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divendres, 18 de setembre del 2009

Xafant Mestalla. Real Sporting de Gijón: Antonio Maceda

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"Años Dorados" (Los Maurizios)

Mi primera experiencia en el campo de Mestalla fue con 16 años siendo juvenil. Fuimos a jugar un partido de entrenamiento con el Valencia, de los Sol, Antón, Vidagany, Valdez, Abelardo, etc... Era pasar, de tenerlos en cromos, a jugar contra ellos. El campo vacio era, creo, mas grande todavía, los vestuarios eran como 5-6 veces mas grandes de lo normal para nosotros. No recuerdo nada de futbol, ni sé cómo jugamos ni como quedamos, ni creo que me importaba mucho, era un sueño que se hacía realidad, y no estaba la cosa como para reparar en tonterías, como jugar al futbol, todo lo de alrededor era muchísimo más interesante.

Como sabéis soy valenciano y mis primeros partidos en Mestalla con el Sporting fueron frustrantes, pues ellos tenían buen equipo y nos ganaron las 3-4 veces primeras que fuimos. Como es lógico venia toda mi familia a verme, yo quería ganar a todo costa pero no había manera. Eso cambió los últimos años, donde les ganábamos siempre, incluso alguna eliminación de copa. Recuerdo los gritos de ánimo de los aficionados de Mestalla, llamándome "renegao, vete para Gijon!!!".

Hay un partido que lo tengo grabado en la mente por la vergüenza que pasé. Nada más empezar nos metieron dos goles en diez o quince minutos. Nuestro portero era Castro el hermano de Quini, y era muy cagueta, no le gustaba que le metieran muchos goles (como a todos). Cuando le llegaba el balón iba de un lado a otro del área, perdiendo tiempo, nosotros pidiéndosela y no nos la daba, era una situación increíble!!!. Todo el estadio estaba alucinado, no sabían si silbar o chillar... Yo, si hubiera podido meterme bajo tierra, lo habría hecho.

Otra que tengo guardada es la primera vez que fuimos con el Real Madrid a jugar. Ese año, aparte de mí, habían fichado Hugo Sánchez y Gordillo, y el entrenador del Valencia era Valdez, que había sido jugador, quizás por eso nos sorprendió un poco, pero la semana antes de ir a Mestalla hizo unas declaraciones de que él no habría fichado a Gordillo y Maceda. Os podéis imaginar con las ganas que fuimos a jugar, les metimos 0-3 y les dimos un baño increíble. Más tarde me lo crucé en la sala de prensa y bajó la cabeza, me imagino que avergonzado. Fue una de mis grandes alegrías, de sentirte satisfecho y de callarle la boca.

Un abrazo.


Antonio Maceda
Futbolista del Real Sporting de Gijón y del Real Madrid CF, internacional por la selección de España
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dimecres, 16 de setembre del 2009

Xafant Mestalla. Real Sporting de Gijón: Manuel Jiménez

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Inaugurem una secció en la qual volem recollir el testimoni de jugadors dels equips que han visitat Mestalla aprofitant l'avinentesa de la proximitat d'un nou partit de Lliga contra eixe rival.

Ens agradaria que esta secció es fera habitual en el nostre blog, per a la qual cosa necessitem, com sempre, la col·laboració dels nostres lectors. És el cas de l'equip que l'enceta, el Real Sporting de Gijón, possible gràcies a la magnífica gestió de José Miguel Lavarías, qui ens ha proporcionat els testimonis que publicarem estos dies.

Un día de febrero de 1980, tuve mi primer contacto con el estadio de Mestalla. Era mi primera temporada en Primera División con el Sporting y recuerdo que perdimos 3-1 contra un Valencia en el que jugaban entre otros, Pereira, Carrete, Tendillo, Saura, Bonhoff, Pablo(de Turón y amigo) mientras que en el Sporting jugabamos Castro, Jiménez, Doria, Rezza, Cundi, Uría, Mesa, Joaquín, Ciriaco, Quini y Ferrero. En esa misma temporada volvimos para jugar la copa y aunque perdimos en Mestalla 1-0 con gol de Kempes, los eliminamos en Gijón venciéndoles por 3-1.

