Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris banda de música. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris banda de música. Mostrar tots els missatges

dilluns, 14 de desembre del 2015

Muziekvereniging Somerens Lust

·
·
Domingo 20 de Octubre de 2003, Mestalla a las 5 de la tarde, bajo un sol otoñal que todavía calentaba, lleno a reventar, ambiente excepcional, en estas que se disputaba la 7ª jornada de Liga 2003-04, el Valencia CF líder de la competición, alineaba a: Cañizares, Carboni, David Navarro, Ayala, Curro Torres, Marchena, Baraja, Jorge López, Vicente, Aimar y Mista… con Benítez de entrenador… uff… sólo repetir esta alineación afloran en mi mente mil y un recuerdos.

Enfrente el RCD Español, que en ese momento era colista, con Javier Clemente de entrenador y formando con Toni, Marc Bertrán, Carlos García, Jarque (d.e.p.), Lopo, David García, Morales, Bastía, Tayfun, Maxi Rodríguez y Raúl Molina. Huelga decir que el equipo perico acudía con numerosas bajas.

El partido no pudo empezar mejor Mista a los 7 minutos, tras un error de Toni (otro más en Mestalla) puso el 1-0 en el marcador.

El Valencia CF de entonces era una bloque rocoso, que jugaba con el tempo del partido, sabía sufrir cuando tocaba y apretaba el acelerador cuando lo necesitaba, así llegando casi al final de la primera parte, el RCD Español tuvo una oportunidad inmejorable para igualar el partido, pero allí estaba Cañizares para desbaratar una triple ocasión españolista, y acto seguido, Baraja en el 45’ y a continuación Mista en el 46’, dieron la puntilla a la primera mitad del partido.

El pitido del descanso, efectuado por Medina Cantalejo, llevó al merecido reparto de aplausos a los jugadores del  Valencia CF, a mi alrededor sólo veía caras de satisfacción, alegría y orgullo de lo bien que iban las cosas a nivel deportivo en el club, era un domingo tranquilo, cuanto los añoro.

Al poco apareció Nicasio Agustina organizando la banda de música, para amenizar el descanso, parecía que se esforzaba bastante en hacerse entender, no era para menos, era la primera vez que una banda de música extranjera (holandesa para más señas) actuaba en el coliseo valencianista, y no parecían entender bien lo que el señor del puro les decía, así que una vez todos formados, el director de la banda, al más original estilo de una majorette, empezó a mover el bastón a diestro y siniestro, y con este gesto, los primeros acordes.

No recuerdo que pieza musical tocaban, me suena que era pegadiza y con mucho ritmo.

Nicasio encabezaba la comitiva, empezó a andar, siguiendo litúrgicamente la línea de cal exterior del césped, dando la vuelta interior a todo el estadio, pero no habría avanzado ni 30 metros, cuando ante el asombro y murmullo general, la banda de música holandesa se independizó de Nicasio, y emergió la figura del guía de la banda, moviendo el bastón con una energía extraordinaria, ahora hacia arriba, luego abajo, a la izquierda, a la derecha, vertical, horizontal, daba igual, él era el guía y el resto de la banda lo seguía por todo el estadio, y tras ellos Nicasio, que para entonces ya había perdido el puro, y agitaba los brazos, para llamar la atención de la banda y reconducirlos por el camino que durante años, todas las bandas habían seguido sin ningún problema.

El asombro general, fue convirtiéndose en sonrisa, luego en carcajadas y finalmente en mofa y descojono total.

La Muziekvereniging Somerens Lust iba de izquierda a derecha, en zig-zag, en vertical, en horizontal, y tras ellos Nicasio, al que no hacían ni puñetero caso.

Hubo un momento en que se cruzaron las miradas de Nicasio y el guía de la banda, y Nicasio le dijo que había que seguir la línea de cal exterior del césped: el guía holandés parecía que lo entendió y se fue detrás de Nicasio, este se dio la vuelta pensando que por fin lo seguían, y alehop, otro golpe de bastón y nuevo cambio de sentido de la banda holandesa. Nicasio estaba fuera de sí, creo que en ese momento soplaba y ponía los ojos en blanco.

La banda siguió tocando y llevándose el aplauso y la ovación del respetable, mientras a “Nica“ me lo imagino jurando en hebreo, mientras saltaba repetidas veces sobre su impoluta chaqueta del traje, en un gesto de rabia y desagravio.

La segunda parte, sobró, aún así Vicente puso el 4-0 en lo alto del marcador.

