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divendres, 16 de maig del 2014

Del bar Torino al Palace

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Des del dia u de març de 1919, data en que uns joves idealistes es reuniren a un cèntric establiment del "cap i casal" per a crear un club de foot-ball que portara el nom de la nostra terra, fins al dia de hui, moltes coses han passat al nostre València CF: alegries en forma de victòries, triomfs i títols però també decepcions, tragèdies i derrotes.

Una història quasi centenària, però de les de veritat sense trampes ni fusions, viurà  en la jornada de demà un dels seus moments més transcendentals, i no pel que puga passar al terreny de joc en un partit, l' últim d'una temporada nefasta en l'apartat esportiu i de la que sols recordarem que per uns segons no jugarem una final europea, sinó pel que es decidirà a les sales d'un luxós hotel situat no molt lluny de Mestalla.

En eixe hotel els patrons de la nostra Fundació estan convocats a una assemblea on es prendrà una decisió transcendental per al nostre devenir com a club i com a referent d'una societat, la valenciana, cada vegada més desencantada i desvertebrada.

En les seues mans està el futur del nostre València, esperem pel nostre bé que l'opció escollida siga l'encertada i la millor, sense protagonismes ni egoismes personals. El que es juguem és molt, el que es juguem és el nostre València.

P.D.- Sols espere poder continuar sentint al València com a algo nostre, encara que el club tinga nou propietari.


Josep A. Bosch Valero
Soci del València CF
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diumenge, 4 de març del 2012

Se busca

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El cartel no dejaba lugar a dudas. 90 años, salud crítica, muy débil, con ausencias de memoria, salió y no se sabe hacia donde, atiende al nombre de Valencia C. F.; en caso de encontrar alguna pista sobre su paradero llamen inmediatamente al Sr. Llorente. La ciudad amaneció empapelada con estos pasquines. Familiares cercanos, miles de ellos, habían llamado a la policía y le habían dado aviso de la desaparición y, al mismo tiempo, imprimieron los avisos, los pegaron a todo muro que resisitiera en pie el envite de las excavadoras, que empezaban a derruir la antigua casa solariega y familiar. Mestalla es como se conocía entre los miembros de la familia a aquel magnífico lugar de comunión.

El abuelo llevaba perdido desde hacía mucho tiempo. Cuando él ya no fue capaz de recordar las cosas por sí mismo, ninguno de sus hijos más queridos tuvo la decencia de hacerse cargo de la imprescindible tarea de no olvidar. De recordar todo lo necesario para que los futuros descendientes supieran la verdad de la familia, ésa que el abuelo fundó con su nacimiento en un incierto 1919. Una fecha que ahora aparecía por doquier en decenas de productos comerciales, pero ausente de su verdadero significado, sea cuál fuera aquel. Ya nadie lo recuerda. Los hijos en los que depositó su confianza no supieron hacer gala de ello. No fueron dignos de tan alto premio. Como una madre vaciaba los cajones llenos de naderías de su hijo adolescente, así echaron al garete recuerdos, objetos valiosos, ficheros, documentos, banderas y trofeos, y si no los perdieron, los arrinconaron para hacer sitio a sus grandes culos y barrigas. Pasados los años, el abuelo tuvo una segunda juventud. Siendo ya muy mayor fue capaz de reverdecer laureles y cierta lucidez llenó su mirada, una mirada franca y pura que no se cruzó con ninguna similar proviniente de sus amados descendientes. Incluso en aquella edad de oro, el abuelo tuvo la salud suficiente como para mirar atrás y ver que su larga vida estaba llena de hitos y logros, caídas y victorias sucediéndose en una secuencia tan real como las de cualquier otra vida, pero siempre plenas y dignas de ser recordadas. Unas para ser tenidas en cuenta y evitadas, otras para ser repetidas. Un bagaje de orgullo y emoción imprescindible en cualquier vida que quiera llamarse plena.

