement de l’aficció futbolística, els campionats regionals no aportaven prou ingressos per a consolidar una estructura futbolística professional i moderna. Com a conseqüència d’això, els distints equips de futbol aprofitaren la finalització dels campionats i les festes de Nadal i Reis, per a montar partits internacionals, que foren en realitat els que consolidaren la imatge competitiva del futbol.

És el que va passar amb els partits internacionals que el València i altres clubs de la ciutat organitzaren per a enfrontar-se a equips hongaresos i txecs. En efecte, en novembre i desembre de 1923 i gener de 1924, distints equips centre europeus fan gires per Espanya.

Entre els equips txecs trobem l’Slavia de Praga, l’Sparta de Praga i el Deutscher Fussball Club. El futbol txec comença en 1885 quan els alemanys de Praga, del Club Regatta Prag, comencen a practicar-lo. Els txecs del Regatta abandonen la societat i formen l’Internacional Rowing Club. En 1895 naixen simultàniament l’Sparta i l’Slavia. La Unió Txeca de Fitbol no fou admesa a la FIFA més que com a membre interí entre 1906 i 1907. En el Congrés de 1908 celebrat a Viena el futbol txec pergué la seua consideració independent al considerar que al formar Txèquia part de l’Imperi Austro-Hungar, la representació devia detentar-la la Federació Austríaca. Els clubs texcs es negaren a la unió amb la Federació Austriaca (ÓFB), i només fou a partir de la creació de Txecoeslovaquia en 1918, després de la Primera Guerra Mundial, que el futbol texc adquirí carta de naturalesa pròpia amb l’admissió en 1923 com a membre de la FIFA.

El Gimnàstic jugà amb l’equip portugués Imperia Lisboa Club, contra l’alemany Turnverein Furth, contra l’hongarés Szombathly i contra el Deutscher Fussball. Este equip havia naixcut en 1896, com ja havíem dit, com a secció futbolística del Club Regatta Prag, la Deutscher Eis –und Ruder- Club Regatta Prag, on jugaran els “alemanys” de Bohemia, per a rebre el nom de Deutscher Club Prag, el Club dels Alemanys de Praga.

Estava fundat per un grup de jueus alemanys de Bohemia, de la ciutat de Praga. A partir de l’entrada d’Alemanya a la FIFA, el DFC de Praga abandonà les competicions alemanyes i es centrà en la competició txeca on guanyà el campionat txec i on conseguí en diverses ocasions la lliga dels Sudets. A partir de l’annexió dels Sudets a l’Alemanya nazi en 1938, i a causa de l’origen jueu del club, fou obligar a unir-se amb el Deutsche Sportbrüder Prag, per a formar el Nationalsozialistische Turngemeinde Prag en 1940.

Però res d’això sabien en 1923 els joves jueus del Deutscher que s’enfrontaven al Gimnàstic en l’Estadium del Turia. Guanyaren els granotes per 3 a 2, amb gols locals de Silvino, Arroniz i Marco, i gols texcs-alemanys marcats per Stuardt. Contra el Barcelona jugaren l’Slavia i l’Sparta, però a València només arribà l’Sparta. Els colossos de l’Sparta foren rebuts amb molta expectació. El primer partit es celebrà el dia 30 de desembre de 1923, guanyant els txecs per 5 a 1:

“La visita de los colosos del Sparta, esperada con tanto interés, satisfizo completamente en su primera exhibición la curiosidad con que se esperaba presenciar el juego de los checos. La labor que desarrollaron, fué sencillamente maravillosa; desde el pase corto, al largo, pasando por excelentes cambios y fuertes shoots, y tanto el juego por bajo como por alto (éste no con tanta perfección), todas, absolutamente todas las clases de juego, dominaron estos magos del balón. Sus mejores elementos fueron: Kadas, el gran medio centro; Kolenaty, su compañero de línea; Sedlacek, extremo rapídisimo y muy peligroso: el inter izquierda Dorraracek y el defensa Hojer. El primer tiempo fue reñidísimo, llegando al descanso con un resultado de dos a uno, marcados por Sedlacek, Dorraracek y Cubells. Los valencianos, que durante él pusieron toda su técnica y energías, ya no pudieron con la segunda parte, que quedó reducida a un constante ataque checo y a una defensa desesperada de medios, defensa y portero liocal, que por cierto estuvieron superiores. Los restantes goals, fueron maracdos por Bortrah y Dorraracek”.