Tengo grabada esa tarde como un día completo, que rápido han pasado estos diez años, que bisoñez y que confiados estábamos: no lo sabíamos todavía, pero esta iba a ser la temporada más laureada de nuestra historia. El equipo jugaba de memoria, como un rodillo, con una precisión máxima: era un equipo compacto, solidario y comprometido. La nota de humor la puso la Muziekvereniging Somerens Lust, justificando que en Mestalla también es posible reír.


José Luís Aguilar, “Pepelu”
Socio del Valencia CF
·

dilluns, 16 de març del 2015

Sin orden ni concierto

·
·
Resulta revelador cómo nuestra mente salvaguarda con mayor nitidez las anécdotas o lo superfluo por encima de otras cuestiones esenciales. Creo que Mestalla nunca ha demandado grandes explicaciones porque sus moradores nos hemos contentado siempre con vivir al día y disfrutar de ello a la valenciana manera. No hay espacio para la urgencia de las clasificaciones y la incerteza de un futuro deslocalizado cuando, en las conversaciones entre adeptos, tiramos de anecdotario a modo de pedigrí valencianista. Nos olvidamos de las ataduras del presente y el único resultado que nos compete atañe a la exposición de estos relatos.

Fragmentarios, descontextualizados, deconstruidos, parcialmente modificados para acentuar su rareza; incluso, a veces, objetivamente rememorados… He aquí uno de los nervios de Mestalla y mi humilde contribución a la causa desde mi acontecer nómada por sus gradas.

El aleatorio orden de este anecdotario nos traslada a los cuartos de final de la Copa de la UEFA 96-97. Mestalla cuece la enésima remontada inconclusa, esta vez ante el Schalke 04. Cuarenta y cinco minutos antes del partido, horas antes de la Nit del Foc, nos encontramos los más fervorosos ya dentro del estadio, mientras suenan por megafonía “El Venao” y otros temas de la época y las Generales Norte y Sur dibujan sendos mares de banderas. Ante el furor de la marabunta, el speaker decide que corear los apellidos de los jugadores cuando se narren las alineaciones (por ejemplo, Andoni… ZUBIZARRETA!) supondrá un extra en pos de la victoria. Sorprendentemente, Mestalla, embriagado, responde tanto en el ensayo como tras la salida al césped. Meses después, verano mediante, el locutor lo volvió a intentar ante la visita del FC Barcelona, siendo en esta ocasión ignorada la iniciativa.

Peor salió el ensayo de un tifo de rollos de papel en el fondo sur (también contra el FC Barcelona, temporada 98-99), simultáneo a uno de cartulinas en grada central. Nuevamente, el speaker llamó al ensayo general (indicado expresamente para los de las cartulinas de grada central) desde su minarete, con la mala espina de que algunos también ensayaron con los rollos de papel. Ya era tarde para deshacer el entuerto…

Y no debe olvidarse que Mestalla fue pionero en tifos de rollos de papel (VCF-Real Madrid CF 89-90). También lo fue en la consagración del tifo sobre el césped, una extraña variedad, más bien performance, que se pudo ver antes del sacro VCF-RCD Espanyo de la campaña 01-02. La ocurrencia surgió de la reflexión relativa a que, si los aficionados de la grada central habían compuesto mosaicos durante toda la temporada, tenían derecho en este vital partido a contemplar un “tifo” delante de sus localidades.

Bien, continuemos con el repaso…

Como decíamos, los valencianistas hemos gustado de decorar nuestro estadio, mediante el desinteresado e ilusionado esfuerzo de los hinchas o también con la estridente distribución de colores para las sillas que sustituyeron a las de enea y al cemento, como las verdes de detrás de las porterías; o vallas, recuérdense las de las Generales pintadas de amarillo durante la segunda vuelta de la temporada 90-91. También cabría incluir la publicidad que se plasmó sobre el césped durante el Trofeu Taronja de 1987, de la cual no tengo recuerdo por cuestiones de edad.

Sí que me acuerdo de un hito que seguramente no tenga parangón en otros equipos de nuestra Liga (más allá quizás del Levante UD, por entonces en Segunda B), el de contar con una valla publicitaria contratada por un partido político. Se trataba de la de Unio Valenciana, visible al menos durante la temporada 94-95.

Como telúrica asociación de ideas me han sobrevenido los naranjazos que se propinaban a los jugadores del Real Madrid CF, fet diferencial de Mestalla. Tuvimos clausuras del estadio y apagones como todo hijo de vecino durante estos últimos veinticinco años, pero, para confusión y surrealismo máximos, aquel interminable descuento perpetrado por García de Loza contra el FC Barcelona en la campaña 91-92. Aseguran los testigos que decretó la conclusión del encuentro desde el túnel de vestuarios… Minutos antes había expulsado a un miembro de la Cruz Roja por un corte de mangas.