Así que hoy, mientras, el frío me llega a la punta de los dedos y la noche del lunes es una broma pesada, pienso en el abuelo. En dónde encontrarlo, en dónde habrán ido a parar sus recuerdos más personales, si han sido expoliados, robados o lo que aún sería peor, simplemente olvidados. ¿Alguien se ha dado cuenta de a quién pertenecen en realidad?. Pienso si alguno de sus hijos más queridos es consciente de que una familia se hace grande o miserable no por el apellido que arrastra sino por las obras grandes o miserables que sus componentes llevan a cabo. Y pensando en mi hijo y en todos los hijos que serán, nietos, biznietos y tataranietos del abuelo, me pregunto, ¿para cuando podremos ver en la vitrina de casa del abuelo aquellos objetos y recuerdos que nos cuentan sus aventuras y desventuras? ¿Dónde estás, abuelo? ¿Quién tiene cautiva tu memoria, que es la nuestra?


Francisco García
Socio del Valencia CF
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diumenge, 17 d’abril del 2011

La rebeca de Marín

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Mire la foto. Sí, mire la foto ¿qué ve? Tómese su tiempo, no hay prisa. La foto, como lo que representa, pertenece a otra era, cuando la prisa no formaba parte de las patologías de la vida. En mi caso, la he mirado un buen rato. ¿Y qué veo? Veo a un tipo contento, satisfecho, encantado de ser fotografiado. Peinado con un corte de pelo moderno y algo atrevido para la época, moreno y vestido con una coqueta rebeca de lana. Ignoro si el día en el que el fotógrafo J. Llopis lo inmortalizó hizo frío o, simplemente, este hombre satisfecho estaba haciendo lo mismo que todos sus compañeros. Hacerse una bonita foto que reflejara el orgullo y la alegría de pertenecer a un equipo de fútbol. Su equipo de fútbol, el de su ciudad. Una actividad que ocupaba una pequeña parte de su vida pero que le otorgaba un gran placer, al menos por lo que la foto desprende. Su sonrisa esbozada, su mirada franca y limpia, su pose natural y relajada, mixtura de relajo y cotidianeidad, nos dice de forma inequívoca que ser un jugador del Valencia F. C. colmaba de felicidad una parcela de su existencia. La foto no nos permite decir mucho sobre qué cromatismos iluminaban la estancia de aquel día de mediados de los años veinte, pues a nuestros ojos tecnológicos todo son gamas de grises. La rebeca, con 6 botones, cuello, solapas y bolsillos a juego y unos puños reforzados podría pasar por una agradable prenda de abrigo, hogareña, cálida y adorada por su poseedor. Es el escudo el que lo cambia todo. El escudo, cosido a la prenda, dotándola de un espíritu que vuela más allá del reducto doméstico y salta sobre nuestras memorias para decirnos que Marín estaba en su club tan a gusto como en su propia casa. Quizá vea demasiado en tan poco. Quizá me esté dejando llevar por una ensoñación, tal vez me pueda el amor...

Vuelvo a la realidad. Delante de una pantalla plana, con una mano inutilizada por un ratón. Páginas web, seient lliure, revistas digitales en tu buzón electrónico, concurso de diseño de pases virtuales, programas oficiales y patrocinadores, muchos patrocinadores. Premium y vulgaris. Derechos de todo tipo: imagen, televisión, información,… productos licenciados (¿a la vuelta de la esquina estarán los productos doctorados?). Ruedas de prensa medidas al milímetro, jugadores que no hablan, entrenadores que hablan y no dicen nada, otros que hablan y hablan como el ruido molesto de un moscardón veraniego rondando una mierda pastosa. Precios de los abonos al alza, siempre al alza, horarios para los partidos a la altura de una extorsión mafiosa. Diarios deportivos que falsean lo que todos han visto y lo convierten en casus belli. Diarios subvencionados por los equipos, periodistas ultras. Televisiones adalides del amarillismo deportivo. ¡Caramba! Hay que ser un tipo duro para mantener a flote la fe en que tu equipo te representa y en esa representación van implícitos algunos valores universales como el tesón, la garra, la voluntad de llegar y el triunfo. No importa lo que éste tarde en llegar. Ha estado aquí muchas veces y volverá a estar. En este fresco impresionista no todo está a la vista. Es un iceberg de tamaño notable. Deuda, incapacidad, burócratas en los despachos, ignorancia de la historia del club, soberbia e incluso atisbos de mala educación. Tras el paso funesto de la anterior directiva y ante el páramo yermo en que convirtieron el club, nuevos aires trajeron la esperanza de que al menos el club no desaparecería, aunque restos de algunos malos hábitos flotan aún en los despachos. Cuando miro la foto y me asombro ante la factura y hechuras de la rebeca de Marín, soy plenamente consciente de todo lo que hemos perdido en el camino, lo cual me hace preguntarme con cierto estupor: ¿qué hemos ganado?