Desde esa fecha y hasta la temporada 91-92 no falté a la cita anual con Mestalla (salvo, creo, un año en el que el Valencia estuvo en Segunda) y también recuerdo con alegría que en la primera victoria que conseguimos marqué un gol y en la última con el Sporting ganamos 0-1 con gol de Luis Enrique nos clasificamos para jugar la UEFA y en el vestuario después del partido tenía una sensación rara, por un lado de alegría por haber ganado y lograr la clasificación para la UEFA y por otro la tristeza del adiós a mi equipo de toda la vida pues era mi último partido de liga con el Sporting. Luego volvería con el Burgos en la temporada 91-92 y con un empate 1-1 sería mi última visita como futbolista profesional a Mestalla.

Mestalla también me trae buenos e inolvidables recuerdos, porque mi etapa de jugador de la Selección Española está muy ligada a ese campo aunque no llegué a pisarlo como internacional. Sí estuve en el banquillo los cuatro partidos de preparación del Mundial de España 1982 y también estuve entre los 22 seleccionados en ese Mundial y la sede de la primera fase fue Mestalla.

Por tanto, muchos de los mejores momentos de mi vida profesional van ligados a ese campo y aun recuerdo buenas tardes o noches peleando con grandes jugadores a los que tuve la suerte de marcar como Morena, Mario Kempes, Cabrera, Penev... y algún duelo más caliente, especialmente con Roberto Fernández, con el cual cada vez que nos vemos lo recordamos con nostalgia.

Un saludo muy afectuoso


Manuel Jiménez
Futbolista del Real Sporting de Gijón y del Real Burgos, internacional por la selección de España
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dijous, 13 de novembre del 2008

Banqueta visitant. Real Sporting de Gijón

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Lágrimas en la lluvia
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Entre los hábitos menos saludables de Osvaldo Soriano, estaba el ser hincha de San Lorenzo: un “Cuervo Carasucia”. Y todo niño –no importa si tiene 50 años- que le guste el fútbol, después de encontrarse con su ídolo, lo primero que hace es salir corriendo a contarlo a los amigos. En una carta, Soriano le describe a Eduardo Galeano sus andanzas por un Carrefour; donde antes estaba el estadio del San Lorenzo, en compañía de su héroe de infancia: José Sanfilippo. Entre cabeceras de góndola, quesos, ristras de chorizos y driblando gordas que arrastran carritos, recuerdan un gol a Boca. La pelota acaba entrando por la escuadra, entre las pilas y las hojas de afeitar; mientras los clientes y las cajeras aplauden. “Casi me pongo a llorar”, termina Soriano. Rara vez lo que vemos tiene la fascinación de lo que imaginamos. Y rara virtud la de Soriano: saber cuándo llorar. En la noche del exilio parisino, buscando la solidaridad en la desgracia y la complicidad en el sufrimiento, intentó contarle a su socio y amigo el descenso a segunda del “Ciclón”. Cortázar nunca entendió de qué hablaba.

El gol del Carrefour argentino, viene a cuento de Mestalla. Me explico. Todos tenemos nuestra particular forma de ver el fútbol: personal e intransferible; como las corbatas, el DNI, y la vida. Luego volveré sobre ello.

Después de lo mucho que aquí se ha escrito, y bien, sobre la muerte de Mestalla, no es que ya no sepa uno qué escribir, sino que sabe que poco se puede aportar más a la mística. En tiempos de sátrapas del desierto y mafiosos rusos con dotes precognitivas, resulta hermoso y valiente, darles a los figurantes su verdadero valor en la historia. Parafraseando a Galeano, crecimos creyendo que sólo era un hermoso deporte espectáculo y resulta que también, es un cochino negocio. Y son esas miradas fugaces a nuestros recuerdos, lo que nos anima a seguir enfermos. Porque sólo estando enfermos, se le puede dar el valor que le damos al fútbol en nuestras vidas.