La banda de música merecería un capítulo aparte cuyo mejor narrador sería el finado Nicasio (el fondo sur no te olvida, “el del puro, oé!”). Mención especial para aquella animosa banda holandesa que entretuvo al graderío con sus charangueras evoluciones sobre el verde.

Sin duda, Mestalla es diferente. No tocaremos las palmas como los sevillistas, ni meteremos tantos decibelios como los colchoneros. Ni falta que nos hace. Así debió pensar el Último Pirotécnico, al que más de una década después de la prohibición de petardos y bengalas en recintos deportivos le pudo el gen explosivo de Mestalla y le dio por encender una traca en la banda de grada central para celebrar aquel primer gol de Claudio López al Liverpool (UEFA 98-99). La previa de aquel encuentro tampoco tuvo desperdicio, con Manolo saltando al césped con su bombo a cuestas y besando la hierba al estilo Juan Pablo II. Volvíamos a Europa, pero poco a poco.

No obstante, no sólo de grandes competiciones vive el hincha. También hemos podido ver deambular sobre el terreno de juego al hijo del malogrado Gadafi durante el último Taronja triangular y, tal vez, alguno pensaba que su recuerdo nunca volvería a manifestarse entre nosotros, pero me he permitido invocar el espectro de la Liga Autonómica. Por si la errática temporada 93-94 no había supuesto suficiente castigo para los valencianistas, la FORTA nos obsequió para matar el gusanillo con sendos grupos de tres de sus equipos asociados que lucharían por el título.

Tampoco resultó fácilmente clasificable el partido conmemorativo del 75 aniversario contra Brasil, en el que nos reforzaron Caniggia y Latorre, que además marcó un gol. Hubo tertulianos que se pasaron meses recomendando encarecidamente su fichaje en los aquelarres valencianistas…

El ejemplo perfecto de que tendemos a quedarnos con lo accesorio y soslayar lo solemne.

Dicho lo cual, después de acometer esta retahíla de anécdotas y rarezas, me alegro de poder integrarlas en ese coral relato valencianista que, como siempre, un poco a trompicones, vamos escribiendo.


Simón Alegre
Socio del Valencia CF
·

dijous, 4 de març del 2010

De himnos, pasodobles y cancioncillas

·

Uno de mis momentos favoritos cuando asisto a los partidos en Mestalla es el de la salida de los jugadores al terreno de juego. En mi recuerdo quedan cinceladas de forma indeleble las primeras veces, siendo niño, en las que al ritmo del pasodoble Valencia del maestro Padilla, y encabezados por Claramunt, el Valencia saltaba al verde manto de hierba. Me di cuenta de ello muy pronto. Era la música que precedía la aparición de los jugadores la que me situaba en un lugar diferente, en una misteriosa antesala de lo que podría ser un día glorioso, si se vencía, o nefasto, si éramos derrotados. Cosas que piensan los niños y que nunca se atreven a contar a sus padres. Chiquilladas. Echando la vista atrás, uno se pregunta si los nuevos aficionados, esos a los que llevamos de la mano o que ya nos acompañan, mocitos y mocitas, a paso firme hasta el campo, sentirán la misma vibración y excitación interior que sentíamos cuando los primeros compases del pasodoble inundaban el aire denso y narcotizado de las gradas.

·--·
Y es natural hacerse esa pregunta cuando uno pasa lista a las músicas que han prologado el salto de los equipiers al terreno de juego. De pasodoble a pasodoble. Del “Valencia” de José Padilla al “Amunt, València” de Pablo Sánchez y Ramón Gimeno. La celebración del 75º aniversario de la fundación del club dejó algunas iniciativas que van de lo ridículo a lo magnífico. Historias revisitadas, libros de cómics, un logotipo vergonzoso, un par de álbumes de cromos y un himno. Sí, porque tuvieron que pasar 75 años para que nos diéramos cuenta que un club tan grande carecía de un himno que glosara y exaltara sus virtudes deportivas. El ritmillo populachero y la letra, fácilmente tarareable, lograron un éxito inmediato del “Amunt, València” entre una gran parte de la masa social. De hecho, pasó a ser utilizado en la salida del equipo al campo y también como rúbrica y broche final de los partidos jugados en casa. Su estribillo gozó de predicamento entre los aficionados más juerguistas y beodos en las finales a las que, felizmente, hemos acudido en los últimos tiempos. A pesar de su éxito inmediato, “Amunt, València” parece haber caído, en los últimos tiempos, en un ostracismo que lo ha alejado del cariño de la afición e incluso algunos manifiestan abiertamente que su carácter popular disminuye las posibilidades reales de que un equipo con ese himno pueda conseguir títulos de tronío.