Francisco García
Socio del València CF
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dilluns, 31 de gener del 2011

Quins són els nostres valors?

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Qualsevol organització té una sèrie de valors forjats durant la seua tradició de fer o no fer. Aquests valors són línies generals d'èxit i de fracàs, fronteres i comportaments, personalitats i actituds que construeixen l'ànima d'un equip de futbol.

L'exemple més bàsic de valors futbolístic podria ser el Barça ("més que un club") però també en termes més ideològics podria ser el St Pauli alemany. O també l'Atlètic de Bilbao. Tots els equips tenen ànima i personalitat pròpia com a col·lectiu humà i com a equip.

Els valencianistes hauríem de reflexionar sobre el nostre DAFO però especialment hem de conèixer les nostres columnes vertebrals, aquelles cordes de les quals no ens podem ni devem desnugar. No he llegit mai un debat ampli sobre este tema. I "Últimes vesprades..." sembla el lloc idoni.

Jo alguna cosa he reflexionat sobre el tema. Sé que en temps d'austeritat, serietat i rigor al València li ha anat millor. Sé que ens funciona millor el trellat que el capità moro de "això ho pague jo" perquè al final el capità no paga i paguem vostés i jo. Sé que la discreció ens funciona millor que la parloteria. I em fa l'efecte que el sacrifici i el treball humil ens funciona molt millor que les expectatives desmesurades d'una afició massa aficionada a somniar. Els valencianistes hem de saber qui som, tindre l'autoestima en el lloc adequat, ni molt amunt ni molt avall. Som el tercer equip d'Espanya. El primer de la segona lliga. El que és capaç de sorprendre quan la polarització tensionada Barça-Madrid falla i entrem en la primera lliga. Les expectatives mal plantejades generen frustració. La grandilocuència de grans estadis pròpies de megalòmans egipcis que només saben construir temples funeraris no ens ha funcionat mai. Ans al contrari ens condueixen per camins de patiment i refundació. Una autoconcepció correcta és una font de felicitat enorme. I el futbol es això, la font d'una felicitat fictícia i efímera sobre la que construir estats d'ànims alterats. És la vida en definitiva.

Si som humils, discrets, treballadors, pensadors i fetadors, si tenim trellat, si sabem què volem i qui som, tindrem una vida futbolística plena de satisfacció. I això no està renyit ni amb l'ambició ni amb l'alegria.

I si vostés pensen que només parle sobre el que passa fora del camp estan equivocats. Sobre la gespa també tenim personalitat. Exactament la mateixa que tenim fora. Podeu revisar la història i ho comprovareu. Els Valències que han jugat amb determinats valors han destacat i han deixat petjada. I els altres, han deixat... no han deixat res.

Segur que vostés troben més valors que ens aporten valor. Ara necessitem dirigents que tinguen el valor de posar-los en valor.


Carles López Cerezuela
Aficionat del València CF
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dissabte, 6 de novembre del 2010

Prometo estarte agradecido

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Más vale tarde que nunca, por fin el valencianismo se ha aprestado a rendir los honores merecidos a Arturo Tuzón. Este sincero homenaje, cargado de recuerdos y reflexiones de máxima actualidad, puede tener un poso de formalismo necrológico para los aficionados que, por juventud, no vivieron sus mandatos. Sin embargo, los que nos iniciamos en la fe valencianista en el último lustro de los ochenta hemos experimentado con la muerte de Arturo una catarata de emociones que revive y reafirma los valores que auspiciaron nuestra militancia. Eso, y una sensación, aunque tenga que ser casi a título póstumo, de desagravio histórico.

Al final, también en el Valencia, siempre ganan los buenos.