En el segon partit, celebrat el dia 1 de gener, la victòria tombà del costat del club de Mestalla. En acabar este segon partit, el Valencia organitzà en el Cine Moderno, i amb l’assistència dels jugadors dels dos equips una projecció de partits de futbol (AC Sparta-Barcelona, Valencia-Barcelona, i València-Fortuna), i el vicepresident de l’Sparta, Joseph Sikl, membre de la Federació Txeca de Futbol pronuncià una conferència sober Txecoeslovaquia i Praga, amb un gran èxit de públic i una gran ovació final.

Alarcón, el cronista esportiu de El Mercantil Valenciano, ressenyava la importància de la victòria del València sobre l’Sparta:

“La victoria del Valencia sobre el Sparta ha constituido la nota culminante de su historia deportiva; y sin duda el triunfo mayor de nuestro fútbol. La fecha de ayer constituirá sin duda la iniciación del fútbol valenciano como prestigioso valor internacional. Rindamos, pues, homenaje, a los bravos que en gloriosa gesta batieron a los colosos del fútbol europeo”.

Però em resulta més atractiu reproduir la carta que el directiu de l’Sparta envià a la directiva del Valencia en acabar els partits, amb el prec de reproduir-la a la premsa:

“Es la primera vez que he visitado Valencia. Verdaderamente estuve sorprendido de su belleza, con su clima marítimo. Aun me ha gustado más la extrema amabilidad de la gente, y particularmente la digna directiva del Valencia F.C. que nos ha distinguido con extrema atención. Nos ha sorprendido el gran entusiasmo, el elevado espíritu deportivo que hemos visto en los jugadores, en el comité y en el público. Nos hemos convencido que Valencia ha hecho un paso gigantesco en el terreno de sport, y creemos que no tardará mucho que llegarán a primera fila. Serán ustedes los más típicos representantes del fútbol español. Vuestros jugadores juegan con gran entusiasmo y voluntad, y no se puede negar que hemos descubierto en su juego una buena técnica y educación deportiva. Eso es consecuencia de un trabajo constante: la voluntad de querer llegar. Creemos que para alcanzar tan buen resultado ha contribuido mucho nuestro antiguo jugador señor Fivbr, actual entrenador del Valencia F.C., y estamos muy orgullosos de eso. Así es que no nos sabe mal que en el segundo partidos los discípulos hayan vencido a sus maestros.Tengo que dar las gracias a la directiva del Valencia F.C. por haberme dado la ocasión de cumplir la misión cultural, con la cual mi gobierno me ha encargado. La conferencia que he podido dar en el Salón del Cine Moderno para los socios del Valencia F.C. me ha satisfecho por completo. Los numerosos socios que me han distinguido con su presencia y con la seriedad con que me han escuchado es una prueba elocuente que no solamente les interesa el juego del fútbol, sino que tienen gusto para ideales más nobles y un espíritu elevado para ensanchar sus conocimientos. En una palabra: estamos encantados de Valencia, y lo sentimos en el alma no haber podido prolongar nuestra estancia en ésta; pero esperamos que esta visita estrechará los lazos de amistad que nos unen. O hemos de volver o tendremos el gusto de saludar al Valencia F.C. en Praga. Ahora son ustedes quien tienen la palabra”.


Fixeu-vos bé. No tardarem en arribar a primera fila. Un elevat esperit esportiu. Un pas de gegants en el terreny de l’esport. Uns socis amb ideals més nobles i un esperit elevat per a augmentar els seus coneixements. Un treball constant: la voluntat de voler arribar. Si jo manara un poc, només un poc, faria reproduir esta carta en la revista del club, i en lloc de noms i marques comercials, faria que en el nou camp a més a més del gloriós nom de Mestalla figurara eixe lema inseparable de tot allò que ens ha fet grans. Amistat, cordialitat, atenció i benvinguda. Treball constant: "Touha dosáhnout", la voluntat de voler arribar.


Miquel Nadal Tárrega
Soci del València CF
·

divendres, 12 de setembre del 2008

Un Valencia Campeón: Una demagogia innecesaria

·
[Escut del València amb la imatge de l'entrenador Anton Fivber]