·--·
Pero los inspiradores intelectuales del himno “Amunt, València” desconocían que el Valencia FC ya tenía un himno. Databa de 1924, estaba compuesto por una mujer (eso sí que es adelantarse a los tiempos), Lolita Soriano Raga, y fue estrenado el domingo 21 de septiembre, por la tarde, en Mestalla. La Unión Musical y el coro de El Micalet, dirigidos por la propia autora, interpretaron el himno y ante el éxito obtenido tuvieron que repetir la interpretación. Nada de esto sería público de no ser por el denodado esfuerzo de un gran valencianista: José Núñez, que en un empeño titánico logró que el 17 de abril de 2005, en el TAMA de Aldaia, se reestrenara el himno de 1924, a cargo de la Agrupació Musical El Majors de L’Horta Sud y del tenor José Llopis Ferrandis. Escuchando aquel himno con los oídos del siglo XXI suena algo trasnochado y tópico, carente de un ritmo y melodía reconocibles a la primera escucha y excesivamente largo. No parece un himno que pueda recuperarse para animar a las masas sedientas de gol en los instantes previos a un partido.

·--·
Y aunque el club ya tiene 90 años, hay iniciativas que, por imitadoras y carentes de imaginación, acabarán por dar carta de naturaleza a esta orfandad musical que padecemos. Me refiero a la idea peregrina de última generación que utiliza la canción del cantante Leo “Amunt Valencia, la victoria” para enardecer a las masas ante la inminencia del comienzo del partido. Una canción que es una copia descarada del canon de Pachelbel y que a mí, francamente, no me dice nada, además de tener que sufrirla a un volumen sónico inhumano.

·--·
Así las cosas, ¿cabe la posibilidad de encontrar nuestra identidad futbolera en alguna tonadilla compuesta o por componer? En momentos así siempre miro hacia Nueva York. En el estadio de los Yankees los partidos empiezan con el himno americano, a mitad de la quinta entrada suena el “YMCA” de Village People, mientras los operarios arreglan el terreno de juego e incluso se marcan una coreografía; en la séptima entrada se canta el estribillo de la canción beisbolera “Take me out to the ballgame”, compuesta en 1908 por un tipo que nunca había asistido a un partido, sigue “God bless America” instaurada como parte del programa desde los atentados del 11-S y la posterior guerra de Irak; finalmente, cuando el partido ha finalizado Frank Sinatra nos despide con “New York, New York”. Tal vez, en el exceso natural de su forma de ser, los americanos traspasen la borrosa línea del buen gusto, pero quizá esa abundancia de propuestas pueda inspirarnos alguna idea realmente valiosa. Mientras, tanto: ¡escuchen, escuchen!


Francisco García
Socio del València CF
·

divendres, 15 de gener del 2010

Banqueta visitant. Vila-real CF

·
"Puerta grande"

He de confessar que no tinc la tradició futbolera d’alguns il·lustres col·laboradors d'esta pagina. No vaig estar al Mundial del 82, ni puc parlar de partits èpics com alguns companys d'altres equips han fet, ni tan sols el meu equip te un passat lluent (o coent, com vostès preferisquen), però poc m’importa.

Encara que respecte totalment la historia i mística dels equips, jo soc d'aquells que pensen que el present val mes que el passat (si, el Real Union i el Granada van ser molt grans en la seua època… però que els pregunten als seus seguidors si no se canviaven ara mateixa pel Villarreal).

Els meus records de Mestalla no son massa feliços. La meua experiència es redueix als partits de les primeres temporades en Primera del Villarreal, que encara en un equip tendret a Primera Divisió no varen aconseguir bons resultats. En aquells anys érem un equip molt simpàtic per a la gent de Mestalla, que ens veien com el germà menut que s esta fent gran i vol jugar ja amb els majors. Això, i pel fet de que la plantilla que teníem estave plena de cedits pel VCF o exvalencianistes (recordem als Albelda, Angulo, Molina, Serer, Robert…), va fer que sempre em sentire molt ben rebut. Per al record queden eixes paelles de germanor, fotos amb valencianistes… En aquells temps on el Villarreal acabava de arribar i el Valencia estave en màxim esplendor (principis de la dècada del 2000, els anys de les Lligues, UEFA, finals de Champions…), tot eren dies de vi i roses.