No voy a ahondar en la indiscutible relevancia de los éxitos de la gestión de Tuzón, puesto que ya lo han hecho magníficamente en los últimos días nuestros mejores exponentes literarios. Mi aportación al homenaje, esa especie de deuda del corazón, es mi experiencia de esa época, poder contarla y exponer mis sensaciones a las generaciones venideras de valencianistas. La contribución de Tuzón no se puede entender desde la demagógica titulitis que padecemos, reverso superficial y hedonista de un fútbol cada vez más light, en el que el hincha, merced a sus propias renuncias, ha sido relegado a la condición de objeto decorativo. Porque restañar la herida de un descenso tirando de cantera y minimizando humillaciones supone el más valioso servicio que quizás haya disfrutado nuestro club. Si añadimos que tal empresa se acomete ante la deserción de esa plana mayor de próceres locales que bracean por hacerse hueco en palcos y celebraciones oficiales, nos percatamos también de su complejidad.

Arturo devolvió la autoestima a una generación de valencianistas deprimida tras la resaca que dejaron los logros y errores de la regencia de Ramos Costa y, junto a él, nos curtimos los que sólo conocíamos los triunfos pretéritos por relato ajeno o lectura de anales. Durante esas temporadas, injustamente devaluadas desde el prisma del sistema de competiciones europeas vigente y los títulos conseguidos en el nuevo siglo, los que perseveramos en nuestra pasión valencianista forjamos una irreductibilidad que es garantía de respeto no sólo a nuestros valores fundacionales sino también a las personas que, como Arturo Tuzón, los encarnaron.

Sufrimos y aprendimos a querer más al VCF con las debacles ante Karlsruhe y Nápoles, con las decepciones coperas de Mallorca y Zaragoza; vivimos confusos la mascarada roigista-romarista que secuestró el homenaje a Kempes y que supuso la sentencia aplazada del proyecto tuzonista; pero también disfrutamos como niños de cada partido en Mestalla, como si fuera el último, especialmente de las noches europeas y coperas, antes de que la saturación de partidos asociada al fútbol-negocio nos las presentara como un aliciente entre semana y no como un mero trámite a liquidar. Flipábamos con nuestros futbolistas, tan idolatrados y accesibles al mismo tiempo, y nos vanagloriábamos de los últimos onces denominación de origen autóctona que pisaron la pradera de Mestalla. También esperábamos con expectación esos fichajes que no llegaban ni para llenar páginas de periódicos ni a golpe de comisión, refuerzos seleccionados por auténticos y contrastados hombres de fútbol como Roberto Gil o Pasieguito. De la mano de Vicente Fayos, se potenció la vertebración del peñismo, fenómeno huérfano y decadente que en pocos años creció hasta alcanzar el centenar de colectivos a principios de los noventa y que a mediados de dicha década repercutiría en demostraciones de fuerza como las de la final copera del Bernabéu o el desenlace liguero de Balaídos.

Entre todos recuperamos el orgullo perdido e hicimos un VCF más nuestro y, por ende, más fuerte. Hasta que, como suele pasar por estos lares, desde Poniente nos impusieron la “fusión fría” de las SAD. Un impersonal epílogo administrativo que no borrará cada negativo de esa época que hemos guardado en el álbum de nuestras vivencias valencianistas. Ni la magistral autoridad del mítico Arias, ni aquellas sobrias presentaciones, ni la cátedra que sentó Fernando a base goles imposibles y proverbial señorío. Ni aquellas paredes de tiralíneas entre Quique, Arroyo y Eloy, ni los ingeniosos tifos de la General de Pie Norte, ni las pasionales celebraciones de Roberto. Como tampoco pasarán al olvido aquella fabulosa camiseta naranja, el himno extraoficial interpretado por Pastoret o los rituales gritos de “Lubo Lubo!”.

Referencias que evocan felices momentos de mi infancia, un remember que aún nos hace vibrar y que no nos cansaremos de rememorar.

Gracias Arturo, por ayudarnos a ser mejores valencianistas!


