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27 de abril, tres jornadas para el final de la liga 2001/2002, el Valencia C.F. líder acechado por el Real Madrid. Mestalla una olla a presión dispuesta a celebrar una liga 31 años después, el trofeo se podía rozar con los dedos pero todavía no estaba en nuestras vitrinas… sólo un último esfuerzo más. El equipo fue recibido por miles de papelitos que volaban hacia el césped, en este tapete una gran “senyera” se desplegaba por jugadores de la Escuela a la salida de nuestros héroes. Una noche de gloria más y los treintañeros como yo viviríamos por primera vez el sueño de ser CAMPEONES DE LIGA.
Empieza el partido, hasta el aficionado más introvertido esa noche era una voz más al viento. Los jugadores sabían que la gloria estaba muy cerca y eso les metió un poco de miedo escénico en el cuerpo y el agarrotamiento se notaba en los primeros compases del envite. Ha pasado media hora y perdíamos 0 – 1, gol de Tamudo de penalti y nuestro Carboni, fruto de la tensión que se sentía, es expulsado por un codazo al capitán del equipo periquito. Así llegamos al descanso. Normalmente en partidos de horario nocturno el aficionado sacaba su “bocata” y reponía fuerzas para la segunda parte, pero esa noche era distinta, nadie se acordaba de ese manjar preparado en casa envuelto en papel de plata, no era momento de pensar en comer, ni siquiera de ir al tigre a evacuar, esa noche el periodo de descanso era un clamor. Mestalla no quería esperar más para conseguir una liga, 31 años eran suficientes. Estoy seguro que los jugadores desde el vestuario escuchaban el rugir de sus aficionados, el hambre y ambición de estos se introdujo en el alma de los jugadores valencianistas y empezaron a creer que el milagro podía ocurrir. Estoy seguro que Rafa Benítez no dio instrucción táctica alguna para remontar el encuentro, abogó al sentimiento, a la emoción, a la fe, AL VALENCIANISMO.
Los jugadores salieron al terreno de juego, podías contar las veces que quisieras y la cifra de jugadores blancos sobre el terreno de juego era siempre 10, uno menos, pero el VCF acorralaba a los españolistas. Y tanto fue el cántaro a la fuente que tras dos incursiones del Kily por la izquierda y sendos remates certeros del gran PIPO BARAJA se remontó y se dio el paso definitivo para la consecución de la QUINTA LIGA, jamás había abrazado a tanto desconocido. Besos, lágrimas, emoción a raudales fluían en la grada y en el césped. La liga matemáticamente no era nuestra, pero ya no había matemática que nos quitara el trofeo, todo el valencianismo se sabía campeón y así se confirmó a la semana siguiente en Málaga… pero esa es otra historia que contaremos en otra ocasión.
Juan Vte. Muñoz de Morales da Silva
Socio del Valencia CF
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