Recorde també especialment que em va impactar veure per fi en persona les bandes de música tocant a peu de camp, fent la volteta sencera i parant front als fons, i laterals per fer la interpretació del tema, mentre el aficionat amb el puret a la boca s’alçava i aplaudia emocionat. Per a u que no conega la idiosincràsia valenciana pot parèixer estrany, però poques coses hi han tan valencianes com les bandes de música.

Tot este bon ambient van anar desapareixent quan el Submarí va començar a créixer, i el València a no triomfar tant… i, ah amic! ahí ja no érem aquell equip simpàtic que venia a vore-les vindre i a comprar al Corte Inglés.

Un dels últims records que tinc en persona a Mestalla i de màxima rivalitat, amb els dos ben amunt, es pot ser una de les decepcions mes grans que he viscut com a seguidor del Villarreal. Estic parlant aquella semifinal de la UEFA (encara viurie en persona una decepció encara més grossa en un altra semifinal, però eixa es un altra historia) que amb un 0-0 al Madrigal ens donava certes esperances d arribar a la final. Mes res lluny de la veritat: el meu equip va jugar a res i tirà pràcticament la semifinal, perdent una oportunitat històrica.

Ara ja fa uns anys que visc fora d’Espanya i no he tingut ocasió de tornar a Mestalla, cosa que ha coincidit amb els millors resultats del Submarí (serà que soc gafe?). Avui en dia, afortunadament per a tots, i per a desgracia de alguns valencianistes, els derbis son uns super partits amb dos dels millors equips de Espanya (ara que cap llevantiniste ens llegeix… perquè això ni eren derbis ni eren res!!)

No serà tampoc enguany quan torne a Mestalla, però espere tindre la oportunitat de veure per fi en persona guanyar al meu equip a Mestalla…. O encara que sigue, per veure alguna banda municipal tocar de nou “Puerta Grande”


Diego Tena
Soci del Vila-Real CF
·

dimarts, 21 d’octubre del 2008

L'home del puro

··Se ha convertido en uno de los iconos de la historia reciente del valencianismo. En los días de partido en Mestalla, su presencia forma parte del ritual no escrito del hincha junto al café y tertulia previa en el bar de los aledaños, recoger las revistas gratuitas con las que limpiar el asiento y que el vecino de localidad te pregunte "hui, qué?" y tu le respondas "hui? ja vorem", con gesto escéptico. Este mito creado en aquellos locos años veinte que fueron el roigismo, ha sido pasto de la amable burla de las primeras filas de la numerada descubierta cuando en los prolegómenos de cada envite ejecutaba su menester, con presencia y paso firme.

Sí. El pasado 19 de octubre de 2008, "l'home del puro", el legendario personaje que acompaña, habano en ristre, a la banda de música y le comunica con un inconfundible estilo donde pararse, donde girar sus pasodobles a la grada y donde torpedear los ejercicios de calentamiento de Zubizarreta, Campagnuolo, Cañizares, Palop, Butelle, Hildebrand, Renan y otras docenas de cancerberos visitantes de paso, NO apareció por Mestalla. "L'home del puro", el mismo que los domingos intercambia cromos de la liga en la Plaça Redona para su nieto, el mismo que llegó a decir "me tocará sacarme el pase" cuando la SGAE amenazó con suspender la liturgia musical de Mestalla por violar los derechos de autor, fue sustituido por un mareado tipo ajeno al decoro protocolario, sin chaqueta, sin habano y con una camisa azul que desentonaba con la sobriedad del director de la banda y del resto de músicos. En el tiempo de descanso, Bar Torino nos alertó de la ausencia mediante un sms: "L'home del puro no hi és". De inmediato nos asaltó la preocupación, dejamos de teclear, el partido contra el Numancia pasó a ser cosa secundaria y prometimos una investigación.

Esperemos que su ausencia no haya venido motivada por ningún asunto grave y sí por alguna coyuntura dominical (un bautizo, la boda de un sobrino lejano, el sacrosanto derecho del guerrero al reposo) y que en el próximo partido en casa, contra el Racing Club, "l'home del puro", impecablemente vestido, vuelva a guiar con brío y garbo a la banda de música. De lo contrario habrá que interpretar su vacío como un síntoma premonitorio más de la soledad que nos invadirá con el adiós de Mestalla.

Última hora: Molins&Little, los comandantes al mando de la genial y delirante checheche, informan en rigurosa primicia que Nica, l'home del puro, se ausentó de Mestalla por motivos personales. Un viaje al extranjero, parece ser. Contra el Racing volverá por sus fueros.


Vicent Chilet Torrent
Socio del Valencia CF
·