Simón Alegre
Socio del Valencia CF
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dijous, 28 d’octubre del 2010

El triunfo del hombre tranquilo

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La muerte de don Arturo Tuzón hace al valencianismo estos días, por enésima vez, rendir honras fúnebres a uno de los protagonistas de su casi centenaria historia. No es para menos. Mesurado, capaz y correcto, comandó durante siete años una nave que consiguió salir de la tormenta para encaminarse hacia las soleadas playas de la bonaza económica y deportiva. Y es que aquel Valencia triste y quejumbroso que tocó fondo en el 86 tenía cierta vocación de terrorista suicida: los fastos recientes se habían consumido, dejando un rédito poco menos que alarmante: una deuda galopante y, lo que es más preocupante, la desbandada casi general de una afición cansada de los vaivenes políticos y deportivos del cambio de década, huérfana de héroes e instalada en la nunca apacible tierra de nadie, al límite del abismo.

Don Arturo tuvo las agallas de aparecer a la hora de los valientes, cuando pocos hubieran tomado el timón del barco errante, y supo, desde el pozo de la Segunda, reconciliar a la ciudad y a la afición con el club y hacer de la necesidad, virtud: aquel Valencia que inició el camino de la resurrección en Alzira en agosto del 86 contaba en su alineación con siete valencianos y dos mestallistas, jugadores que ofrecerían un rendimiento muy destacable a lo largo de toda la era Tuzón. La política de cantera, complementada con sensatos refuerzos, sería una constante a lo largo de su mandato, y, a falta de títulos, reportó a toda una generación de nuevos valencianistas, mi generación, un inolvidable primer once para el recuerdo: Ochotorena, Quique, Arias, Voro, Giner; Roberto, Arroyo, Tomás, Fernando, Eloy y Penev. Y varios escuderos de lujo: Sempere, Mendieta, Camarasa, Leonardo o Mijatovic, entre otros.

Más adelante llegarían los años convulsos que agriaron sus últimos tiempos como presidente: la conversión del club en Sociedad Anónima, la eclosión de una oposición más jaranera que efectiva, las vergonzantes goleadas europeas y una frustrante sensación de quedarse siempre a las puertas de los éxitos deportivos. La animadversión hacia aquel hombre frugal se convirtió en una constante casi diaria, jaleada por los voceros del supuesto progreso. Y don Arturo desertó de la primera línea con su habitual sentido común, mientras al doblar la esquina de la avenida de Suecia las tracas anunciaban la venida de la postmodernidad, el espectáculo y el gasto desmesurado.

El tiempo, que pone a todo y todos en su sitio, devolvió hace años a don Arturo al puesto que le corresponde en la historia del Valencia. Sus aciertos, a pesar de la cantinela de los duros y los fuegos de artificio de la era Roig, lo sitúan justamente entre los mejores gestores que han gobernado el club. Como muy lúcidamente apuntaba en estas mismas páginas Vicent Chilet, sin él, sin la base de sensatez y el saneamiento económico que aportó en sus años de mandato, no hubiera sido posible todo de lo que vino después, y quizá el Valencia de los grandes éxitos sería hoy una quimera. Es el mayor triunfo de aquel hombre tranquilo que, parafraseando a Rafa Lupión, recompuso el pulso del Valencia a base de su propio sudor y esfuerzo.


José Ricardo March
Socio del Valencia CF
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dilluns, 25 d’octubre del 2010

L'adéu a un gran senyor

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Arturo Tuzón ens ha deixat. La notícia ens ha sorprés i ens ha fet recordar eixos anys, no massa llunyans, on el futbol encara era sols esport, on els clubs eren sentiments i no accions, on els directius eren aficionats (amb major o menor fortuna i coneixements) i no professionals, on pel general se servia al club i no se servia del club, on els presidents i les seues directives eren escollides pels socis i no per les accions, on el València era CF i no SAD.

Arturo Tuzón era un home cabal, honest, respectuós amb els contraris, un autèntic sportmen en el sentit clàssic del terme, en definitiva una classe de directiu que ara estaria fora de lloc en el cada vegada més complex i impersonal món del futbol.
Gràcies per tot el que va fer pel nostre club i la nostra admiració i respecte per haver donat el pas endavant quan més difícil era fer-ho.
Descanse en pau, el president i la persona.

Respectuosament.


Josep A. Bosch
Soci i accionista del VCF

P.D.- Alguns diran que amb Arturo Tuzón el València CF no va aconseguir cap títol esportiu, s'equivoquen de totes. Amb ell, el nostre club va guanyar el campionat de Segona Divisió i l'ascens a la Primera, eixe modest triomf va ser fonamental per a la posterior història del nostre club.
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dissabte, 23 d’octubre del 2010

Arturo Tuzón, president del València CF (1986-1993). In memoriam.