Descartada la mística, por agotada, qué decir –sin ser novelista o tertuliano- de un estadio que no conozco, en una ciudad que apenas intuyo. Podría adoptar el tradicional papel otorgado al pobre en el entierro del rico: plañidera. Va a ser que no. Escribir unas líneas sobre nuestros vínculos (Eloy, Pasieguito, Abelardo, Villa, Zurdi, L. Flores…). Contar algo de nuestra última victoria en Valencia, en la última jornada de liga, con el último gol de L. Enrique, nuestra última UEFA, (0-1; 9/6/91). No haré tal cosa. Podría acogerme a las estadísticas y analizar nuestros partidos en Mestalla. Lloraría yo solo: en treinta y cinco partidos de Liga, ganamos sólo en tres ocasiones. En fin, que cada uno sabe lo suyo, y el equipo visitante juega como le da la gana, o como le dejan. Por mi parte, lágrimas las justas. Ya que estamos, hay algo que ustedes nunca tendrán: al mejor equipo de su historia inmortalizado en una película Óscar.

Y la verdad sea dicha, sin gota de ironía: no creo en la mística de los templos. Ni del Molinón, ni de Anfield, ni La Bombonera, ni siquiera de Wembley. El viejo Wembley, ya se fue. Anfield desaparecerá en el 2011. Tener el más antiguo de España (100 años), le da a uno margen para ciertas licencias. Porque es ley de vida, nada es para siempre y no hay perfume eterno. Siempre he preferido los fieles a los templos y, mientras haya de los primeros, la reafirmación, la comodidad, las aclamaciones y el bienestar de los templos conocidos, son secundarios. Lo único esencial son los recuerdos, el presente y los figurantes. No sé si sobre Mestalla se levantará un hiper o un casino de alguien fugado de “Uno de los nuestros” ¡Qué más da! ¿Acaso importa? Dentro de treinta años le darán la importancia que hoy tiene para los culés el campo de Les Corts: ninguna. Ésa es la verdad: penosa, desfallecedora, casi siempre en contradicción con la realidad felizmente soñada y la imagen que tenemos de nosotros mismos. Pocas cosas más humanas que mentirnos a nosotros mismos y ninguna mentira mayor que afirmemos admirar la verdad.

Vuelvo al inicio, al gol en el hipermercado. A la personal manera de cada uno de ver el fútbol. Mucho se ha escrito, y de diversas maneras, sobre el porqué del fútbol. Desde la antropológica –sustitutivo de la guerra-, hasta la que aporta Valdano: mezcla de darwinismo y expansión de imperios -los mejores de la calle, los mejores del barrio, de la ciudad, del país- . No sé, quizá tengan razón. Creo que todo es más sencillo: una vuelta al partido siempre inacabado, aquel que no terminamos nunca porque nuestra madre nos llamó a cenar. Aquello que escribió Dylan Thomas: “La pelota que arrojé cuando jugaba en el parque aún no ha tocado el suelo”. Una espera, un rezo, una ilusión para que la pelota nunca baje, para no pensar en que fuimos cumpliendo años y dándonos cuenta que la vida no era tal como habíamos esperado. De que muchos sueños se nos esfumaron. Y, quizá sea lo peor, siendo conscientes de que los únicos culpables fuimos nosotros.

Ya no lo pienso, ya no. Pero como Soriano y Sanfilippo, durante años, mientras los demás veían edificios, yo veía un viejo campo de arena. Allí estaba la pequeña barandilla en la que se apoyaban los espectadores. Aquella, era la banda izquierda, llena de barro hasta los tobillos todo el año. Justo más allá estaba la portería. Y veía aquel gol por la escuadra al pequeño de los Castro, y hubiera dado cualquier cosa por ver a H. celebrarlo como un loco. Ver a H. de nuevo. Con vida.

Termino y no he dicho nada sobre Mestalla. Lástima. Pero no importa. Mientras ustedes recuerden, todo estará bien. Porque ustedes son Mestalla. Carpe diem ches. Carpe diem. Y lo demás, lágrimas en la lluvia.


Miguel A. P.
Hincha del Real Sporting de Gijón