Chicago es una gran ciudad. No tiene los encantos subyugantes de mi adorada Nueva York, pero hay que reconocerle méritos innegables. El blues eléctrico que surgió de la zona sur de la ciudad en los años 40 y 50 no es más que uno de ellos. Podríamos seguir con la escuela arquitectónica que floreció en el interior de su célebre Loop, ser el paisaje urbano necesario para los tejemanejes de los mafiosos de tronío como Al Capone o albergar entre sus calles al coqueto Wrigley Field, inaugurado en 1914, el campo de los Chicago Cubs. También es la ciudad de los Chicago White Sox, conocidos durante un tiempo como los Black Sox debido al fraude que sus jugadores llevaron a cabo amañando las Series Mundiales de 1919 (me encanta esta cifra). Un hecho que actuó como una maldición que les impidió volver a ganar el campeonato máximo de béisbol hasta el año 2005. Pero volvamos a los Chicago Cubs. Los Cubs juegan en la Liga Nacional de béisbol (creada en 1876, la más antigua de las dos que componen la Major League Baseball). La otra liga es la Liga Americana y ambas funcionan de modo independiente, con su propio campeón anual; pero, desde que en 1903 a uno de esos magnates de puro y mostacho se le ocurrió que sería una buena idea enfrentar a los campeones de ambas ligas en una especie de campeonato de campeones, las Series Mundiales (el nombrecito se las trae, lo reconozco, pero ya sabéis cómo son estos americanos) son el verdadero certificado de excelencia anual en el mundo del béisbol. Los Chicago Cubs ganaron por última vez las Series Mundiales en 1908. Sí, leéis bien, no me he equivocado al teclearlo. El año 2008 presencia el centenario de la incapacidad de un club fundado en 1876 (con el nombre original de Chicago White Stockings) para proclamarse campeón. Toda una pléyade centenaria de jugadores, propietarios, empleados y aficionados, que podría llenar toda una biblioteca de guías telefónicas, nunca ha visto a su equipo ganar las Series Mundiales. Durante años, los Cubs fueron el paradigma del equipo a ridiculizar, los perdedores profesionales, el verdadero equipo del montón. Aquellos malos tiempos no hicieron que los propietarios se plantearan cambiar de ciudad al equipo, dado que la afición siempre fue fiel y mantuvo la esperanza de que todo cambiaría en la siguiente temporada. La temporada actual nos muestra a unos Cubs liderando su clasificación, jugando con toda seguridad los play-offs por el campeonato de la Liga Nacional. Y quien sabe si llegando hasta las Series Mundiales. Los aficionados muestran su confianza en el equipo con carteles que llevan a los partidos; éstos rezan: “I believe in 2008” ("Creo en 2008").

Perdonadme esta digresión sobre Chicago, los Cubs y el béisbol, pero la encuentro imprescindible para poner en perspectiva lo que pretendo contar. El Valencia F. C. fue fundado en 1919 (mira que es chula esta cifra) y en breve contará con 90 años de vida. Su actual campo es el Camp de Mestalla inaugurado en 1923 y a finales de temporada cumplirá 86 años albergando los partidos locales de mi equipo. Mi equipo ha ganado títulos nacionales, internacionales, otros de menor entidad y muchos de ninguna. De entre todos ellos, destacan seis títulos de campeón del Campeonato Nacional de Liga, una competición de primer nivel europeo; título éste que sólo ostentan 9 equipos españoles. Fue campeón regional múltiples veces cuando la liga española no existía, fue campeón de la segunda división y subió a primera para no descender más que una vez y subir inmediatamente en la temporada siguiente. En los años 40 fue hegemónico y hasta la llegada de Di Stéfano al Real Madrid, tuvo mejor palmarés que “el mejor club del mundo”. Ganamos títulos en todas las décadas y a veces hasta dos en un año. No hace tanto que tuvimos una nueva edad dorada y la temporada pasada volvimos a poner una muesca en la culata de la Copa del Rey. Seguro que esto que os cuento no os viene de nuevo a casi ninguno de vosotros, así que ¿de qué va esta perorata?

Va de sentirse orgulloso de ser valencianista. Va de conocer nuestra historia. Va de no necesitar ganar un título todos los años para ser grandes. Ya somos grandes. Mucho. Va de asimilar esa grandeza y no traicionarla. Va de reconocer al lobo vestido de corderito. De aplaudir las grandes jugadas y apoyar al equipo cuando las fuerzas flaquean. De acordarse del último título, aunque hayan pasado décadas de aquello. De escribir Montes, Cubells, Mundo, Puchades, Claramunt, Kempes, Fernando y Mendieta en las paredes desconchadas de nuestra memoria valencianista. Va de acordarse de los Cubs de Chicago cuando nuestro equipo acabe la temporada en décimo lugar. Va de qué es el fútbol y qué no lo es. Va de no pedir peras al olmo, pero saber saborear una buena ciruela cuando cae madura en nuestras manos. Os hablo de todo eso. De saberse espectador y, por qué no, actor de la gran historia de nuestro club de fútbol. Ni más ni menos.


Francisco García (àlies Cisco Fran)
Soci del València CF
·