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ultimes vesprades a Mestalla
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divendres, 12 de març del 2010

El baló.

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Escric estes breus línies per a fer una crida, encara que no se a qui.

Una part de la nostra HISTÒRIA com a club de futbol està a la venda, el diners com ja sabeu ho poden tot i més en els temps que corren.

De nou, si no es fa alguna cosa des del club, des d’alguna altra institució (Fundació, Agrupació de Penyes…) o apareix un mecenes, una part del nostre patrimoni desapareixerà i qui sap quan tornarà a la llum.

Eixe baló, amb el que el nostre València es va proclamar campió de la nostra primera lliga, hauria d'estar algun dia a les vitrines del futur museu de l'entitat. Malauradament, si les coses no canvien massa acabaran a la llar d'algun col·leccionista privat.

Tan sols espere que qui es faça amb eixe baló siga valencianista i no un col·leccionista "especulador" de qualsevol altre equip.


Josep A. Bosch Valero.
Soci del València CF, que espera vore en algun moment un museu del VCF.
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divendres, 5 de desembre del 2008

Érase una vez un club de fútbol…

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“Érase una vez un club de fútbol con casi noventa años de historia a sus espaldas. Con una cantidad de títulos lo bastante amplia como para que sus seguidores, socios y simpatizantes supieran que tenían tras ellos lo que podríamos denominar, sin temor a ser exagerados, una orgullosa historia. Hecha de todo tipo de azares: triunfos memorables, derrotas humillantes, cambios de campo, cambio de presidentes, juntas directivas y con una masa social fluctuante, que en los últimos lustros siempre había crecido y crecido. En los tiempos de nuestro relato, esa masa social, llámese socios, abonados, accionistas o todo ello a la vez, apoyaba al equipo con todas sus fuerzas, fuera el equipo bien o mal, estuviera en lo más alto de la clasificación o luchara por eludir un descenso. Hecho éste que solo haría revivir una pesadilla ya casi olvidada, materializada en tiempos pretéritos. En los tiempos de esta historia extraña y desconcertante, el amor al club, a los colores, al equipo, no se medía en modo alguno. Hubo una época, ya superada, en la que pasar una noche a la intemperie junto a las taquillas del estadio, dotaba de certificado de amor incondicional al club al aficionado o aficionada, que, a la sazón, era premiado con entradas para poder asistir a una final o con un abono esquivo para la mayoría de los mortales. Mucho antes de esa época, ya superada, se conoció la noticia de que con un sistema telefónico, arcaico para los tiempos de nuestro relato, era posible vender más de 75.000 entradas para un concierto de rock en tan solo 5 horas. Éso ocurrió hace tanto tiempo que ya nadie lo recuerda. Pero en el club había mentes lúcidas y prácticas que trabajaban en aras de lo que a su masa social supondrían beneficiosas ventajas. El amor al club ya no se medía por parámetros obsoletos como el tiempo de permanencia en una cola. El amor al club se tenía o no se tenía. Y tenerlo era suficiente para los directivos de tan moderna y avanzada entidad. En los tiempos de nuestro relato era posible mantener una videoconferencia una persona que se encontraba en un continente diferente al nuestro, o visualizar de forma remota cualquier hecho noticiable que se hubiera dado en el mundo en las últimas tres horas. Merced a estos prodigios, la masa social debía estar feliz, ya que los directivos del club de sus amores pondrían a su alcance modos más dignos, justos y económicos de conseguir una entrada para una final o un abono esquivo para la mayoría de los mortales. Los directivos de la entidad daban muestras de honradez y consideración no hurtando a la masa social más que una pequeña cantidad de entradas o abonos, solo para cumplir compromisos ineludibles. La masa social: jubilados, estudiantes, profesionales liberales, trabajadores a tiempo parcial, parados, gente de mal vivir, clérigos, funcionarios, amas de casa, divorciados y aspirantes a escritor, sabían que un día, a una hora, se abriría la taquilla virtual. Todos tendrían las mismas posibilidades de obtener su preciado premio. Su amor al club era el mismo. Era, verdaderamente, la más perfecta forma democrática de acceder a lo que todos a una vez deseaban y merecían. Y desde el club esta solución manó como una fuente cristalina en un desierto mortal. La masa social, en sus conversaciones, alababa la modernidad de la entidad, prontamente imitada por la totalidad el resto de clubes de fútbol. Los directivos no se atribuían mérito alguno, ya que para ellos era sencillo tomar esas decisiones. Una de las empresas que patrocinaban a la entidad se dedicaba al desarrollo e instalación de todo tipo de sistemas de comunicación…”

Nota del autor: Encontré este escrito bajo un sofá que me digné limpiar hace unas semanas. La hoja estaba amarillenta y comida por las ratas, por lo que me resulta imposible determinar su origen, quizá Orwell, Huxley o quizá no sea más que un sueño escrito por algún proscrito, seguidor de Kerouac… también había una foto…

Francisco García
Socio del Valencia CF
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dijous, 24 de juliol del 2008

Mestalla: L'última temporada

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L'última temporada. Encara que el cor ho veja així, pareix que la raó ens furta eixa visió. La situació econòmica del club i, allò que és més preocupant, les contínues girades i colps de timó en la nau blanquinegra no alimenten amb esperances els moments finals i, necessàriament, útils del Camp de Mestalla per a assentar i fer progressar la cultura de club en el nostre volgut València C. F.. Sóc un valencianista que té una curiositat malaltissa per quasi tot i en l'esportiu em fascinen els esports que ancoren el seu origen en el segle XIX i com més lluny, millor. Així tant el foot-ball association com el foot-ball Rugby em van interessar sempre i en èpoques més pròximes, el baseball. És en este esport, i en el mode exemplar en què els americans l'han convertit en mite i llegenda, l'espill en què ens hauríem de mirar per a eixamplar i construir el camí que ens porte a considerar, d'una vegada per sempre, els mites, fets i llocs de la història del club, no sols un patrimoni del mateix, sinó una riquesa que es projecte a l'exterior i engrandisca més encara la nostra identitat.

Es donen uns curiosos paral·lelisme entre les històries del Yankee Stadium i del nostre volgut Mestalla. Ambdós van ser inaugurats en 1923 i la temporada present serà l'última del Yankee Stadium i hauria de ser l'última de Mestalla. Els New York Yankees van començar a ser un equip gran quan en 1919 van fitxar a Babe Ruth. La data és emblemàtica, veritat? I no sense raó, el Yankee Stadium és conegut de manera oficiosa com the house that Ruth built (la casa que Ruth va construir). El nostre Mestalla també va tindre alguna cosa pareguda, quan es va construir la tribuna actual i va ser “la tribuna que Wilkes va pagar”. Vénen a col·lació estes coincidències, per a posar en evidència els diferents enfocaments en l'un i l'altre cas. La temporada actual dels Yankees ha sigut encunyada com “The Final Season” (L'última temporada), s'ha creat un logo especial que va sobrepost en tots els productes dels Yankees amb la fatxada de l'estadi i les dates 1923-2008, l'All-Star Game (Partit de les Estreles) es va celebrar fa una setmana i mitja allí, i per totes les bandes queda clar que en la memòria dels fans dels Yankees com de tots els dels altres equips, el canvi de residència de tan gran franquícia serà recordat pels temps dels temps.

És la nostra situació comparable? Podem esperar algun tipus d'acció que ens porte a tindre l'orgull davant del futbol espanyol de despedir com es mereix a un dels més importants camps històrics del nostre futbol? Em tem que no. I en este punt sempre em pregunte en què ocupa el seu temps la Fundació del València Club de Futbol. Almenys, en esta tribuna podrem dir-li adéu al lloc en què molts hem format nostre criteri futbolístic i, al mateix temps, humà. Eixe lloc en què ens hem sentit tan prop del nostre pare com mai i en el que el crit de cada gol, amb una veu unida a la de mils, formava en el nostre cor, pedra a pedra, gol a gol, una identitat valencianista que, esta sí, perdurarà pels temps dels temps. No hi haurà última temporada en els nostres cors per a Mestalla.


Francisco García (àlies Cisco Fran)
Soci del València CF
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